domingo, 16 de enero de 2011

897. PRESENCIA Y EXPRESIÓN (7), de GL. Conrado. Con luto

Sábado 15 de,
enero de 2011,
11:50 P.M.

Luto por mi amigo Carlos.
Desde Jacona, Michoacán. México. Carta enviada al cosmos infinito al licenciado en letras José Carlos Méndez Trujillo, muy estimado y querido amigo mío, hermano en las lides del arte y la cultura en ésta carpa teatrera de la vida.




Mi estimado y querido Carlos, escuché tus palabras por última vez, hoy casi a las dos de la tarde cuando quería hablar contigo vía telefónica a Monterrey Nuevo León. Le dijiste a tu querida hija Luisa, cuando ella te dijo que yo te hablaba: “…no… puedo… hablaaar”, esto le contestaste con una voz muy débil…, y el teléfono se cortó.

Carlos, estas palabras no son exequias por tu deceso, solo deseo escribirte como lo hice para Jorge Hurtado Castellanos cuando nos dejó. Ni quiero tampoco hacer un panegírico de tu persona, pues ya saben en el DF quién eras como estudiante y cineasta, y tus compañeras y compañeros en Washington y en otras partes del planeta como en tu país de origen; México, en la labor política, así como en Monterrey; la sultana del norte, últimamente, que la tomaste como residencia haciendo innumerables trabajos culturales y en donde dejaste auténticas amistades que admiraron tu talento y conocimientos aparte de tu amistad ofrecida sin pedir nada a cambio. Estas amistades que hiciste en la sultana norteña, reconocieron tu labor y tu empeño cultural ofreciéndote su amistad y apoyo, siendo tú, recíproco en el mismo sentido con ellas y ellos.

Estuviste en tu tierra de origen de Zamora, este 2010-2011 para pasar el año con tu familia, y como cada año que pasaba “como si hubiésemos firmado un compromiso”, jamás dejamos de vernos a finales de año.

Mi familia toda; mis hijas y mi hijo se consternaron el día de hoy sábado al saber de tu partida, pues saben que los viste crecer, dialogabas con ellas, mis hijas, y con el “ovachón” Conrado mi hijo. A Martha tu amiga de la adolescencia y madre de mis vástagos le dolió tu ausencia, tu caminar hacia otros rumbos desconocidos, y al verme a mí muy dolido cuando ella misma muy compungida me dio la noticia de tu partida repentina, lloró y lagrimeamos juntos, perdónanos esta debilidad te apreciábamos mucho.

Carlos emigraste a otros lares desconocidos para nosotros los mortales, sin que en tu Zamora reconocieran lo grande que fuiste, en todas las partes que laboraste de diversas latitudes. Siempre sucede lo mismo, “nadie es profeta en su tierra”, menos en tu Zamora, porque si fuiste uno de los grandes zamoranos de esta levítica ciudad aunque no lo reconozcan ni te hayan dado siquiera las gracias cuando escribías en el semanario GUíA.

Carlos, tú sabías que te ibas a ir. No quisiste que nos diéramos cuenta en qué momento partirías a otras dimensiones cósmicas, querías que fuera así, lo sé muy bien, nos conocíamos ambos. Quisiste salir de esta carpa teatrera de la vida sin aspavientos como se van los grandes de pensamiento y espíritu; cuasi sonrientes en el último suspiro. Tenías que ser de los grandes de espíritu, y como tal, partiste.



Si Carlos, partiste como los grandes de espíritu, como igual se fue recientemente (en noviembre pasado), mi amigo Claudio Obregón, el mejor actor clásico de México de las la cinco décadas pasadas, con quien iniciamos juntos los primeros pasos del aprendizaje teatral en la ciudad de México, y que te comenté el día que te visitamos en la casa de tu hermana Lulú en diciembre pasado cuando llegaste a tu Zamora, y te externé que partió al cosmos infinito Claudio, con el que participaste en la capirucha (como le decía mi extinto amigo Jorge Hurtado Castellanos a la ciudad de México) en el film REED: MÉXICO INSURGENTE dirigidos por Paul Leduc y que le dijiste que eras mi amigo y a partir de hacerse ambos amigos, hicieron algo de labor cultural o social en el DF., ¿te acuerdas que fue tu primera incursión en el cine profesional como actor aunque haya sido un papel secundario?



También incursionaste en la actuación antes de licenciarte en literatura, allá por el primer lustro de los años 70s dirigido por mi amiga la actriz de Los Olvidados de Luis Buñuel Stella Inda, a quien le pedí en el DF que dirigiera a mi grupo en Zamora y lo hizo montando La Gaviota del autor ruso Antón Chejov, ¿lo recuerdas Carlos? Estás en la foto de abajo al lado izquierdo en plena representación.




Esta foto Carlos, fue en mi academia de Zamora, en CACCINI, ¿recuerdas? Tú radicabas en Washington y fuiste a visitarme y te encontraste con Camerino García (nuestro amigo) estudiando conmigo actuación para irse a México y tardíamente dedicarse a actuar a nivel profesional que lo hizo en México y murió como me comentó en una ocasión “quiero morirme dedicando el resto de mis días a la actuación, pero en México, así que enséñame lo que sabes”, y si, murió y se fue al cosmos infinito cuando se dedicó a actuar. Aquí estamos los tres, ustedes dos muy sonrientes y yo abrazándolos a ambos.

Carlos, nos veremos en lo desconocido para mí, cuando me toque mi turno, mientras, descansa ya en paz querido amigo.
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1 comentarios:

Lorena Sanmillan dijo...

Pedro de Isla justo acaba de definirlo correctamente, me sumo a su expresión: "Fue, literalmente, un buen hombre".

Un abrazo, Conrado; un abrazo, José Carlos.

lunes, 17 enero, 2011

1 comentario:

  1. Pedro de Isla justo acaba de definirlo correctamente, me sumo a su expresión: "Fue, literalmente, un buen hombre".
    Un abrazo, Conrado; un abrazo, José Carlos.

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