domingo, 13 de septiembre de 2015

6602. EN MEMORIA DE DON JESÚS

Reporte Z

Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

En memoria de don Jesús

“El pan más sabroso y la comodidad más agradable son los que se ganan con el
propio sudor”.
Cesare Cantú (1804-1895).
Historiador italiano.


Así era don Jesús Beltrán Razo, simplemente un hombre bueno, bueno como el pan que sabía elaborar con las técnicas tradicionales, en especial el bolillo crujiente y calientito que vendía todavía hace un par de meses en un puesto del mercado de Los Dolores, precisamente casi frente a la entrada de ese templo.

Originario de La Sauceda, Jesús Beltrán Razo se vino a Zamora en donde muy joven formó su familia con Antonia Estrada, con quien permaneció hasta el último momento de la vida de su amada esposa que se le adelantó en el camino que todos hemos de transitar algún día.

La figura de don Jesús en su bicicleta llevando el pan de su panadería al puesto del mercado se hizo familiar, es uno de los últimos panaderos tradicionales de nuestra ciudad, un oficio en extinción ante la competencia de las tiendas departamentales que venden bolillo a 1.50 mientras que el panadero tradicional el costo de producción es de casi dos pesos.

Pero volviendo a don Jesús, procreó con su amasa esposa Antonia 9 hijos: Bertha, Sergio, Delia, Pedro (q.e.p.d.) Jesús, Ana Rosa, Olga Lilia, Clara y Francisco. Conocí a dos Jesús en los tiempos del Padre Franco en la Divina Providencia, durante años no lo volví a ver,  hace algunos meses fui a comprarle bolillos y lo saludé sin pensar que me reconocería, pero don Jesús me reconoció de inmediato.

Con el Padre Franco don Jesús se adentró en la búsqueda espiritual que lo llevó a coordinar grupos de oración durante más de cuatro décadas, fue de los laicos que se comprometieron con el proyecto de renovación en el Espíritu Santo que el sacerdote promovió desde finales de los años 70´s al poniente de la ciudad.

Uno de sus hijos, Sergio, es como mi hermano porque desde niños compartimos la pasión por el fútbol. Vivíamos por el barrio de la Divina Providencia y pasábamos las tardes jugando en el campo del Hueso, un antiguo cementerio que estaba junto al canal del Calvario, en la esquina que forman las calles de Galeana y Michoacán.

Don Jesús siempre fue panadero, alguna vez intentó desempeñar otros oficios, pero siempre volvió a su vocación de panadero. Trabajador incansable, don Jesús deja un ejemplo de fortaleza a sus hijos e hijas.

Hombres como don Jesús, sencillos, trabajadores, hacen la diferencia. Trabajar, amar y orar son tareas sencillas, aparentemente inocuas y sin efectos, pero algo bueno queda del ejemplo de hombres que como don Jesús, viven para su familia y para su trabajo. Un abrazo a sus hijos y en especial a mi hermano Sergio.

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