lunes, 21 de septiembre de 2015

6629. ¡QUE SUFRA EL DESGRACIADO!

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Que sufra el desgraciado!
Tía Lola (Dolores tenía que llamarse), era muy parecida físicamente a Vitola (¿habrá quien sepa quién fue esa extraordinaria y desaprovechada, actriz, comediante y cantante?...), sólo que a diferencia de doña Fanny Kauffman, tía Lola era un perpetuo lamento por su salud, por “las penas”, por lo que fuera, pero vivía quejándose y sólo quienes no la conocían se la tomaban en serio, porque se le notaba lo sana, porque le tocó un esposo muy aceptable conforme a los criterios matrimoniales generalmente aceptados, y sus hijos la querían mucho. Tía Lola además, llorando era una profesional y no pocas veces le dieron a ella el pésame por difuntos ajenos, creyendo que era la viuda, la hermana, la hija del fiambre de turno. Lo peor que le podía pasar era que algo le saliera bien y se supiera, que se sacara una rifa, que el laboratorio dijera que sus líquidos y sólidos eran de quinceañera, recibir una herencia (le tocaron tres… buenas), que a nadie de la familia se le pasara su santo (15 de septiembre), esas cosas la mortificaban porque hacían obvia su necedad de quejarse, preocuparse y sufrir por inminentes tragedias que nunca le sucedieron (ni su muerte, dormidita, sana de punta a punta, a los 87 años). Su hermana mayor, la abuela Virgen (la de los siete embarazos), decía alzando la mirada y negando con la cabeza: -¡Es maña, desde chiquita tiene esa maña! –y, sí, su contento era llamar la atención así.

Es moda de unos años acá, el vaticinio de tragedias “inevitables”, cuando no “inminentes”. Esta nueva industria debe dar dividendos, porque si no, los medios masivos de comunicación ya hubieran dejado en paz el género.

Sergio Sarmiento,  en su “Jaque Mate” del pasado 12 de agosto, nos recuerda que esto viene de viejo, y sí, pero antes las cosas se sabían despacito: el británico Robert Malthus, respetadísimo economista y erudito en demografía, miembro de la “Royal Society” (la crema y la nata de la intelectualidad del entonces imperio), publicó anónimamente en 1798 su “Ensayo sobre el principio de la población”, en el que concluyó, dado que la población crecía geométricamente y la producción de alimentos, aritméticamente, que la humanidad se extinguiría para 1880… se conoce esa afirmación como “la catástrofe malthusiana”, nomás porque no era mexicano, porque si hubiera sido, una de dos: o nadie le hubiera hecho caso, o se le llamaría “la barrabasada mexicana” (donde dice “barrabasada” va un término que rima con “desmadejada”); bueno, pues 135 años después, aquí seguimos sobre la faz de la Tierra… y no pocos sabios siguen espantando incautos con el británico petate:

En 1968, don Paul R. Ehrlich publicó “La explosión demográfica”, inspirado en Beto Malthus, que hizo furor, urgiendo el desarrollo de métodos anticonceptivos, sin decir mucho que indirectamente trabajaba para empresas productoras de anticonceptivos, porque según él estábamos a punto de que el planeta reventara por exceso de gente y falta de comida… mientras los grandes consorcios agronómicos de los EUA y Europa, tiran al mar anualmente, 89 millones de toneladas de comida, dos veces más de la que consume su población al año, suficiente para que mil millones de personas no pasaran hambre en el mundo. (Nota: en tiempos de don Malthus, había mil millones de habitantes en el planeta, ahora hay 7 mil millones… y tirando comida al mar).

Otro que le entra a las predicciones de ya nos cargó, es el Club de Roma, prestigiada ONG -según ella misma-, dedicada a velar por el bien de la humanidad, que en 1972 pidió al muy seriecito Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), un estudio (“Los límites del crecimiento”), en el que nos advirtieron que las fuentes de energía estaban al borde del agotamiento y el disparo sideral del precio del petróleo… que ahora, en 2015, está en barata porque hay harto… ¡chin!

No es ocioso recordar la “Profecía Maya”, que anunció el fin del mundo para precisamente el 22 de diciembre de 2012 (y ríos de tinta y kilómetros de videos, se usaron para darle vuelo a la hilacha de que “ahora sí”), bueno: pues no. Y tampoco se acabó el mundo en 1479 (profecía azteca); ni en 1914, según los Testigos de Jehová; ni en 1998, fecha establecida por el súper famoso vidente yanqui Edgar Cayce; ni en 1999, fecha que le latió al infalible Nostradamus, reforzado por la también famosa vidente yanqui Jeane Dixon, quien dijo que en ese año empezaría el Juicio Final (¡ay, nanita!). Ahora hay que esperar mordiéndonos las uñas, el año 2060, fecha que escogió el enorme científico Isaac Newton en su estudio “Observaciones sobre las profecías de Daniel y el Apocalipsis según san Juan”, que publicó en Londres en 1733 (no era tarugo, le puso una fecha en la que nadie se iba a ir a burlar de él).

Los pronósticos para México, ya aquí entre nosotros, son ominosos, terribles: que si la corrupción ya toca cotas imposibles de tolerar, cuando llevamos 200 años y pico igual (aparte de 300 de colonia, en que no era para nada raro el fenómeno de rascado de cajón del erario); que si el dólar va a mandar a la estratósfera los precios de todo y ahora si ya no da el palo pa’ cucharas (y parece que nadie se acuerda que en 1985, hace 30 años, el dólar valía $447.50 pesos viejos por dólar, 0.44 centavos de hoy  por dólar… 37 veces menos y no ha pasado nada, se sufre, sí, pero no se desmorona el país); que si el precio del petróleo ya nos descompuso todo (para el año que entra tiene un precio garantizado de 50 dólares por barril, cuando en 2001 lo vendíamos a 24.87 y nadie andaba llorando por los rincones); que si la matanza de los normalistas va a provocar un estallido social (¡en México!... que si de algo sabemos es de matazones y de averiguatas inútiles).

No se propone una epidemia de optimismo idiota. Pero nada bueno sale de promover el pesimismo idiota que algunos están muy ocupados en instalar en el ánimo colectivo… ahora que si es nomás para acicatear al gobierno, está bien, ¡que sufra el desgraciado!

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