sábado, 12 de enero de 2008

3. ESECO.

Nota de: GL.Conrado.
DESDE; JIQUILPAN, MICH.
Cristina Cortés Carrillo y hermanos, ejemplo de aplicación y animación cultural en Morelia y el estado. Hernán, Matías y Cristina con Raúl Eduardo González


CIUDADANOS DEL BARRIO…ESOS DE LA CHOPO

Nuestra infancia transcurrió en la calle Chopo de la Colonia Melchor Ocampo de esta ciudad de Morelia, eran las décadas de los años 60, 70 y 80.

En nuestras colonias la vida transcurría sencilla, sin muchas expectativas, éramos familias numerosas de 8 a 14 hijos por casa, nuestros padres provenían de rancherías y la mayoría se dedicaba a los oficios como carpinteros, albañiles, zapateros, sastres. Mi papá era maestro rural. Las mamás se dedicaban a eso, a criar escuincles. Nadie nos dijo de la injusticia social…ésta era parte de nuestro paisaje cotidiano.

Los insumos se compraban de a poquito en la tienda de la esquina: veinte centavos de arroz, de manteca, de fideo…había el expendio de carbón, de petróleo, de leña, el molino…la tortillería donde señoras sudorosas por el calor de la lumbre del comal llenaban sendos taxcales al compás del rítmico masticar de su chicle… el pan llegaba tempranito y calientito…pan de dulce, pan de sal…bolillo, changos, conchas, cuernitos, novias, polvorones, huesitos…

Jugábamos en las calles al beli, los quemados, las escondidas, las canicas, la roña, la matatena, los oritos, el trompo, el balero, la cuerda… nuestros hermanos mayores criaban conejos, pichones y nos cuidaban, a la vez nosotros cuidábamos a los más chicos.

Mi hermano Elías organizaba funciones de cinito con los monitos de plástico que guardaba en un belíz producto de los abastecimientos de los Reyes Magos. En un cuarto obscuro colocaba una sábana blanca colgando de dos sillas, prendía una vela y al mover la vela en círculos, daba movimiento a la sombra de las figuras. Conocimos diversas historias en donde los protagonistas eran el águila negra, el llanero solitario, los apaches, los soldados, tarzán y el hombre buzo entre otros. Mis hermanas Margarita y Rita se encargaban de preparar las palomitas para los asistentes. Invitábamos a los niños de la cuadra y nos formàbamos para entrar y para salir previa revisión a los bolsillos de los pantalones en donde de vez en cuando se encontraba a tarzán o al águila negra pretendiendo escabullirse con alguno de los invitados.

Y qué decir de aquellas tardes en que representábamos obras de teatro en el patio de la casa bajo la dirección de mi hermano Elías quien además preparaba los libretos y seleccionaba a los actores entre los que llegaron a destacar el candillo, el pipilisca, el sapo y obviamente las niñas en los papeles de princesas.

Claro que no teníamos televisión así que dábamos rienda suelta a la imaginación que nos conducía a la organización y participación democrática. Desde entonces nos formamos en la realización de proyectos sin presupuesto oficial pero sí con una gran carga de creatividad que nos permitía resolver aspectos técnicos y operativos.

La única televisión de la cuadra era la de Lala, hija de Don flor. Así que los domingos nos formábamos para entrar a ver, por la suma de veinte centavos, el famoso cuento de cachirulo. Y qué decir del mes de diciembre en donde con singular alegría acudíamos todas las tardes a las posadas organizadas por Nachita.

A nuestras mamás les gustaba escuchar las radionovelas, así que todos los días nos recetábamos las historias de Una Flor en el Pantano, Los Hijos del Odio, Porfirio Cadena y otras más que ponían a trabajar nuestra mente imaginando los escenarios y a los personajes aquellos que representaba Arturo Venavides cuya varonil voz nos hacía soñar.

Tampoco estábamos ajenos a la literatura. ¡claro que no! Pues siempre había un vecino creativo que rentaba cuentos por diez centavos y podíamos leerlos sentadillos en la banqueta junto al puesto de los cuentos que el dueño colocaba sobre el suelo bien acomodaditos o bien colgaba un lacito y ahí los enganchaba para que pudiésemos ver las portadas. La otra opción era pagar veinte centavos y llevárnoslos a leer a la casa. Fue cuando conocimos a personajes como Memín Pingüín y sus amigos, en donde el libretista fomentaba el valor de la amistad y la solidaridad y retrataba a los diversos estratos sociales reunidos en este grupo de niños. Conocimos a Kalimán (quien fue mi primer amor platónico) personaje que ante todo representaba el valor de la justicia y así leíamos otros cuentos como Vidas Ejemplares, Alma Grande, Grandes Novelas con historias como la de Los Miserables y ya desde entonces nos llegaban otras formas de vida a través de las historietas como las de Lorenzo y Pepita, La Pequeña Lulú y Periquita. Claro que por supuesto nuestra lectura en voz alta era bastante aceptable pues aparte de las lecciones en la escuela, leíamos estas historietas en la calle o en la casa.

Los maestros en la escuela no nos pedían tantos útiles, la mayoría de los niños llevábamos una libretita de raya con presentación en papel manila azul, en la que podías poner tu nombre al frente y al reverso tenía las tablas de multiplicar, si bien nos iba llevábamos también una libreta de doble raya y otra de cuadrícula, un lápiz y una goma. Para sacar punta sólo los más riquillos llevaban sacapuntas, la mayoría nos prestábamos una navajita de esas con las que los papás se rasuraban. Sí… porque en ese entonces los papás tenían un único rastrillo al que le cambiaban las navajitas a las que les llamaba hojas gillette, preparaban su recipiente con agua y jabón y con una brochita hacían la espuma y se enjabonaban la cara. Estos eran implementos importantes para el jefe de familia: su rastrillo, sus hojitas gillette, su brocha, su recipiente y su espejo.

Los maestros en la escuela eran como mi maestra Ruth muy responsables y pacientes, eran una maravilla, sabían de todo y nos inculcaron la cultura del respeto, del esfuerzo y del amor a lo nuestro además reforzaron los valores adquiridos en el seno del hogar. Son maestros a los que uno tiene presentes toda su vida porque dejaron una huella indeleble con sus enseñanzas.

Pero la magia acabó y un día dejamos de ser niños…salimos a convivir con los otros ciudadanos del mundo, a vivir la vida de adultos y nos seguimos encontrando con el paisaje de la injusticia social y entonces decidimos mirar hacia nuestra infancia…hicimos un alto en el camino para beber del manantial de los recuerdos y retomar algunos de nuestros sueños…agarramos fuerza de nuestras raíces simonas y maurilias para construir conciencia social con la música, las letras y la promoción cultural…estas son las armas con las que cada día hacemos la otra revolución.

El día de hoy presentamos una muestra del quehacer social y cultural que venimos desarrollando aquellos niños de la calle Chopo que hoy somos adultos y también hermanos integrados en un solo equipo: Hernán, Matías y Cristina. Hernán con la formación coral dirigida a Niños Cantores de Morelia, que no son los pertenecientes a una élite porque no se refiere al Conservatorio de las Rosas (en donde dirigió al coro de los niños cantores de Morelia durante algunos años) sino a los niños de colonias populares y comunidades rurales dotados de un talento que el sistema ciego no pretende ni siquiera conocer mucho menos impulsar pero que Hernán sí vé porque en ellos se encuentra a sí mismo y es esta parte del pueblo con la que ha decidido compartir los conocimientos adquiridos en nuestro País y en Santiago de Compostela, España como Director Coral.

Matías que hoy presenta su libro de poesía “La Brisa” en el que nos incluye a ésos de la Chopo con gran intensidad y pone de manifiesto su talento, un talento que como el de tantos otros mexicanos se encontraba ahí escondido y que en la gran mayoría de los casos nunca sale a la luz porque para estas mayorías la incursión y formación en las artes no existe. Matías también hace rato que viene haciendo amarres fuertes desde su niñez con el presente para tratar de escribir con letras de ternura y trabajo un nuevo destino para los hijos de las mujeres reclusas a los que cada sábado atiende con talleres de artes y oficios.
Por último yo, Cristina, que asumo con quienes integramos el equipo de ESECO el compromiso de seguir adelante con la promoción cultural por los caminos rurales, indígenas y urbanos en la formación de una conciencia ciudadana que permita ir pincelando un paisaje cotidiano diferente. Nuestra tarea es orientar y estimular en los individuos y en las comunidades la capacidad de extraer de sí las propias potencialidades y fuerzas, el despliegue del ser creador que se contrapone a la imitación servil de modelos y formas. Estamos en la línea de la búsqueda, recuperación y conservación del sentido de pertenencia e identidad.

La edición del libro LA BRISA de Matías Cortés Carrillo en ocasión del sexto aniversario de ESECO es motivo de satisfacción por la aparición de ésta que es la cuarta publicación de ESECO ya que las tres primeras fueron las coediciones Migrantes Indígenas en el Espacio Urbano, Memoria Histórica de Capula y Memorias de Simón Cortés Vieyra, así que LA BRISA es la primera edición que hacemos de manera independiente, con mucho esfuerzo y a contra corriente. Sin embargo aquí estamos enviando nuestro mensaje de protesta en contra de una política cultural que requiere desnudarse para vestirse con trajes de pueblo…pueblo chico…pueblo grande y… pueblos del mundo.

Reconocemos así la creatividad de Matías Cortés Carrillo, autor del libro y promotor cultural de ESECO y agradecemos la participación de Raúl Eduardo González en el cuidado de la edición y redacción del prólogo, ante todo amigo y académico siempre dispuesto a construir de la mano con la base social.

Vaya nuestro reconocimiento y gratitud para Jorge Pineda Bermúdez autor de la ilustración de la portada y para Carlos Villaseñor que cuidó los detalles del diseño.

Nosotros somos los ciudadanos del barrio…ésos de la Chopo…


Cristina Cortés Carrillo
18 de octubre de 2007

miércoles, 9 de enero de 2008

2. EDITORIAL

DESDE JACONA, MICH.


miércoles 9 de enero de 2008

A MANERA DE EDITORIAL.
Este blog de glc CACCINI se está aprovechando para informar, difundir, apreciar, comentar, etc., todo acontecimiento de orden artístico-cultural que nos compete a todas las personas que laboramos en este medio.

De alguna manera, será también en beneficio del movimiento MOTOCA que aglutina a buena parte de directivos de casas de cultura, así como promotores culturales independientes, y creativos de las diferentes disciplinas artísticas de una basta región de la ciénaga de Chapala tanto de Michoacán como de Jalisco y parte del bajío michoacano.

Mantendremos siempre la dignidad ante todo en beneficio del gremio tan subestimado en este nuestro estado michoacano.

Estaremos al pendiente de toda acción y reacción de la cultura en el estado.

Apoyaremos siempre la buenas intenciones pero llevadas a la praxis.

Informaremos de avances o retrocesos en nuestro ámbito.

Mantendremos vivo el movimiento de MOTOCA hasta que los agremiados lo quieran.

Defenderemos todos los derechos sociales de nuestros trabajadores.

CACCINI, se manifiesta en pro de artistas creativos, comprometidos con su vocación y su trabajo.

En la foto anterior se nota el trabajo desarrollado por miembros del MOTOCA, sobre la Ley de desarrollo cultural de Michoacán en el 2007. Ley que está en ciernes en cuanto a su aplicación pero ya MOTOCA inició el estudio de formas a seguir en cada municipio michoacano interesado con su propia comunidad para realizar consejos civiles comunitarios para que esta ley se aplique debidamente.Esperamos que este nuestro blog, sea una palestra para los artistas y promotores culturales de todo Michoacán.

Les deseamos lo mejor en todo el 2008.
Publicado por glc CACCINI en 10:52 0 comentarios
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martes, 8 de enero de 2008

1. tenepal de CACCINI

DESDE ZAMORA, JACONA Y JIQUILPAN, MICH.

tenepal de CACCINI.
Entrada. 1

Foto. Socios de MOTOCA analizando la nueva ley de cultura de Michoacán.
Bienvenidos.