sábado, 24 de mayo de 2008

90. EN LA TRADICIÓN (2)

J. L. Rodríguez Ávalos

La música esquinera.
Los p’urhepecha tienen sonecitos y sones abajeños, estos últimos más rápidos y alegres en los que se vinculó la vihuela, quién sabe desde cuando, pero dice la leyenda que los p’urhepecha bajaban a comerciar a la tierra caliente, siendo arrebatados por la fuerte codicia de los sones calentanos, con los que hasta hacen bailar a los caballos y obligan a estrenar uaraches cada ocho días. Y de la fusión del son calentano con el son p’urhepecha nació el abajeño, o sea, un son con el estilo “de allá abajo”.

La música p’urhepecha se interpreta con orquesta de cuerdas o con banda de alientos. Pero está la otra vertiente que es la música cantada. Pirekua quiere decir, en el idioma p’urhepecha, canción; pireri es el que canta, pireni es cantar.

Vale la pena señalar –una vez más y cuantas sean necesarias- que las lenguas indígenas de México son idiomas y no dialectos. Desde la ciudad se les impuso el mote de dialectos por la soberbia de quienes se consideran dueños del país, se les llama dialectos por desprecio y es una muestra del racismo que impera en México de manera cotidiana y abrumadora.

De cualquier manera, ese idioma tiene la particularidad de que todas sus palabras terminan en vocal, si se ve por allí alguna palabra p’urhepecha que termina en consonante, está mal escrita.

Y los p’urhepecha reconocen a la pirekua como música esquinera. En los pueblos es fácil ver a los muchachos tocando en la esquina, compartiendo la pirekua que han recibido de los mayores, que acaban de aprenderse o que están componiendo. La pirekua sirve para cantar los sentimientos pero también para descubrir el mundo y expresarlo. Dice el pireri y compositor Ismael García Marcelino, de Jiuatsio, que la pirekua se tiene que cantar mirando a la persona a la que se le canta, así como se habla el idioma, que requiere ver al interlocutor.

Sólo en la ciudad se puede escuchar la pirekua dentro de un teatro, o restaurantes y peñas. En el pueblo anda de callejera y se instala en la esquina, debajo del foco de a 60 si ya se hizo nochecita.

Música calentana
La tierra caliente es una franja de culturas que comparten muchas características, tanto en su cocina como en la forma de vestir, de hablar, de mentar madres y de emborracharse, a lo largo de varios estados.

Que los maridos den de golpes a sus mujeres –esposas o hijas- y que se emborrachen, no son elementos de la tradición, son costumbres. La costumbre se adhiere a la tradición como el heno a los árboles o las lombrices a los intestinos infantiles. Este tipo de costumbres se deben erradicar, pero no todas las costumbres son malas, algunas son necesarias para que la tradición se enriquezca.

Michoacán tiene marcadas diferencias musicales en sus tres secciones más importantes de la tierra caliente. En los límites de Guerrero está la región de Huetamo, por la que corre el Río Balsas después de atravesar el estado y llegar al Océano Pacífico por el rumbo de Lázaro Cárdenas.

El son y el gusto se desarrollaron bajo una dotación instrumental compuesta por violines, guitarra y tamborita. Este instrumento es un pequeño tambor hecho de cueramo con parches que suelen ser de chivo o res, aunque existe la leyenda de que un parche es de chivo y el otro de coyote, no se debe tocar este último si no se quiere atraer males a la fiesta.
En esta depresión del Balsas conviven varios municipios y todavía se mantiene una tradición singular.

El baile de tabla
Se hace en la tierra un hoyo de dos metros de diámetro, más o menos, y se escarba un metro o metro y medio, según. Luego se pondrán en el fondo cuatro cántaros con agua, uno por cada esquina de la tabla que va a cubrir el hoyo. Esa tabla, casi siempre de cueramo, que es una madera muy resistente pero flexible, se irá afinando, poniendo más o menos agua en los cántaros.

En la tradición calentana la mujer lleva siempre el ritmo en su baile y no compite con el zapateo del hombre, como suponen quienes viven en las ciudades y han visto películas de Pedro Infante y Jorge Negrete, en las que se simplificó y desvirtuó a la tradición. El famoso grito de ¡voy polla! no es de la tradición, se usaba en el palenque cuando se quería hacer enojar a algún gallero, diciéndole “polla” a su gallo.

El hombre va a competir contra el tamborilero, éste hará redobles y figuras sonoras que el hombre tendrá que repetir o superar. El hombre que no sabe zapatear se tramboluqueará y será lanzado de la tabla por la flexibilidad de la misma.

Quienes escuchen tocar al tamborilero, se darán cuenta de que a veces percute en los aros y otras veces en los cueros. En la tradición –y normalmente en todas las culturas tradicionales o populares- quienes bailan dejan de hacerlo cuando entran en acción los poetas, o sea, el cantante o los cantantes. Mientras dura la canción no es necesario abandonar la tabla, sino que se puede valsear hasta que vuelve a entrar la música y se puede volver a zapatear. La tamborita va dando estas entradas, pero si el tamborilero ve que el bailador no la hace, entonces deja de percutir los parches.

Baile de artesa
Igual que la tabla, la artesa es de madera y sirve para servirle la comida al ganado. Pero cuando está ociosa, se puede voltear y se baila en el lomo. Como es hueca, hace un sonido retumbante que se puede escuchar lejos.

La región del Río Tepalcatepec, que atraviesa el Valle de Apatzingán, es conocida como región planeca porque se encuentra uno en la planicie y allí la artesa avisa que hay baile. También se acostumbra hacer el hoyo para la tabla y que resuene sabrosamente.
Claro, porque para la tradición, los bailadores constituyen un instrumento más. La tradición bailadora se reconoce por regiones, zonas, poblados y familias, se puede saber de dónde es una pareja por su forma de bailar, y de qué familia son por el estilo.

La otra región calentana es la de Turicato, desde Tacámbaro, que es uno de los balcones de la tierra caliente. En Apatzingán, el instrumento fundamental es el arpa y los grupos se llaman conjuntos de arpa grande. En las laderas ya no se toca ni el arpa ni la tamborita, sino el contrabajo o tololoche.

La poesía
Las estrofas más importantes de la tierra caliente son las Indias, por el lado de Huetamo, que con diversas poblaciones calentanas del estado de Guerrero forman un todo y mantienen también las remas y las malagueñas, las tres expresadas en estrofas en forma de sextillas octosilábicas, rimando nones con nones y pares con pares; cada una tiene su música propia. Las Indias siempre comienzan con la expresión “India del alma” o alguna otra que anuncie que va a haber “india”:

India del alma:
El otro día me dijiste
que conmigo tú querías,
pero luego lo que hiciste
me hizo enmuinar muchos días,
con otro cabrón te fuiste
¡y aún te hago poesías!

Por el lado de Apatzingán está la valona, que es una glosa que comienza con una cuarteta, cuyos versos serán los pies forzados para cada una de las cuatro décimas que se desprenderán de la glosa, para luego concluir con una cuarteta de despedida. La música que acompaña a la valona es siempre la misma y sólo cambia el final, que es una fuga por son y éste puede ser cualquiera.

Las indias, remas y malagueñas, como las valonas, sirven para improvisar, o sea, el enfrentamiento entre dos poetas y sus respectivos grupos acompañantes. Se conocen como topadas, pero también se les llama piques, pleitos, improvisadas, versada y de otras maneras, según la región.

jueves, 22 de mayo de 2008

89. DIFUSIÓN


LA BARRA NACIONAL DE PROMOTORES CULTURALES 3D2 AC,
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Dirigido a: Promotores y gestores culturales, maestros, artistas, y público en general, interesado en la difusión cultural.
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Horario: Viernes de 15:00 a 20:00 hrs. Sábados de 10:00 a 16:00 hrs.
Duración: 6 semanas
Inicio: Viernes 6 de junio
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1 módulo $800 pago único
6 módulos $2,500 pago antes del 30 de mayo; $3,000 posteriormente *
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Financiamiento:
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MÓDULOS
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2. Periodismo Cultural: Generación de auto-contenidos
3. Legislación Cultural: Aspectos legales en la generación de proyectos culturales
4. Mercadotecnia cultural: Posicionamiento de un producto o proyecto cultural
5. Elaboración de proyectos culturales: Construcción de proyectos culturales
6. Organización de eventos: Gestión de eventos culturales
Se otorgará constancia de participación con valor curricular
Para la obtención de las constancia se deberá acreditar el 80 % de la asistencia a cada uno de los módulos.


Informes:
Barra Nacional de Promotores Culturales 3D2, AC.

domingo, 18 de mayo de 2008

88. UNA MUJER DEFENDIENDO A MÉXICO

Claudia Shembaum
defendiendo al pais
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VIVA EL MÉXICO DE MUJERES INTELIGENTES Y VALIENTES

87. EN LA TRADICIÓN (1)

Por J. L. Rodríguez Ávalos

Xarakuaro era una de las islas del Lago de P’áskuarhu, hasta que se vio unida a tierra. Allí vivió tata Gervasio López, principal mantenedor de la famosa Danza de Viejitos que representa, de muchas maneras, a Michoacán.

Tata Gervasio murió en 1999 en extrema pobreza, desconocido del mundo; músico de los meros buenos, fue exponente importante de la cultura p’urhepecha y su muerte tan sólo engrosó el obituario de artistas indígenas fallecidos en la pobreza y el olvido.

En diciembre 2004 murieron varios músicos tradicionales, entre ellos don Carlos Cervantes, más conocido como El Maiceno, jaranero y vihuelero, director de Los Caporales de Santa Ana Amatlán, municipio de Buenavista Tomatlán, en plena tierra caliente michoacana.

También falleció el arpero de ese mismo grupo, don Candelario García, quien había ganado –junto con su hijo Candelario- primeros y segundos lugares como arpero y tamboreador de arpa en las fiestas octubrinas de Apatzingán, máximo festejo de la tierra caliente michoacana.

Pero el 2005 se vino duro contra la gente de la tradición. En la región p’urhepecha muere tata Francisco Salmerón Equihua, director de la gran Orquesta de Quinceo (municipio de Paracho), clarinetista y compositor. En la región de la tierra caliente del Río Balsas murió el guitarrero Jesús Pineda, que hacía por la tradición en el Cuarteto del Recuerdo; murió la bailadora Rafaela Betancourt, mantenedora de danzas de la región de Huetamo; y luego falleció el violinista Rafael Ramírez, a los 84 años, compañero de andanzas de Juan Reynoso y tantos otros músicos tradicionales, conservador de sones, gustos, valses, minuetes, danzas y tanta música como él sabía, quizá el último tañedor de la túa o guitarra panzona, pobrecita, quién le rascará ahora sus cinco cuerdas solitas.

El destino
Por esos caminos de la pobreza y la ansiedad se va haciendo uno músico o bailador, se van encontrando las razones para alegrar a la gente, la tierrita en las uñas te va dando los secretos de las cuerdas y del arco y de la sopladera, las sombras de los árboles te dicen clarito por dónde va la melodía y el río te trae los meneos del son.

Para el músico de la ciudad su instrumento le da la oportunidad de tener una profesión, pero al músico tradicional se le revela siempre como un destino. Y se agarra al destino de músico como puede agarrar el de bailador o matador de puercos y reses, nadie puede escapar a su destino y es mejor encararlo, darle de beber y comer para que crezca sano y fuerte y pueda servir a la demás gente como parte de la alegría de vivir.

Siendo inevitable, el destino nos va llevando por la vida para probar lo bueno que nos tiene reservado, así como sus sinsabores, que de todo tiene uno que conocer si es que quiere formarse plenamente. La vida no es ingrata, sólo las personas, pero para eso está la música, siempre allí, para aliviar las penas y darle sentido a los demás ingredientes de la tradición, porque nadie puede entender que pueda haber música sin baile o baile sin música, pues qué desfiguros van a ser esos.

Qué es la tradición
La gente de la ciudad, que todo lo confunde, no entiende muy bien ese asunto de la tradición. Y luego llegan los maestros diciendo que deben acabarse las tradiciones, porque favorecen el alcoholismo y el maltrato de las mujeres. Pues qué mal andan, confunden tradición con costumbre.

Las tradiciones no debieran desaparecer porque son el sustento de las comunidades tradicionales, sin ella se mueren, se transforman en sabe qué cosa pero ya no son lo que debieran. Ya mucho mal hacen la migración, las mentiras de la tele y los discursos políticos como para también querer darle en la torre a la tradición, a lo que hace gente a la gente.

Qué mal, pues, que confundan tradición con costumbre, que no son la misma cosa, Dios nos libre. Así como confunden cultura tradicional con cultura popular, o tradiciones con folklore.

En la gran fiesta octubrina de Apatzingán ya no suben a la tarima las bailadoras y bailadores tradicionales, porque no pueden hacer las cabriolas, brincos y maromas que hacen los grupos de la danza folklórica.

La danza folklórica es de la ciudad, le gusta uniformar a las muchachas con faldas y trenzas de a mentiras, igualitas, y a los muchachos con vestuarios de la misma marca. Pero el baile tradicional no puede hacer eso, no le interesa resaltar las ancas ni las corvas ni el pecho salido hasta acá o los labios retepintadotes.

La danza folklórica requiere que todos le suenen parejito y que vayan bien pegaditos a la música del caset o del disco, habrase visto. A los músicos tradicionales no les gusta acompañar a los baletes porque, la mera verdad, le quitan el gusto al baile.

Pero ni modo, así les gusta en la ciudad y muy sus ganas de hacer las cosas al revés.

Pero en la tradición se tiene en cuenta desde la tierrita. La tradición no puede agarrarse y llevarse para otro lugar, la tradición es de donde es, qué caray, porque nace en la tierra y desde la tierra, de donde todos salimos y a donde vamos a ir a parar.
La tradición es la música, el baile, la ropa, los ornamentos, la comida, la bebida, la religiosidad, las costumbres, la tabla, la fiesta. No puede ser una de estas cosas, tiene que ser todas las cosas.

Claro que en la ciudad se puede hacer la fiesta con una grabadora y una botella de vino, pero así qué chiste. Y en la ciudad, si se quiere hacer fiesta, van y compran todo lo necesario. En la tradición se procura comprar lo menos posible, porque todo lo puede hacer uno, ni que estuviéramos tullidos o qué. Se hace el vestuario, los uaraches, el aguardiente, la comida, las tortillas y así ya nada más se descuelgan los instrumentos después de la labor ¡y a darle!