viernes, 4 de septiembre de 2015

6566. Y CON ESO TENEMOS BASTANTE.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Y con eso tenemos bastante.
Esperábamos en la iglesia a que empezara la misa de bodas de plata de tía Lola y tío Valerio. El del teclado, muy acalorado, embutido en el traje de gala del colegio (azul marino asoleado, dos tallas más chico), sentado en una banca con los pies colgando, dudaba de la misericordia de Dios, incrustado entre dos sofocantes cetáceos, tía Concha y tía Morita (ignoro a la fecha su nombre), perfumadas como para erradicar el paludismo. Unos manazos, más que acordes del órgano del templo, anunciaron el inicio del paseíllo por el corredor central de la mal avenida pareja que celebraba 25 años de tempestuoso matrimonio. Todos se pusieron de pie (¡bendición del Cielo!), López se paró en la banca, para ver a los tíos hacer ese papelazo (desde chiquillo con sentido del ridículo y espíritu crítico de cincuentón cínico, que disimulaba por afecto a mi trasero), pues esa celebración se hacía después de mucho insistir las hijas porque ninguno de ellos mostraba deseos de festejar 25 años de hostilidades. Y ahí iban, ella, alta, entrada en carnes, peinado de salón y vestido largo color mamey (o parecido), él dándole el brazo, serio como de funeral, de traje gris y ofensiva corbata negra; ambos con cara de “ya ni modo”; las señoras cursis de la familia suspirando emocionadas… y de repente, casi llegando al presbiterio, sin más, la tía se detuvo y con un “swing” de derecha que retumbó en el templo por encima de la marcha nupcial, mandó al tío rodando contra las bancas y acto seguido, como pantera, se abalanzó sobre una señora de la segunda fila y aferrada a su peinado con una mano, le sorrajó varios “upper” en plena cara. Gritos, soponcios, las hijas enredadas y forcejeando con la mamá para que soltara a la otra señora, rodaron por el suelo separando las bancas, brincos de los cercanos, piernas y calzones a la vista del respetable; el cura se esfumó y se suspendió la ceremonia. Lógico. Ya más grande supe que la otra señora era o había sido amante del tío, que la invitó nomás por infame que era, sin calcular bien la reacción de su media naranja. Merecido lo tuvieron los dos cínicos.

Consigna el diario Reforma que ayer, en la ceremonia en Palacio Nacional, en que el Presidente de la república pronunció su mensaje a la nación con motivo de su tercer informe de gobierno, sentados en buenos lugares (de los preferentes, para gallos del palo de hasta arriba), se encontraban los señores empresarios José Andrés de Oteyza, de OHL, y Juan Armando Hinojosa, de Grupo Higa. Ambos, representan las empresas constructoras que demolieron el prestigio moral del actual gobierno federal, especialmente el de don Peña Nieto; el primero es el de las grabaciones escandalosas sobre las trampas que urden en esa empresa para inflar costos y sus relaciones cercanas hasta lo sospechoso con los más altos funcionarios de este gobierno; el segundo es el señor de las casas, la blanca de la esposa del Presidente, la del propio Presidente y la de don Videgaray, el señor que administra el dinero de todos nosotros, los tenochcas del peladaje que sí paga impuestos.

El Presidente aludió en su discurso a esos penosos asuntos: “El último año, ha sido difícil para México. Nuestro país se vio profundamente lastimado por una serie de casos y sucesos lamentables (…) Señalamientos de conflictos de interés, que incluso involucraron al Titular del Ejecutivo (…)”. Ya sabiendo que ahí estaban presentes don Oteyza y el tal Juan Armando Hinojosa, suenan a burla las palabras del Presidente.

No es concebible tal falta de sensibilidad por parte de todos estos; uno, el Presidente, por invitarlos; ellos, por presentarse. Y es tan inconcebible, que la única explicación es la soberbia (estos -nosotros-, nos hacen los mandados… y sí, les hacemos los mandados). Ni siquiera podemos pensar que es burla, es desprecio, por la opinión pública y la publicada. Mal andamos.

El mismo día de su reunión autocelebratoria en Palacio, se anunció que el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo 2014, otorgó a la periodista Carmen Aristegui y su equipo de colaboradores, el premio por su trabajo sobre la Casa Blanca (la de la esposa del Presidente)… y como uno es así desde chiquito, piensa que no es coincidencia, sino a propósito: un gargajo en la cara presidencial, el mero día de su fanfarria autoconcedida en Palacio Nacional.

No le basta a los del poder en México su impunidad manifiesta, sino que la presumen cuanto les es posible. Encima de que sin pudor nombró el Presidente a un empleado para que procediera a verificar que no había nada ilegal en lo de las casas, a su siguiente mensaje a la nación invita precisamente a los empresarios involucrados en el escándalo, como diciendo: ¡sí, y qué!... no, pos nada.

Por eso no puede uno creer que sea sincero su discurso de amor a México, de preocupación por el bienestar de la gente. Todo suena a burla, es burla.

Tan burla como que se atreva a prescribirle a la patria otro de sus decálogos, otro, porque van cinco: 1.- El del 21 de mayo de 2012, garantizándonos en su calidad de entonces candidato, un gobierno democrático; 2.- El del 27 de agosto de 2013, sobre seguridad y  justicia; 3.- El del 11 de agosto de 2014, para implementar ¡ya! la reforma energética; 4.- El del 27 de noviembre de 2014, para la Paz, la Unidad y la Justicia en México (después de lo de Iguala); 5.- Éste del 2 de septiembre, para enderezar al país, así, completito y con cultura también (ya se acordó… ¡ah, qué bueno!). Aparte de esos cinco decálogos (Moisés sufre), el día que tomó posesión anunció 13 acciones que harían de México otra cosa, maravillosa; y el 3 de febrero de 2015, al encargarle a don Andrade el asuntito de las casas, nos propuso 9 acciones contra la corrupción.


Quisiera uno que hubiera motivos para alabar la gestión presidencial, pero no es el caso y no se ayuda el hombre. Señor Presidente, en lugar de decálogos que ni cumple, se le propone un duólogo: cumplir y hacer cumplir la ley… y con eso tenemos bastante.

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