viernes, 9 de agosto de 2013

3283. TOLSTÓI: CARNE Y ESPÍRITU

Reporte Z

 Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Tolstói:  Carne y Espíritu

No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo.
Leon Tolstoi, 1828-1910. Liev Nikoláievich Tolstói.
Novelista ruso, profundo pensador social y moral.


La figura de León Tolstói me apasionó siempre. Él representó en mi juventud, la lucha interior que todos debemos de librar antes de elegir el camino: el impulso espiritual a darlo todo, contra el instinto que empuja a satisfacer los deseos más  perversos, el deseo contra el poder de la voluntad, la energía báquica de la juventud contra el autocontrol, Eros contra Tánatos, el Yo contra la Conciencia, la carne contra el espíritu. Recordé a Tolstói  al leer reportajes sobre la vida del gigante ruso en  de La Jornada Semanal del domingo pasado (la portada es genial).

De su pedagogía apliqué en mi época de docente la libertad total de los alumnos que podían entrar y salir sin pedir permiso, permanecer sentados en la banqueta o en su butaca, hacer o no hacer durante la clase, tomar nota o sólo escuchar, hablar o callar.

Un hombre como León Tolstói es indefinible, impredecible, sus múltiples dimensiones lo hacen un buscador, alguien que lo mismo es un joven noble entregado a los placeres, que un campesino, un aprendiz de zapatero que estudiante de griego; un soldado que jugador empedernido, al grado que perdió su hacienda en los juegos de azar, pero al escuchar el nombre de Tolstói lo primero que nos viene a la cabeza es el oficio escritor.

Durante más de seis décadas León llevó un diario y escribió miles de cartas, en total 45 volúmenes que los estudiosos consideran prosa íntima del gran escritor, eso aparte de las novelas que escribió. En sus escritos Tolstói dejó imágenes de lo que fue su vida, intensa, como es la vida de muchos artistas que deciden seguir los impulsos de sus corazones.

En Tolstói se refleja la evolución de un hombre que quedó embrujado por la atracción de la guerra y que después se convertiría en un pacifista convencido, un hombre que se entregó a la cacería y que posteriormente se transformó en vegetariano y un apasionado defensor de la vida en todas sus formas. La vida de León es apasionante, hijo de una princesa. Heredó la fortuna de sus padres y en su juventud adquirió el vicio del juego.

El joven aristócrata sufrió un choque al regresar de la universidad al campo en donde vio por primera vez la miseria de los campesinos, desde entonces su espíritu rebelde no dejó de ver la injusticia; el despertar de León ocurrió en el momento justo, cuando la vida lo puso ante una realidad hasta entonces desconocida para él, las inhumanas condiciones de vida de sus trabajadores, de los campesinos que labraban las extensas tierras de su familia.

En la biografía del escritor publicada en wikipedia, leí algo que quiero compartires y que dice: Sus discrepancias con la Iglesia Ortodoxa también se hicieron notorias al negar abiertamente su parafernalia litúrgica, denunciar la inútil profusión de iconos, los enrarecidos ambientes con olor a incienso y la hipocresía y superficialidad de los popes”. ¿Alguna coincidencia con los católicos, musulmanes, budistas? Por supuesto que los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa a la que pertenecía León, lo presionaron hasta que lo excomulgaron.

La crónica de la vida del escritor ruso, de un autor anónimo publicada en www.biografíasyvidas.com, ilustra aspectos notables en la vida de León cuando ya era un pacifista que predicaba la doctrina de la no violencia, la doctrina del amor: “Además, cargó contra el ejército basándose en el Sermón de la Montaña y recordando que toda forma de violencia era contraria a la enseñanza de Cristo, con lo que se ganó la enemistad juramentada no sólo de los militares sino del propio zar. Incluso sus propios siervos, a los que concedió la emancipación tras el decreto de febrero de 1861, miraron siempre a Tostoi, hombre tan bondadoso como de temperamento tornadizo, con insuperable suspicacia.

A pesar de ser persona acostumbrada a meditar sobre la muerte, el trágico fallecimiento de su hermano Nicolás, acaecido el 20 de septiembre de 1860, le produjo una extraordinaria conmoción y, al año siguiente, se estableció definitivamente en Yasnaia Poliana. Allá trasladará en 1862 a su flamante esposa Sofía Behrs, hija de un médico de Moscú con quien compartió toda su vida y cuya abnegación y sentido práctico fue el complemento ideal para un hombre abismado en sus propias fantasías.

Sofía era entonces una inocente muchacha de dieciocho años, deslumbrada por aquel experimentado joven de treinta y cuatro que tenía a sus espaldas un pasado aventurero y que además, con imprudente sinceridad, quiso que conociese al detalle sus anteriores locuras y le entregó el diario de su juventud donde daba cuenta de sus escandalosos desafueros y flirteos. Con todo, aquella doncella que le daría trece hijos, no titubeó ni un momento y aceptó enamorada la proposición de unir sus vidas, contrato que, salvando períodos tormentosos, habría de durar casi medio siglo.”

El siguiente párrafo de la biografía prueba que sin el apoyo de sus respectivas mujeres, las obras de grandes escritores como Tolstói, García Márquez, Octavio Paz, por mencionar sólo a algunos, no se habrían realizado. Tolstói se casó con Sofía (sabiduría) una joven que se ocupó de casa e hijos para dar al escritor la tranquilidad que requería: “Merced a los cuidados que le prodigaba Sofía en los primeros y felices años de matrimonio, Tolstoi gozó de condiciones óptimas para escribir su asombroso fresco histórico titulado Guerra y paz, la epopeya de la invasión de Rusia por Napoleón en 1812, en la que se recrean nada menos que las vidas de quinientos personajes. El abultado manuscrito fue pacientemente copiado siete veces por la esposa a medida que el escritor corregía; también era ella quien se ocupaba de la educación de los hijos, de presentar a las niñas en sociedad y de cuidar del patrimonio familiar.”, la mujer se merecía la mitad de la gloria que se le tributa al escritor.


Su espíritu sensible lo hacía llorar al presenciar un amanecer, sus últimas palabras “amo a muchos”, reflejan el nivel de conciencia espiritual al que llegó León, a quién por supuesto, consideraban un excéntrico. Su obra es inmensa: “Si Guerra y paz había comenzado a publicarse por entregas en la revista El Mensajero Ruso en 1864 y se concluyó en 1869, muchas fueron después las obras notables que salieron de su prolífica pluma y cuya obra completa puede llenar casi un centenar de volúmenes. La principal de ellas es Ana Karenina(1875-1876), donde se relata una febril pasión adúltera, pero también son impresionantes La sonata a Kreutzer (1890), curiosa condenación del matrimonio, y la que es acaso más patética de todas:La muerte de Iván Ilich (1885).

Al igual que algunos de sus personajes, el final de Tolstoi tampoco estuvo exento de dramatismo y el escritor expiró en condiciones bastante extrañas. Había vivido los últimos años compartiendo casi todo su tiempo con depauperados campesinos, predicando con el ejemplo su doctrina de la pobreza, trabajando como zapatero durante varias horas al día y repartiendo limosna. Muy distanciado de su familia, que no podía comprender estas extravagancias, se abstenía de fumar y de beber alcohol, se alimentaba de vegetales y dormía en un duro catre.

Por último, concibió la idea de terminar sus días en un retiro humilde y el octogenario abandonó su hogar subrepticiamente en la sola compañía de su acólito el doctor Marivetski, que había dejado su rica clientela de la ciudad para seguir los pasos del íntegro novelista. Tras explicar sus razones en una carta a su esposa, partió en la madrugada del 10 de noviembre de 1910 con un pequeño baúl en el que metió su ropa blanca y unos pocos libros.

Durante algunos días nada se supo de los fugitivos, pero el 14 Tolstoi fue víctima de un grave ataque pulmonar que lo obligó a detenerse y a buscar refugio en la casa del jefe de estación de Astapovo, donde recibió los cuidados solícitos de la familia de éste. Sofía llegó antes de que falleciera, pero no quiso turbar la paz del moribundo y no entró en la alcoba hasta después del final. Le dijeron, aunque no sabemos si la anciana pudo encontrar consuelo en esa filantropía tan injusta para con ella, que su últimas palabras habían sido: "Amo a muchos".

Finalmente, ¡Qué vida tan intensa!

Nuestras demandas siguen, a pesar de que parezcan cada vez más utópicas:

REDUCCIÓN DE SALARIOS y PRIVILEGIOS EN TODOS LOS NIVELES DE GOBIERNO E INSTITUCIONES DEL ESTADO, INCLUIDOS LOS LEGISLADORES. REDUCIR DE 500 A 300 DIPUTADOS, ABRIR LAS CANDIDATURAS A LOS CIUDADANOS INDEPENDIENTES. QUE HAYA REFERÉNDUM, DESAPARECER A LOS SENADORES, CANCELAR  LOS SEGUROS MÉDICOS PRIVADOS A  FUNCIONARIOS PÚBLICOS Y LEGISLADORES, QUE SE ATIENDAN EN EL IMSS Y EL ISSSTE. CANCELAR PENSIONES A EX PRESIDENTES. QUE SE CANCELE EL FINANCIAMIENTO PÚBLICO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS AL MÍNIMO. QUE SE RESCATE EL IFE,  LOS TRIBUNALES ELECTORALES Y LA SCJN DE LA MAFIA PARTIDISTA. QUE DESAPAREZCAN LOS LEGISLADORES PLURINOMINALES. CANCELAR EL FUERO Y QUE SE LEGALICE EL  PLEBISCITO Y REVOCACIÓN DEL MANDATO.

¡Yo amo la paz y la libertad!                                                    

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