jueves, 3 de septiembre de 2015

6559. SABER, CONOCER Y APRENDER.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
Doceava parte.

Grandes fueron los sufrimientos del Señor Obispo S. de Jesús Fernández Barragán  en la Diócesis a la que había entregado por completo su vida y todo lo que ella significaba, a tal grado que, cuando fue trasladado a la Basílica de Guadalupe, le dijo, jocosamente, al Señor Obispo de León Don Emeterio Valverde y Téllez: He cambiado una mitra de espinas por otra de rosas.

Aquel cambio total de su vida, el ser reducido a la inactividad pastoral de un Abad, la incomprensión y, a veces, las continuas dificultades que encontró con el Cabildo de la Basílica, debido a su cerrazón y mala disposición , su emigración a los Estados Unidos, durante la persecución carranzista, fueron minando poco a poco su salud a tal grado que, en 1925, renunció a su cargo y se fue a su querida Santa Inés, donde pasó los últimos años de su vida, haciendo el bien a sus paisanos y sufriendo, a pesar de ser pacifista y no partidario de la fuerza armada, algunos desacatos e irreverencias por parte de los soldados callistas.

Ahí en su tierra y entre los suyos, el 31 de diciembre de 1928, murió el Señor Fernández con las manos llenas de buenas obras, con el corazón cargado de sufrimientos e incomprensiones, pero con el alma henchida de amor a Cristo y a las almas. Contaba con 63 años de edad, 38 de Sacerdote, 29 de Obispo y la admiración, el respeto y el agradecimiento de muchos.

Hasta después de muerto lo alcanzó el infortunio: su hermano el Padre Don Ignacio Fernández lo tuvo que enterrar de noche, debido a la persecución religiosa.

Los caminos de Dios son inescrutables, pero quizás Zamora, al irse el Señor Fernández de la Diócesis, perdió a un gran Obispo, pues iba sin duda a suceder al gran Obispo Cázares y su obra tendría que haber sido de gran beneficio para la Diócesis...

En la Revista Eclesiástica de Zamora, de la que el Señor Fernández fue fundador, se escribió el año de 1965 algo que puede ser el resumen de la vida, el retrato de este gran hombre : “Un hombre eminente, no cabe duda, aunque un hombre incomprendido y vituperado injustamente. Un hombre que cabría perfectamente en nuestro tiempo de renovación, de “revolución”, de adaptación a la mentalidad del Concilio, aunque la realidad y el “conservantismo” de esos tiempos le hayan impedido realizar lo que pretendía”.

A la muerte del Señor Cázares, en Zamora y en todas las Diócesis, en los corrillos eclesiásticos y entre el pueblo, se comentaba lo difícil que iba a ser llenar el hueco que aquel hombre extraordinario había dejado... También en Oaxaca, el Señor Arzobispo Gillow lo comentaba, porque conoció y trató al Señor Cázares y porque supo y vio personalmente parte de su labor apostólica en Zamora, pues él había estado en alguna ocasión,  invitado por el Obispo Coadjutor, Señor Fernández, a pasar unos días por estas tierras, en plan de descanso y de experiencia pastoral: Zamora, Estación Moreno, Jiquilpan, Sahuayo, la ribera de Chapala y Yurécuaro, para tomar el tren de regreso a México. Él oyó en esa ocasión y comprobó por sí mismo, la enorme labor del Señor Cázares. Y, sin duda alguna, fue él el que recomendó a su Vicario General y protegido, Don José Othón Núñez Zárate, como sucesor del Señor Cázares en la Diócesis de Zamora, sugiriendo que era la persona indicada  para  tratar de llenar aquel hueco, difícil de cubrir. Su recomendación fue atendida y Don José Othón fue nombrado Obispo de Zamora.


Continuará.

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