viernes, 26 de junio de 2009

304. PROPUESTA CIUDADANA

•Se esta promoviendo en la ciudadanía una mayor participación nuestra para hacer ver a nuestros gobernantes nuestra desaprobación a su actuación.
•Debemos imponer a ellos nuestra voluntad a cambio de nuestro voto en las próximas elecciones.
•Deben saber ellos lo que queremos.
•Si queremos que cambie nuestro país debemos hablar alto.
•El presente documento tiene que dar la vuelta para que lo conozcan nuestros gobernantes y sepan que nos estamos organizando para exigirles lo que queremos para México y para nosotros.

PRIMERO

•Queremos que disminuya la cantidad de diputados federales de 500 a 300
•Toma en consideración lo que nos cuestan en salarios, gastos de representación, comisiones especiales, celulares, seguridad, viajes, bonos, etc.

SEGUNDO

•Queremos que disminuya la cantidad de senadores de 128 a 32, que uno represente a cada estado de la republica.

TERCERO

•Que se cancelen los seguros médicos privados de los legisladores y de funcionarios públicos. Si el pueblo acude al IMSS o ISSTE, que ellos también acudan a esas instituciones. Ya verás que pronto mejoran los servicios.
•¿Porque tiene que salir de nuestro dinero sus seguros privados?
•Si así lo quieren que lo paguen de los altísimos salarios y otras percepciones que reciben.

CUARTO

•Que se recorte el presupuesto que reciben los partidos políticos a la mitad.
•Es humillante para los pobres ver el dinero que se despilfarra cuando solo extienden la mano, y no les cuesta, y si les sobra se lo reparten como botín.

QUINTO

•Queremos que desaparezcan todos los legisladores plurinominales.
•No es posible que además del excesivo cuerpo legislativo, nos cuesten también los que no los elige el pueblo, para que los políticos pongan a su antojo sus sucesores de ideología o parientes.

SEXTO

•El gobierno lo debe imponer el pueblo, no el mismo gobierno.
•Queremos tener candidatos ciudadanos independientes, que no dependan de partidos políticos, para evitar que se arrodillen ante el mandato de su partido.
•Que sepan que el pueblo manda.

SEPTIMO

•Queremos que se aplique el plebiscito.
•Su definición dice textualmente:
–Es la consulta en la que se somete una propuesta a votación para que los ciudadanos se manifiesten en contra o a favor.Esa es la aplicación de nuestra voluntad

OCTAVO

•Queremos que se aplique el referéndum de la sociedad.
•Su definición se explica así:
–Es una institución democrática a través de la cual la sociedad expresa su voluntad respecto a un asunto o decisión que sus representantes constitucionales someten a su consulta.
•Debemos ser tomados en cuenta.

NOVENO

•Queremos que los gobernantes no tengan fuero.
•A la fecha han deformado la definición original, y la aplican como privilegios para actuar sin ser tocados, promoviendo la impunidad en el país, y da como resultado la falta de rendición de cuentas de nuestros gobernantes.
•No importa lo que hagan, no se les puede tocar.

EN LA DEMOCRACIA MANDAMOS LOS CIUDADANOS

•Solo es cuestión de usar nuestras facultades:
–La libertad de expresión
–La libertad de asociación
–El sufragio efectivo
De manera inteligente.
•Ya es tiempo de imponer nuestro mandato a la clase política. Ya estamos hartos de tanto abuso. Todo tiene un limite.

•POR FAVOR ENVIA EL DOCUMENTO A CUANTOS PUEDAS HACERLO LLEGAR, POR NUESTRO BIEN Y DE NUESTROS HIJOS.
•Y SI TIENES FONDOS PARA PUBLICARLO EN LOS PERIODICOS… PUBLICALO!!!
•SI TIENES CONTACTOS EN LOS MEDIOS, ENVÍASELOS PARA QUE LOS PUBLIQUEN, DE OTRA FORMA, NO VA A SUCEDER NADA COMO SIEMPRE

¿Para pensarle, no? Con todo, opino que falta incluir los temas de: Seguridad Ciudadana e Impartición de Justicia. Pero por algo hay que empezar.
Un Estado que no es capaz de garantizar la seguridad de sus integrantes, ni de castigar eficientemente a los infractores, es una colosal burla (¿o también se dice "Estado fallido"?)

lunes, 22 de junio de 2009

303. COMENTARIOS y UN CORREO SOBRE LA MUESTRA ESTATAL DE TEATRO de MICHOACÁN

CORREO DIRIGIDO AL DIRECTOR DEL tenepal de CACCINI; GL.Conrado. Con At’n PARA ERNESTO HERNÁNDEZ DOBLAS, COLABORADOR DE ESTE BLOG,


Sobre su comentario a mi obra “Entre Nos‏”

De: Santiago Serrano sserrano@fibertel.com.ar
Enviado: lunes, 22 de junio de 2009 – 09:03:04
Para: glconrado@hotmail.com

Estimado señor

No tengo el gusto de conocerlo pero le escribo para poder compartir con Ud. mi malestar.

He leído su crítica a mi obra "Entre Nos" en la muestra de teatro de Morelia. No es mi intención debatir con Ud. sobre el valor literario de mi obra, ya que respeto profundamente las opiniones ajenas, pero sentí la necesidad de reflexionar sobre algunos aspectos.

Para comenzar, nadie me ha solicitado autorización para representar ese texto. Es mas, hay alguien en la ciudad de México que pagó para tener su exclusividad por un periodo de dos años.

El grupo que se ha presentado en la muestra no tiene autorización de ningún tipo para llevar a escena la obra.

Por otra parte, el grupo que realiza el montaje no parece tener gran experiencia, de acuerdo a sus palabras, para reflejar claramente el sentido y contenido de la obra. Yo no puedo saber a ciencia cierta si se ha respetado mi texto o si han realizado una adaptación que modificó el sentido y las características de los personajes.

Entre Nos se ha presentado en casi toda Latinoamérica, España y Francia pero jamás había escuchado una crítica como la que Ud realiza.

El daño realizado por este grupo ha sido doble ya que me ha perjudicado no solo en lo económico sino también en lo artístico.

Ud. es poeta y seguramente sabe la dedicación que se requiere para escribir un texto.
Yo vivo de mi trabajo como dramaturgo.

Por otra parte, me pregunto: Las autoridades de Morelia permiten que se representen obras sin la autorización correspondiente? Se respeta tan poco el trabajo del autor en México?

Disculpe si he desahogado mi malestar con Ud.
Le envío un gran abrazo

Santiago Serrano

sserrano@fibertel.com.ar



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DOMINGO EN 3 ACTOS



De: Ernesto Hernández Doblas
DESDE MORELIA, MICHOACÁN
Enviado: lunes 22 de junio de 2009 – 06:17:26
Para: glconrado@hotmail.com

PRIMER ACTO
Este fue un domingo de grandes dramaturgias. Textos poseedores de una fuerza tal, que recuerdan que el teatro también es un asunto literario. Asunto de la palabra, como generadora de imágenes que en desdoblamiento, acompañan e impulsan lo que sucede en escena. Palabra que es –por sí misma- drama, escenografía, música y luz.
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A las 17 horas se abrieron las puertas del Teatro Ocampo para que el grupo de Uruapan Sociedad Escénica dirigido por Luis Gonzáles Chávez, presentara su trabajo, basado en la obra de Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba. Una de las mejores obras escritas en nuestro idioma. Habrá que hacer notar que tal y como se ha hecho en más de una ocasión, fueron actores los encargados de representar los papeles femeninos. Recordemos que precisamente son éstos los que forman el centro de la obra Lorquiana. Con diversas razones se ha llevado a cabo este experimento por distintas agrupaciones. En el caso de la que nos ocupa, pudo llevar a escena un trabajo digno, aunque desigual en sus actuaciones. Con cambios en el texto que no incidieron sustancialmente ni la forma ni el contenido de una historia que habría que leer una y otra vez para seguir extrayendo de ella sus poderes. Lo que suele ocurrir con este tipo de obras tan conocidas y montadas, es que se nos vuelven familiares de tal forma que pensamos haber conocido con suficiencia sus posibilidades tanto textuales como escénicas. La agrupación Uruapense no le dio vueltas de tuerca, ni propuso nuevas interpretaciones, pero no por ello dejaron de cumplir con una puesta en escena solvente. En escena, compartieron espacio con un guitarrista que en un par de intervenciones contribuyó a crear la atmósfera adecuada, orgánica y llena de melancolía. Sin duda que el peso de la obra recae en el fascinante personaje de Bernarda, a quien el actor y director del grupo supo darle la interpretación necesaria para no hacer de ella una caricatura. Justo y medido al interpretar a un personaje contenido pero no exento de matices. Tal vez solamente en la parte final resultaría un tanto flojo, sobre todo teniendo en cuenta el trágico cierre que hace Lorca. En general se trató de un trabajo que se agradece, sobre una obra que no es fácil de interpretar, dada la fuerza que lleva en cada palabra, en cada personaje, en cada metáfora de un poeta inmerso en el universo del simbolismo.
*
SEGUNDO ACTO
Carmina Narro es una escritora nacida en Sinaloa, que comencé a leer en el desaparecido –desgraciadamente- suplemento Sábado del periódico Unomàsuno. Cuando dicho suplemento era dirigido por Huberto Batis, inyectando adrenalina y erotismo a sus páginas en donde tuve el placer de conocer por primera vez a otros tantos como Guillermo Fadanelli, Mauricio Bares y Niña Yarhed entre otros y otras. Ahí fue donde se dio mi primer encuentro con Carmina. La verdad es que no sabía que además era dramaturga y menos que era tan buena dramaturga. En aquellos años, cuando el suplemento cultural mencionado hacía temblar algunas buenas conciencias, Huberto Batis se preocupaba porque en sus páginas estuvieran creadores jóvenes o consagrados pero en su mayoría, aquellos que poseían, la fuerza de la ironía, el sarcasmo, el erotismo, o lo que podríamos aún definir como contra/cultural. Estas son algunas de las cualidades que se vieron ampliamente reflejadas en la puesta en escena de la obra Round de sombras (dramaturgia de Carmina) que la joven e incipiente agrupación de teatro Silencio teatro, conformada por estudiantes de la Escuela Popular de Bellas Artes, tuviera el buen tino de montar y ofrecer a los espectadores que a las 19 horas se dieron cita en el Foro La Bodega. El texto no tiene desperdicio. Como los buenos perfumes y los buenos venenos, es contundente, breve y mortífero. No falta ni sobra nada. Es una historia redonda, afilada, poderosa. Se trata del conflicto antiguo y no resuelto de las relaciones amorosas, en específico de las relaciones amorosas cuando terminan, cuando por las razones que sean (aunque en apariencia haya matices) se decide terminar con ellas. Sobre todo cuando hay tiempo y esfuerzo invertido. ¡Cuánto es el odio que entonces surge! ¡Cómo puede ser posible que en donde estuvo antes esa ficción llamada amor, ahora ocupe su lugar esa definitiva realidad llamada odio! A partir de entonces, los antes amantes, se dedican a destruirse, a reducirse uno ante los ojos del otro. La historia es la de dos esposos que están en proceso de divorcio. Una cena marca el inicio del drama en donde Julia (Aidet Fuentes Maupomé) asiste a la antigua casa que compartía con su todavía marido Andrés Belaunzarán (David Hurtado) para hablar sobre el tema del divorcio. Desde un inicio desenvainan sus espadas, sacan los cupones que han ido acumulando durante la relación y que les dan “derecho” a sentirse humillados y ofendidos y por lo tanto, a buscar la venganza, el reparo del daño, de la deuda. O más que desenvainar sus espadas, podría decirse que desde un inicio se ponen los guantes y comienzan a lanzar golpes certeros al hígado y a las zonas blandas. Los diálogos, como ya lo comenté, no tienen desperdicio. Golpean al mismo espectador. “Te metiste en la cama con todos mis amigos” –dice él- “Tú no tienes amigos” –responde ella. Como es de esperarse, las ironías y las ofensas van subiendo de tono, hasta llegar a un desenlace que podríamos llamar teatral. Porque en el odio y en el amor, todos los seres humanos somos teatrales. Mostrar el amor o el odio es llevar a cabo escenificaciones, tragedias o comedias. Después de un largo boxeo verbal, la paciencia de Andrés termina y le arroja ácido al rostro, para concluir diciendo: “¿Qué no sabes que yo soy el único que te va a amar aún estando así?”.
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En cuanto a las actuaciones, los jóvenes actores construyen sus personajes casi de forma impecable, de la mano del también joven director Ramsés Figueroa. Aidet Fuentes logra por completo la verosimilitud a una mujer mezcla de ejecutiva y dominatriz y David Hurtado nos muestra a un científico mesurado pero lleno de rencor. Lo que un principio pareciera una lucha desigual entre la dominante Julia y el pasivo y amoroso Andrés, pronto va tomando otros matices, aunque Julia nuca deja su altivez, ni su fascinación por humillar a quien le exige –sin resultados- que le enseñe los pechos. Al final quedará desfigurada como desfigurado está ese amor muerto que antaño se tuvieron. A pesar de la corta edad de los actores, logran imprimirle verdad. A veces, el personaje de él, tiende a caerse, en algunos diálogos en los que no maneja de manera adecuada el volumen de la voz o la expresividad. Pero ambos envuelven al espectador en esta breve historia, en la que no interesa tanto la manera o las razones por las cuales se llegó, sino la amarga y patética situación en sí y su igualmente enfermo desenlace.
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Un acierto más es el uso del espacio y la escenografìa. Aunque el recurso tanto del teatro arena como de hacer un “cuadrilátero” con cintas de precaución no es nuevo, y más bien muy socorrido, en esta ocasión estaba más que justificado. Metáfora adecuada de una situación de ring de boxeo. Round de sombras y de bulto y de final Knockout. Departamento moderno. Lámpara roja colgando del techo. Sencillez. Al final de la obra, cuando Julia se retuerce en el piso, se escuchan las notas de la canción My Way de Frank Sinatra, provocando un efecto también ya usado que es el de crear una disonancia o contraste. En este caso el contraste entre la acidez (literal) de la escena y la dulzura y de la voz y melodía del cantante norteamericano.
*
Hasta aquí todo marchaba bien. Resultando un trabajo honesto y efectivo de una joven agrupación de estudiantes de la Escuela Popular de Bellas Artes. La obra estaba anunciada con una duración de 30 minutos. Al término de la misma el público aplaudió con fuerza, totalmente involucrado con lo que había visto. Pero entonces ocurrió algo que desnudó la novatez de los participantes. Como una especie de “ocurrencia” desafortunada, el grupo decidió jugar con los papeles de los personajes e intercambiarlos. Ahora sería Julia la que esperara en su casa y Andrés quien llegaría a ella, con la carga de prepotencia en el discurso. Hace algunas semanas, esta obra fue estrenada en la EPBA y en ese momento la agrupación no había dado este giro que ahora mostraban. Lo que antes de aquí fue un acierto, se convirtió en su contrario. Los actores no se encontraron a gusto en su nueva piel, siendo aún más evidente en ella, quien decía sus parlamentos sin la mínima convicción. Fuera de ritmo y verdad, la obra naufragó. Una mitad oscura y otra clara.
*
TERCER ACTO Joaquín Rodríguez “Cagancho” torero gitano de la España de 1950 tiene un buen cúmulo de anécdotas en donde muestra la gracia característica de su grupo social. Dicen que alguna vez dijo respecto al torero Juan Belmonte y su forma extra-ordinaria y temeraria de torear que llevaba al gitano a la incredulidad: “Lo que no puede ser, no puede ser. Y además es imposible”. Eso mismo aplica sin duda a la puesta en escena de La hija de Rappaccini, escrita por Octavio Paz, por parte del grupo Espacio Escénico y dirigida por José Refugio García. La cita fue a las 20:30 hrs. en el teatro del Seguro Social. Los que tuvimos la oportunidad de verla con anterioridad, sabíamos que se trataba de un esfuerzo más que fallido. Actores que no lo son. Deficiente lectura de un texto que requiere de una mirada poética. Bajo nivel de volumen en la voz. Uso de la música que más bien entorpece las acciones.

El texto de Paz, no es propiamente teatral en el sentido clásico del término. El poeta no pudo despegarse de su ser poeta. Metáforas, imágenes, ritmo y analogías, son la vía mayoritaria por la cual avanza el drama. Entendiendo esto a profundidad, se puede encontrar el tono adecuado, la escenografía correcta etc. La historia hace uso de varias referencias, míticas, culturales, poéticas. En pocas palabras, se trata de la imposibilidad del amor y de la unión de los contrarios. Amor/odio. Vida/muerte. Ciencia/poesía. La hija de Rappacccini es una joven que ha vivido siempre entre las paredes del jardín de su enloquecido padre. Entre las flores que éste cultiva e incluso inventa. Flores del bien y del mal. Elíxires o venenos. Ella es flor entre las flores. Un elemento externo llega a turbar la paz del mítico espacio. Juan (Said Soberanes), es un estudiante napolitano, vecino del científico. Pronto se da cuenta de la joven y no puede evitar enamorarse de quien será motivo de la tragedia. Podría decirse que existen sin duda algunos aciertos en esta puesta en escena. Por ejemplo, el que se haya planteado como teatro dirigido especialmente para adolescentes, con una loable pre-ocupación por ellos. Lógica y loable dado el amor adolescente del que trata. Otro logro es que se haya transformado al personaje del mensajero en una mezcla de arlequín, personaje del “loco” de las cartas del tarot y la diosa Vishnu. Asimismo el uso del escenario giratorio para jugar con los distintos planos: el jardín de Rappaccini por un lado y el cuarto en la planta alta del joven estudiante por otro. Aciertos que sin embargo de nada sirvieron al faltar lo esencial: actores y director. Aparte del buen trabajo que hace Eduardo Guízar, con un pequeño pero significativo papel, todos los demás no logran despegar del cliché o la exageración o la monotonía. Si en todos resulta ser negativo esto, en Ana Teresa Zayas, quien interpreta a la hija del científico, es desastroso. En la anterior puesta en escena tenía el gran defecto de carecer del mínimo volumen en la voz, como para ser escuchada por los espectadores. Ahora no fue así. Cumplió decorosamente en este sentido. Pero su nivel de actuación es nulo. No logra transmitir la pasión que requiere el personaje, pues a pesar de su corta edad, está planteado como infamado de pasión por el amor, la belleza y el deseo de libertad. Al ver por tercera vez esta puesta en escena, resuenan las palabras del torero gitano: “Lo que no puede ser, no puede ser. Y además es imposible

nietzschetuztra71@gmail.com
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CON BRECHT


1
Brecht fue el único, en los años cincuenta, que acometió la reforma del arte del teatro, que reflexionó artísticamente sobre la práctica teatral.

2
(...) en el teatro a menudo sucede que algo que hayamos hecho se convierte en seguida en su contrario.

3
Más tarde, cuando de verdad me puse a hacer teatro, pronto desarrollé una posición antibrechtiana, porque había descubierto que los asuntos políticos -lucha contra el fascismo, desición de incorporarse al campo del socialismo o del comunismo- determinaban y limitaban su abordaje del teatro, y así empobrecián la riqueza de nuestro arte.

4
(...) el teatro no podría existir sin ponerse uno mismo en discusión, sin exponerse a la crítica propia (...)

5
En ese momento comprendí que se podía hacer algo con Brecht con la condición de apropiarse de él, de adaptarlo a nuestra manera.

Peter Stein
con Brecht
unam-inba 2007

nietzschetuztra71@gmail.com

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302. PRESENTACIÓN DE LIBROS, EN MORELIA

PRESENTACIÓN DE LOS LIBROS

1. MUSEO DE MUSAS
Autor: Ernesto Hernández Doblas
Presenta: Rosario Herrera Guido
y
2. LA REGIÓN DE LAS SOMBRAS
Premio Estatal de Poesía “Carlos Eduardo Turón 2008”
Autor: Rafael Calderón
Presenta: Sergio J. Monreal

EDITOR: José Mendoza
Jitanjáfora M°relia Editorial
Colección: Poesía Michoacana Contemporánea
MODERADOR
Juan García Chávez
Jefe del Departamento de Literatura - SECUM

Lugar: Sala de Patrimonio (Casa de la Cultura)
Día: Jueves 25 de junio
Hora: 19:00 hrs
ENTRADA LIBRE
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EL FINAL DE LAS PALABRAS
EL FINAL de las palabras disfraza rostros, destellos.
El mundo se oye desde una ligera lluvia de recuerdos.
Permanecen tus cabellos en la tierra
Y termina oyendo sombras en el fin del mediodía.
Las palabras son final del eco y condición del silencio.
De La región de las sombras

POETA EN EL BOSQUE
Tu bosque
Está lleno de sol.

Corazón adentro
Detienes al mundo
Y con sangre lavas
El cuerpo del verbo.

Eres fuego
De vertical palabra,
Abrazo que se desborda
Por el ombligo del aire.
De Museo de musas

301. MUESTRA ESTATAL DE TEATRO; MICHOACÁN

LO CRUDO Y LO COCIDO‏


De: Ernesto Hernández Doblas
DESDE MORELIA, MICHOACÁN
Enviado: domingo, 21 de junio de 2009 11:36:34 p.m.
Para: glconrado@hotmail.com

Aún nos queda el arte para no perecer ante la vidaFederico NietzscheDicen que las comparaciones nunca son buenas. Queriendo decir con ello que al comparar, se es injusto, porque se suele perder de vista precisamente aquello que impediría toda comparación: las diferencias. Pero es verdad también que a veces resulta inevitable comparar, sobre todo cuando existen puentes que lo permiten, coincidencias importantes. Inevitable y necesario también como una de las formas de construir el criterio: sopesar, medir, valorar, comparar, para llegar a conclusiones. Por lo menos fue inevitable para quien esto escribe, en el primer día de la Muestra Estatal de Teatro 2009.

*
Con una asistencia del público, notoriamente menor a la pasada Muestra, los grupos participantes fueron Teatro Libre de Los Reyes (cuya procedencia está enunciada en su nombre) y Asociación Teatral Contrapeso de Morelia. Los primeros llevaron a cabo la representación escénica de la obra Entre Nos escrita por el dramaturgo argentino Santiago Serrano mientras que los segundos participaron con ¿Y si Heidegger no hubiera muerto. . .? cuya autoría es de Roberto Briceño.

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Entre Nos resulta ser un texto que plantea un tema interesante y actual: la división cultural aún no resuelta entre las mujeres que siguen el camino tradicional que les ha sido asignado y las que han elegido otro sendero impuesto y/o planteado por la sociedad actual, principalmente a causa del consumismo y las dinámicas del mercado; mujeres que salen a luchar en el mundo laboral, antes asignado de forma predominante a los hombres. En apariencia las segundas viven con ello una especie de emancipación (planteada como “la” liberación por excelencia) pero –como plantea el dramaturgo- no escapan de la misma soledad y parecidos conflictos. Hasta este momento, el tema resulta atractivo y se presta a varias posibilidades de resolución desde la dramaturgia. Sucede entonces que Santiago Serrano se decide por el camino fácil de los lugares comunes y los estereotipos y elabora un texto soso y previsible con el agravante de tener intenciones didácticas. El drama está planteado en la banca de un jardín público a donde ambas mujeres –de la misma edad- van a realizar actividades distintas: una teje –primer cliché a bocajarro- y la otra ocupa el tiempo que le es asignado para desayunar, en el lugar donde trabaja. A partir de que se encuentran, comienzan a tener una conversación que va desde la pena de una por los hijos que se van, lo mucho que hubiera deseado hacer otra cosa de su vida hasta la conciencia de que es una “vaca echada” que necesita sacar fuerzas de su pasado para vivir una vida nueva y plena y la otra que habla de la soledad que siente, de lo promiscua que es –clichè…clichè---clichè...- de lo que desearía tener tiempo libre etc. Al final, de forma previsible- las nuevas amigas se despiden y la mujer que ha dedicado su vida al hogar, declara con énfasis de telenovela –tal vez resultado de tantas que ve- que “ya no más, vaca echada”.

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¿Y si Heidegger no hubiera muerto. . .? es una dramaturgia original de Roberto Briceño, director de Contrapeso, quien ya tiene algunas obras propias que ha llevado a escena, aparte de los montajes que ha hecho de otros autores. En cuanto a su producción como dramaturgo, tiene una línea con la cual atraviesa uno u otro tema: el tratamiento filosófico a los mismos. No es que pretenda hacer filosofía desde el texto, sino que más bien busca que el drama sea conducido, explorado, potencializando, a través de una serie de conceptos y formas de abordarlos, que tiene que ver con el discurso filosófico. La verdad y la mentira, la realidad y la identidad son de alguna manera, personajes que protagonizan esta obra.La anécdota de la puesta en escena del pasado sábado es, hasta cierto punto, sencilla. Cuatro estudiantes de filosofía se disponen a desayunar una mañana, en casa de uno de ellos, después de una fiesta. Dos de ellos se están bañando. Otro prepara el desayuno y un cuarto se prepara para un examen sobre el texto de Heidegger El ser y el tiempo. Todo parece marchar con la tranquilidad de lo cotidiano, pero una llamada telefónica a uno de ellos (Fernando) hace estallar el conflicto, ya que éste comenta sobre una tal Beatriz a la que nadie conoce y a partir de la cual comienzan a cuestionarlo en medio de reflexiones sobre la verdad, la identidad y el estilo de Ser. Una obra de arte o la que aspire a tal, es resultado de una serie de factores entre los que se encuentra el nivel de complejidad que posea. Complejidad no solamente en el sentido de tratar temas difíciles o de presentarlos de una manera no convencional etc. sino compleja en el sentido de contener un tejido variado. Un laberinto es lo que construyó Roberto Briceño. Un laberinto en donde se juega con el tiempo y los espacios y los silencios. Tal y como en la poesía, en esta puesta en escena se hace uso del silencio y la ausencia como potencias de sentido. ¿Quién es Beatriz? (Al final de la obra parece que el “misterio” se devela, pero eso es solo un nuevo juego) ¿Por qué se repite cuatro veces la misma escena, con algunas variantes? ¿Quiénes son esos personajes que parecen guardar más de un secreto? No hay concesiones. Si el público no pone en juego su a/tensión, se perderá en el laberinto.

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Las actuaciones de la puesta en escena de Los Reyes, Michoacán, corren a cargo de Angélica Edith Suárez (Directora del grupo y de la puesta en escena) y Paloma Mora Briseño. Angélica denota una experiencia sobre el escenario que la solventa. A pesar de lo gris del texto y de que tampoco ella como directora, plantea más que dos o tres trazos, logra despertar en algunas ocasiones, el interés de quienes observan. Construye decorosamente su personaje. Estereotipo bien logrado. Lo cual no puede decirse de Paloma, quien nunca logra proyectar verosimilitud. Su tono se ahoga en ella, sin que pueda salir y darle vida a un personaje sin mayores complicaciones. En ocasiones esta diferencia entre las actrices es bastante notoria, siendo esto en detrimento de la obra. En cuanto a la escenografìa, resulta sobria. Únicamente –al principio- una pequeña banca verde al centro del escenario. Tal vez pensando en llenar más el espacio, se utilizó uno de los recursos menos aprovechados y comprendidos en general en la escena teatral: el uso de proyecciones. En esta ocasión, una vez más, se vio que se trata de algo que más bien estorba. ¿Qué caso tiene redundar con esa imagen fija de la plaza de armas, proyectada sobre el fondo? Para eso deben tener recursos los actores: para crear el espacio, para inventarlo, para traerlo a la imaginación de quienes miran. Con la banca y una adecuada actuación, hubiera bastado y se hubiera dado una puesta imaginativa y salvable.

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Sergio González (Manuel), Justo Alberto Rodríguez (Fernando), Xochiquetzal Rodríguez (Sofía) y Sheyla Rodríguez (Martha) son quienes dan cuerpo y voz a la obra. Personajes bien construidos en sus particularidades. Al principio un poco “fríos” pero muy pronto tomando la fuerza para lograr quedarse en la retina de los espectadores. El personaje de Manuel es quien prepara el desayuno e intenta guardar y hacer guardar la calma en los momentos en que ésta parece desbordarse, aunque no por ello pierde una o dos veces la cabeza. Su pareja es Sofía, personaje sensual/sexual que mantiene extrañas relaciones con Fernando. En el primer y segundo cuadro, está bañándose con éste y jugando a seducirlo, hasta que aparece Martha, pareja de Fernando. Los personajes se relacionan de diversas maneras, pero sobre todo por medio de aquello que los une: la filosofía. Pareciera ser que Briceño eligió a este tipo de personajes para justificar el despliegue de conceptos principalmente de Heidegger y Nietzsche. Puede haber algunos para los que resulta chocante, pretencioso o exagerado el que en esta obra se hable desde lo filosófico. Como se comentaba al principio, ésta es la apuesta de Contrapeso y en términos generales le es fiel y le da buenos resultados. Resulta curioso que en un momento dado la sensual Sofía reclame enfáticamente a Fernando el que sea una persona enredada entre conceptos que en una palabra resultan “rollo”. Ésta le exige claridad. Claridad que la obra no tiene. No podría ponerse en el programa de mano la leyenda aquella de “para todo público”. No. Esta obra no es así. Pero tampoco se quiere decir con esto que es únicamente para dos o tres supuestos elegidos que lograrían desentrañar los misterios propuestos. Simplemente es para quienes ya han pasado una o dos veces por el tipo de cuestionamientos que atraviesan la obra. ¿Qué es la verdad? ¿Podemos llegar a conocerla? ¿Hasta donde la verdad es buena para la vida? ¿Toda verdad es benéfica o habría verdades que irían en detrimento de la vida? Cuestiones estas que se plantean no solamente en el texto sino en lo que sucede, en el drama. Beatriz –por ejemplo- es sólo un “pretexto” para que lo anteriormente dicho sea planteado. Al final, el espectador queda con la clara propuesta: no se puede conocer por completo aquello que llamamos verdad. La obra es abierta, no cierra ni acota sus posibilidades de interpretación. Deja cabos sueltos. Presenta fragmentos. No se nos da –como la verdad- por entero. Independientemente de que guste o no, este tipo de propuestas, resulta evidente que en el teatro –y en la vida- la experimentación y el arriesgarse, resultan agua fresca para los mares de lo que existe. Contrapeso es realmente eso: un contrapeso entre las posibilidades de hacer teatro en Michoacán.

domingo, 21 de junio de 2009

300. UN ZAMORANO LITERATO, DESDE TUXTLA GUTÉRREZ, CHIAPAS.

EL POSTIGO
Capítulos del VI al X

Arcadio Acevedo


Prólogo


Escribir es liarse a golpes con las palabras (chillen, putas) hasta herirlas, sangrarlas. Es también emborracharse con ellas, acariciarlas, quitarles la ropa, hacerles el amor. Ellas tampoco se están quietas y nos hacen sudar, no dormir, llorar. Escribir es, además, mostrar las tripas, el sexo, las nalgas, el corazón. Leer debiera ser lo mismo.

Arcadio Acevedo, en El Postigo, nos muestra las uñas sucias y las ganas de matar; el deseo por las piernas de la Monroe y el dolor impotente ante la muerte. Su texto –novela corta, cuento largo, ninguna de las dos, qué importa- es suma de textos, fotografías en sepia de los momentos específicos, película de continuas disoluciones donde es importante lo que se cuenta, pero también lo que no; lo que se alumbra y lo que queda a oscuras.

Un hombre joven, un perro viejo. Dos seres al margen de la familia feliz y el amor conseguido. Un joven sin nombre y Dicaroa. Dos habitantes de la calle que monologan, conversan, discuten. Una vida, dos, sin más matices que los nuevos desconsuelos cotidianos: una novia que se va, el cinturón del padre que repta por los muros, un coito y una patada, los vecinos que aman las pasiones que se peen quedo, los buitres que van a misa...

Es El Postigo (no tan) soterrado albur, poema sentido, análisis de la naturaleza humana, simbiosis del humano y animal (un hombre y su perro; un perro el hombre; un hombre el perro), poliedro de un ser que se resiste –y se da, a su pesar- a la ternura.

Arcadio Acevedo, de mucho tiempo atrás, enseña a diario, en múltiples publicaciones, en el ejercicio velocísimo del periodismo, su disposición y destreza imaginativa, su nada desdeñable conocimiento lingüístico, su inevitable gusto por lo lúdico. Sin embargo, pese a su evidente talento narrativo, sólo ha publicado El Postigo; aunque desde siempre la escritura ha sido el peine con que se saca los piojos, sólo ha mostrado, literariamente, este texto joven*.

Ojalá vengan otros.

De cualquier modo, la vida pasada no es renunciable y uno vive con los recuerdos a cuestas. Hay una rabia en la adolescencia que acaso nunca muera. Arcadio, adolescente, escribió. Arcadio, ahora, escribe. Y de nuevo tiene espuma en la boca.

* Después de la segunda edición de El Postigo (1995), ha publicado Romeo Anaya, guerrero auténtiKO (2004), Las Bolitas (2005), Crónica intermitente de un constante desamor (2006), El matador: vida y milagros (2007), Pablo, a ras de cancha (2007), El artesano del papa (2209), Los Bolonautas (tomo I) (2009)

Héctor Cortés Mandujano.


VI

Se aburre el sol de calentar sombreros gafas negras y tejados. Dicaroa vuelve conmigo. En mi casa se divierte arañando pesadillas, oliscando sueños, imaginando vidas.

En mi casa, apretadito, cabe el mundo. Dicaroa lo repara. Dicaroa vive conmigo, los dos vivimos en la calle como todos en mi pueblo.

Costumbre curiosa: muros, muchos muros, muros gruesos transparentes. Simpático el apilo de casas blancas –concilio de pichones-, chaparras, de fachadas limpias y paredes de cristal.

Dicaroa se cobija con las pupilas que tapizan los interiores. Yo no duermo, nunca duermo. Les miento la madre.


VII

Amanece.
En la pequeña ciudad de garzas acurrucadas los buitres van a misa. Se desprenden de las paredes, del piso, de los rincones del aire, de la nada. Son gotas negras del llanto anterior. Son buitres y van a misa.

Pululan con las alas trespeleques. Discurren con los pellejos untados en la prótesis del alma, en la cara. Los buitres van a misa arrastrando por el pavimento su fatal desesperanza.

Trozos de castigo heredado, maniquíes de la culpa original, los buitres –cachorritos de serpiente cacharritos- van. A misa, porque sus padres fueron, porque sus nietos no irán, porque si no fueran... ¿quién pondría a tiempo el reloj apocalíptico?

A misa, porque les es más fácil refugiarse en la apacible neutralidad del templo; porque ahí quedan a salvo de la pedrea feroz de la existencia; porque la fe inoculada no les permite contagiarse de Dios más allá de los límites del sagrario.

“Te, rogamos señor, por las almas de Enriqueta y Josefina que perdieron la virginidad jugando a las cartas.
Apiádate, Jesús, de Crispín el tendero, que dicen que dijo que los curas son unos...
Por la salvación, te pedimos, de Aniceto que tiene cinco mujeres y no mantiene a ninguna.
Por los hijos de Consuelo: vagos, rebeldes, mariguanos, hocicones, prietos, con camisas de señorita.
Por tus méritos, Señor, y los nuestros, ten piedad. Amén”.

Los buitres salen de misa disputando a picotazos las aureolas, con los senos caídos repletos de medallas, con la absolución enredada en las barbas del rebozo, hecha bolas.

Salen ebrios de santidad, tumefactos de pureza.

Los buitres salen de misa y se derriten por ahí, dando tumbos, intentando alzar el vuelo, sin fortuna.


VIII

“Odio las aves que padecen vértigos en el viento. Aborrezco los avechuchos domésticos, me vomito en los trinos subterráneos”, pienso.
-No todas las aves vuelan, ni cantan, ni son hermosas –reflexiona Dicaroa.
-No son aves, entonces. Son lombrices si se arrastran. Si se alimentan de despojos, hienas.
-Son útiles, devoran las porquerías.
-Las personas no somos desperdicios. Ni siquiera los jóvenes.

Dicaroa es un viejo. Está viejo. Le tiemblan las fauces, le castañetean los huesos cuando me ladra:
-No tienes derecho de juzgar a quienes cargan en la joroba por lo menos dos veces tu vida. No es culpable el hombre que, naciendo con sólo un ojo, vive tuerto.
-Culpa nuestra tampoco. Necio quien se arranca el ojo sano para sobrevivir ciego mejor que tuerto. Homicida si nos pretende a su semejanza.

Dicaroa se aleja furioso con su puño de huesos. Mis palabras se retuercen, se desbaratan. Me estoy acostumbrando a que salgan culebras de mi boca.


IX


Este méndigo perro casi me convence. Logra, por lo menos darme vuelcos en la panza. Tengo el miedo tan plagado de nombre muertos que, a duras penas, recuerdo el mío. Me llaman cosa, eyaculación refleja, zumbido inoportuno, caca de mosca, réplica condicionada, don espinillas, mister barros. Cuando nadie me mira, hurgo en el basurero en rabiosa búsqueda de mi nombre.

Algunas tardes me tumbo bajo la cama y repaso los mandamientos de mi ciudad, de mis mayores:
Amarás el valle fértil sembrado de cruces y campanarios.
No mirarás el monte arisco por azul que te parezca. En las cimas mora el diablo.
Amarás los pecados de tus mayores y tu vida será una eterna expiación par que puedas salvarte y se salven.
Amarás al dios de las espigas ejidales, dador frugal de las mieses impías. Lo amarás en tu parcela.
Adorarás la maleabilidad del cobre, la voz argentina de la plata, la insolencia del oro. Forjarás con ellos tu paraíso y tu infierno será el no poseerlos.
Bendecirás la mano que compre tu dignidad, tu vergüenza, tus convicciones, tus verdades, tu familia, con el céntimo que arroje a tu sombrero.
No robarás, mientras cuelguen harapos de tu cuerpo, mientras te sientes a comer migajas en el peldaño último, no robarás.
No jurarás el nombre de tu aval en vano


X


Se me trepa el cansancio por la espalda hasta el cuello y anida en mis párpados. Sueño que rezo y mi oración es ésta:

Hermano perro
consanguíneo de mi muerte
pariente de mi vida
mi mellizo inerme
peculio de mi suerte.

Hermano perro
ven y muerde esta carne yerma
muerde esta lengua mía
que se alimenta de arena
y sangre ausente.

Despedaza mis ojos
que han visto nada;
mastícalos hasta que suelten
el jugo de los cerdos
que llevan dentro.

Arranca estas manos torpes
que no pudieron
sostener su mundo.
Garras que hendieron lajas
y los pies que anduvieron
tanto y me llevaron siempre
a ningún faro.

Devora mis labios
que babearon fuego y clavos.
Arrastra mi cuerpo, llévatelo
espárcelo en baldío
en surco agónico
en camino de acémilas
desconocido.
Piérdelo allá...
donde las mariposas no alumbran
y se salen de madre las estrellas
y no llueven a cántaro las palomas.


XI

-Eres agresivo al hablar. Eres amargo, nauseabundo y áspero escribiendo. Tu remedo de vida es una majadería. Y tu “oración”... esputo ácido con hábitos de franciscano. A nadie convences clavándole el puñal en la barriga.

Dicaroa me despierta, echado junto a la pata de la cama. Continúa:

-Te escurre el rencor por las orejas, largas puñetazos, patadas sin importarte a quién derribas. Esta ciudad, muy a tu pesar, es tuya, convéncete. Es mía la ciudad, es nuestra. Ellos somos nosotros en la conjugación del pueblo. Nosotros somos ellos. En esta ciudad naciste y si quieres morir aquí has de hacerlo. En tierra ajena, grábatelo, nunca podrás, como pueden los poetas, descansar a muerte suelta.

Dicaroa gruñe, pela las encías desdentadas. Guardo silencio. Me estoy acostumbrando a fingir que bebo, sin chistar, las pócimas de los viejos.