sábado, 11 de agosto de 2012

2271. LOS DE ENTONCES, ENCABEZADOS POR MIGUEL ALEMÁN, HABÍAN JUGADO UN PAPEL IMPORTANTE EN EL TRIUNFO DEL GENERAL MANUEL ÁVILA CAMACHO

PARA GL. CONRADO, DE…

Carlos Acevedo Martínez.
Comentarista y analista político.
Desde Tuxtla Gutiérrez,
Chiapas. México.
Para
tenepal de CACCINI

Estimado Conrado:

Lánzate por las palomitas  y los chescos, tómate tu valium y acomódate en tu mecedora, porque te voy a contar otro episodio del origen del grupo Atlacomulco (¡ay ojón!), y no es por nada, pero está de pelos: nos habíamos quedado en que Fernando Ortiz Rubio, sobrino del preciso, fumigó con una 45 al gober del Estado de México, el general Zárate Albarrán y lo mandó al otro barrio. Todo mundo decía que era asunto político, ya por haber roto un cacicazgo en el gobierno o por andar haciendo roncha con un grupo de gobernadores. (O sea, que la Conago viene siendo  la versión moderna, corregida y aumentada, de los gobernadores gandallas).

Los de entonces, encabezados por Miguel Alemán, habían jugado un papel importante en el triunfo del general Manuel Ávila Camacho, y otra cosa; por primera vez no habían sido los jefes del ejército, sino los jefes políticos (aunque muchos de ellos fueran generales), los que habían inclinado la balanza de la victoria presidencial y, naturalmente, no querían perder esa teta, perdón, esa posición, por lo que decidieron hacerse una y llevar a cabo periódicamente, con el pretexto de intercambiar experiencias sobre problemas comunes y reunir información quesque para dársela al presidente como ayuda para su gobierno, “reuniones de trabajo” en diversos estados de la República.

Cuando ocurrió el asesinato que te platiqué la vez pasada, este grupúsculo de gobernadores ya habían celebrado en Mazatlán (¡ay mi Mazatlán!, perlita escondida entre los encantos del agua del mar, azúl…) una reunión que, según los comentaristas de la época, terminó en una cena de negros. Zárate Albarrán, gobernador del Estado de México, pretendía que se celebrara otra y se puso a cabildear entre sus compinches, perdón, entre sus colegas, con el pretexto de una junta de hombres de negocios de Coahuila, Zacatecas, Chihuahua, Durango y San Luis Potosí. (¡Híjole!, parece la ruta del narco) que se celebraría el 9 de marzo en Saltillo, y a la que acudirían acompañando a los empresarios, los gobernadores de esos estados.

Los gobernadores de Jalisco, Silvano Barba González; de Sinaloa, Rodolfo Loaiza; de Guanajuato, Enrique Fernández Martínez; y de Colima, Pedro Torres Ortiz, se hacían una con Zárate Albarrán… pero “pa`los toros de El Jaral, los caballos de alla mesmo”;  en sus propias narices empezó a gestarse un movimiento contrario, presumiblemente alentado por el presidente Ávila Camacho y encabezado por el gobernador de Veracruz Jorge Cerdán y agarraditos de la mano el gobernador de Puebla, Gonzalo Bautista; el de Sonora, Anselmo Macías Valenzuela; Ramón Jiménez Delgado;  de San Luis Potosí; Noradino Rubio, de Querétaro; y Gerardo Rafael Catalán Calvo, de Guerrero.

Uno por uno esta bola de chaqueteros se fueron pronunciando públicamente en contra de la existencia de la “oficina” de gobernadores, y afirmar que cada gobernador se bastaba solo para apoyar al presidente, que no necesitaban vejigas para nadar.

Al verse entre la espada y la vergüenza, el general Zárate Albarrán tuvo que enviar en chinga una carta a la prensa, firmada por el sólo, y posteriormente una más firmada conjuntamente por él y los gobernadores Bonifacio Salinas Leal, de Nuevo León y Fernando Martínez de Guanajuato, en donde negaban perseguir fines políticos (n´ombre, cómo pasan a creer). Por su parte, el gobernador de Coahuila Benecio López Padilla, informó que la próxima reunión de hombres de negocios, se posponía hasta nuevo aviso.

La segunda carta de Zárate Albarrán salió publicada en los periódicos el 4 de marzo; un día después el diputado Ortiz Rubio lo roció de plomo. (Te dije que estaba de pelos, pero vamos a tener que dejar los pelos para la próxima). CONTINUARÁ.

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