miércoles, 20 de febrero de 2008

28. ¿QUÉ ES ESO DE LA CULTURA?

¿Qué es eso de la cultura? (2)

Las instituciones culturales
J. L. Rodríguez Ávalos

Ya se dijo aquí que la palabra cultura procede del verbo cultivar y que éste se refiere a un proceso mediante el cual se obtiene un producto a partir de otro. Por ejemplo, de semillas de maíz se obtienen plantas cuyo fruto principal serán los elotes y de éstos se vuelve a obtener maíz. El ejemplo más complicado es: de la organización social –que la elaboran personas- se obtienen formas de vida para todas las personas que residen en esa organización social. Dichas formas no serán iguales para todas las personas pero norman la conducta y comportamientos de cada persona; al conjunto se le llama cultura.
La idea de cultivar es inherente a las personas, no a la naturaleza. Ésta se reproduce, pero para obtener los productos de la naturaleza en forma controlada, el ser humano cultiva. Así, la idea de cultura tiene que ver con la manipulación que los seres humanos hacemos de la naturaleza y de los mismos seres humanos para obtener productos.
Aún cuando hay suficientes definiciones de cultura como para utilizar una diferente cada día, no se trata de almacenar aquí el todo cultural, sino descubrir cual interesa al objeto de nuestro tema.
Porque aquí se habla de la cultura que atañe a las instituciones culturales, que son aquellas que por ley deben velar por el desarrollo cultural del país. Habida cuenta de que todas las instituciones oficiales tienen una partida para la cultura, ¿por qué México carece de beneficios culturales?
Porque hay una confusión institucional en cuanto a cuál es la función de las instituciones culturales, que se han abocado a la organización de eventos artísticos y metartísticos mediante confusos proyectos que tienen fines nunca comprobables en la vida cotidiana de las personas, que sólo sirven para cuantificar acciones de gobierno, aplicar presupuestos, cumplir cronogramas e inflar informes gubernamentales.
Ninguna ciudad, población, comunidad, ni siquiera ranchería se ha visto beneficiada con las acciones culturales oficiales de los tres niveles de gobierno en el país. Al decir beneficiadas se debe interpretar como que hayan cambiado su situación de pobreza o miseria hacia un justo equilibrio económico y mejores condiciones de vida en forma permanente, no en los breves minutos que dura un espectáculo.
Porque se ha privilegiado a la parte por el todo. Las instituciones culturales entienden que su función es programar espectáculos, exposiciones, congresos, concursos y dar apoyos a artistas, cuando su verdadera función debería ser despertar la conciencia cultural en los varios millones de habitantes que hay en el país.
¿A quién llamamos persona culta? ¿A la que lee muchos libros? No, esa es una persona instruida. ¿A quien tiene mucho dinero? No, esa es una persona rica. ¿A quien viste bien? No, esa es una persona elegante. ¿A quien estudia una carrera y obtiene varios posgrados? No, esa es una persona educada. ¿A quien tiene cargos políticos? No, esa es tan sólo una persona política.
Una persona culta es la que tiene conciencia de su entorno cultural, de su papel en ese entorno y actúa en función de mejorar las condiciones culturales del mismo. Esto reduce a las personas cultas a tan sólo un pequeñísimo porcentaje de la población.
Las bellas artes, en efecto, pueden ser un poderoso aliciente hacia la conciencia cultural, siempre y cuando sean parte de un proyecto de concientización cultural, de otra manera sólo cumplen su constante y oneroso fin de ser parte del oropel gubernamental, brillantez de la corte, cómplices del gasto público inecesario.
Se puede hablar de la cultura de la humanidad, como una historia que se puede estudiar y ser parte de los diplomados en historia de la cultura. Se puede hablar de la cultura en cada país, en cada región, en cada estado, en cada ciudad.
Tal parcelación cultural ocurre porque la cultura es producto de la aparición de grupos de personas trabajando unidas (o no) en un mismo lugar, bajo condiciones específicas, con logros y fracasos –porque la cultura no es buena ni mala, es-, usando el espacio y el tiempo como argamasa de su pasado, presente y futuro. En tal ámbito coinciden ciertas acciones gubernamentales, no necesariamente para bien.
El problema del Estado es que también ha parcelado sus funciones, imposibilitando acciones necesarias, oportunas, congruentes y eficaces para el desarrollo de la sociedad. Normalmente, el ámbito cultural desconoce las acciones que el mismo gobierno realiza en materias de construcción de vivienda, salud pública, seguridad nacional, agua potable, alcantarillado, lucha contra el narcotráfico... porque no son áreas de su competencia. Sin embargo, ninguna acción pública del Estado mexicano debería emprenderse si antes no se hizo un estudio cultural para prevenir el impacto de las obras y los servicios.
Lo normal es que el Estado impulse obras que normalmente no han solicitado ni requieren las poblaciones, porque obedecen a proyectos gubernamentales que no han sido sometidos a las esperanzas de desarrollo de quienes viven en México.
Productores de frutas y vegetales solicitan apoyos para adquirir transportes y poder poner sus productos en los mercados. El gobierno “piensa” que de nada va a servir otorgar esos apoyos si los transportes se van a dañar en los caminos improvisados por donde van a transitar. Y entonces construye una carretera para que transiten cómodamente los camiones que llevarán los productos a los mercados. Pero ya no le alcanzó para apoyar a los productores para la compra de transportes. ¡Bastante hizo con hacerles una carretera cómoda y bonita! Los productores tendrán que tirar sus productos, entrar en quiebra, ser considerados por el gobierno como malagradecidos e irse para el Norte. Mientras tanto, la carretera servirá para el narcotráfico, que sí tiene buenos transportes.
¿No debió decidir allí el ámbito cultural lo que tendría que hacerse? ¿No se podía dar un dictamen del impacto cultural de una carretera que desenlaza a unas poblaciones para enlazar a otras? Todo mundo sabe que licitar una carretera deja buenos ingresos a quien la licita, o sea, a ciertas personas del mismo gobierno. La carretera no se hizo por necesidad, sino por capricho gubernamental. Es un ejemplo apriorístico cercano a muchas realidades.
La “otra cultura” es ésa que se acerca a las poblaciones no para llevarles un evento, sino para descubrir las fortalezas y las debilidades de su cultura, realizar acciones inmediatas, propiciar medios a la gente para su estabilidad y desarrollo y dejar a la población en marcha. Ningún gobierno ha hecho eso por ninguna comunidad en sus seis años de gobierno. Si se hubiese trabajado en el beneficio de una sola población cada año, hoy tendríamos seis poblaciones (por sexenio) en marcha sin los problemas que a diario enfrenta la geografía nacional. Decir que se trabaja para todo el país es pura demagogia.
Si los migrantes descubriesen su propia cultura, volvieran los ojos hacia los beneficios que conlleva el conocimiento de lo propio, despertarían hacia su concientización cultural y podrían enfrentarse a la nueva y avasalladora cultura del dólar con las herramientas que la propia cultura aporta. Ya no se verían enajenados por los dólares, quizá podrían enriquecer su propia cultura, intercambiar herramientas culturales y retornar a su país y a su terruño con mejores oportunidades para desarrollar su ámbito cultural en lugar de destruirlo y contaminarlo.
Vale el ejemplo de la migración porque el gobierno mexicano no tiene en su discurso la opción de ofrecer mejores condiciones de trabajo y salario a la población para que desista de su viaje al más allá de nuestra frontera norteña, porque no hay un más acá que se le ocurra al gobierno mexicano, excepto criticar a los imperialistas por poner un muro contra la migración.
¿No se puede hacer nada desde el ámbito cultural para detener la migración? Entonces no vale para nada la actual política cultural.

martes, 19 de febrero de 2008

27. GUILLERMO ESPINOZA

GUILLERMO ESPINOZA, EXPRESA:

Es innegable que Zamora en voz de todos, tiene necesidades culturales que poco han sido saciadas por quienes corresponde hacerlo, y sin embargo, la creciente demanda de espacios para su desarrollo continúa siendo, en algunos casos nulo, o en algún caso, para precisar (Centro de Estudio de las Artes), con grandes despliegues presupuéstales que terminarán, y no se necesita ser adivino, como el Titánic, “en picada”, ya que no esta pensado para el grueso de la población del municipio y sus alrededores, si bien será reducto del siempre comodín circulo de supuestos artistas que proliferan en nuestras inmediaciones (elitista pues y a fin de cuentas); y sobre todo, “lo peor de todo”, es que seguiremos siendo presa fácil de los grandes oportunistas que nos seguirán dando “Pan y circo”.

Guillermo Espinosa Parra.