miércoles, 15 de abril de 2009

246. CARTA DESDE MONTERREY

Novo y la crónica. (2)

Pocos mortales habrá que amen a esta ciudad de
México tan desinteresada, tan puramente como yo.
SALVADOR NOVO, en Nuestra ciudad mía.



J. CARLOS MÉNDEZ.
DESDE MONERREY

En mi Carta… anterior señalé que al ser nombrado oficialmente Cronista de la Ciudad de México, en 1965, el extraordinario escritor Salvador Novo (1904-1974) insistió en que “el cronista en turno –claro es que sin ignorar el pasado de la ciudad— debe serlo fundamentalmente de su propio tiempo. Así ocurrió con el primero [Francisco Cervantes de Salazar]: describió su México, que era el de 1552, y no el anterior”.

Novo cumplió a cabalidad, y con un estilo personalísimo con esta premisa. Lo hizo a lo largo de su larga carrera periodística como cronista, iniciada en 1934 e ininterrumpida hasta unas semanas antes de morir, en enero de 1974. “Ni un día sin escribir una línea, pero ninguna línea gratis” dijo Novo en varias ocasiones.

Esta conjunción del pasado histórico y lo cotidiano es ejemplar en su libro Nueva grandeza mexicana, crónica-ensayo con el cual ganó en 1946 el Premio Ciudad de México, convocado por el Departamento Central y cuya lectura y estudio sigue siendo indispensable para todo cronista citadino o aspirante a serlo. En 1996, Novo escribió: Nueva grandeza mexicana “es el hijo más gustosamente engendrado. Puse en él toda mi admiración, mi amor por la ciudad que –entonces—conocía bien, a fondo; y que hoy, acromegálica, excede a mi decadente capacidad de comprenderla”.

En la Introducción a la hermosa reedición que hizo la Editorial Era de Nueva grandeza mexicana en 1967 --diseñada por Vicente Rojo e ilustrada con fotografías de Héctor García--, Carlos Monsiváis dice:

“Dichosa la ciudad que posee vida privada y además modo de recapturarla gozosamente. O sea, dichosa la ciudad que es dueña de un Cronista.. En este caso, la vida privada es claro sinónimo de Historia Íntima, de aquello tan complementario como opuesto a la tarea de la Historia con Todas las Pretensiones de la Mayúscula. La Historia Íntima da cuenta de cómo vive la ciudad los acontecimientos que siempre ha enunciado con toda arrogancia y sequedad la Gran Historia. […] Salvador Novo es, de modo oficial, el Cronista de la Ciudad de México, Cronista de su Historia Intima y su Historia Pública. De hecho, lo ha sido siempre o por lo menos desde que publicó en 1928 aquel trabajo espléndido, El Joven, donde adelantaba cumplidamente su pasión irónica y su amor hacia el Distrito Federal. Ya en una forma declarada Salvador Novo ha sido Cronista de la Ciudad a partir de la publicación en 1946 de la Nueva grandeza mexicana. […]”

Sergio González Rodríguez, uno de sus estudiosos, dirá que Nueva grandeza mexicana “es una lectura del pasado y una escritura de sucesos recientes. […] El libro consta de siete capítulos breves que corresponden a un paseo íntimo, amistoso, por diversas zonas de la ciudad, que a su vez resumen características de la historia, de los cambios de usos y costumbres y de la aportaciones contemporáneas”.

Ya en el título Novo nos lleva a lo histórico y a lo actual con ese “nueva” que agrega en el medio al título de la crónica que en 1604 escribiera Bernardo de Balbuena: Grandeza mexicana. Al frente de su crónica-ensayo Novo pone una cita de México en 1554, del primer cronista oficial de la ciudad de México, Francisco Cervantes de Salazar: “Es tiempo ya Zamora, de que llevemos a pasear por México, cual nuevo Ulises, a nuestro amigo Alfaro, que tanto lo desea, para que admire la grandeza de tan insigne ciudad. […]”

Siguiendo a Cervantes de Salazar, Novo le mostrará la ciudad a un amigo suyo, provinciano de Monterrey. De Balbuena toma –con genial acierto y realización-- las siete líneas iniciales de su Grandeza…, y pondrá cada línea como título de cada capítulo de su Nueva grandeza…:
Caballos, trato, cumplimiento
Regalos, ocasiones de contento
Letras, virtudes, variedad de oficios
Origen y grandeza de edificios
Gobierno ilustre, religión, estado
Primavera inmortal y sus indicios
Todo en este discurso está cifrado.

La elección de las líneas de Balbuena no sólo es un homenaje al poeta y un vínculo con la historia, sino también un método, como puede verse en los subtítulos descriptivos que Novo coloca debajo de cada línea capitular: “CABALLOS, CALLES, TRATO CUMPLIMIENTO… Los transportes en la ciudad / Genealogía de los camiones / La ostentación colonial / La ciudad crece al ritmo de sus comunicaciones / Las carretelas / Los paseos / Del “puerto” de San Lázaro al aeropuerto.”

Este primer capítulo empieza así: “Iremos en camión –propuso mi amigo---Tú dirás cuál nos conviene tomar. […] De pronto, como en una disolvencia cinematográfica la pantalla de mis evocaciones esfumó la realidad inmediata de aquel vehículo. Mi más vívido recuerdo reconstruyó la infancia de estos transportes –su infancia sencilla, ingenua, elemental, acode con la primera adolescencia de una ciudad en que jugaban a correr un poco, que iban sin saberlo extendiendo en un desarrollo armonioso; en que eran al par un juguete y un juego:

“La ciudad porfiriana era inerte. Sus pobres, que han sido siempre mas que los ricos, se transportaban en tranvías, de que aún sobrevivían los de mulas […] Sus ricos […] se compraban buggies, faetones […] Por las tardes iban los ricos, precedidos por sus caballos, al elegante paseo de coches de la Reforma. […] Pero las familias nada más decentes; las que no tenían carruaje propio, ni se resignaban a revolverse con los pelados del tranvía contaban para su ocasional transporte y para su paseo con las carreteas. […]”

245. CARTA DESDE MONTERREY

De la crónica y los cronistas. (1)


…dichosa la ciudad que es dueña de un Cronista.
Carlos Monsiváis








J. CARLOS MÉNDEZ.
DESDE MONTERREY

REGULAN AL CONSEJO DE LA CRÓNICA, leo en El Sol de Zamora del pasado 20 de marzo, que informa que al término de la sesión del Cabildo en que se aprobó el Reglamento del Consejo de la Crónica d la Ciudad de Zamora, el regidor Ricardo Oliverio Herrera declaró que este reglamento establece “las obligaciones que tiene el Ayuntamiento con el Consejo de la Crónica y cuáles son las de éste con el Ayuntamiento, pues permitirá la transparencia de los recursos que utilicen”.

Según el periódico, el reglamento obedece también a la necesidad de que “la crónica fiel y oportuna de la realidad cambiante y compleja de la ciudad, sobrepase con mucho la capacidad de una sola persona, por más aptitud y voluntad que ésta tenga”.

El regidor también precisó que los miembros del Consejo no tienen sueldo asignado, y que “no están dentro del presupuesto”. (¿Cómo, entonces, realizar un trabajo que requiere, además de gusto por hacerlo, profesionalismo?).
A reserva de conocer el reglamento, me limito a opinar sobre dos cuestiones. Una, que es cierto que realizar hoy la crónica de una ciudad no puede ser tarea de una sola persona. Hace ya poco más de cuarenta años, con motivo de su nombramiento oficial como Cronista de la Ciudad de México, en 1965, el extraordinario cronista Salvador Novo dijo que hacer la crónica de una ciudad enorme como la de México no era tarea de un solo hombre. “La historia –escribió Novo--, aun la pequeña historia de la ciudad de México, empieza a acelerar su tempo y a complicarse más allá de la posibilidad de que alcance a contenerse en un solo testimonio”, pues la población y la ciudad han crecido mucho. Además, dice, “la múltiple función de la ciudad ha creado sus múltiples órganos. Los cronistas sociales y los críticos de arte asisten a todo por sí o por la interpósita persona de los fantasmas de sus oficinas especializadas. La especialidad se ha diversificado, la diversificación se ha especializado. Y una sola persona no alcanza a enterarse de todo, sino a través de las muchas que se informan de poco”.

Aunque afortunadamente Zamora dista años luz de las dimensiones del Distrito Federal, sí es adecuado que de su crónica se ocupen no una, sino varias personas; sobre todo si no perciben salario por su trabajo.

La otra cuestión en la que Novo insiste es en que el cronista no debe ocuparse sólo del pasado, sino sobre todo del presente, y explica que él quiere ”borrar la imagen de que el cronista de la ciudad de México debe serlo de su pasado. Esta idea la imbuyeron en el público las especialidades históricas y sobre todo coloniales, de mis ilustres antecesores, don Luis González Obregón y don Artemio de Valle-Arizpe. Quería en cambio fortalecer la noción de que el cronista en turno –claro es que sin ignorar el pasado de la ciudad—debe serlo fundamentalmente de su propio tiempo. Así ocurrió con el primero [Francisco Cervantes de Salazar]: describió su México, que era el de 1552, y no el anterior”.

En1967, en su discurso en honor de su amigo don José P. Saldaña por su nombramiento como Cronista de la Ciudad de Monterrey, Novo retomó el punto: “El honroso título de cronista de la ciudad comporta la responsabilidad de desempeñar en nuestro tiempo la tarea gratísima e que en la del México de la Nueva España encargó el rey a la sabiduría de Francisco Cervantes de Salazar. Es en los Diálogos latinos de aquel maestro de la primera Universidad donde hoy podemos asomarnos al México de 1554 […] En el nuestro: cuando los medios de información y la materia de que informar se han multiplicado hasta exceder la capacidad de un solo hombre para manejarlos, la importancia del cronista parecería amenguarse si se le supusiera la obligación de ser, como en el tiempo de Cervantes, el único autorizado informador del monarca. Televisión, radio prensa, ejércitos de reporteros y de investigadores le ganarían esa imposible batalla.

“Esta discrepancia entre la capacidad individual y los medios colectivos modernos para registrar el presente, apuntaba ya cuando el gobierno tuvo el acierto de restituir el cargo de cronista de la ciudad [de México] y de conferirlo a las eminentes personas de don Luis González Obregón, y a la muerte de éste de don Artemio de Valle-Arizpe. Ambos historiadores, ambos amantes de nuestro pasado colonial; y ambos, quizás porque intuyeran la discrepancia que señalo, más inclinados a engolosinarse con el ayer, que atentos a registrar el hoy de sus días. […]

“Ya se entiende que derivo de estas premisas la conclusión de que el cronista de una ciudad debe serlo de la que ama y conoce; en sus raíces, pero también en sus follajes más aparentemente efímeros; en sus flores, en sus frutos, que devendrán semillas para sus sucesores en este oficio de jardineros de la historia de las ciudades”.

Novo no sólo cumplió con sus premisas, sino que lo hizo con un estilo y una calidad literaria hasta ahora inigualados, como puede verse en las miles de páginas periodísticas que escribió y que están consignadas en las recopilaciones de La vida en México en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, continuando con los sexenios de todos los demás presidentes hasta el del presidente hasta el del presidente Luis Echeverría.

QUE LA CRÓNICA que se escriba y publique en Zamora tenga lectores actuales y futuros dependerá del rigor con que estén hechas y, sobre todo, de la calidad literaria con que estén escritas.

lunes, 13 de abril de 2009

244. CULTURA Y DIVERTIMENTO ZAMORANO. (2)

Cultura y divertimento en la levítica Zamora.
De 1962 al 2009.
***
Segunda de cinco partes, anunciadas en la primera entrega.
Pero... creo que serán más, no lo sé aun.
***
Por: GL. Conrado.
Desde Jacona,
Michoacán.
México.

Para: Arcadio Acevedo.
Tuxtla Gutiérrez,
Chiapas.
México.

La primera entrega la terminé refiriéndome a Paco Medina†, el centroamericano-mexicano-zamorano muy querido, de quien conservo su voz cantando en unos discos que él grabó en casetes caseros. Voy a hablar de él y sus bohemias en el legendario café El garabato, lugarcito al que llegaban amistades personales del DF, como Paco Medina y el poeta Renato Leduc, así como otros personajes que más adelante te comentaré como los conocí y porqué llegaban al Garabato de pasada. También venían de Guadalajara y… hasta de Monterrey.

EL GÜERO DE MONTERREY.
Ésta anécdota en sí, quizá no tenga mucho interés, no lo sé, pero si voy a describirla por el pregón que se hizo allá en la ciudad industrial y el cerro de la silla sobre El garabato de Zamora en aquellos años de 1963-64 y que fue presumido como la palestra de los poetas zamoranos, por aquello del tronco referido en la primera parte, donde se clavaban poesías de los bohemios. Quien se encargó de eso fue un amigo mío, seguro estoy, pues nadie más por aquellos lares sabia del tronco. Expreso la anécdota más que nada para que sepan las nuevas generaciones de poetas, pintores, teatreros y demás amantes de las artes de Zamora, que en su momento, si fue muy significativa a través del garabato para los varios poetas zamoranos y de la región en aquellos días de su momento viviente, entre dichos, al extinto amigo Felipe Liévanos Valencia quien era cura y escribía versos y prosa muy interesante, y siguió haciéndolos después que colgó el habito y se casó. Amén de otros más que los leyeron.

Desde Monterrey apareció un día en El garabato el güero Treviño nativo de dicha ciudad norteña. Ex compañero muy preciado que conocí en Saltillo cuando me cambiaron del seminario de San Luis Potosí a la capital de Coahuila, pues el clérigo que me crió y educó desde niño en Zamora para hacerme cura como él, no se daba por vencido y me mandó a dicha capital para ser hermano “lego” con un oficio, o sea, hermano lego de esos que no son ni fu ni fa en el clero, digo porque también guardan celibato, no por el oficio ya sea de; carpintero, mecánico imprentero y demás, que son buenos y dignos, pero… si no son curas, pos’que caso tiene guardar el celibato. Yo pensaba en aquellos ayeres y pienso actualmente, que debería ser como los maestros que educan y enseñan artes y oficios pero que tienen mujer, así deben ser los legos, si hay pastores de otras iglesias que tienen a su mujer ¿por qué los legos no? Tan bonitas que son las féminas, no se vale. Por eso nos pusimos rejegos y de acuerdo, el güero Treviño, Loret de Mola, yo, y otros más, a portarnos mal para ahuecar el ala de aquel internado.
 En visita a mi pueblo de origen, Zináparo, recién llegado yo de la capital mexicana un año antes de la foto esta, con un costalote repleto de conocimientos teóricos y prácticas teatreras, literarias y cinematográficas, y ya establecido el garabato en Zamora, con el ánimo de hacer cosas en teatro literatura y cine por acá en estos mis lares con olor a campo y en mi región donde deje el ombligo, venturosamente. Pues Carlos el de la foto que está en el mar con un sombrerito disfrutando de la brisa, fue el causante de que me quedara en mi tierra por su insistencia y gracias a él dedico todo mi esfuerzo a enseñar y orientar a la nueva sangre en las áreas que competen a mi conocimiento artístico. En la foto nos encontramos en la falda del cerro del águila de Zináparo de izquierda a derecha, Roberto Campos un paisano come años. Estela García una pariente ya fallecida. En seguida mi hermana Esther también ya fallecida quien en vida fue muy activa socialmente, siempre en pro por la cultura de mi pueblo. Al final, su servidor el tal GL.Conrado.

Pero volviendo al güero, este estaba trabajando en MASECA-Monterrey. Pidió su cambio a Michoacán (según me dijo), y llegó a Zamora a finales de 1963 “para conocer el lugar donde su amigo el zamorita (o sea yo) hacía bohemias y teatro al lado”. (Esto ha de haberle dicho alguien, no sé quien, pero con ese cuento me llegó).

Mi madre me comentó el mismo día que el güero llegó a Zamora, cuando fui a bañarme a la casa a eso de las 6 de la tarde, lo siguiente:

-Hijo vino en la mañana un joven güerito, chinito chinito de su cabeza, muy risueño y simpático de apellido Treviño y… con un tiplecito, me dijo que tu lo conocías, que había sido tu compañero en Saltillo con los salesianos (mi madre era muy devota de San Juan Bosco y María Auxiliadora), y luego luego le dije que no venias a dormir aquí, solo a bañarte por las tardes… ¡pero le dije por donde se fuera a tu café!, y que ahí te encontraba todo el día antes de salirte a tus ensayos. Me simpatizó mucho tu amigo… ¿ya lo viste? ¿También él iba a ser señor cura o hermano lego, hijo?

Troquita que nos trasportaba a Zináparo mi pueblo de origen, vía La Piedad, cuando este teatrero era niño aun. Como me estaba criando y educando en Zamora el clérigo Conrado García que era cuñado de mi abuelo, recuerdo que este, tomaba el tren de Zamora a Yurécuaro, y de Yurécuaro abordábamos el que pasaba rumbo a México y nos bajábamos en La Piedad y de ahí... pos'pa mi pueblo en esta trocota.

Hermelinda†, mi preciosa madre (en paz esté) seguramente pensaba que todos los que estábamos en tal internado, o iban pa’curas o pa’legos, y no estaba tan herrada en su pensar. No creo que ella le haya comentado a Treviño lo de hacer yo bohemias y teatro, aunque mi madre sabia que me desvelaba en las bohemias después de ensayar teatro, porque yo siempre le contaba mis andanzas. Posiblemente si fue mi madre la que le comentó del lugar y lo que hacía, o fué alguna persona del Hotel Amalia donde me conocían y él se hospedó. No lo sé, pero en el tiempo que el güero estuvo en Zamora, siempre me comentó que él sabía desde Monterrey lo del garabato, decir éste que nunca le creí.

El amigo güero por poquito y se queda en Zamora, pues se enamoró de una chonguera, y le gustó tanto por acá que me llegó a decir:

-Nunca había bajado por acá al sur zamorita (así me decían él y otros compas que estudiaban en Saltillo, como te había señalado anteriormente), lo más lejos de mi tierra que conocía al sur fue Cd Victoria Tamaulipas, ¡¡pero ni comparación zamorita!! Acá hay un chingo de árboles, mujeres bonitas, y lagos, y la verdad se me hace que me quedo por acá.

Lo anterior lo comentaba muy risueño. Recién llegado diario iba al garabato por las noches a ver a las jóvenes mujeres que iban al lugar, sin novio, y en ocasiones se quedaba a las bohemias. Pero en cuanto encontró a la joven de quien se enamoró, dejó los escarceos con varias damitas con las que hizo amistad. Bueno se alocó tanto mi amigo Treviño que un día me dijo:

-¿Que te parece zamorita si le hablamos a Loret de Mola a Yucatán y le decimos que se venga para acá para presentarle mujeres bonitas?

-Estas loco, ¿tú crees que va venir desde tan lejos a ver mujeres bonitas solo porque éramos amigos los tres allá en Saltillo? Eso fue hace más de seis o siete años güero, posiblemente ni en el mundo nos haga- Le contesté con cierta sorna.

Con Rafael Loret de Mola formábamos el trío de jovencitos que tendríamos en aquellos años, Treviño y yo como 16 y medio o 17 años, y Rafael decía tener 18 años cuando nos expulsaron a los tres, pues hacíamos todo lo posible para que así fuese; fumábamos cigarros que le encargábamos al chofer de los curas; dos cajetillas de Alas azules o Casinos, una para el chofer y la otra para nosotros. El gasto de los cigarros salía de la charola cuando la hacíamos de acólitos en la iglesia de la feligresía, pues en la capilla interna no había charolazo. También hablábamos mal de los curas, les quitábamos los bolillos a los de menor edad en el desayuno, en fin, hasta que sí nos expulsaron y quedamos felices y contentos. No sé si nuestro amigo Rafael, sea el padre o pariente del actual joven locutor del noticiero de televisa que lleva el mismo nombre y apellidos de nuestro amigo yucateco)

Finalmente Treviño no le habló a Loret de Mola para que viniera a Zamora. (Este güero condenado guardó y traía teléfonos y domicilios de varios de los que estuvimos en Saltillo). El güero siguió yendo todos los días al garabato pero duraba poco, se tomaba un café y se iba a ver a su amada zamorana que nunca supe quien fue ni la llevó al garabato. Algunas noches se desvelaba en las bohemias hasta que un día… después de treinta o más que llevaba en la levítica Zamora, me llegó muy triste y me dijo que solo se iba a quedar una semana más y se regresaba a Monterrey porque no salieron de acuerdo con la chonguera amada. Y si, se regresó a la sultana del norte a la semana que mencionó.


Mi amigo muy preciado Carlos Méndez el que me insistió que me quedara en Zamora a enseñarles teatro, aqui lo vemos disfrutando el mar en Manzanillo en una ocasión que llevamos una obra teatral a Colima Col. No me acuerdo del nombre de la obra pero fue en la época que estoy refiriendo del garabato 1963-64

A los quince o veintidós días de haberse ausentado el güero de Zamora, llegó a la casa de mi familia una carta dirigida a mi nombre, con un remitente desconocido para mí que si mal no recuerdo era de un tal Gerardo Garza, del apellido me acuerdo bien. El sobre contenía un soneto con tema de amor acompañado de una carta donde expresaba el remitente que le hiciera el favor de colocar su soneto en el tronco del café El garabato de mi propiedad, haciendo hincapié en que un amigo de él que no quería se divulgara su nombre le había dado mi domicilio y comentado lo que se hacía en el dicho lugar de reunión de los artistas zamoranos, amén de otros cumplidos a la labor personal mía y de los poetas zamoranos por divulgar la cultura de una manera distinta a lo común, y así en esa tónica, expresaba más etcéteras elogiosos en tal sentido. Esa carta junto con otras veinte o más de diferentes nombres que enviaban, las conservé muchos años, pero en los cambios de domicilio personal no sé donde quedaron finalmente entre tantos papeles. Me acuerdo del mencionado apellido Garza, porque fueron como cinco o seis las que envió dicha persona.

Así pues empezó el antedicho pregón en Monterrey sobre la palestra poética que conoció el güero en el valle de Zamora. Él, nunca jamás me escribió, ni me hablo por teléfono, ni lo volví a ver, todo fue silencio hasta la fecha. Cuando me acuerdo de él, siento y pienso que se fue muy herido del corazón por la dama de cual se enamoró en Zamora. Y seguro estoy que mi amigo, el que iba para hermano “lego” igual que yo, pero que desertamos a tiempo, fue el pregonero allá en la sultana del norte, de la palestra poética del garabato que se encontraba acá, en la sultana del Duero.

EL CENTROAMERICANO PACO MEDINA, TODO UN SEÑORÓN.
Vuelvo con Paco Medina. Este amigo querido; alto, corpulento, de tez morena, rostro medio redondo, mentón fuerte, nariz ancha, ojos bondadosos y tristes, sin tanguarniz; (bebida alcohólica), pero que con el mezcalito de pechuga de ángel que tomaba en El garabato, se le ponían llenos de vida cantando, pero a veces, lloraba con alguien de los bohemios o la bohemia, que era solo Mary Oseguera, quien iba en ocasiones, no diario, a la palestra poética pregonada por el güero allá en el norte de aquellos años. Paco, como expresé al final de la primera entrada “se quedaba en el único equipal que existía en el café con la guitarra en mano, la botella de mezcal de pechuga de ángel vacía y… roncando hasta las 6:00 de la mañana sentado y con su mentón sobre la guitarra”. Amanecía con la guitarra abrazaba como si fuera una mujer. Mary Oseguera cuando Paco estaba por Zamora le cedía el equipal donde ella se sentaba y solía tomar su café, al irse, en broma siempre le decía a mi amigo Prisciliano mí estimado mesero:

-Hay te encargo mi equipal Prisci, no dejes que se siente ninguna nalgona o nalgón porque ya sabes descuelgo el machete y así te va.

Prisciliano se desternillaba de risa y Mary también. (Yo desde mi cuarto de arriba donde escribía mis primeros intentos de dramaturgia la escuchaba y también me causaba risa su amenaza en tono bromista que le hacía a Prisci. Efectivamente yo colgué a manera de decoración, un machete sin filo, un morral de ixtle y un sobrero tierracalentano en un troco que sostenía parte del piso de arriba en un saliente del mismo).

Paco duraba regularmente de 15 a 22 días, a veces hasta un mes en Zamora, dependiendo de los patrocinadores comerciales que conseguía y le pagaban el tiempo en la radio, como Luis Luna Lara quien era (según Paco, su mejor mecenas en el patrocinio), que a través de su negocio de venta de autos y camiones DODGE le patrocinaba un tiempo de serenata hasta las 10 de la noche en la XEGT. Después se iba Paco a cenar algo cuando quería cosas diferentes a los tacos y enchiladas que en El garabato se hacían, y cuando regresaba entraba al café, me esperaba hasta que terminara yo de ensayar si tenía ensayos ese día y si no era así… empezábamos el fandango de la bohemia una vez cerradas las cortinas (el café se cerraba a las 10 ½ de la noche todos los días y se bajaban las cortinas, solo se quedaba Prisciliano adentro una hora más para recibir a los primeros bohemios), que entre todos le dábamos su propina a Prisci por la hora extra. Ya después no había mesero, era a discreción el servicio y todos nos atendíamos como en familia, luego se iban integrando poco a poco mas bohemios, solo tenían que tocar cuatro veces la pequeña puerta para abriles y entrar (siempre tenían que ser conocidos o en su defecto alguno de los bohemios podía llevar a alguien conocido suyo). La entrada se fijó entre todos hasta a las la 12:00 de la noche y si tocaban después de dicha hora se preguntaba desde el interior santo y seña, de ser uno de los nuestros entraba y si no era de los nuestros pues no entraba. Se llegaban a juntar regularmente entre una docena a quince personas, y en algunas ocasiones eran más de veinte. Algunos cantaban, otros declamaban sus poemas o de otros autores y el resto solo escuchaban, pero todos, chupaban chelas o mezcal, incluyéndome yo, una vez cerradas las cortinas.

Cuando coincidían Paco y Carlos el Che (ya mencionado en la entrada anterior), en ocasiones cantaban juntos tango y se acoplaban de maravilla. Paco era muy sensible a ciertas canciones compuestas por él. No las divulgaba públicamente porque lloraba con ellas al interpretarlas. Por ejemplo en una ocasión que estábamos solos, él sentado en el equipal y yo en una silla empezó a rascarle a la guitarra y a cantar una letra que mencionaba el tema de una ventana por la que entraba un tremendo frio que dañaba a unos niños, al terminar, tomó el vaso de mezcal y le dio un trago con lagrimas en los ojos. A mi (se me frunció el gaznate como dijo un paisano mío zinaparense). Me contó que había hecho un soneto en el DF, inspirado en una ventana de su casa, que no alcanzaba a cubrir el costo de la hechura y la cubría con tablas o lo que podía pero aun así entraba un insoportable frio en invierno y su familia sufría mucho el detalle. Empezó a escribirme el soneto en una servilleta, dos cuartetos y dos tercetos que había cantado minutos antes y que ya con los acordes de la guitarra yo lo escuché muy subliminal, se sentía en la interpretación la amargura pero convertida en arte ¡¡Fíjate que sensibilidad de Paco!!

Era Paco pues un señorón con todo y sus lágrimas que en ocasiones corrían por sus mejillas ya fuera una canción cruel, que las hay, o “los ejes de mi carreta”, que le hacían rodar dos o tres lagrimillas también por sus mejillas y nos contagiaba. O se cantaba aquella de Cortés, “el árbol y yo” y sucedía lo mismo. En fin siempre fue un cantante entero por su entrega en la forma de interpretar su amplio repertorio. Todos los bohemios lo respetaban mucho. Yo le decía que se recostara en mi camastro en los amaneceres que lo veía cansado de cantar, cansancio que lo hacía clavarse pero no soltaba su guitarra y nunca quiso aceptar mi propuesta, me decía casi arrastrando su voz:

De esta obra si me acuerdo fue "Los desarraigados de J. Humberto Robles que adapté en 1963 para el canal 6 de televisión de Guadalajara, en el que laboré breve temporada. También fue en la época del garabato.

-Mí… mi... querido Conrado… déjame aquí, en este equipal… qué tantas veces... ha escuchado mis amarguras y dolores... así como mis alegrías de estar en... este templo del arte. (Se refería al garabato. Se me está frunciendo ahorita el gaznate de acordarme de aquellos días que me decía lo dicho en estos renglones).

Así era este querido centroamericano-mexicano-zamorano. Pero no termino aquí la breve reseña de este gran personaje; modesto, sencillo, culto, gran conocedor de la historia de su patria y… de México su segunda patria, adicto a la buena literatura y sobre todo honesto consigo mismo y los demás. Pero no faltaron algunas personas en esa Zamora nuestra, que le lanzaran una crítica dizque por sus borracheras, que no eran tal. Recuerdo que le gustaba que Prisci o yo le llenáramos una botella de coca cola chica con mezcal de la damajuana que yo tenía en mi cuarto, y un vaso chico para servirse él a su gusto el trago, botella esta que no pasaba mas menos de unos 180 o 200 mililitros a lo sumo y llena como se la servíamos (a esa botella me referí al final de la primera parte), y esa era su total ración en toda la noche en cuanto al mezcal que tampoco lo tomaba diario. Había noches que solo tomaba chelas sobre todo en tiempo de calores. Y porque el Che no tomaba mezcal sino puras chelas a todas horas, si acaso lo acompañaba Paco a él cuando cantaban juntos con una o dos chelas en el transcurso noctívago.

En alguna de las siguientes entregas describiré un acontecimiento que me pasó con el querido Paco Medina ya pasados los años, eso sucedió más menos en el último lustro de los ochenta o principios de los noventa no recuerdo bien, pero fue por esos años.

Por El garabato aparte de los poetas ya mencionados antes, Paco Elizalde García e Isidro Juárez Rangel, así como Paco Medina y varios también ya mencionados en la primera entrega, iban diario cuando estaban en Zamora, Jorge y Gabriel Hurtado Castellanos. O llegaban a visitarme siempre cuando venían de paso hacia Guadalajara acompañados de alguien más. Sobre todo Jorge cuando pasaba por Zamora solo sin su hermano Gabriel, iva al garabato con otras personalidades y gentes que lo acompañaban del ámbito del espectáculo o de la cultura y las artes del DF solamente a saludarme y tomarse un cafecito de olla. Georgiano (así le decía yo frecuentemente), me presentó allá en la ciudad de México, a varias de esas personalidades que llegaron a ir al garabato. Al paso de las entregas las iré describiendo paso a paso. También Jorge me presentó a Juan Rulfo, su gran amigo que después me brindó también a mí su amistad, por él por Jorge. Dicha presentación fue en Tlaquepaque Jalisco y ya hablaré de una visita relámpago que hicieron al garabato ambos, acompañados de Julio Vidrio un excelente pintor jalisciense muy amigo de Jorge y mío. En la siguiente entrega hablaré ampliamente de este zamorano-mexiquense que tuvo mucho que ver tanto en El garabato como en aquel renacimiento cultural laico surgido en los años antes referidos; 1962-63 y posteriores.

Expresaré también en la tercera entrega el nacimiento del primer centro cultural de Zamora, parido en El garabato con los asiduos cafeteros de las once del día, que algunos de ellos iban a las bohemias noctívagas.

…continuará en la tercera parte.