lunes, 21 de septiembre de 2015

6632. RECOMENDACIONES PARA EL EJERCICIO DEL PERIODISMO ANTE DISTINTOS TIPOS DE TRAGEDIAS.

Por el Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez.
Investigador, ensayista, analista, docente y poeta.
Desde el Edo de Guanajuato. México. Para
Tenepal de CACCINI

En México estamos recordando estos días el terrible terremoto, que destruyó parte de la capital de la República el 19 de septiembre de 1985. Los actos heroicos, que fueron miles  y pasadas 3 décadas muchos todavía no se conocen dada la magnitud de la solidaridad de un pueblo que supo ponerse de pie inmediatamente ante la tragedia y reaccionar de forma extraordinaria sin nunca bajar los brazos.

El planeta  está sufriendo cada vez con mayor violencia todo tipo de tragedias, algunas naturales, como hace unos días le tocó a la República de Chile que sufrió un fuerte temblor y tsunami. De ahí la importancia que nosotros los periodistas, informadores en las tragedias, debemos cumplir con ciertos “mandamientos” en el ejercicio de nuestra hoy profesión marcada por lo digital que hace que la información fluya en cuestión de segundos y recorra todo el planeta acompañada de fotografías que generalmente son desgarradoras y con el apoyo de las redes sociales fluye y viaja la información a mayor velocidad.

A partir de las conclusiones del XVII Laboratorio de Periodismo realizado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) cuya temática fue “Tragedias y periodistas en la era digital”, se realizaron una serie de “mandamientos” o recomendaciones para el ejercicio periodístico en tragedias de distinta índole. El trabajo fue moderado por Nemesio Rodríguez vicesecretario y portavoz de la APM y contó con la colaboración de periodistas expertos en este tipo de coberturas informativas.

El producto de ese arduo trabajo es el siguiente:

v Es imprescindible redoblar la atención a las reglas tradicionales del periodismo ante el cambio radical del escenario producido por la implantación de las redes sociales y las nuevas tecnologías.

v Pese a las exigencias de inmediatez, los errores proceden de la falta de verificación, rigor y precisión. El contraste de fuentes sigue siendo una exigencia primordial y, ante la sobreinformación, la capacidad para distinguir cuales son fiables es trascendental.

v La prudencia debe subyacer ante las prisas inherentes a lo digital por informar de inmediato. El rumor y la especulación en el caso de tragedias y catástrofes no se convierten en noticia hasta que lo confirman las fuentes oficiales.

v Los periodistas deben extremas su compromiso ético para distinguir fehacientemente qué deben contar, cuándo y cómo. Somos responsables de lo que contamos.

v Los periodistas deben respetar el espacio y el dolor de las víctimas y sus familiares, sólo acceder a ellos con su consentimiento previo y actuar con empatía a la hora de relacionarse e informar. Hay que tener siempre en cuenta que las víctimas son las grandes perjudicadas.

v Sólo se deben ofrecer imágenes importantes cuando aporten información y valor añadido. No es aceptable emitir repetidamente en bucles las imágenes de las víctimas. Nunca hay que olvidar que detrás de las catástrofes hay personas.

v Hay que respetar el enfoque de género en las imágenes con que se ilustran las desgracias, ya que suelen aparecer más mujeres que hombres, acentuando este hecho el cliché de la debilidad femenina.

v En los casos de atentados, los periodistas deben evitar que los terroristas se conviertan en los protagonistas de las noticias, poniendo también cara y circunstancias a las víctimas.

v Los periodistas deben extremar el cuidado y repensar si es conveniente la publicación de información sensible en las redes sociales. Hay que tener en cuenta que esa información puede ser valiosa para los terroristas.

v La coordinación entre los portavoces de las autoridades y los periodistas para despejar bulos en las redes sociales es fundamental.

v Se debe exigir la máxima transparencia a las autoridades a la hora de transmitir información. La ausencia de información cierta o su ocultamiento propician que se recurra a fuentes poco o nada fiables.

v Los gabinetes de prensa de las distintas autoridades deben liderar el proceso informativo y hacer frente a la incertidumbre de la ausencia de información sobre la tragedia.

v Los medios deben informar sobre las “tragedias invisibles”, como, por ejemplo, las enfermedades prácticamente desconocidas hasta el momento en el que se convierten en epidemia.

v Hace falta una mayor autocrítica entre los periodistas: pese a que los errores en los sitios webs se pueden corregir, durante el tiempo que han estado publicados son susceptibles de dañar algún ciudadano.


v Los periodistas que cubren tragedias y catástrofes pueden sufrir “shocks” emocionales u otros traumas. Por ello, es necesario que, al igual que sucede con los otros colectivos que se enfrentan habitualmente a ellos, se extienda a los profesionales de la información la posibilidad de recibir ayuda psicológica in situ y a posteriori.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: