miércoles, 23 de septiembre de 2015

6645. ASUNTO DE POBRES.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Asunto de pobres.
En la familia materna de este su texto servidor, estaba clara la molestia general que producía la sola presencia del hijo de tío Tomás y tía Silvia, Tomasito, que desde bebé rompió varios récords sónicos internacionales (con y sin hipo, con y sin pausas). Ese niño fonador, hijo único, dominaba el falsete y el do de pecho con moco hasta conseguir con sus berrinches, pleno dominio sobre su papás que lo consentían más y más y se mortificaban muchísimo por no atinar pronto a contentarlo. Era absolutamente insoportable el Tomasito, al punto de que ya en tercero de Primaria, el Director del colegio advirtió a los papás que lo enderezaran -pronto-, o lo expulsaba del colegio… y entonces, resignados, con algo de temor, se lo llevaron a la domadora de este menda, doña Yolanda, muy afamada por haber vuelto mudo con una mirada, al canario de la abuela Virgen, su mamá, que jamás se lo perdonó. - “Déjenmelo… una semanita, yo creo” -les dijo, entrecerrando los ojos; y a la casa llegó Tomasito con una maleta de juguetes y otra de ropa. No es apropiado llamar milagro lo que pasó, pero lo fue. Sabedora doña Yola de que los papás de Tomasito jamás iban a poder con el niño, al entregárselos ya domesticado, les dijo que cuando hiciera pataleta o no obedeciera a la primera, le dijeran nomás que lo iban a llevar otra semana con ella… santo remedio, bueno, no santo, pero eficaz, sí.

Ayer, en la carretera de Tixtla a Chilpancingo, hubo un enfrentamiento entre policías (federales y estatales) y normalistas que se dirigían a la capital de Guerrero; el saldo: 13 heridos -once policías y dos estudiantes-, y un tráiler quemado. Antier, en Chilpancingo, al menos 400 normalistas de Ayotzinapa y algunos de los padres de los desaparecidos en Iguala, hicieron destrozos en las oficinas de la Fiscalía General del estado de Guerrero, quemaron documentos, patrullas y un módulo de vigilancia; Felipe de la Cruz, vocero de los padres de los desaparecidos, declaró que “la acción se llevaba a cabo en reproche al trabajo realizado por la instancia local, ya que hasta el momento no se ha registrado ningún avance importante en torno a los hechos ocurridos la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014”. ¡Vaya “reproche”!

Fueron normalistas de Ayotzinapa los que el 12 de diciembre de 2012, durante el desalojo que la policía hizo para liberar la circulación de la Autopista del Sol, incendiaron la gasolinera Eva II de Chilpancingo, causando la muerte de un empleado de ella, Gonzalo Miguel Rivas.

Ayer mismo, otra vez el vocero Felipe de la Cruz, en referencia al enfrentamiento en la carretera, dijo que no hay justificación para tanta represión y le declaró a Ciro Gómez Leyva: “Creemos que si en verdad quieren que el problema sea resuelto de manera pacífica no vemos el motivo de tanta fuerza policiaca en contra de nosotros”; y agregó que la quema de la Fiscalía el día anterior “no justifica que hoy los hayan agredido cuando se dirigían a la capital guerrerense”. No ve el motivo... cinismo revolucionario es lo de este.

Los normalistas de Ayotzinapa tienen muy buenas razones para detestar al gobierno de su estado y al federal. Los normalistas de Ayotzinapa no tienen ningún derecho para violar la ley cuando y cuanto les pega la gana. Ninguno. Lo que sucedió en Iguala no tiene justificación posible. Lo que algunos hacen ahora en nombre de esa tragedia, tampoco.

Hoy, lo políticamente correcto es estar del lado de ellos (es pose, hipocresía nacional: a muy, pero muy pocos importa), descalificar las investigaciones oficiales de los hechos de Iguala y presentar a los estudiantes de esa Normal, como víctimas, que sí son, pero también y al mismo tiempo, son victimarios, violan el derecho de los demás, roban, matan.

La autoridad de la Ciudad de México declara “urbi et orbi”, que ya están listos para recibir la manifestación del primer aniversario de los hechos de Iguala, que se les darán todas las facilidades y garantías. La ciudadanía esperaría que esa misma autoridad le garantizara sus derechos.

Viene de lejos: desde 1969 se tolera a los parásitos del movimiento del 68. El gobierno optó por no hacer nada contra marchas o plantones, aunque violaran la ley; y descubierto que además era negocio, aparecieron los 400 Pueblos, los macheteros de Atenco, los Antorchistas y muchos más. Váyase haciendo a la idea: “Iguala no se olvida”; “la lucha sigue y sigue” y sí, el gobierno está pintado.

El gobierno al perder -merecidamente-, la respetabilidad, quedó atado de manos: haga lo que haga será criticado, porque durante decenios hicieron lo que hicieron.

Si decidieran detener y procesar a los directivos de la Normal de Ayotzinapa al menos por sus complicidades; a los normalistas vándalos; a los padres de los desaparecidos que han violado y violan la ley, la reacción de la opinión pública sería tremenda, la doméstica y la extranjera. No es negociable: el gobierno traga, ellos abusan. Lo malo es que al gobierno le importa un pito, porque los que tragan son los ciudadanos, ellos siguen igual en sus cosas y sus casas.

El gobierno carece de autoridad porque no respeta ni hace respetar la ley, sino discrecionalmente y no en beneficio de  los que no representan nada que le interese a la élite del poder y el dinero, que por eso son los olvidados.

Ahora, enfrentado a un escándalo que no previó y se le hizo mundial, urge dar una imagen de respeto a los derechos humanos, por eso los va a recibir el Presidente en Los Pinos, nada más, que igual se seguirán violando los derechos de todos los que carecen de organizaciones de respaldo.

¿Qué va a pasar?, pregunta un ingenuo. Nada, contesta un cínico. El gobierno no va a embestir, porque sabe que es trampa. Los grupos violentos no le van a bajar al tono. Los profesionales del escándalo publicado, tampoco. Y de estos problemas viven muchos… y viven bien.

Además: nada de esto pone en riesgo nada que le interese al gran capital así, que si no se arregla, que se pudra, total, es asunto de pobres.

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