martes, 22 de septiembre de 2015

6635. NADIE SE ACUERDA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Nadie se acuerda.
El marido se le desapareció a tía Cata, cuando tenían tres niños y ella estaba esperando a Lucía. Jamás le dio un centavo y ella se fajó con la vida para sacar adelante a su familia y ya nunca supo del batracio ese o más bien, sí, pero pocas veces, una, cuando llegó con unos cargadores y le vació la casa (nomás le dejó un colchón para ella, los tres niños y la recién nacida); otra, años después, cuando con firmas falsificadas y sobornos judiciales le quitó la casa y la echó a la calle; y la última, cuando el tipo, ya millonario y muy influyente gracias a malas artes y amigos políticos, le desapareció del Registro Civil las actas de nacimiento de los cuatro hijos, cosa que descubrieron cuando el mayor se iba a titular (costó Dios y ayuda arreglar eso para que no perdieran los estudios todos). Bueno, ya varias veces abuela, un día llegó a su casa un cura, pero de esos que apantallan, impecable, de sotana, elegante, del conocido equipo de los Legionarios de Marcial Maciel, que iba de parte del microbio a pedirle que fuera a verlo, que quería pedirle perdón; le explicó el cura que estaba ya en sus últimos días, que la gente cambiaba y él ya era otro, benefactor de muchas obras de caridad, que su arrepentimiento era genuino, que como buena cristiana lo perdonara y ayudara a bien morir. Tía Cata contaba que le contestó al cura que con mucho gusto iba, el mero día que regresara con un cheque certificado por lo que costó mantener sola a sus hijos toda la vida, sus muebles y la casa que le robó, porque arrepentirse gratis estaba muy fácil. Y ¡abur!

Cuando el inicio del arreglo diplomático entre los EUA y Cuba, López opinó que eso estaba muy bien, entre otras cosas porque la cancelación de relaciones y el brutal e increíblemente estúpido bloqueo impuesto a la isla por los políticos yanquis, habían castigado al pueblo (no a Fidel ni a los suyos) y reforzado el régimen castrista.

También comentó el del teclado que en lo personal le cae bien Fidel Castro, nomás por la clase de trompetilla de larga duración que le echó al tío Sam (56 años, de 1959 a la fecha… y contando), porque los yanquis se han pasado muchísimo de la raya con América Latina y el Caribe. Aparte de lo divertido que ha sido el ridículo que han hecho tratando invadir la isla, primero, y luego tratando de asesinarlo, ellos, los del gobierno de los EUA, algunos anticastristas y la mafia: documentados, 638 planes, de los que al menos 100 pusieron en marcha.

Pero ahora, como el tío Sam ya aflojó, no es cosa de olvidar que en Cuba, democracia no ha habido ni por los forros, que en la isla rumoran que en el mundo hay derechos humanos y que no hay ni rastro de libertad de expresión: ahí lea por su cuenta la Constitución cubana, artículo 53: “Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista (...) la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada…”; o la Ley 88: “De Protección de la Independencia Nacional y la Economía (…)”, norma penal, que impone penas de cárcel a los ciudadanos por decir lo que piensan sobre la gestión gubernamental, la economía, la política o la situación social. Chulada de leyes.

Allá en Cubita la bella quisiera uno ver a algunos de acá, como los de la CNTE, los macheteros de Atenco, los que están medrando con la tragedia de los normalistas, a algunos periodistas que yo me sé, de esa izquierda de lujo y lujos… y hasta a la señora Aristegui. Por la millonésima parte de lo que el gobierno cubano hace en la isla, acá habría un escándalo de pronóstico reservado, mundial.

También es innegable que Castro aplastó a las chuecas toda disidencia; aparte del dolorosísimo éxodo masivo a que obligó su régimen que no respeta bienes ni libertad personal; el saqueo sufrido por tantas familias; los muchos asesinatos documentados; el fusilamiento de Jorge Luis Martínez Isaac, Bárbaro Sevilla García y Lorenzo Copello Castillo, por robar una lancha en que pretendían ir a Miami.

También hay que recordar la larga lista de disidentes y opositores encarcelados, acusados de delitos comunes, calificados como presos de conciencia por Amnistía Internacional aparte de los nominados o galardonados estando presos, por organizaciones que no tienen nada que ver con los yanquis (Premio Príncipe de Asturias nominó a Óscar Biscet; Premio Sájarov del Parlamento Europeo otorgado a Guillermo Fariñas). Y la Primavera Negra de abril de 2003 cuando encarcelaron a 75 opositores al régimen que tuvieron presos por años.

Y si Castro critica con justa razón el intervencionismo yanqui, entonces otro día platicamos del intervencionismo castrista mandando tropas a Argelia, Nicaragua (once años), Congo, Angola (16 años), Etiopía (once años) y Siria; sin contar las intervenciones que le fallaron en Venezuela (1963 y 1967), Panamá (1959) y República Dominicana (1959).

En fin: el punto es que Fidel y su castrismo le dieron un estupendo arrempujón al tío Sam que nomás abrió los ojitos y se le rodaron las lágrimas, nunca lo creyó posible, pero Cuba recuperó el respeto de los EUA, gracias a él y al pueblo cubano que chorrea talento en todo y no merecía ser tratado así por los yanquis, de acuerdo y se agradece, pero menos lo merecía de parte de Fidel, faltaba más.

Ese señor no es una blanca paloma y tampoco un bondadoso ancianito: es un viejo marrullero, inteligentísimo, con más buena suerte que Pánfilo Ganso… ¡ah! y por supuesto es un personaje histórico, sin duda.


Dicho esto: no es muy grato ver al papa Francisco, así, sin reservas, visitando a un señor que por muy personaje que sí es, no es Jefe de Estado; por mucho que sí defendió a su patria de los yanquis, por mucho que sea, tiene muchas cuentas pendientes por aclarar con su pueblo, con los que todavía tiene presos y con todos a los que les quitaron todo, sin razón y sin derecho. La debe y ahora resulta que nadie se acuerda.

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