martes, 8 de septiembre de 2015

6576. DEYECCIONES OFICIALES.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Deyecciones oficiales.
Usted sabe de Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda; terror del barrio; pesar de su familia; proscrito de “La Coronela” (billar-piquera de mala muerte del barrio)… bueno, pues una vez su mamá, tía Josefina, se llevó la sorpresa de que Pepe, a la primera, aceptó su responsabilidad sobre un delicado asunto relativo a una modalidad no prevista de relaciones laborales con “la muchacha” de la casa y después de unos instantes de inmovilidad (asombrada de que dijera la verdad), rugió: -¡Sí aceptas esto!, ¡¡¡qué no le habrás hecho!!! –y la emprendió a palos, peor que cuando mentía.

Ayer, medio mundo se dio vuelo con el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), nombrado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para investigar el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre del año pasado: el informe contradice la versión del gobierno federal (esa famosa “verdad histórica” de Murillo Karam, entonces procurador General de la República), y el resumen es: “Están desaparecidos y no fueron incinerados”.

El gobierno de México, la CIDH y representantes de los normalistas desaparecidos, firmaron un acuerdo en noviembre de 2014, para que la CIDH organizara un grupo de expertos (el hoy GIEI), con la finalidad de “esclarecer de manera independiente los hechos ocurridos el pasado 27 de septiembre del 2014”.

Ya investigaron. Ya entregaron su informe. Ya ordenó el Presidente que integre a la averiguación y se tome en cuenta.

Algunos están pandos de gusto porque los expertos independientes contradicen las conclusiones que antes anunció la autoridad: de los deudos se entiende, de los otros, no.

De que no hay pruebas concluyentes de que los 42 estén muertos (de uno ya se sabe que sí), es lo mismo que dice el informe oficial de la PGR: son y están desaparecidos hasta en tanto no se cuente con prueba concluyente de su muerte.

Otra cosa que hizo felices a algunos, es el claro desmentido que hace el grupo de expertos sobre la incineración de los cuerpos en el basurero de Cocula, Guerrero. Anunció el GIEI que “se ha generado la convicción de que los muchachos no fueron incinerados en basurero de Cocula”, esto, de acuerdo con el peritaje de un experto muy calificado en seguridad y manejo de fuego, José Torero, quien afirma que “se requieren 700 kilos de madera, 310 kilos de neumáticos y 12 horas para incinerar un solo cuerpo, mientras que 43 cuerpos requieren una carga de combustible de 30 mil 100 kilogramos de madera, 13 mil kilos de neumáticos y 60 horas”. Por su lado, antes, el 2 de marzo de 2015, Jorge Montemayor, investigador del Instituto de Física de la UNAM, dijo que es imposible que esos 43 cuerpos fueran incinerados así. ‘Tá bueno.

De que son desaparecidos mientras no haya prueba de muerte, es por ley: no fiambre, no acta de defunción (hasta que pase el plazo legal, que el 6 de octubre de 2011, el Congreso fijó en un año -antes eran seis-, a partir de que la persona fue secuestrada o “levantada”).

De que no es posible que fueran incinerados los 43 muchachos, lamentablemente para el criterio del señor Torero y el señor Montemayor, los contradicen otros dos expertos, uno de la Universidad de California en Berkeley, Guillermo Rein; y la antropóloga Forense por las universidades de Arkansas y de Tennessee, hoy jefa de la Oficina del Forense en Norfolk, Virginia, Elayne Juniper Pope. Dos expertos dicen que es imposible, otros dos dicen que sí se puede… ¡chin!

De cualquier manera, hay que reflexionar tantito: ¿en qué beneficia al gobierno federal que se haya incinerado en el basurero a los 43 normalistas? (en nada); y ¿qué diferencia habría si en lugar de los 25,230 desparecidos que acepta el gobierno, hubiera 25,272? (ninguna). Entonces, ¿cómo para qué mentir y peor, cómo para qué traer un grupo de expertos de la CIDH? Porque cuando temen la verdad nombran un empleado tipo Virgilio Andrade y se revisan ellos mismos, que la cara dura, la tienen. En este caso la apertura es porque saben que ese chivo no es de su corral.

Aparte: en el basurero de Cocula y en el río San Juan, se recuperaron 60 mil fragmentos de osamentas… ¿de dónde salieron tantos pedacitos de hueso? (está filmado y fotografiado); y se mandaron 17 muestras a la Universidad de Innsbruck, en donde se identificó el ADN de uno de los normalistas… ¿de dónde sacó el gobierno un hueso de uno de los muchachos?... ¿o “plantaron” 60 mil fragmentos?... ya es mucho.

López, desconfiado como es de los dogmas científicos, se puso a pensar en quién sabría mucho de incineraciones al aire libre… ¡los hindúes! Y a buscar, hasta que se topó con un artículo de Manjari Mishra y Binay Singh, en el “Times of India”, del 10 de septiembre de 2009, en que entrevistan a un tal Satnayaran Chowdhary quien es el responsable “del mundialmente famoso crematorio de Manikarnika Ghat, en Varanasi”, la ciudad más sagrada de los hindúes a orillas del Ganges (primera noticia), a donde llevan a sus muertos para ser incinerados junto al rio y “terminar su ciclo de reencarnación”.

Bueno, pues don Chowdhary, alegando que no cobra caras las incineraciones, entre otras cosas dice que cada cadáver tarda 3 ó 4 horas en ser cremado y consume 50 kilos de leña… 50 kilos, al aire libre (las familias ricas ponen hasta 300 kilos y madera de sándalo). Leyendo más, se enteró el del teclado que no calcinan pelvis y tórax, que cada deudo se encarga de “compactar”, pero el resto del cuerpo queda hecho cenizas… con 50 kilos de leña. Y si alguien sabe de esto, es don Chowdhary, que incinera diario entre 60 y 100 cuerpos. Lo demás son babas, puras babas.


El gobierno miente tanto y en tantas cosas, que ahora, muy justificadamente, muchos no les creen, aparte de que -no me lo va usted a creer-, pero en México hay industrias muy raras: la pobreza, el movimiento del 68 y ahora, esto, no sus deudos, pero sí unos vividores y oportunistas, que viven de las deyecciones oficiales. 

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