lunes, 7 de septiembre de 2015

6572. CON QUÉ CARA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Con qué cara.
Elena, la abuela paterno-autleca de este menda, la que no se espantaba de nada y tenía siempre buen humor, era muy querida pero todo mundo sabía que con ella, poco y bueno, porque a la mala, a todo ponía remedio. Decía mucho que no había que meterse en asuntos ajenos y que cada quien en su casa era muy dueño y señor, pero a veces… a ver, le cuento dos: llegó a vivir a la casa de junto, una familia que tenía gatos… pero muchos, 15 o más; la ventana de la recámara de ella daba junto al jardín de atrás de los vecinos y en las noches era un maullar que no dejaba dormir; se lo dijo a la nueva vecina quien le contestó muy grosera que era una metiche… ‘tá bueno. Esa noche, por ahí de las doce, la abuela empezó a echar cohetones -palomas-, por la ventana a su jardín (los aventaba desde su cama, leyendo una novela y cada vez que se acordaba echaba otro); en el silencio de la noche tronaban como bombas, los gatos huían maullando enloquecidos de susto y ella siguió hasta que le dio la gana. Varios días estuvo así; cuando le fue a reclamar la vecina, le dijo: -“Usted en su casa, gatos; yo en la mía, cuetes, y ninguna de metiche” -se cambiaron poco después. Otra vez, en su cuadra,  descubrieron los vecinos que habían puesto una casa de mala nota, con todos los inconvenientes de ese giro comercial; fueron a poner queja a la Delegación y nada pasó; fueron con doña Elena y esa misma noche la abuela, desde su azotea, cosió a balazos el tinaco de la no santa casa; al tercer tinaco hecho colador, se fueron. Al del teclado daban risa esas cosas pero un día le  dije que sí se metía en casa y cosa ajenas y me respondió: -No: lo de tu casa es del vecino si friega al vecino -faltaba más.

Varias veces ha comentado este su texto servidor que la corrupción y despelote gubernamental mexicanos, tienen muy irritado al imperio del capital, cuya sede geográfica principal son los EUA. Por un lado, la pobreza para ellos es mal negocio (sólo nosotros hemos hecho de la miseria una fábrica sexenal de millonarios); por otro lado, la corrupción tolerable para el imperio es la de ellos nada más, la de altos vuelos, de alcance restringido a una diminuta élite que organiza guerras, derroca gobiernos, bloquea países, impone políticas públicas y el consumo de sus productos; no les gusta la nuestra que frena empresas, entorpece inversiones y es caldo de cultivo de inseguridad pública. Aparte: les preocupa mucho que nuestro desorden permite temer que cualquier día, pasando a pie desde aquí, se metan a su país  terroristas de esos que usan abrigo de dinamita o brindan con cocteles de virus letales.

También se ha dicho desde esta su Feria que van a poner orden, tarde o temprano, a la buena o a la mala, porque el tío Sam no se caracteriza por ser muy respetuoso de soberanías ni nada que estorbe sus proyectos o represente el menor peligro a su población.

Bueno, pues ya está a la vista una que nos están preparando. Luego no diga que no se le advirtió.

Hace unos días el congreso guatemalteco retiró la inmunidad legal al presidente de su país, Otto Pérez Molina, quien hubo de renunciar al cargo y ya está preso, sujeto a investigación por un asunto de fraudes aduaneros en el que dicen está enredado (dicen y es inocente mientras no se lo demuestren, lo oigan y venzan en juicio… sí, pero ya lo tiraron y ya está en la cárcel, cárcel común, por cierto… en lo que se lo prueban). La investigación corrió a cargo de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que es un órgano independiente de carácter internacional, creado mediante un acuerdo firmado entre el gobierno guatemalteco y la ONU, en diciembre de 2006, para investigar las matazones causadas por grupos paramilitares y grupos ilegales de seguridad, pero luego le ampliaron las facultades y ahora investiga también la corrupción del gobierno. Todos los que trabajan en la CICIG son extranjeros y sus sueldos se los pagan donaciones internacionales (básicamente la Unión Europea y los EUA). Acabáramos.

Ya van varias veces que se llega la fecha en que la CICIG termina funciones, pero se le prorrogan.

Que la mano del tío Sam está metida en esto es innegable, al grado de que apenas en marzo de este año, el vicepresidente yanqui, Joseph Biden, fue a Guatemala a aclararle paradas al gobierno de ese país, para que se volviera a renovar el plazo del acuerdo que permite a la CICIG seguir trabajando (se vencía en septiembre de este año, se prorrogó por quinta ocasión, parece que por dos años más; la vez anterior el que solicitó la prorroga fue el que ahora está en el bote don Otto). Joe Biden insistió en que: de que la CICIG siga, depende el apoyo económico de los EUA a Guatemala; y se los dijo clarito: “La Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala debe ser prorrogada; claro que es una decisión soberana pero debe ser prorrogada si alguien espera que el Congreso de Estados Unidos se vaya a sumar a la iniciativa haciendo compromisos de miles de millones de dólares; ustedes deben estar comprometidos para limpiar el sistema. La impunidad es un problema gigantesco…”

El vicepresidente Biden, también se repasó a los empresarios, a los que el 7 de marzo pasado instó a pagar sus impuestos y a dejar de sacar su dinero del país, entre muchos cosas más, les dijo: “Señores, es muy difícil convencer a compañías extranjeras que vengan a invertir cuando sus propias compañías no lo están haciendo y sí lo hacen en el extranjero”. Suena familiar a algo que parece que está pasando en México… digo, tantito.

Por si fuera poco: la CICIG ahora también investiga las fuentes de financiamiento de los partidos políticos (¡Jesucristo-aplaca-tu-ira!).

Claro que en México no entra una CICI ni a palos, dirá usted… bueno, la cosa es cuánta presión aguanta el gobierno mexicano, de parte del tío Sam, de algunos de nuestros empresarios, de algunos de nuestros políticos… y si algún candidato a la presidencia lo agarra de bandera, cómo se van a oponer nuestros partidos… con qué cara.

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