martes, 29 de mayo de 2012

2103. PRIMERA PARTE DE LA TESIS, DE…

ERNESTO REYES FLORES.
Para
tenepal de CACCINI

PRIMERA PARTE

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO.
_____________________________________________________
FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES.


“CIUDADANIA BASE DE UN ESTADO DEMOCRÁTICO”.
T   E   S   I   S
QUE PARA OBTERNER EL TÍTULO DE:
LICENCIADO EN CIENCIA POLÍTICA Y ADMINISTRACIÓN PÚBLICA.
CON ESPECIALIDAD CIENCIA POLÍTICA.
P R E S E N T A:
ERNESTO REYES FLORES.
CLAVE UNAM: 0401058123
DIRECTOR DE TESÍS: LIC. LUZ MARÍA CRUZ PARCERO.

MÉXICO, D.F. 2012.

Índice
Presentación.                                                                                                
Marco Teórico                                                                                               
Introducción.                                                                                                 
Capitulo 1: Ciudadanía.
1.1. Dimensión Limitada de la Ciudadanía.
1.2. Dimensión Amplia de la Ciudadanía.
1.3. Dimensión Vertical de la Ciudadanía.
1.4. Dimensión Horizontal de la Ciudadanía.                                              
Capitulo 2: El problema real de la ciudadanía en México.
2.1. Déficit de la cultura cívica.
2.2. Déficit de los valores cívicos.
2.3. Déficit de la pedagogía democrática.
2.4. Ingreso y Cultura Política.
2.5. La falta de reconocimiento de derechos y exclusión del ciudadano.                  
Capitulo 3: Ciudadanía Diferenciada.                                                     
Capitulo 4: Nuevas formas de Ciudadanía.                                                 
Conclusión.                                                                                                   
Bibliografía.


Marco Teórico
(Proyecto de Investigación)

1.    Tesis: “La Ciudadanía es la base de un Estado Democrático”.

2.    Delimitación y Planteamiento del Problema: La falta de ciudadanos en México y la consecuente construcción de la ciudadanía, con el fin de cimentar la Democracia en nuestro país.

3.    Justificación: En un contexto de constante transformación político-sociales, a inicios del siglo XXI la lucha por el reconocimiento de la ampliación de derechos de ciudadanía, tanto en sociedades con sistemas democráticos ya consolidados como incipientes democracias, orienta el debate conceptual sobre la ciudadanía y la democracia hacia un replanteamiento de la configuración de la ciudadanía más allá del ámbito de la democracia electoral, que considere la construcción de una ciudadanía activa, responsable; un ciudadano que conoce sus derechos y sus obligaciones, los pone en práctica.

4.    Objetivo: Concientizar a la ciudadanía de su papel fundamental en la construcción de la Democracia en México.

5.    Objetivos Específicos:

                                   ·          Revisar algunos conceptos de ciudadanía con el objetivo de formar un concepto propio de ciudadanía.
                                   ·          Explicar los déficits de la ciudadanía en México.
                                   ·          Revisar las nuevas formas de ciudadanía.
                                   ·          Construir la ciudadanía y la democracia en México a principios del siglo XXI.

6.    Objeto de Estudio: El Ciudadano mexicano y sus Derechos Políticos, México (2012).

7.    Hipótesis:

·         La ciudadanía en México solo existe de forma teórica y no en forma práctica.
·         La ciudadanía es un concepto total, que en México solo se utiliza de forma parcial, entendiendo forma parcial en la electoral.
·         La democracia se construye con base en la ciudadanía.

8.    Metodología: La línea de investigación está en el sentido de revisar los diferentes conceptos de ciudadanía, sus dimensiones, los déficits y los nuevos modelos de ciudadanía.
¿Qué quiero saber sobre la Ciudadanía?
¿Qué es ciudadanía?
¿Cuáles son los alcances de esta?
¿Qué practicamos y que no practicamos de la ciudadanía en México?
¿Cómo podemos hacer para construir y fortalecer la ciudadanía en México?
Construir al nuevo ciudadano mexicano de principios de siglo XXI.

Introducción.
En concreto, mi Tesis pretende demostrar que; “la Ciudadanía es la base solida de un Estado Democrático”, a través de la revisión histórica de la construcción de concepto de “ciudadano”, pasando por los diferentes conceptos de ciudadanía pronunciados por especialistas en el tema, en diferentes momentos históricos.

Para después confrontar la teoría con la práctica, concretamente en nuestro país, demostrando con esto, que tanto la ciudadanía, como la democracia tienen déficits.

Por último y como conclusión hacer una propuesta de construcción de nuestros ciudadanos con base en la educación y la formación política, para así lograr una transformación democrática en nuestra Nación.

La forma de presentación de este trabajo es en primer lugar un “Ensayo de Carácter Político”, sin embargo creo que se ha transformado en un Trabajo de Investigación Científico Social, siendo entonces una “Tesis formal de estudio del Concepto Ciudadanía”, confrontando la Teoría y la práctica en nuestro país.

Este trabajo pretende ser una contribución a la transformación de nuestra Nación en un “Estado Democrático Moderno”.

La ciudadanía es un estatus que es conferido a quienes son miembros de pleno derecho de una comunidad. Todos aquellos que poseen dicho estatus son iguales respecto a los derechos y a los deberes conferidos por tal estatus (…) la tendencia hacia adelante a través del camino trazado es hacia un mayor grado de igualdad.
Thomas H. Marshall,
“Citizenship and Social Class”,
En Class, Citizenship and Social Development[1]

Para darnos una idea clara de lo que es ciudadanía, tenemos que dividirla en diversas dimensiones, estas dimensiones son: dimensión amplia, limitada, horizontal y vertical.

La ciudadanía es un concepto holístico que implica una correlación entre el derecho privado y el derecho público, esto es; un Marco Jurídico bien definido, participación ciudadana, una autonomía del individuo, una conciencia colectiva y la defensa de los derechos sociales, además de una relación efectiva gobierno y gobernados. La sinergia de estos conceptos hace de la ciudadanía una herramienta de defensa y acción del individuo frente al Estado y sobre todo a los poderes facticos, además de crear un sentido de pertenencia en la conciencia del mismo individuo.

La racionalidad y la libertad vinieron a dar al concepto de ciudadanía un carácter más completo; la reflexión y la aspiración a la libertad son los principales componentes de la vida pública. Esto fue un proceso del renacimiento, la ilustración y la revolución francesa. Aquí se desarrolla y consolida la dimensión horizontal democrática de la ciudadanía, como nos lo señala Isidro H. Cisneros; “una comunidad política de pueblo”. “El Renacimiento habría de ampliar la imagen de un hombre racional capaz de “administrar” sus derechos.  La racionalidad cartesiana típica de este momento permitiría imaginar nuevos horizontes de libertad para el hombre”. [2] En este momento histórico (el renacimiento y posteriormente la ilustración), se añaden una serie de derechos individuales, que garantizan una serie de ejercicios de libertades civiles y políticas, públicas y privadas, del hombre y por tanto, del ciudadano. Aquí aparece también la igualdad como garante de justicia para cada individuo, recordemos que todos los hombres somos iguales ante la ley y ante la autoridad gobernante, en tres aspectos sobre todo; el aspecto jurídico, el político y el social. Esto se traduce en tres derechos:

           ·          Derechos civiles: libertad individual, de expresión, de ideología y religión, derecho a la propiedad, de cerrar contratos y a la justicia. Afirmados en el siglo XVIII.
           ·          Derechos políticos: derecho a la participación en el proceso político como miembro de un cuerpo al que se lo otorga autoridad política. Afirmados en el siglo XIX.
           ·          Derechos sociales: libertad sindical y derecho a un bienestar económico mínimo y a una vida digna, según los estándares prevalentes en la sociedad en cada momento histórico. Afirmados en el siglo XX.

El teórico inglés Marshall sostiene que la ciudadanía es aquel “(…) estatus que se concede a los miembros de pleno derecho de una comunidad, siendo sus beneficiarios iguales en cuanto a los derechos y obligaciones que implica”. Ahora bien, de acuerdo con Marshall, los derechos de ciudanía se han desarrollado históricamente en tres dimensiones sucesivas: la civil, la política y la social.

Los derechos civiles protegen la seguridad de los ciudadanos y le permiten ser autónomo respecto del Estado, en tanto que consideran al individuo como un sujeto competente y capaz de tomar decisiones y de reconocer sus intenciones y preferencias.

Los derechos políticos se refieren a la capacidad de estos sujetos para elegir a quienes han de gobernarlos, y los derechos sociales garantizan las condiciones mínimas de supervivencia y dignidad en condiciones de igualdad. Los derechos sociales se han desarrollado principalmente a lo largo del siglo XX (si bien tienen los lejanos antecedentes históricos), siendo los derechos a educación y a la salud los principales, a los cuales se han agregado después otros derechos cuyo verdadero alcance es en sí mismo material de debates. Para Marshall el desarrollo de los derechos de ciudadanía es un proceso histórico, marcado siempre por la contradicción entre la tendencia natural del capitalismo a crear toda clase de desigualdades y tendencia igualitaria de los derechos de ciudadanía, que son el corazón de la democracia. Desde su perspectiva, el proceso histórico avanza cada vez más hacia el logro de una igualdad relativa, sin eliminar la desigualdad propia del capitalismo. Los derechos sociales serian la parte final de este proceso. [3]

Por lo tanto la línea de investigación y/o el hilo conductor es; “la ciudadanía”, su revisión histórica, sus diferentes concepciones, déficits y dimensiones. La tesis es que; “solo existe una real ciudadanía en un ambiente propicio, este ambiente es la democracia participativa”. Así como también, demostrar que en nuestro país solo existen ciudadanos virtuales y no reales, en otras palabras; “Denizen y no Citizen”, o peor aún, “ideóns y no ciudadanos de alta intensidad”.

“Ciudadanía base de un Estado Democrático”.

Capitulo 1: Ciudadanía.

La ciudadanía. En principio, la cultura política democrática está sustentada en la noción de ciudadanía un grupo de individuos racionales, libres e iguales ante la ley, que conforman el sujeto por excelencia de la cosa pública y de la legitimación del poder, puesto que la fuente primera y última del poder es la voluntad del pueblo, es decir, de la ciudadanía. Es una noción que en su sentido más profundo condensa los rasgos y los factores que dan forma a una cultura política democrática.[4]

Luego entonces, para que exista una cultura política democrática, deben existir ciudadanos reales que hagan real el sistema democrático. Pero para que se dé este resultado, en la ecuación deben contener factores bien definidos como una educación de alta calidad, libertades garantizadas, un sistema judicial eficaz y eficiente, entre otros muchos más.

El concepto de ciudadano recoge y engloba tres tradiciones: la liberal, la republicana y la democrática, que aunque invocaban principios y valores diferentes en sus orígenes, han llegado a integrarse en lo que se denomina hoy democracia liberal.[5]

Es sin lugar a dudas, la base del sistema hegemónico actual, esta democracia liberal está ligada al sistema económico capitalista. Que dicho sea de paso, está en crisis desde finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Sobre todo en esta última década 2000 a 2010, cuando los sistemas económicos norteamericano y europeo colapsan, (crisis económica mundial 2008-2012  y Crisis del Euro 2012).

En su acepción moderna, el concepto de ciudadano tiene como premisa al individuo liberado de sus ataduras comunitarias, pero abandonado a sus propias fuerzas. Y es que la idea misma de individuo es producto de la lucha contra las jerarquías corporativas que concebían y valoraban a los hombres en función de criterios tales como el designio divino, el nacimiento o la guerra, y no en tanto personas nacidas con igualdad de derechos.[6]
Esta concepción se queda muy corta comparándola con el mundo contemporáneo, sobre todo que abandona la parte comunitaria del individuo, por lo tanto la no pertenecía es una constante en el hombre posmoderno.

La idea de ciudadanía implica, asimismo, ir más allá del espacio privado, que es el área de las necesidades más inmediatas del hombre y de la lucha por satisfacerlas. En el mundo moderno, caracterizado por la diferenciación entre lo privado y lo público, el hombre tiene una existencia privada que lo hace ser burgués, proletario, miembro de la clase media, etc., mientras que en el espacio público aparece alejado de dichas determinaciones y reconocido formalmente como individuo sin distingos étnicos, raciales, sociales, ideológicos, económicos, etcétera.[7]

De hecho, actualmente el concepto de ciudadanía está ligado a lo comunitario, más que a lo individual o al llamado individualismo.

El ciudadano es el protagonista de la esfera pública ya claramente diferenciada de la privada. Adicionalmente, ya no es un súbdito del Estado que solamente está llamado a obedecer los dictados del poder o a someterse bajo el imperativo de la fuerza, sino que participa directa o indirectamente en el diseño de dichos dictados y, desde luego, en la fundamentación misma del poder del Estado, al ser el titular de la soberanía.[8]

Se reconoce al ciudadano como la célula base del Estado, en otras palabras, es la razón de ser del Estado. Recordando que la base y fundamento de esta afirmación es el Contrato Social.

El modelo cívico, fórmula específica con la que se identifica a la cultura política propia de democracias estables y asentadas, supone la existencia de individuos racionales que en la esfera privada son egoístas e interesados porque velan por la promoción de sus intereses, mientras que en la pública son responsables y solidarios. Es ahí donde se recrea el presupuesto de la supremacía de la esfera de lo público sobre la esfera privada, que es una herencia republicana.[9]

El concepto ciudadano va evolucionando con el tiempo, a través de la historia del hombre, me explico; el ciudadano pasa de ser un sujeto con derechos y prerrogativas, hasta ser un sujeto que decide quién lo va a gobernar, es un elector potencial. Más aun, pasa a intervenir en las decisiones que toma el gobernante, eligiéndolo y observándolo, esta será la siguiente etapa, ser un ciudadano participativo.

La noción de ciudadano se expresa nítidamente en el término elector (o votante), que es una categoría jurídico-política básica que iguala a los individuos entre sí, puesto que desde que se instauró el sufragio universal y secreto en el curso del siglo XIX y principios del XX cada elector, independientemente de su situación social particular, tiene el mismo peso al ejercer su derecho al sufragio. En otras palabras, el voto de un millonario o del presidente de la república cuenta lo mismo que el de un desempleado, un campesino o un ama de casa.[10]

Pero ser elector no es lo mismo que ser un ciudadano, la principal diferencia es precisamente, la conciencia y el poder de racionamiento, análisis y crítica que tiene el sujeto sobre el poder político. Esto se ve reflejado en el nivel de participación política del sujeto en su comunidad.

1.1. Dimensión Limitada de la Ciudadanía.
En su acepción limitada la ciudadanía hace referencia al conjunto de derechos y obligaciones que un individuo posee en cuanto “ciudadano de un Estado”. Esta concepción limitada da lugar a una superposición entre ciudadanía y nacionalidad, al circunscribir los derechos del individuo a una condición jurídica que determina tres aspectos de la relación del ciudadano con las instituciones: la sumisión del individuo a la autoridad del Estado, el libre ejercicio de los derechos previsto por la ley y el cumplimiento de las obligaciones que de ella derivan. [11]

En primer lugar se debe observar la dimensión limitada de la acepción de la palabra ciudadanía. Esto es; lo que nos dicta la norma jurídica, plasmada en nuestra Carta Magna.

Con base en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos;

Capítulo IV
De los Ciudadanos Mexicanos.

Artículo 34.- Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan además, los siguientes requisitos:
I.- Haber cumplido 18 años, y
II.- Tener un modo honesto de vivir.

Artículo 35.- Son prerrogativas del ciudadano:
I.- Votar en las elecciones populares;
II.- Poder ser votado para todos los cargos de elección popular, y nombrado para cualquier otro empleo o comisión, teniendo las cualidades que establezca la ley;
III.- Asociarse individual y libremente para tomar parte en forma pacífica en los asuntos políticos del país;
IV.- Tomar las armas en el Ejercito o Guardia Nacional, para la defensa de la República y de sus instituciones, en los términos que prescriben las leyes; y
V.- Ejercer en toda clase de negocios el derecho de petición.

Artículo 36.- Son obligaciones del ciudadano de la República:
I.- Inscribirse en el catastro de la municipalidad, manifestando la propiedad que el mismo ciudadano tenga, la industria, profesión o trabajo de que subsista; así como también inscribirse en el Registro  Nacional de Ciudadanos, en los términos que determine la ley;
II.- Alistarse en la Guardia Nacional;
III.- Votar en las elecciones populares en los términos que señale la ley;
IV.- Desempeñar los cargos de elección popular de la Federación o de los Estados, que en ningún caso serán gratuitos; y
V.- Desempeñar los cargos concejiles del Municipio donde resida, las funciones electorales y las de jurado. [12]

Como se observa, las reglas para ser ciudadano están bien definidas en nuestra Constitución, sin embargo, para ser ciudadano no solamente se debe de establecer en la Constitución Política, sino también ponerlas en práctica por parte de los mismos ciudadanos, participar de la vida pública y política de la Nación, de manera responsable y con base en la ley, esto es; “ser un ciudadano de alta intensidad”, como nos comenta Guillermo O´Donnell, o simplemente un ser cívico como ilustra la Escritora Ikram Antaki en su libro Manual del Ciudadano Contemporáneo.

1.2. Dimensión Amplia de la Ciudadanía.
Por su parte, en su dimensión amplia la idea de ciudadanía se refiere al derecho que los integrantes de una comunidad política tienen para participar activamente y en condiciones de equidad en la vida política del Estado. En esta concepción amplia de ciudanía la participación política representa el componente principal, dado que la pertenencia a una colectividad vinculada orgánicamente por nexos jurídicos y políticos nace de la participación directa de los individuos quienes pueden votar y ser elegidos a los cargos públicos.[13]

Por lo tanto, la dimensión amplia del concepto ciudadanía es la que constituye lo más importante que es el ejercicio y práctica de los derechos y prerrogativas que atribuye la ley al individuo, como es votar y ser votado, entre otras muchas acciones del ciudadano en la vida pública de “la polis”.

Ahora, podemos decir qué es el ser un ciudadano activo en una República moderna eso es el civismo.

El civismo es una virtud privada, de utilidad pública. Parte de la ilusión de una sociedad que sería digna del hombre. [14]

Por lo tanto, debemos de construir una ciudadanía con civismo, donde confluyan en el individuo, los derechos y las obligaciones, así como también crear en el mismo sujeto la conciencia de participación, esto es interés público, defensa de sus derechos y autodeterminación; por consecuencia se crea una solidaridad colectiva.

“Los griegos decían que el ciudadano constituye la unidad del sujeto, que debe ser libre, para participar en la elaboración de la ley, y el individuo, que se somete y obedece a esta ley”.[15]
Esto es que; una parte de la palabra ciudadanía es plenamente jurídica y laica y la otra personal y autónoma. En este mismo orden de ideas, el ejercicio pleno de los derechos y obligaciones establecidos por la ley, son además las que me hacen ser y pertenecer a una comunidad.

El ejercicio de la ciudadanía depende de tres condiciones: la existencia de procedimientos que organizan la negociación, la civilidad que permite manejar la tensión entre las diferencias sociales, y las fuerzas de coherencia y de pertenencia. Las relaciones de civilidad hablan de la historia y del futuro de la sociedad, más que de ideas políticas o de resultados electorales. Provecho común, unidad pública, bien común, interés general… tienen sus raíces en el derecho romano, en el absolutismo monárquico, en la teología cristiana y en la teoría moderna del Estado. [16]

1.3. Dimensión Vertical de la Ciudadanía.
En su dimensión vertical la ciudadanía representa una relación “altimétrica de la política”, según la cual el vínculo del individuo con el Estado se establece a través de una relación de sujeción, imposición y sometimiento. Los hombres para construir una sociedad política, diría Rousseau, deben someter su libertad individual a su libertad colectiva. Por lo tanto, la dimensión vertical de la ciudadanía se funda en la idea de la libertad como autonomía del individuo. Esta dimensión considera que los derechos preceden a las obligaciones manteniendo siempre un vínculo de mutua dependencia entre el pueblo y las instituciones. En su dimensión vertical la ciudadanía ha seguido una evolución que ha permitido transformar la relación súbdito-soberano, que caracterizo los grandes absolutismos del pasado, en la relación ciudadano- Estado típica de las sociedades modernas.[17]

En una dimensión vertical del concepto ciudadano podemos decir que; la ciudadanía es la defensa del individuo de sus derechos y la exigencia al gobierno por dar respuesta a las demandas ciudadanas y garantizar el cumplimiento del contrato social, donde el ciudadano no es un súbdito y dependiente del poder político, sino al contrario; un ser autónomo, autogestivo, con una opinión propia y determinación de ser y actuar libre de obligaciones y coerciones. Todo esto con base en una conciencia de vivir en comunidad, con ciertas reglas de urbanidad, esto es; el respeto al prójimo.

Por lo tanto, en la civilidad coexisten; la libertad, el respeto, la conciencia de grupo, el seguimiento de una lista de valores generales, el individualismo, el colectivismo, etc. Dicho sea de paso, el lugar donde se hacen y forman a estos ciudadanos es en la familia y en la escuela, principalmente.

1.4. Dimensión Horizontal de la Ciudadanía.
Este desarrollo da lugar a una dimensión horizontal de la ciudadanía que encarna una aspiración de igualdad no solo en el plano de los derechos individuales sino más bien en el plano de los derechos de los grupos. Esta concepción horizontal puede representarse con el señalamiento de Hannah Arendt según cual: “La ciudadanía es el derecho a tener derechos”. En el momento actual es posible hablar de transformaciones de la ciudadanía y de su relación con el espacio físico territorial del Estado nacional en grado tal que se han propuesto nuevos conceptos para describir esta situación inédita: ciudadanía virtual versus ciudanía real; ciudanía intermitente o ciudadanía transnacional; así como doble ciudadanía y condición de “denizen” es decir, de “ciudadanos a mitad”. Todas estas categorías se relacionan con los flujos de inmigrantes que poseen un estatus legal de resistencia permanentes en un  territorio, que gozan plenamente de los derechos sociales y económicos dentro del país receptor pero que no poseen plenos derechos políticos y muy frecuentemente tampoco una representación política. El ciudadano virtual, transnacional o latente mantiene tanto con el país de origen como con el país receptor una relación de ambigüedad ya que reclama el reconocimiento de sus derechos pero puede también rechazar la plena asimilación. Las nuevas realidades migratorias representan una clave de lectura de la sociedad multicultural. [18]

Como se observa la ciudadanía tiene que ver con que se respeten y observen los derechos sociales-colectivos, y sobre todo la relación del individuo con el Estado, esto es la cuarta dimensión del concepto ciudadanía, la dimensión horizontal.

La escuela es la institución formadora de ciudadanos por excelencia, por lo que esta escuela debe fundarse en principios, valores y reglas de respeto, libertad, colectivismo, información y formación, de educar a seres humanos sensibles y conscientes.

El papel de la escuela fue inmenso en el aprendizaje del civismo. La educación obligatoria y laica de los futuros ciudadanos era un asunto político. Respeto de sí, amor a la familia, a la patria, trabajo y probidad, estaban inscritos en el pizarrón; pero su enseñanza se ha desmoronado. La educación cívica no es disciplina como otras; es un objeto de formación. ¿Qué vamos hacer en el futuro? Los padres ya no piden que la escuela primaria enseñe a los niños a “pensar recto”, sino que les dé una solución social. Lo que amenaza a la enseñanza es la inversión de todos en el interés privado; el éxito individual le ha ganado a la formación del ciudadano.[19]

Esta práctica es la que deteriora al ciudadano como tal, la creencia y la práctica del individualismo, que es el “modus operandi” del ciudadano en el sistema capitalista actual. Lo que quiere decir que está el interés privado por encima del interés público, esta práctica de ser individualista y actuar es el origen de la descomposición social. Después de lo anterior expuesto, el garante de la educación es el Estado, y por lo tanto, formador del ciudadano y de la ciudadanía. “El Estado debe enseñar los deberes y las virtudes. La neutralidad va a la par con la obligación escolar. Se trata de transformar en ciudadanos a los que eran súbditos”. [20]

Para el gobernante,  educar a los ciudadanos en valores cívicos es un peligro, porque este ciudadano va a cuestionarlo constantemente, auditarlo, vigilarlo y hasta removerlo de su función de gobernante. Por lo mismo, en muchas Naciones, la educación es una educación paupérrima y pragmática, dejando fuera a la educación cívica y la formación de los ciudadanos, esto con el fin de conservar el status quo.

En este orden de ideas, los primeros espacios que se debe de ganar por parte del ciudadano contemporáneo y de alta intensidad es la Escuela y la Plaza Pública, (la calle), debo aclarar que estos espacios se han perdido por miedo y por atender otras necesidades como el trabajo. Somos animales políticos, según el concepto Aristotélico, y esto es; ciudadanos reales y de alta intensidad, o deberíamos aspirar a serlo.

“La ciudad es el espacio de la sociabilidad, es el primer lugar del ejercicio de la ciudadanía. Tiene que volver a ser un espacio de calidad, tener límites y referencias, así como espacios públicos”. [21]

La ciudadanía es un estatus de igualdad, y lo que nos hace iguales es el respeto a la ley, por parte de la comunidad, esto hace valida la norma y esto mismo nos hace iguales ante ella. Por lo tanto, “si no respeto la norma, no soy ciudadano”.

En nuestra transición mexicana, la ciudadanía enfrenta nuevos retos más allá de la simple definición de ciudadano plasmada en nuestra Constitución Política. Entre otros planos, la participación a través las Organizaciones no Gubernamentales, hoy llamadas OSC, tienen que tener un papel protagónico en esta larga transición mexicana. Las asociaciones civiles son en efecto agrupaciones ciudadanas, donde se practican los derechos y prerrogativas ciudadanas de forma real y consiente, esto es participación ciudadana directa. Estas asociaciones civiles “llenaron huecos”,  dejados por el Gobierno. Las A.C.´s, así como los ciudadanos toman fuerza a finales del siglo XX y principios del Siglo XXI en México.

El ciudadano está relacionado o tiene que ver con la ciudad; “la polis”, además de que el ciudadano pone lo público sobre lo privado y encuentra la libertad en el campo de lo público. “En suma, para los griegos el hombre era sin residuo el polítes, el ciudadano; lo que hace inconcebible distinguir y, luego oponer, el individuo de su ciudad. De esto se deriva coherentemente que para ellos la libertad se resolvía sin mengua en el gobierno colectivo”. [22]

Para concluir, la siguiente cita puede darnos un resumen general de lo que es la ciudadanía:

La ciudadanía implica la conformación de espacios públicos para el debate, la reflexión y la propuesta, de instituciones que den respuesta a los requerimientos de los ciudadanos de hoy, activos, arquitectos de las nuevas democracias, a las que dan forma y vida, no solo como sujetos de derechos, sino que se apropian de esos derechos y ejercen a la vez que asumen sus responsabilidades ante su comunidad. [23]

Pero no solamente existe la diferencia en la comprensión del concepto “ciudadanía” por parte de las diferentes dimensiones, sino a través de su concepción filosófica liberal, cívica y republicana y esta es la diferencia entre lo individual y lo colectivo.

Desde la perspectiva de la filosofía política, el concepto de ciudadanía remite a preguntas fundamentales sobre el orden social y sobre las relaciones entre individuos y Estado, sobre las formas que asume la construcción de las identidades colectivas, y por tanto acerca de la manera en que la comunidad se construye y como esta se relaciona con el Estadio. Desde fines de los años setentas del siglo pasado, y fundamentalmente a lo largo de los años ochenta, dos corrientes principales han mantenido un conocido debate sobre la primacía del individuo o de la comunidad al momento de pensar la ciudadanía. De un lado, los defensores contemporáneos del liberalismo clásico, escuela con tres siglos de historia que conserva su actualidad en tanto que sus postulados centrales siguen siendo los cimientos legales de las democracias contemporáneas. De otro, los llamados comunitaritas, filósofos que defienden la primacía de la comunidad frente al individuo como la única vía para que en el capitalismo contemporáneo se puede garantizar la convivencia y el orden y la concomitante expansión de las virtudes cívicas. Es posible agregar una tercera corriente que ha emergido en los años noventa, que postula la centralidad de formas de intermediación civil entre los individuos y el Estado, que son nos fuertes que la comunidad, pero que cumplen sus funciones. Nos referimos a los defensores de la sociedad, civil, quienes a través de la ciudadanía en los asuntos públicos han desarrollado el republicanismo contemporáneo. [24]

En mi opinión la tercera opción es la correcta utilización del concepto ciudadanía para los fines y la complejidad de la sociedad actual. La República fue y sigue siendo el baluarte y modelo más acabado de la humanidad, por lo tanto se debe fortalecer y defender, la ciudadanía es la herramienta indicada. Por tanto;

Como bien lo sintetizo Oldfield: Los individuos son seres soberanos y autónomos en el terreno moral, y sus deberes consisten en respetar los derechos similares de otros ciudadanos, pagar sus impuestos y participar en la defensa del sistema político en los momentos en que esté amenazado. Mas allá de esto (…) no tienen otras obligaciones en relación al conjunto social (…) los individuos como seres soberanos y autónomos (…) deciden si ejercen o no los derechos del estatus  de ciudadano en la esfera pública, o en el terreno mas restringido de la política. [25]

Como se observa el liberalismo produce derechos negativos, esto es, separación del individuo frente al Estado y frente a la comunidad y pocas obligaciones frente a ellos. Por el otro lado, la visión contraía; “lo colectivo por encima de lo privado”;

Por tanto, la primera responsabilidad y la mejor manifestación de ciudadanía son la defensa de la colectividad y la participación en sus instituciones y prácticas. Así la esencia de la libertad es la participación en el gobierno comunitario, como casi aristotélicamente definirá Taylor. Esta versión comunitarita contemporánea es de alguna forma tributaria de conceptos provenientes del campo de la sociología de Durkheim y Parsons, quienes sostuvieron que la integración social era producida fundamentalmente por valores y normas compartidos. Los comunitaritas conciben así la ciudadanía como la participación en la vida comunitaria, como la defensa de sus valores y principios. Por tanto, las obligaciones de ciudadanía (participar y preservar los principios) son mayores a los derechos. El ciudadano debe ser activo, pues de su acción depende el bienestar de la colectividad.[26]

Como se observa, la anterior posición de ciudadanía prevalece lo público y la defensa de lo público, sobre lo privado. Esto como ejercicio de la libertad individual. La defensa de valores y principios solo puede pensarse dentro de la pluralidad y por tanto de la tolerancia de los otros, de los diferentes.

Esta constatación es la que ha dado pie a unan tercera corriente filosófica, el republicanismo moderno, cuyos orígenes también pueden ser rastreados hasta la Grecia antigua. Su principal sostén ha sido Hanna Arendt, filosofa germano-estado-unidense, para quien la “(…) ciudadanía es vista como el proceso de deliberación activa sobre proyecciones identitarias competitivas (…) cuyo valor (…) reside en la posibilidad de establecer formas de identidad colectiva que pueden ser reconocidas, probadas y transformadas en una forma discursiva y democrática. [27]  

En este orden de ideas, democracia, ciudadanía y República están intrínsecamente ligadas, a través de la igualdad jurídica y política, con un alto grado de participación y debate en la arena pública, lo que genera por consecuencia un sentimiento de pertenencia de identidad.  

Por el contrario, es en el debate sostenido en el espacio público en donde se han de construir y consensar esos principios y normas. Esta práctica, que es la política, es la que hace humanos a los humanos, es la vita activa que es consustancial y especifica a nuestra especie, y la que abre la posibilidad del ejercicio de la razón como vía de construcción de las identidades colectivas. [28]

Asimismo, el concepto ciudadano sufre una transformación y se rediseña, con base en la transformaciones sociales y políticas actuales, dentro de un mundo globalizado;

Como dijera otra proponente de estas ideas, Chantal Mouffe: (…)  un nuevo concepto del ciudadano deviene posible (…) la identidad política que es creada a través de la, identificación con la res publica (…)”. De esta manera, la identidad colectiva se construirá en la práctica política, tendría que ser activa y participativa, no pasiva o clientelar. [29]
Este último señalamiento es el que se practica cotidianamente en nuestro país y forma parte de los déficits de la ciudadanía en México, el fomento del clientelismo, con fines electorales.

Capitulo 2: El problema real de la ciudadanía en México.

En lo que respecta al problema real de la ciudadanía en México, es la falta de ciudadanía, de ciudadanos y de democracia en México. Esto lo podemos demostrar a través de los diferentes déficits de la ciudadanía. Sobre todo lo podemos demostrar con la falta de participación ciudadana.

La participación. El ciudadano quiere, al igual que el elector, ser antes que nada un sujeto activo de la política, un miembro de la sociedad con capacidad para nombrar a sus representantes y a sus gobernantes; pero también quiere organizarse en defensa de sus derechos, para ser escuchado por el gobierno y, en fin, para influir en los rumbos y direcciones de la vida política en el sentido más amplio. De ahí que una premisa básica de los valores y actitudes democráticas sea la participación voluntaria de los miembros de una población. La participación incrementa el potencial democrático de una nación justamente porque aumenta el compromiso ciudadano con valores democráticos tales como la idea de una sociedad atenta y vigilante de los actos del gobierno e interesada en hacerse oír por éste.[30]

Como se observa esta participación es fundamental para una relación sana entre el gobierno y los gobernados, como se dijo con anterioridad, no solamente es reactiva, sino propositiva la acción ciudadana. Todo esto se da en un ambiente propicio para ello, una sociedad abierta, tolerante, plural y multicultural.

La sociedad abierta, activa y deliberativa. Inspirada en principios liberales que defienden la concepción de una sociedad con amplios márgenes de autonomía frente al Estado, una cultura política democrática concibe a la sociedad como entidad abierta en la que se fomentan y se recrean la discusión de los problemas, el intercambio de opiniones, la agregación y articulación de demandas, es decir, las virtudes cívicas de asociación y participación.[31]

Las sociedades democráticas modernas, se caracterizan por una gran participación por pate de la ciudadanía. La organización social es parte de esta participación ciudadana. A su vez, la hoy llamada democracia participativa, se caracteriza por la incisión de la ciudadanía en las decisiones políticas. Por supuesto que esta participación ciudadana está separada del dogma religioso.

Para abordar este problema de participación ciudadana, quiero mencionar mi participación como Capacitador Electoral en el Proceso Extraordinario de Elección de Presidente Municipal de Morelia en el Instituto Electoral de Michoacán (IEM), 2012, donde se me asigno las secciones electorales 1177 y 1178, con un total de 362 electores insaculados, dos casillas y 48 ciudadanos por convencer para ser funcionarios de casilla, solamente convencí a 42 de este total de 362 insaculados. En conclusión me quedo claro en esta Colonia de Clase Media como es la Colonia Félix Ireta de esta Cuidad Capital (Morelia-Michoacán), la ciudadanía es heterogénea, pero sobre todo de baja intensidad, poco participativa y de poco interés por la vida política de su ciudad, de su ciudadanía y de su país. Si observe gran diferencia entre los ciudadanos más educados y preparados y los menos educados. En concreto, en el interés y la apertura por la participación ciudadana, en una palabra; la conciencia política”. 

2.1. Déficit de la Cultura Cívica.

La cultura cívica es el modelo ideal en una democracia moderna liberal.
Dicho de otra manera, la cultura cívica es una cultura política que concibe al gobierno democrático como aquél en el que pesan las demandas de la población, pero que también debe garantizar el ejercicio pacífico y estable del poder, vale decir, su funcionamiento efectivo o gobernabilidad.[32]

El estudio de Almond y Verba, dio como resultado cinco principales puntos den una cultura política participativa:

1) Una cultura participativa muy desarrollada y extendida;
2) Un involucramiento con la política y un sentido de obligación para con la comunidad;
3) Una amplia convicción de que se puede influir sobre las decisiones gubernamentales;
4) Un buen número de miembros activos en diversos tipos de asociaciones voluntarias; y
5) Un alto orgullo por su sistema político.

Debo señalar que estos puntos fueron observados en países con sociedades democráticas, modernas y participativas como la norteamericana. Que se toma como prototipo a seguir. Dividiéndose el mundo en dos grandes grupos; las democracias consolidadas y las democracias insipientes y/o en vías de consolidarse, donde se encuentra nuestro país.

En México todavía vivimos como Ciudadanos de baja intensidad o ciudadanos imaginarios. Con esto me refiero a la debilidad de la ciudadanía sobre todo en democracias emergentes como las latinoamericanas, en este caso la nuestra; (México 2011-2012).  El término “ciudadanos imaginarios” acuñado por Fernando Escalante para los ciudadanos mexicanos del siglo XIX, es vigente para los ciudadanos del siglo XX y principios del XXI.

Por ejemplo, el déficit de de la cultura cívica.

Existe una distancia entre el sistema político y la cultura política en una sociedad, como lo comenta Gabriel Almond y Sidney Verba en el libro; “The Civic Culture”.
Si la democracia no permea  la vida de los mexicanos –y se puede añadir de los latinoamericanos- es porque no hay una cultura democrática capaz de sostener esta forma de gobierno. La causa debe encontrarse en una serie de golpes de Estado, dictaduras y gobiernos autoritarios presentes en todos los países de la región desde la Independencia hasta nuestros días. [33]

Con base en la “Doctrina Monroe”, los Estados Unidos de Norteamérica imponen su política de control en la región (América Latina); designando gobernantes, apoyando dictaduras militares, haciendo dependientes a los países económicamente, invadiendo indirecta y/o directamente a los mismos como última opción, por lo que los países latinoamericanos incluyendo México, no hemos podido llegar a consolidar un Estado Democrático Soberano aún. La constante crisis económica por un lado y la falta de libertad y de vivir una real democracia, hacen del individuo, un ser apático y poco interesado en los asuntos públicos. El sistema político está basado en una corrupción generalizada, además de un fanatismo religioso y una ignorancia que se fomenta desde la punta de la pirámide social. Las insipientes y frágiles democracias se enfocan en elecciones periódicas como forma de relevo gubernamental, donde instituciones como los partidos políticos y sindicatos se encargan de realizar y mover toda una maquinaria electoral que prostituye y controla a la sociedad en su conjunto. La voluntad ciudadana se convierte en patrimonio electoral (clientelismo), donde el individuo no llega a ser ciudadano sino simple elector y a veces simple espectador. La democracia no es para una sociedad de pobres e ignorantes, y en México estos dos canceres están presentes, por un lado con un 50% de pobres, por otro lado el Poder Ejecutivo entrega a un sindicato la administración de la educación nacional y renuncia a defender la cultura como base de desarrollo como Nación.

Por lo tanto, no existe fomento a la cultura política, ni a la formación ciudadana. La educación por su lado se impone a través de los medios masivos de comunicación que son un monopolio dentro de un supuesto Estado Democrático y de economía capitalista, de hecho los poderes facticos; sindicatos, medios masivos de comunicación, partidos políticos, empresarios, la Iglesia y el crimen organizado imponen gobernantes y legisladores.

Sin ser un fenómeno privativo de la cultura mexicana, la distancia entre gobernantes y gobernados es cada día mas amplia. Si se mantienen una pauta nacional, las actitudes frente al gobierno y los actores políticos están dominadas por la desconfianza y la indiferencia que actúan a través de los partidos, de su propaganda y de sus figuras emblemáticas.[34]

Esto se ve reflejado en el abstencionismo, nulificación del voto, el voto en blanco y la falta de importancia que pone “el ciudadano” en la vida pública y política de su sociedad. Por lo tanto, solamente el cambio de usos y costumbres, así como también de la educación y formación del ciudadano son la solución al gran problema nacional. Al mismo tiempo, se debe de disminuir la gran diferencia social.

La democracia no se impone, por decreto, así como tampoco se crean ciudadanos participativos de un día para otro, se trata pues de un proceso histórico, político y social. Es tiempo, de convertirnos en ciudadanos de alta intensidad y de cambiar esta sociedad de abúlicos, en una sociedad de ciudadanos reales de alta intensidad.

Con frecuencia se dice que en México no hay ciudadanos, que no hay una cultura cívica. Con eso se quiere decir que en general falta una serie de virtudes: respecto de la ley, autocontrol, solidaridad, conciencia de un interés público. Es verdad y no hace falta mucho para demostrarlo. Pero tampoco abría razones para esperar otra cosa. No ha habido esas virtudes en el pasado y no hay nada en el presente que sea en particular favorable para producirlas. [35]

En toda la historia de México desde su época colonial, no existe una práctica democrática real y la cúpula en el poder actual, tampoco le interesa que nazca y se fomente esta misma cultura cívica, al contrario, se fomenta una educación limitada, obediencia sin cuestionamientos y que fomenta el individualismo. El Estado democrático al cual aspiramos, necesita de ciudadanos reales; educados, participativos, respetuosos de la ley, cooperativos y solidarios, no solamente;

El ciudadano es una construcción imaginaria de la tradición republicana que iniciaron los pensadores latinos de la época imperial: Tácito, Salustio, Cicerón, Tito Livio. Tiene por eso todas las virtudes que habían existido, según su idea, en la antigua República; el ciudadano es a la vez soldado, contribuyente, elector y magistrado, y por eso necesita valentía, abnegación, capacidad de juicio, disciplina, voluntad de sacrificio, sobriedad, honradez, moderación, amor a la libertad.[36]

Estas virtudes como se observa, son ignoradas y menos practicadas por el común de los mexicanos. El sistema corrupto y de simulación, hace creer que la alternancia del año 2000, era el triunfo esperado de la democracia y con esto, la aparición de la sociedad civil, como representación de un movimiento ciudadano real. Nada más lejos de la realidad, las reformas constitucionales de fondo se quedaron en el tintero, dejando intacta la estructura del régimen bonapartista anterior, esto es, seguimos viviendo con los vicios del antiguo régimen.

Lo que hay, en general, es lo que ha habido siempre. Tenemos una sociedad acostumbrada a participar, a exigir, a imponerse incluso, pero no de manera civilizada ni democrática. Lo que hay son motines urbanos, bloqueo de carreteras, hay campesinos que exigen tierras a mano armada, hay empresarios que amagan con fuga de capitales y hacen su negocio con el favor del Estado, hay piquetes de estudiantes que se imponen a nombre del Pueblo, hay pacíficos arreglos ilegales, sobornos, influencias, clientelas obedientes y eficaces; hay la costumbre de ocupar los edificios públicos, de secuestrar funcionarios, linchar policías. Hay todo lo que antes quedaba disimulado bajo el manto del priismo. [37]

Como se observa, nuestra cultura es diametralmente opuesta a una cultura democrática cívica moderna, por lo que se deduce que si no cambiamos la forma de ser del mexicano, no podremos cambiar nuestras instituciones y nuestro Estado Nacional Mexicano. Sin embargo, el cambio debe llegar de arriba para abajo y de abajo para arriba, esto es de manera simultánea; “Pongámoslo en otros términos: el problema no es que no haya ciudadanos, sino que no hay Estado”. [38] Plutarco Elías Calles, en su toma de protesta como presidente de México sentencia que; “México debería de ser un país de Instituciones fuertes y no de caudillos”, nacemos con Instituciones débiles que constantemente se degradan y desgastan, el siglo XIX en México se recuerda con una constitución (1857), que jamás fue operativa ya que fue diseñada para ciudadanos que no existían, el siglo XX en México fue de cierta manera exitosa ya que se reivindicaron derechos sociales que se tradujeron en instituciones protectoras de la llamada sociedad en general, pero, en los últimos 40 años, se da un desprestigio precisamente cuando aparece en escena la llamada sociedad civil y/o la ciudadanía activa. El neoliberalismo impuesto en los años 80´s, está basado en el adelgazamiento del Estado; no solamente, se comienza una campaña de desprestigio y desgaste de las Instituciones, por lo tanto, la falta de consolidación de la democracia en México se debe al desprestigio de las Instituciones aplicado desde la cúpula del poder. Todo esto con el propósito de no cambiar, de que permanezca el sistema político actual.

“México inicio el siglo XXI con un déficit histórico de dos siglos: el déficit cívico. En la esfera política, transitamos del autoritarismo a la democracia apelando a la re-inversión del ciudadano y al re-descubrimiento de la sociedad civil”. [39] En esta larga transición hacia la democracia, desde el movimiento estudiantil de 1968, la guerra sucia de los años setentas, pasando por el terremoto de 1985, las elecciones fraudulentas de 1988, la aparición del EZLN en 1994, la alternancia en el poder en el 2000 y las elecciones altamente competitivas y manipuladas desde la cúpula del poder en el año 2006.

Pero en el terreno no estrictamente político sino en el más amplio de lo público, el ethos ciudadano implica ciertos valores, rituales y hábitos cívicos  basados en el interés por participar. Supone la práctica del viejo arte de la deliberación común, para lo cual existen la sala de la casa familiar o en el aula escolar, pero también, sobre todo, los cafés, las cantinas y los bares. [40]

Por lo tanto, para fomentar la ciudanía debemos de conquistar y ganar además de los lugares privados como la casa, ganar la plaza pública y sobre todo la escuela, espacio por demás importante y estratégico, además de los espacios públicos. Necesitamos fomentar el debate público, basado en la razón, la tolerancia y el respeto. “En un contexto donde las redes cooperativas y deliberativas no son favorecidas por las instituciones, y en el que la vida pública no es más que una colección desordenada de pequeños desastres privados”.[41] El sistema económico capitalista en el que estamos inmersos, fomenta el individualismo, la competencia y por lo tanto el rompimiento de relaciones sociales; tanto las Instituciones, como las ideas de cooperativismo y solidaridad están desprestigiadas y quedan fuera del mercado.

El contexto socioeconómico tampoco ayuda mucho: la desigualdad histórica, una mitad de población pobre con niveles de escolaridad, los índices escandalosos de inseguridad pública, una economía que puede crecer pero que no distribuye, una clase política que ofrece espectáculos lamentables. Nada de esto favorece el despliegue de conductas cívicas. [42]

Por el contrario de lo que se exprese públicamente por las autoridades, se favorece la ignorancia y apatía de los individuos por la vida pública.

Analicemos el perfil del ciudadano promedio en México; pobre, ignorante, enfermo, fanático religioso, agraviado constantemente por la ley, las autoridades, el patrón, etc. Por lo tanto, este individuo está lejos de ser un ciudadano comprometido con sus semejantes y con la vida política de su ciudad. Esta temeroso de los políticos, la policía y la Ley. Mantenerse alejado de todo esto es lo más seguro y saludable, eso es el pensamiento promedio en el México actual.

“En otras palabras, la confianza en la participación “vertical” de los ciudadanos en la elección de los gobernantes no produce automáticamente expectativas razonables de lograr comportamientos cívicos “horizontales”, por lo que resulta difícil acumular mínimos de capital social”. [43] El déficit cívico desde la dimensión vertical, es simplemente que no hay consciencia ciudadana, así como tampoco existe en la dimensión horizontal, ya que no se respetan y mucho menos se practica estos derechos políticos, por parte de la ciudadanía. ¿Pero cómo se construye y fomenta la ciudadanía? La respuesta es la educación y formación ciudadana, la constante práctica de los derechos ciudadanos, dentro y fuera del aula, además de practicarlos dentro y fuera del seno familiar, dan como resultado, la reflexión y la critica constante de las decisiones públicas y privadas.

Fortalecer una ciudadanía democrática implica generar información y participación, fomentar el ejercicio de libertades y procurar continuamente el respeto de las garantías básicas. Implica también instituciones que estimulen la responsabilidad, la participación y los compromisos cívicos. Como señala Susan Stokes: “los ciudadanos solo pueden escoger sobre la base de lo que son capaces de conocer”. [44]
Este es el papel del Instituto Federal Electoral y de los Institutos Estatales Electorales, el dar a conocer, informar, fomentar y formar a los ciudadanos sobre una base de ciudadanía práctica. Pero no solamente es responsabilidad del IFE, sino de la Escuela, de los Partidos Políticos y de la Familia, pero sobre todo del ciudadano común y corriente, todo esto con base en un código de valores general y propositivo.

El déficit de los valores cívicos.

Decir que se deben fomentar ciertos valores de tolerancia, respeto a la ley, igualdad ciudadana, para lograr una sociedad más libre, justa y prospera, suena a una verdad de Perogrullo. La diferencia estriba en que sobre ese amasijo llamado cultura, del que siempre supimos que era muy resistente, hoy caen encima las incomodas cifras. Rubro por rubro, las luces de alarma se encienden. Para incursionar en el laberinto de la cultura contamos con un mapa inicial, pero bastante preciso. No ayuda relativizar. La siempre imperante comparación es inevitable. Pero para comparar lo primero es medir. Y ese ejercicio que no hace mucho parecía locura pura, por fortuna ya se hace cada cinco años.[45]

Recordemos que el antiguo régimen es un régimen de partido único autoritario, por más de 70 años, logrando una simple alternancia en el gobierno en el año 2000, sin embargo todas las estructuras tanto en la superestructura económica, como en la estructura social, siguen siendo las mismas. Por supuesto que existe un déficit de los valores cívicos, así como también existe un Estado fallido o infiltrado. Ciertamente vivimos desde hace tiempo, una crisis holística; económica, política y social. Tenemos pues un “Régimen de Privilegios y Monopolios” que atentan contra la República. El ciudadano se defiende, además de los poderes constitucionales, de los poderes facticos. Se necesita con urgencia una revolución de las conciencias.

Aunque el régimen político mexicano tenía características muy sui generis, siempre se le considero de naturaleza autoritaria. Cumplía las condiciones de la famosa definición del politólogo español Juan Linz: Los regímenes autoritarios son sistemas políticos con un pluralismo limitado y no responsable; sin una ideología elaborada y propulsiva (sino con características de mentalidad); sin una movilización política intensa o vasta (excepto en algunos momentos de su desarrollo); y en los que un jefe (o tal vez un pequeño grupo) ejerce el poder dentro de límites que formalmente están más definidos pero que de hecho son fácilmente previsibles. [46]

Dentro de este sistema político, no se puede desarrollar una ciudadanía participativa, ya que el margen de acción es limitado y sobre todo controlado desde la cúpula del poder, por lo tanto al no ser un ciudadano libre y soberano, el individuo jugaba el rol de súbdito.
El autoritarismo era un régimen diferente al totalitario –donde la población es súbdita del poder- y al  democrático –donde los individuos son ciudadanos-. Cosa rara: aquí la gente no era ni la una, ni la otra. Podía aspirar a trabajar en la política, pero el reclutamiento se hacía desde arriba, desde la cúpula del poder, y no como resultado del voto. [47]  

Atento a lo anterior, no vivíamos en una democracia, ni tampoco en un régimen totalitario, pero si autoritario, de partido único, donde los ciudadanos éramos ciudadanos inexistentes. Solo había una cierta libertad, “la de elegir”, esto para legitimar el régimen político.

¿Qué tipo de súbditos o ciudadanos heredó la democracia en México? En el 2001, se llevo a cabo una Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas. Al revisar los resultados de este ejercicio empírico le queda a uno la sensación de que, efectivamente, después de 71 años de un régimen autoritario hay un déficit ciudadano importante. [48]

Claro que después de 70 años de un régimen de control de la vida pública y privada de este país, el ciudadano y la sociedad civil no existían, su participación es casi nula.

Quizá lo más destacados es el bajo nivel de participación. Aunque el 46% de los mexicanos dice que tiene interés por resolver alguna dificultad de la comunidad y el 41%  se dice dispuesto a hacer algo para tratar de resolver los problemas que enfrenta el gobierno, la realidad es que su “interés” es de dientes para afuera. [49]

Recordemos que además de la falta de participación ciudadana, tenemos más defectos como es la simulación y el doble discurso.

A la hora de inquirir  sobre aspectos reales de participación, sale a relucir los verdaderos niveles de apatía. Mas del 90% no ha participado en manifestaciones políticas en los últimos 3 o 4 años. Aproximadamente el 90% de la gente no ha ido a ningún a ningún tipo de reuniones participativas en bien de la comunidad (junta de vecinos, de iglesias, ejidales, etc.). Solo el 10% ha asistido a su ayuntamiento o delegación para proponer, idear, apoyar proyectos o poner demandas. El 8% ha interesado mandar una carta o entrevistarse con el gobierno para plantear algunos problemas o necesidades. 68% dice que no simpatiza con algún partido político. 91% confiesa que no se ha involucrado para ayudar a resolver algún problema social. 95% no pertenece a ninguna organización civil.[50]

Esta encuesta solo corrobora lo que en teoría ya se sabía, la falta de cultura política y participación ciudadana del mexicano. No tenemos la costumbre ni la voluntad de participar de la vida pública. Hemos crecido con el individualismo y la competitividad muy arraigados en la cultura del mexicano. Nacimos como Nación sin este espíritu por lo público, esta cultura cívica, en cambio en Naciones como los Estados Unidos de Norteamérica existe desde su inicio, la formación ciudadana es una práctica común.

En la Democracia en América, Alexis de Tocqueville habla del vínculo indiscutible entre la democracia y la participación de la sociedad civil. Fue lo “cívico” de los norteamericanos lo que más impresiono al viajero francés en el siglo XIX, Reportaba: los americanos de todas las edades, de todas las etapas de la vida, de todos tipos de disposición, están constantemente formando asociaciones. No sólo hay asociaciones industriales y comerciales, en donde todos participan, sino otras de miles de tipos diferentes –religiosas, morales, serias, fútiles, muy generales y muy limitadas, inmensamente grandes o muy pequeñas. [51]

Como se observa, existe una relación directamente proporcional entre la participación ciudadana y la democracia real. Por lo tanto, si no hay participación ciudadana, cultura cívica, ciudadanía, formación ciudadana, no hay democracia real, en México vivimos en una simulación democrática.

De hecho, los mexicanos se sienten muy desvinculados de la política. Cuando se les pregunta que piensan de la palabra “política”, las dos respuestas mayoritarias son “no se” (53%) y “corrupción” (22%). Solo el 41% manifiesta manifiesta que esta contribuye al mejoramiento del nivel de vida de los mexicanos. El 44% confiesa que nunca habla de política. El 78% dice que nunca lee las noticias relacionadas con esta. No por nada los niveles de conocimiento político son bajos. El 30% de la población, por ejemplo, piensa que el presidente tiene facultades para reformar la Constitución. El 60% dice que tienen poco conocimiento de los derechos establecidos en la Carta Magna y el 36% de plano acepta que no conoce ninguno. [52]

Somos una sociedad de “ideóns”, como se conocía en Grecia a los que estaban fuera de la vida política de “la polis”. Ni siquiera sabemos cuáles son nuestras leyes, derechos y prerrogativas. La constante es que la mayoría de los mexicanos no respetamos la ley, ni a la autoridad y menos a nuestras instituciones; reina la impunidad y la corrupción.

La falta de respeto al Estado de Derecho también es evidente en la encuesta. 71% piensa que el pueblo no debe obedecer las leyes cuando estas sean consideradas como injustas. Cuando se pregunta quien respeta menos la ley, la respuesta es contundente: 7% los ciudadanos, 31% los gobernantes y 42% dice que simplemente ninguno la respeta. También destaca la falta de tolerancia: 55% no está de acuerdo en salga en TV una persona que va a decir cosas que están en contra de sus convicciones. [53]

Este es un país intolerante, clasista, racista y xenófobo, por lo tanto ignorante y de sociedad cerrada, según el concepto de Karl Popper. Siempre nos dijeron lo contrario, pero una simple revisión a la vida histórica de nuestro país, demuestra lo que afirmo. Desde el comienzo de nuestro País (1821), arrastramos una serie de vicios y errores que debemos de abandonar o desaparecer, ejemplo de esto son la corrupción, el fanatismo religioso, la simulación, la ignorancia, la inseguridad, la falta de una buena recaudación fiscal; todos estos vicios tienen relación con una ciudadanía de baja intensidad.

“…la calidad de la vida pública de una comunidad es superior cuando las redes ciudadanas intervienen. Si los individuos, en el pleno ejercicio de sus derechos políticos, se involucran en la resolución de los problemas, se tiene una mejor educación, desarrollo urbano y seguridad pública. Más aún, las asociaciones civiles sirven como contrapeso más a las  instituciones del Estado, lo cual incrementa la rendición de cuentas y la fiscalización de los dineros públicos. Si las instancias de poder se sienten vigiladas por los ciudadanos, cometen menos abusos.

Una ciudadanía robusta también incrementa la efectividad del gobierno, así lo ha demostrado, en un estudio brillante, el politólogo norteamericano Robert D. Putnam, quien investigó este fenómeno por veinte años en los gobiernos regionales italianos. Dice Putnam:

Aunque todos los gobiernos regionales parecían idénticos en el papel, sus niveles de efectividad variaban dramáticamente. Información sistemática demostró que la calidad de la gobernanza estaba determinada por tradiciones antiguas de compromiso cívico (o por ausencia). La participación electoral, la lectura de periódicos, la membrecía en sociedades corales o clubes futboleros –estos fueron los sellos de una región exitosa-. De hecho, el análisis histórico sugirió que estas redes de reciprocidad organizada y de solidaridad cívica, lejos de ser un epifenómeno de la modernización socioeconómica, fueron una precondición de esta”.[54]  

La ciudadanía entre otras muchas cosas es una red, un autentico tejido social, el cual está roto en la sociedad mexicana desde hace tiempo. “En la Ciencia Política hay pocos debates donde haya tanto consenso. Las ideas y la evidencia empírica coinciden: una robusta ciudadanía es condición sine qua non para el desarrollo y consolidación de la democracia”. [55] Como ya había comentado con anterioridad, si queremos transitar a un Estado Democrático, debemos comenzar por formar a los ciudadanos que convivan dentro de este Estado, con una ciudadanía politizada, tolerante, abierta y participativa.

México necesita ciudadanos que se involucren de lleno en la cosa pública. Una ciudadanía robusta que participe, que demande, pero también contribuya. Si pasamos del régimen clientelar autoritario a uno clientelar empresarial, sin que sea posible desarrollar verdaderos ciudadanos, la democracia no tendrá su columna vertebral y, a la larga, acabara desarticulándose. [56]

En este orden de ideas, México necesita una nueva generación de mexicanos con una mentalidad que piense más en los derechos sociales, más que en los particulares, muy difícil de lograrlo, pero no imposible, esto se logra en sociedades que han sufrido guerras, la nuestra está viviendo la propia, “la guerra del narcotráfico” cuenta ya con 50 mil muertos en este sexenio según el semanario “Zeta” especialista en el tema, además del propio gobierno reconoce esta cifra. La transformación se está viviendo, o mejor dicho; “la estamos padeciendo”.

“El ciudadano mexicano parece ajeno a dos valores clave del individuo cívico democrático concebido por John Locke: el respeto a la ley y la creencia en la justicia”. [57] Existe un común en la historia de México, la falta de respeto a la ley y la falta de tolerancia, de aquí se desprenden la falta de igualdad y la creencia en que la justicia solo es para quien tiene dinero para comprarla.

En el reciente estudio sobre “Ciudadanos y cultura de la democracia”, Julia Flores y Yolanda Meyemberg sostienen que en la adscripción a la legalidad y a la representatividad, aspectos imprescindibles para considerarse ciudadano, se muestra “una fractura debido a la inconsistencia entre lo que se estipula en el derecho y lo que se ejerce en su nombre”. Flores y Meyemberg aprecian en las percepciones de los mexicanos “una tensión entre las normas establecidas y las prácticas políticas que se ejercen en su nombre. [58]

Esto es simplemente el doble discurso que practicamos los mexicanos, otros lo llamarían doble moral o simplemente hipocresía, este es otro de los vicios ciudadanos en México. El doble juego de sumisión ante la autoridad y la falta de respeto por la ley. El desprecio que tiene el individuo en México se debe o tiene su fundamento en el rencor que tenemos los mexicanos por el abuso de los más poderosos, sobre los más débiles, con la creencia de que las leyes las hacen los poderosos, por lo tanto desobedecer la ley, es vengarse de los muchos agravios recibidos por generaciones. Asimismo, no obedecer la ley, es tanto como cobrarme las cuentas pendientes acumuladas, algo así como hacer justicia por propia mano. La prueba de que esta afirmación es verdadera, es como se desprecia a las instituciones encargadas de impartir justicia; Procuraduría General de la República, Procuraduría Estatal de Justicia, Ministerio Público, Policía, Procuraduría del Consumidor, etc. Así como también, los legisladores son igualmente considerados como corruptos y poco éticos; los diputados y senadores son para la sociedad civil los más fieles representantes de lo peor del sistema político mexicano, son totalmente abyectos.

En este mismo orden de ideas, el privilegio es otro de los vicios arrastrados por los mexicanos, y una forma de privilegio es un Estado de excepción, esto es, que la ley no es para todos, la clase privilegiada de México no tiene por que acatar la ley, esta es para el pueblo común y corriente. La impunidad se convierte en una mercancía a la cual todos aspiramos tener y gozar. Tener fuero, tener un carro de lujo, acudir a un restaurante o antro de moda, tener de pareja a una mujer o a un hombre atractivo, vivir en una zona exclusiva de la ciudad, ser diputado o narcotraficante respetado, son a lo que  aspiramos los mexicanos de hoy; nuestros valores están tergiversados y por lo tanto mal entendidos, el hombre exitoso no es quien estudia más, o el que mejor se porta, sino el que más tiene, no importa el origen de la acumulación de la riqueza, no hay ética ciudadana o en otras palabras “civismo”.

2.2.       El déficit de la pedagogía democrática.

“La democracia en nuestros países un desarraigo afectivo. Los ciudadanos no invierten pasiones y sentimientos en su participación política. El fenómeno se expresa en desinterés por la política y el voto”.[59] La pasión y sentimientos están en otra parte, por ejemplo en el futbol, en las telenovelas, en la fiesta, en el alcohol, no están precisamente en la preocupación por el buen funcionamiento de la ciudad, del gobierno, o de los políticos. Son una especie de válvulas de escape para los problemas cotidianos, sobre todo para las diferencias tan grandes que existen en nuestra sociedad desequilibrada, no se vive la democracia que tanto se proclama, la democracia no alcanza todos los estratos de la sociedad.

Por otra parte, la representación de la democracia supone que la diversidad social se reconozca como parte de algo común. Sin embargo, las desigualdades (viejas y nuevas) suelen generar a tal punto distancias entre los ciudadanos, que la democracia no alcanza a configurar un “mundo común. [60]

La democracia es una forma de que exista igualdad y equidad, pero ¿Qué es la democracia?, ¿Qué es la democracia representativa?, y ¿Qué es la Poliarquía?

Concepto de Democracia: según Giovanni Sartori, este concepto proviene del griego (demos) pueblo y (kratos) poder, el poder del pueblo o poder popular y no el gobierno del pueblo.

Heinz Dieterich Steffan, comenta que; la Democracia Participativa se refiere a la capacidad real de la mayoría ciudadana de decir sobre los principales asuntos públicos de la Nación. En este sentido se trata de una ampliación cualitativa de la democracia formal, en la cual el único poder de decisión política reside en el sufragio periódico por partidos-personajes políticos. En la democracia participativa, dicha capacidad no será coyuntural y exclusiva de la esfera política, sino permanente y extensiva a todas las esferas de la vida social, desde las fábricas y los cuarteles hasta las universidades y medios de comunicación. Como nos comenta Heinz Dieterich; la Democracia es permanente y se ejercita en los espacios públicos como son las escuelas, donde se trata de incidir directamente en la toma de decisiones, donde se trata de compaginar la Agenda Pública con la Agenda de Gobierno, acción no fácil de realizar, por lo que se tiene que estar organizado y preparado para tal encomienda, se trata de formar individuos consientes y participativos, “ciudadanos de alta intensidad”, todo esto con el fin de vivir en mejores condiciones de vida, en otros palabras con “calidad de vida”, esto es llegar a una isología, o isogonía, esto es, una igualdad ante la ley, para que llegamos a una sociedad democrática que conlleva:  

·     Forma de elección, esto es una forma pacífica de sucesión del gobernante, basado en las elecciones democráticas periódicas como medio para hacerlo,
·
           Una forma y sistema de gobierno basado en la división de poderes y un Estado de Derecho,
·   
     La democracia como forma de vida, esto es, que la democracia se manifieste de forma concreta, se viva y se sienta, lo que se ha llamado “calidad de vida”; lo que implica una calidad en la salud, seguridad, educación, vivienda, alimentación y el empleo, además;
·         
     Transparencia en el ejercicio de la Administración Pública, rendición de cuentas y acceso a la información, de manera total y sin restricciones.

En un concepto más contemporáneo, Roberth A. Dahl lo resumen en su libro de la Poliarquía, donde la democracia es un procedimiento con una serie de requisitos (elecciones libres, periódicas y competitivas) y separa el sistema político de los éxitos que se pudiera alcanzar en bienestar social para los ciudadanos. Para que un sistema político funcione bien los ciudadanos deben poder; formular sus preferencias, expresar esas preferencias a otros y al gobierno mediante la acción individual o colectiva y lograr que las propias preferencias sean consideradas por igual, sin discriminaciones en cuanto a su contenido u origen. Para que se dé lo anterior el Estado tiene que garantizar; la libertad de asociación o de organización, la libertad de pensamiento y expresión, el derecho de sufragio activo y pasivo, el derecho a competir por el apoyo electoral, fuentes alternativas de información accesible, elecciones periódicas libres y justas que produzcan mandatos limitados, existencia de instituciones que controlen y hagan depender las políticas gubernamentales del voto y de otras expresiones de preferencias. La democracia es un concepto teórico; por lo mismo, no necesariamente ocurre en la realidad, ni ha ocurrido o es posible que lo haga. La poliarquía es, en un plano bidimensional, un régimen con alto grado de apertura, de debate público y de participación ciudadana.

“El modelo de economía imperante en nuestros países y en el mundo es esencialmente incompatible con la vida política y con la democracia”. [61] Hemos llegado a un punto donde nos damos cuenta que el modelo económico neoliberal es corruptor de la sociedad civil y lógicamente del ciudadano común y corriente, por lo tanto es enemigo de la democracia, enemigo de la República.

Existen dos tipos de déficit en las democracias latinoamericanos actuales. El primero viene propiamente de las llamadas transiciones democráticas, sean estas desde regímenes oligárquicos, autoritarismos civiles, dictaduras militares tradicionales,regímenes militares modernos o situaciones de guerras civiles. Es el déficit de las transiciones. 


[1] Cisneros 2000, 135.
[2] Cisneros 2000, 138.
[3] Olvera 2008,  20.
[4] Peschard 1998, 10.
[5] Peschard 1998, 10.
[6] Peschard 1998, 10.
[7] Peschard 1998, 10.
[8] Peschard 1998, 11.
[9] Peschard 1998, 11.
[10] Peschard 1998, 11.
[11] Cisneros 2000, 136-137.
[12] CPEUM, Capítulo IV, De los Ciudadanos, articulo 34, 35 y 36.
[13] Cisneros 2000, 136 y 137.
[14] Antaki 2000, 109.
[15] Ibídem pág. 110.
[16] Ib. Pág. 111.
[17] Cisneros 2000, 136 y 137.
[18] Cisneros 2000, 136 y 137.
[19] Ib. Pág. 124.
[20] Ib. Pág. 125.
[21] Ib. Pág. 128.
[22] Sartori 2003, 212.

[23] Olvera 2008, 7.
[24] Ib. Pág. 36-37.
[25] Ib. Pág. 38.
[26] Ib. Pág. 39.
[27] Ib. Pág. 40.
[28] Ib. Pág. 40.
[29] Ib. Pág. 40.
[30] Peschard 1998, 11.
[31] Peschard 1998, 11.
[32] Peschard 1998, 9.
[33]Segovia, 2002, 31. 
[34] Segovia, 2002, 34.
[35]Escalante 2002, 34. 
[36] Escalante 2002, 35.
[37] Escalante 2002, 35.
[38]  Escalante 2002, 36.
[39]  Acosta 2002, 36.
[40]  Acosta 2002, 37.
[41] Acosta 2002, 37.
[42] Acosta 2002, 37.
[43] Acosta 2002, 37.
[44] Acosta 2002, 37.
[45] Reyes 2002, 39.

[46]  Zuckermann 2002, 41.

[47]  Zuckermann 2002, 41.
[48]  Zuckermann 2002, 41.
[49]  Zuckermann 2002, 41.
[50]  Zuckermann 2002, 42.
[51]  Zuckermann 2002, 42.
[52]  Zuckermann 2002, 42.
[53]  Zuckermann 2002, 42.
[54]  Zuckermann 2002, 44.
[55]  Zuckermann 2002, 44.
[56]  Zuckermann 2002, 44.
[57] Juárez 2002, 45.
[58] Juárez 2002, 45.
[59]  Lechner 2002, 47.
[60]  Lechner 2002, 48.
[61]  Garretón 2002, 49. 

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