viernes, 27 de febrero de 2009

222. CARTA DESDE MONTERREY

  • HUMANITAS 2008

  • APPALOOSA, UN WESTERN CLÁSICO…




Por: J. CARLOS MÉNDEZ .
DESDE MONTERREY


HUMANITAS 2008. El pasado 19 de febrero se presentó en Monterrey Humanitas 2008, Anuario del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León, este bastión del humanismo, fundado por el doctor Agustín Basave Fernández del Valle, nacido en Guadalajara pero regiomontano por adopción. Humanitas 2008 –publicación de la que diré algo en próximas Cartas…-- se presentó, acompañada de su versión digital, en cuatro tomos, uno por cada una de las secciones de que está compuesta: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia. El volumen de Historia, sección dirigida por don Israel Cavazos Garza, quien fue gran amigo de don Luis González y González, incluye algunos trabajos que podrían interesar en Zamora y hasta sugerir temas de trabajo. Por ejemplo, Para saber de Nuevo León en Jalisco, de José María Muriá, si pensamos en el buen número de zamoranos que han dejado huella en Monterrey, además de los muchos nexos que por acá tuvieron los hermanos Gabriel y Alfonso Méndez Plancarte.

LOS EVANGELIOS COMO CRÓNICA. El volumen de Historia del Anuario Humanitas 2008 publica La Asociación de Cronistas de Ciudades de Ciudades Mexicanas. Comentarios en torno a su origen, en el que don Israel Cavazos Garza dice que “no es aventurado consignar que uno de los antecedentes más remotos del oficio [de cronista] lo encontramos en las Sagradas Escrituras. Los textos de los cuatro evangelistas, Marcos, Mateo, Juan y Lucas, no son otra cosa que las crónicas de la vida del Señor y la expresión en detalle de su tiempo y de su entorno”.

APPALOOSA, UN WESTERN CLÁSICO QUE INNOVA. Appaloosa es un western clásico, épico en el mejor sentido de la tradición del western: hay buenos y malos, hay duelos y violencia, lucha entre la ley y los criminales, indios, pasiones amorosas, lealtad y traiciones, deseos, esperanzas, y esa soledad particular de los héroes del oeste norteamericano. Pero hay algo más: Appaloosa innova, aporta al género y abre nuevas visiones, nuevas vertientes, y nuevas formas de mirar lo mismo que ya hemos visto.

Dirigida por Ed Harris, un extraordinario actor de los que han incurrido con éxito en la dirección, Appaloosa se basa en una novela de Robert B. Parker, y la adaptación es del propio Harris y de Robert Knott. Después de ver la película uno no puede imaginar otro casting: Viggo Mortensen (Everett Hitch), Ed Harris (Virgil Cole), Renée Zellweger (Allison French), y Jeremy Irons (Randall Bragg), sin que desmerezca para nada Ariadna Gil (Kate). Tres grandes actores y una gran actriz que realizan extraordinarias actuaciones, de esas que crean personajes, perdurables. Y esto es cine.

Por principio de cuentas, los protagonistas no son jóvenes. Virgil Cole ya anda muy entrado en la llamada tercera edad. O sea, que no andan buscando aventuras –aunque su vida lo sea--, sino que saben muy bien lo que hacen, y asumen los riesgos. Son educados, visten con elegancia pero sin afectación, tienen una manera peculiar de tratar a las mujeres, son sensibles e inteligentes (Cole lee autores clásicos, aunque con dificultad, y Hitch estudió en West Point, la prestigiada academia military de los Estados Unidos). La amistad entre Cole y Hitch –uno de los ejes de la película-- es de orden superior: a más de compartir lo que hacen y los porqués, se aprecian y se respetan mutuamente. Y se dicen cosas que no suelen decirse entre amigos en los westerns; y en otros géneros. La inteligencia y la experiencia de los protagonistas están debidamente destacados, y no se hacen ilusiones: saben también en qué mundo y en qué país hacen lo que hacen, pero siempre mantienen la dignidad en alto.

Appaloosa (insulsamente traducida como Entre la vida y la muerte) se fecha en Appaloosa, New Mexico Territory, 1882, y abre con Bragg asesinando, rodeado de sus patibularios, al marshall de otro condado, Jack, Bell, un buen hombre, y a sus dos ayudantes que lo buscan por otro asesinato. Tras una breve disolvencia a negro vemos un amplio plano, frente a unas montañas, a dos jinetes cabalgando. La voz en off de Everett Hitch, desde cuyo punto de vista se cuenta la historia, dice: “Como mi padre, entré a West Point. Y era bueno como soldado”, pero era un soldado con poco espacio “para expanir mi alma”, así que después de la Guerra contra los indios me salí para expandir mi alma. Hitch cuenta que conoció a Cole hace unos doce años y que desde entonces andan juntos, haciendo lo mismo. Van a Appaloosa, un pueblo minero, porque los notables del pueblo los quieren contratar para que lo libren de la satrapía y el terror que Bragg y su pandilla les han impuesto. Al entrar al pueblo Hitch dice, en off, que “la vida tiene una manera rara de hacer las cosas: en un minuto puedes perder tu vida”.

Convenido el precio Cole y Hitch les dicen que tienen que cambiar las leyes y les muestran por escrito cuáles. Los notables replican: “Básicamente dice que el señor Cole es la Ley”. “Esto significa que ustedes dirigirán el pueblo”. “Así es”, contesta Cole. “Nos está pidiendo que le entreguemos el publo”, a lo que Cole replica: “Lo perderán de todos modos”. Los notables se resisten pero ante la llegada de Bragg y su pandilla firman apresuradamente. Aquí se establece una de las maneras en que se hicieron los Estados Unidos, cómo se hicieron algunas de sus leyes, como combatieron la violencia y el robo...

Pasan cosas, Cole y Hitch detienen a Bragg, a quien se enjuicia y condena por asesinato. Pasan más cosas, varias muy importantes, y un día Bragg, quien tiempo atrás dijo que él había trabajado en la oficina del presidente Chester Arthur, regresa al pueblo, elegantemente vestido y dice que ha cambiado, que cometió errores pero que ahora e sub hombre de bien. Compra el hotel y se codea con los notables del pueblo, sus antiguos adversarios. Con esta gran economía, Appaloosa nos da otro dato clave sobre la formación de los Estados Unidos. Cole y Hitch respetan la decisión legal... y pasan más cosas, hasta que se cierra el círculo que queda abierto.
Economía de medios, muchas ellipsis, cosas no dichas, insinuadas, o dichas con gestos, con miradas, con planos que son para verse (no para describirse) Appaloosa hace que el espectador se involucre, imagine, participe.

El espacio no me permite referirme a las relaciones interpersonales entre Cole y Hitch, ni entre estos y Alli y Kate, pero además no debo la película. Sólo una cosa más: En Appalosa hay niños, y aunque no es el único western en el que aparecen niños y tienen su relevancia, sí llama la atención la manera tan sutil y tan tierna con están mostrados aquí, No protagonizan ninguna acción; pero están ahí, como una presencia de nuevas vidas, como una promesa. Los niños aparecen, con sus útiles escolares, casi desde el principio, cuando Cole y Hitch llegan al pueblo de Appalosa. Los niños los anuncian: “Ya llegaron”, y Cole los saluda con respeto, tocándose el sombrero, como si se tratara de adultos. Los niños aparecen en muchas otras escenas, entre ellas una que destaca: la del juicio de Bragg, y siempre son vistos con simpatía, lo que sobresale en un mundo violento y duro como el del antiguo y lejano oeste.

lunes, 23 de febrero de 2009

221. PINA PELLICER

PINA PELLICER, DAMA DE NOCTURNAS APARICIONES








Por: Arcadio Acevedo
DESDE TUXTLA GUTIERREZ CHIAPAS


Ayer volví a mirar en sueños a Pina, bella y enigmática actriz mexicana de los cincuenta y principios de los sesenta, muerta hace cuarenta y cuatro años, antes de cumplir los treinta.

Es un sueño recurrente mi sueño. A punto de ocultarse el sol, atisbo tras los cristales empañados de una casucha de madera ubicada en un montículo.

Reconozco el sitio. Se trata de una de las locaciones de “El rostro impenetrable”, cinta en la que compartió créditos con Marlon Brando.

Aparece vestida de negro (nunca he podido imaginarla con otro color). Pasa enfrente mío sin mirarme.

Desilusionado, la veo, la siento alejarse en dirección al llano hasta fundirse en el gris del horizonte.



En 1961, la película obtuvo el galardón del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y Pina Pellicer fue laureada como mejor actriz. Pude admirarla dos años después, en el Gran Teatro Cine Ópera de Zamora, Michoacán. Yo tenía catorce años.

Me hechizaron sus ojos húmedos, inmensos. Me subyugó la expresión de fatalidad, de subterránea e incurable tristeza de Pina, mi Pina Pellicer.

No me cansé de absorberla, de lamerla con adolescente admiración en dos funciones cotidianas durante tres días seguidos.

A los pocos meses (diciembre de 1964) Pina se suicidó en la bañera de su casa. Que yo sepa, no dejó un recado para mí.

Ayer la volví a mirar en sueños…


Conrado:
El textillo anterior, fue parte de mi columna periodística Los Bolonautas en 2007. A mediados de ese año, vía telefónica desde Monterrey, Reynol Pérez Vásquez (escritor, poeta, dramaturgo), me pidió licencia para incluirlo en un libro, todavía en ciernes, que sobre la vida y obra de Pina Pellicer escribía al alimón con Ana Pellicer, hermana menor de la desaparecida actriz.


El libro, “Luz de tristeza”, fue ya publicado por la UNAM (2008). Ignoro si, al cabo, echaron mano de mis morralla literaria. Sea como fuere, el gesto se agradece.

Lo que querrás con Los Bolonautas, con estos:

http://elpostigo2009.blogspot.com/
http://domigo7.blogspot.com/
http://lunamaril.blogspot.com/
http://misletrasvencidas.blogspot.com/


Te digo querido amigo, Arcadio.
Gracias por mandar al tenepal este extraordinario sueño de juventud tuyo, muy tuyo..., al estilo de aquel joven Arcadio que conocí en tu levítica tierra de Zamora. Sigo viendo al sensible talento zamorano enamorado de la vida, de la mujer, siempre confeso a si mismo que la belleza del exterior se lleva en el interior, sobre todo de ese genero que la naturaleza ha dado a la misma como lo mas perfecto, la mujer... ese ser que no se cansa el hombre de "absorber" como tu mencionas, ya sea en plena juventud, o en plena senectud.

Gracias Arcadio por mostrarnos la senzatez de tu sensibilidad de varón joven sexagenario.

SALUD POR ELLO, AMIGO MIO!!
glconrado.