jueves, 3 de febrero de 2011

926. REPORTE -Z-

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista analítico.
Desde Zamora,
Michoacán.
México.

1. Conciencia de clase y despolitización

La insurreción es el acceso de furor de la verdad. A veces insurrección es resurreción.

Victor Hugo (1802-1885)
Novelista francés.

1. Las coincidencias entre Egipto y México no sorprenden porque se repiten en muchos pueblos de la tierra. En México como en Egipto hay un proceso de degeneración de la política y de la vida en general. En los dos países la pobreza se extiende inexorablemente, como un destino manifiesto, sin que la riqueza de recursos se traduzca en beneficios para la sociedad, unos cuantos se enriquecen y la mayoría experimenta un retroceso en sus niveles de vida.

En los dos países un grupo asociado a la clase política y gobernante se enriquece y monopoliza el poder, en los dos países los jóvenes no tiene expectativas de mejorar sus paupérrimas vidas, en las dos naciones los sueldos son bajos, miserables, en contraste con la clase política y gobernante que se asigna sueldos insultantes; en los dos países los gobiernos reprimen a los obreros, en los dos países las mafias en el poder se presentan al mundo y a sus pueblos como “democracias”, entonces, si las causas son las mismas, ¿porqué en Egipto estalló el descontento popular y en México los Agachados siguen (seguimos) sometidos?

Tenemos que admitir que una razón de fondo es el nivel de conciencia de cada pueblo. Los egipcios han desarrollado una profunda conciencia de clase, mientras que en México cada gremio trabaja para aliviar sus necesidades del momento. En Egipto la clase obrera ha logrado despertar a base de movilizaciones constantes y una organización que se expresa de múltiples formas. El hecho de que en los últimos cinco años la lucha obrera organizada se haya manifestado en más de mil huelgas es significativo, pero también lo es la participación femenina, las mujeres egipcias han tenido que trabajar y no sólo eso, muchas de ellas se han convertido en líderes de los movimientos de resistencia. En México las mujeres trabajadoras, con sus contadas excepciones, ven telenovelas y creen que Peña Nieto es el mejor político y gobernante porque es guapo.

Entre los factores de la despolitización del pueblo de México están los medios masivos de difusión, especialmente las televisoras y la radio, pero no pocos periódicos son propiedad de la oligarquía, entre ellos la cadena OEM, propiedad de los Vázquez Raña. Otro factor de primer orden es la cercanía con Estados Unidos y el entreguismo de los últimos dos gobiernos que han permitido que los gringos metan sus narices, con todo y sus polizontes. Los gringos son belicosos, sin importar que sean republicanos o demócratas, obedecen a sus amos los oligarcas dueños del petróleo y de la industria militar y no se tentarán el corazón para meter a sus soldados en México para obtener ganancias.

Sin duda la guerra de Felipe Calderón contra el narco es otro factor de primer orden. Felipe y sus asesores saben que la doctrina del shock les ha dado excelentes resultados en un pueblo mediatizado, con un 95 % de los ciudadanos domesticados por las televisoras, la guerra ha provocado la desmovilización y el temor en los ciudadanos.

A pesar de todo, de la doctrina del shock, de la violencia y el clima de miedo que se promueve desde el poder, el descontento se incuba lentamente en los mexicanos que a pesar de todo tienen claro que el camino de las armas sería un suicidio colectivo, por lo que tanto el movimiento ciudadano que encabeza López Obrador como los sindicalistas, campesinos, obreros y estudiantes que se manifestaron el lunes han insistido en que la insurrección debe ser pacífica.

No soy de los optimistas, creo que en México los Agachados seguirán fieles a sus amos, a los que se someten sin condiciones por unas migajas, ni López Obrador, ni Martín Esparza parecen ser los líderes que despertarán de su letargo a las masas, enajenadas con las telenovelas, el fútbol, y los chismes del mundo del espectáculo.

No hay conciencia de clase, y sin este elemento no es posible ninguna revolución, ni armada, ni pacífica. Cuando el pueblo de México sea consciente de que unidos podemos echar a la calle a esta mafia inmoral y corrupta, entonces será posible la revolución, entonces será posible un nuevo país, una nueva república, pero si se impone la despolitización y la desmovilización que se promueve desde el poder, nos esperan otros cincuenta años de prianismo (y ahora perredismo) mafioso, otros cincuenta años de vivir Agachados

rafael_gomar@hotmail.com

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