jueves, 17 de septiembre de 2015

6618. LLANTO CON HIPO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Llanto con hipo.
Tía Beatriz, de las de Autlán de la Grana, Jalisco, ya muy viejita no iba a ningún lado, pero quería saber todo, especialmente de los eventos familiares; esto, no sólo por natural interés sino porque los 97 años que vivió, los dedicó al chisme. Exigía que le contaran con detalles, cumpleaños, bautizos, bodas, primeras comuniones, fiestas o funerales, con asistentes, vestimentas, quienes se sentaron en la mesa de quienes, si hubo desfiguros o malos modos, una verdadera tortura a la que algunas matronas del clan, de mil amores se prestaban, aficionadas también al canibalismo de parentela. A tía Beatriz no le gustaba que la prima Olga le contara porque, por ejemplo, del bullanguero funeral de tío Chucho, con dos viudas, sólo dijo: -Lo velaron primero, luego lo enterraron, y ya –y oiga usted, hubo mucho más (con decirle que hubieron de cambiarle caja porque acabó llena de agujeros de la balacera que se armó… cosas de pueblo, de aquellos tiempos); y de la boda del primo Arturo, aquél que contestó “no” a la pregunta del cura a la que siempre responden “sí” los novios, le dijo: -No hubo boda tía, ya sabes, no hubo boda -y tía Beatriz mugía en su silla de ruedas, esperando pormenores o cuando menos confirmar que el cura, tío de la novia, noqueó al novio (cosa rigurosamente cierta, igual que los gendarmes tuvieron que ir a apaciguar a la feligresía, para desalojar el templo). Pero a Olga le aburría repetir historias ya muy sabidas para cuando tía Beatriz le preguntaba.

Lo recordé ayer leyendo la crónica sobre el Grito de don Peña Nieto (un día hay que averiguar cómo celebran su independencia en el resto de América Latina, se me hace que esto de acá no es muy común).

La verdad es que cuando uno ha visto decenas de ceremonias del Grito, empiezan a resultar muy aburridas, poco patriótico sentimiento si usted quiere, pero no pierde nada la patria si bosteza uno viendo al gallo de turno en el balcón central de Palacio, y en cambio queda muy maltrecha con una patriótica reforma como la energética (de mí se acuerdan).

Aparte de confirmar, año con año, Presidente tras Presidente, que padecen descoordinación psicomotora (y no les da la gana ensayar la ceremonia), con el resultado de pena ajena de que todos se hacen bolas con la cuerda de la campana y el tremolar la bandera (López Portillo se trincaba el asta en una axila para ondearla tañendo al mismo tiempo… oiga usted); aparte también, de ver que de unos años para acá, alguien les dijo que al recibir la bandera de manos del cadete, tienen que ponérsela junto al pecho a toda velocidad y haciendo cara muy jetona (como si fuera poco patriótico recibirla, dar las gracias -como gentes decente-, y con toda calma salir al balcón, llevándola con naturalidad, caminando normal, sin la caricatura de marcialidad que todos hacen).

Aparte de todo eso, llega a ser aburrido el soso placer de esperar que se les salga un gallo o se les destemple la voz a la hora que sueltan el ¡mexicanos! y el ¡viva México!, o que metan la pata al arengar al pueblo (López Mateos nomás se confundió tantito y gritó: “¡Viva la Revolución mexicana!”… ¿perdón?; Salinas de Gortari, en 1994, exclamó ¡viva Juárez!, metiéndolo entre los héroes de la independencia… ¡válganos Dios!, Benito nació en 1806, a lo mejor les vomitaba la lechita o les daba con su sonaja a los realistas… verdad de Dios).

La crónica de ayer de Francisco Reséndiz, en El Universal, es prueba de profesionalismo y de que ya no hay qué decir de algo que se repite año con año; consigna que en la escolta que entregó la bandera al Presidente, iba una mujer, ¡primera vez! (¡oooh! emocionado y triunfal de mujeristas profesionales -muy diferentes a los feministas, aunque sean misóginos-… propone este menda que el año que entra sean puras mujeres las de la escolta, mejor aún, que se haga una ley que obligue a que sean siempre mujeres las que integren esa escolta; claro, no sirve de nada ni mejora sus condiciones, ni iguala el salario que deben recibir a trabajo igual, pero… la galería ¡feliz!).

Anota el reportero que don Peña, ya en el balcón, le dio dos jalones (dos), al cordón de la campana y luego “arengó a la multitud sin ningún cambio con relación a la ceremonia del año pasado” (… ¿y?); para después hacer sonar la campana dando 16 tirones (16) al cordón, y que “ondeó de izquierda a derecha 18 veces la Bandera Nacional (sic)”. Ignoraba el del teclado que pudiera ondearse de arriba abajo una bandera, por eso nos aclara que en este caso se hizo de izquierda a derecha, ‘tá bueno.

Como el gobierno nos quiere convencer de que están poniendo en práctica una inexistente austeridad, no hubo cena en Palacio y los fuegos artificiales (los cultos ponen “juegos pirotécnicos”), duraron 12 minutos, menos de la mitad que el año pasado (el presupuesto nacional, a salvo).

(De lo que se comenta en vivo durante la transmisión por televisión, no le digo nada… no tiene caso).

Lo que importa es que no hubo en todo el país ni un hecho de esos de lamentar, ratificando que la seguridad interna funciona y que hay mucho de exageración en un cierto sector de adictos a la adrenalina que se inventan alarmas y situaciones límite de las que, bendito sea el dios en que cada uno crea, estamos lejos.

Ya de despedida y por mala sangre, pregunto a usted: ¿cree que la totalidad de la gente sabe qué celebramos el 16 de septiembre?... bueno, sí, la independencia, pero ¿de quién nos independizamos? Mire, Sin embargo.mx, publicó ayer una encuesta de Parametría: el 68% de los mexicanos, no saben que nos independizamos de España. Casi siete de cada diez.

De los encuestados, todos mayores de 18 años, el 51% dijo, así sin pena, no saber; el 13% dijo que de los EUA; el 3% dijo lo primero que se le ocurrió (a lo mejor le atino, ¿no?); y el 1% guardó un casto silencio. Un selecto 32% de gente muy culta, sí supo que nos independizamos de España.

Bueno, así, es un consuelo que tantísima gente no acuda a las urnas y se entienden tantas cosas… de llanto con hipo.

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