sábado, 11 de agosto de 2012

2273. DE ESO HACE MÁS DE 30 AÑOS, ESTIMADO CONRADO, Y DESDE ENTONCES NO DEJAN DE APARECER INFINIDAD DE LIBROS DE MUJERES ESCRITORAS QUE ARRECIAN EL AGUACERO


PARA GL. CONRADO, DE…

Carlos Acevedo Martínez.
Comentarista y analista político.
Desde Tuxtla Gutiérrez,
Chiapas. México.
Para

tenepal de CACCINI

Estimado Conrado:

Te confieso que en ocasiones, me imagino que te sentirás abrumado y hasta te preguntarás si no tengo nada más qué hacer, que estarte quitando el tiempo… sí, ya me imagino; hasta colorado te has de poner con la pena (¿o tú no eres penudo?) por la vulgaridad que desparrama este modesto ídolo de multitudes en cada renglón (hasta torcidos quedan)… Por eso hoy vamos a platicar de tus meros moles… Tú que eres amante del séptimo arte, te has de acordar de aquella película de fines de los 70`s o principios de los 80`s si mal no recuerdo, titulada “Sólo para mujeres”: llevaba como estrella principal a Ana Luisa Pelufo (todavía era un bombón), pero la cinta fue un rotundo fracaso en las taquillas (el día que yo la fui a ver, había más hombres que mujeres en la sala a medio llenar) y es que la exhibición de las partes pudendas de los machines resultó muy gruesa para aquellos días de hace treinta y tantos años, todavía con muchas más restricciones convencionalistas.

A ver si te acuerdas; en esta cinta además de la Pelufo, también lucen su palmito tres cueros como la sonorense Alicia Encinas, la apapachable Flor Procuna y ese manguito petacón que era Mónica Prado. Según la novela en que se basa la película, es la historia de cuatro esposas mexicanas, que cansadas de que sus maridos no les cumplan como Dios manda, a pesar de que les son infieles con otras viejas lagartonas,, deciden echarse un “sexi-tour” a San Antonio, Texas para asistir a las funciones del famoso Estudio Five, en el que la variedad consiste en un “Strep-Tease” continuo hecho por hombres. Se trata de un cabaret en donde no se admiten clientes varones, sólo mujeres que van a recrearse viendo (y tocando, ¡but of course!) a batos encuerados con todas sus vergüenzas de fuera (por eso escogen a puros vergonzudos).

De eso hace más de 30 años, estimado Conrado, y desde entonces no dejan de aparecer  infinidad de libros de mujeres escritoras que arrecian el aguacero que se ha desatado sobre la cabezas de los “machos” mexicanos, para demostrar que no servimos para maldita la cosa en los deportes horizontales. Nos acusan sin medida ni clemencia, de que “las dimensiones de nuestros órganos son excesivamente ínfimas” (¿no será que ellas son excesivamente golosas?), que “existe una lamentable falta de control neuropsicológico” y por eso nos venimos antes de que nos llamen; que “los mexicanos en las cantinas desprenden núcleos homosexuales, porque son más cariñosos, efusivos y tiernos con los borrachos que con sus esposas”; que no sabemos “ni elementalmente las condiciones primarias del apareamiento sexual” (¡eso ya calienta!).

Allí parara todo, estimado Conrado, pero qué va, también dicen que “999 de cada mil mujeres casadas mexicanas se van a la tumba sin conocer el finiquito de la cohabitación, porque los mexicanos asisten a este rito más animal que racionalmente”. En fin, una de estas escritoras, Hilda Bruckner, de plano dice con todas sus letras, que los mexicanos somos “los peores maridos y amantes del planeta”… ya, que sea menos.

Como que se incomoda uno, no creas, pero ya dendenantes un chingo de sesudos intelectuales machines nos habían puesto como dicen que Dios puso al perico, entre ellos Leopoldo Zea (Conciencia y posibilidad del mexicano), Abelardo Villegas (Filosofía de lo Mexicano), Alfonso Reyes (Con la X en la frente), Santiago Ramírez (El mexicano, Piscología de sus Motivaciones), Octavio Paz ((El Laberinto de la Soledad), Oscar Lewis (Antropología de la pobreza-Los hijos de Sánchez… ¿ya te diste cuenta que cincuenta años después seguimos siendo los mismos mexicanos, pero con celular?) y un titipuchal de estudiosos que nos ponen parejos y de inútiles, de ilusos, de cursis, de maricones, de acomplejados, de impreparados, de incapaces de satisfacer a una dama en la piedra de los sacrificios, no nos bajan.

Ya nos agarraron de sus puerquitos, y como Colosio (que Dios tenga a fueguito manso) las cosas han dado un giro de 180 grados, porque no hace mucho todavía, de lo que teníamos fama era precisamente de todo lo contrario, de “machotes”, de tener tres hijos en cada cuadra, de “latin lovers”, de andar con tres o cuatro viejas al mismo tiempo, de traerlas a todas muertas. Pero así somos los mexicanos, agarramos un tema o una costumbrita, como la de pedir prestado, por ejemplo, y hasta el exceso.

¿No crees, estimado Conrado, que ya estuvo suave de que nos estén restregando en el patio de la cara, que en la cama no servimos ni para almohada… Ya estará uno vejuco, pero a todas esas escépticas, todavía podemos decirles que a las pruebas nos remitimos, que caray… faltaba más.

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