martes, 29 de septiembre de 2015

6662. EntreLibros(33)

Por Pedro Tolentino Barajas.
Docente, filósofo y psicólogo.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Octava sesión de La Novela Comentada
Sin piedad: Sólo hay suspiros antes de morir
José María González Chávez
Zamora Mich., 24 de septiembre 2015.

Pedro Tolentino Barajas.

Durante el juicio en Jerusalén, la línea constante de defensa de su abogado Robert Serviatus se expresó claramente con estas palabras: “Eichman se siente culpable ante Dios, pero no ante la ley”.[1]

El gran novelista William Faulkner dijo en una ocasión que la única historia digna de contarse es aquella del conflicto entre el corazón del hombre y consigo mismo. A lo largo de la novela de José María González Chávez aparece una y otra y otra vez ese aprieto.

Siendo yo mismo víctima  de ese trance, el acercamiento analítico a una novela como la que nos ha reunido aquí esta noche, me ha ocasionado una cantidad de reflexiones en la disciplina filosófica de la Ética. Por ello, aprovecho el momento para hacerles una propuesta de lectura que se produce por las peripecias vividas por Dan, el personaje sobre el que se centra la problemática que nos ofrece la novela de José Ma. González Chávez. Por supuesto, es sólo una de las quizá indenumerables posibilidades que promueve la novela de esta sesión.
El nombre de este niño que tiene once años de edad en el momento de su aparición en el trabajo de nuestro autor; nos dice, significa “el que juzga".[2] Así que tomando esta idea como pretexto; les avanzo la siguiente hipótesis: Los juicios de valor no tienen un valor veritativo funcional, ya sea verdadero o falso; sino que son expresiones orales, gestuales, artísticas, etc., que representan los estados de ánimo del que los experimenta. Mediatizados por la percepción de su entorno, a través de su bagaje lógico-racional, biológico, cultural, psicológico, religioso, económico, político, entre otros.

Por una parte, la novela alude, y no sé si se lo ha propuesto nuestro autor al Interaccionismo Simbólico formulado en Sociología por George Herbert Mead. Y esto, creo, no está a discusión.  Por otra parte; el asunto es que se bosquejan las preguntas siguientes: ¿el estado de ánimo obviamente subjetivo de Dan, le permite decir con certeza que la realidad que experimenta y que aparentemente atestigua es objetiva? O bien, ¿se trata únicamente de un subjetivismo  psicologizado proyectado como juicio de valor, al cual Dan le otorga el valor de verdad “verdadero”? De ser así, entonces debería suponerse que el ser humano está dotado de la capacidad de interpretar de forma correcta  a través de su interioridad o internalización y por medio de sus sentimientos y emociones lo que sucede allá “afuera” en el entorno que le rodea. Pero, de no ser así, entonces la relación sentimiento-percepción-enjuiciamiento, para llegar a la calificación de “lo bueno o lo malo” queda cancelada y no existe tal objetivismo ético. En otras palabras, no hay nada absolutamente bueno o radicalmente malo. Y, en consecuencia: anulando por lo mismo la posibilidad de conferir a un acontecimiento el valor de verdad, verdadero o falso.

Lo que a continuación haré será entonces citar ejemplos que sostienen mi propuesta, mediante algunos párrafos de la novela en las que Dan hace lo que siempre consideró como malo, pero que bajo las circunstancias apremiantes que vive, las realiza en función de que eso es lo que considera bueno. Apuntando hacia el utilitarismo o pragmatismo. Cayendo en situaciones paradójicas éticamente consideradas. Accediendo a otro escenario que en esta ocasión no abordaré: La muy actual problemática en la Metafísica moderna sobre el significado del concepto de Tiempo me refiero al presentismo-posibilismo-eternalismo.

Además, si aceptamos primero, para esta exposición que los humanos no son criaturas lógicas, sino hacedores de criterios asociativos y que por eso y en segundo lugar son capaces de hacer lógica. Entonces, tenemos que estar atentos al cambio constante en la red de asociaciones para hacer lógico el sentido de aquello que queremos significar. Pero siempre, no lo olvidemos, por medio de dichas asociaciones.

Los juicios de valor aparecen continuamente en la trama del trabajo de José María González. Ya desde el inicio, y como si se tratara de un Marco Teórico para la novela leemos:

Esa noche, como siempre, nos despedimos de mis padres y nos retiramos a dormir. Mis entrañables hermanos, Dora y Damián, fueron a acompañar al abuelo que reposaba en la parte trasera de la casa, ya que estaba enfermo. Me fui a despedir de él, recibí su bendición y como si presintiera su muerte me dijo: “Querido Dan, en la vida sólo hay dos caminos a seguir, el de la bondad y el de la maldad, escoge siempre el primero así sea lo último que hagas. El amor a todo y a todos te mostrará la vereda a seguir y esta como consecuencia te llevará a Dios”.[3]

Tenemos en este párrafo el testamento ideológico del abuelo. Que considero es el Marco teórico sobre el que se sostiene el trabajo de José María y que propone como variables principales dos conceptos que se proponen como absolutos: Lo bueno y lo malo. Y además el amor, como medio para lograr un objetivo, el de llegar a Dios. Asimismo la única posibilidad de elección es la de decidirse siempre por lo “bueno”. Lo que no se dice es acerca de ¿cuáles serían los criterios para optar siempre por lo bueno? O, más bien, ¿de qué manera podemos identificar a lo “bueno” sin caer en equívocos y erróneamente decidir por lo “malo”? No podemos apuntar que sea el amor, ya que este es un sentimiento racional-emotivo, además de que es el medio para alcanzar el objetivo de llegar a Dios. Entonces, desde el inicio mismo queda insinuada la posibilidad del surgimiento de paradojas.

Continuando con la lectura de la obra de nuestro autor, más adelante ya nos topamos con la contingencia de tener que tomar decisiones de carácter ético sobre las actuaciones buenas o malas. Dan entra en conflicto. Cito:

Algunos mataban por un trozo de pan y otros, como la mayoría de los kapos, mataban por placer. Aunque por situaciones diferentes el fin era el mismo, quitar la vida a un ser humano. En ese momento y a pesar de mi edad supe que también sería capaz de quitarle la vida a quien atentara contra mi madre. ¿Acaso era una prueba que me ponía Dios? Eso no me atemorizaba, ya que en la situación en que estábamos, quién podía pensar en la existencia de Dios […] Matar era un pensamiento que no podía quitarme de la cabeza. Mi deseo de acabar con ese hombre se acrecentaba dentro de mí, pero…[4]

Dan se encuentra ante un escenario límite de sobrevivencia, nos dice que no hay lugar para pensar en la existencia de Dios. La diferencia entre bien y mal se torna difusa. De pronto, lo dicho por el abuelo ya no tiene el mismo significado, pues ¿qué es ahora lo bueno y qué es lo malo? Dios no le causa temor, ahora lo importante para Dan es salvar a su madre privando posiblemente de la vida a aquel hombre que la vejaba continuamente; con un deseo creciente y magnificándose a cada momento. Dan ha caído ya en la red de asociaciones entre el mundo externo brutal, los sentimientos hacia su madre, la sobrevivencia, y su autopercepción moral y religiosa. Apareciendo desde aquí, la imposibilidad de los juicios de valor con un calificativo absoluto de “buenos” o “malos”. Ha ocurrido un cisma: Se disocia la coherencia interna de la congruencia externa. Es decir, ya no es un continuum  ético-moral. Pues lo ético, es decir el Marco teórico del abuelo no se corresponde con la práctica moral.
De tal manera que:

Cuando ella [la madre] estaba a punto de desmayarse arrojaba agua sobre su rostro y le gritaba “¡Conque te vas grandísima zorra, pero te irás muerta!” Y soltaba risotadas burlándose de su indefensión. Por suerte el ventanal estaba abierto y entré sigilosamente sin que advirtiera mi intromisión, tomé fuertemente el insignificante cuchillo y sin más lo clavé en su cuello y sólo vi como aquel asqueroso hombre caía de frente hacia el suelo, retorciéndose de dolor.[5]

Dan ha tomado la decisión de matar, ataca al torturador de su madre y lo deja por muerto. La argumentación que he realizado nos ha llevado a la primera de muchas paradojas. ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo en esta acción de Dan? A todas luces los valores señalados por su abuelo se han trastocado o confundido. Liberar a su madre podría alguien calificarlo como bueno y deseable, además de justo (concepto del que no me ocuparé ahora). ¿Es que el medio justifica el fin? El medio utilizado por Dan ¿se puede calificar de bueno o de malo? ¿De qué depende? Como señalé más arriba, depende de su estado de ánimo, de la internalización de la realidad en la que vive ahora en que el objetivo ya no es llegar a Dios por medio del amor, sino en algo mucho más simple, sólo sobrevivir y conservar a su madre con vida. La red de asociaciones situacionales le da una lógica de acción que ya no tiene que ver con juicios de valor, calificados como buenos o malos.

Sólo daré un ejemplo más para reforzar la argumentación:

[…] Detrás de él venía su verdugo empuñando un arma para darle el tiro de gracia. Sin más apretó el gatillo dejando destrozada la cabeza de nuestro amigo. Con mucho cuidado saqué de entre mi pantalón la pistola que había esperado nunca disparar. La tomé con mi mano temblorosa y en ese momento nos descubrió. Sin pensarlo, descargué todo mi odio en forma de balas, el malvado hombre murió ante nuestros azorados ojos.[6]

Tomo este ejemplo porque en él, Dan explícitamente nos comunica su estado de ánimo. Odia verdaderamente a su perseguidor. Lo cual avala lo que dije al inicio de este comentario. Odia íntimamente, de manera profunda al asesino de algunos de sus seres más queridos como nos lo dice José María González. Ha quedado atrás el juicio objetivo, sólo persiste la subjetividad condicionada. Las acciones de Dan ya no pueden calificarse, debido a sus circunstancias, ni de buenas ni de malas. Ahora se podría pensar en calificarlas de otra manera, quizá posiblemente necesarias.  Aunque también así caeríamos en paradojas.

Creo que en la medida de lo posible en este breve espacio de tiempo he mostrado a ustedes una lectura que a su vez también es subjetiva. La obra de José María provoca muchas otras que seguramente realizarán al disfrutar de ella. Es una novela que merece un análisis extenso y profundo; no sólo sobre el problema que planteo, sino muchos otros. Les invito entonces a qué se hagan preguntas al leerla y las contesten con su propio bagaje personal de emotividad y sentimiento. Dicho coloquialmente: No les queda de otra. Dan hace honor al significado de su nombre y Juzga.

Sobre esta problemática que les he presentado se puede escribir y comentar extensamente como ya lo he dicho antes. Pero, espero que con lo dicho aquí en forma concisa les haya provocado la curiosidad también sobre algo implícito en el texto, es decir: ¿En qué consiste la naturaleza humana? Así que les recomiendo ampliamente la lectura de la Opera Prima de José María y que inviten a sus amigos y amigas a acercarse a ella. Estoy seguro de que tendrán momentos muy significativos y emotivos durante y después de su lectura. Ya que creo que un lector vive muchas vidas, mientras que el que no lo es, sólo vive una.

Muchas gracias.


[1] Giorgio Agamben, Remnants of Auschwitz, Zone Books, New York 1999, p. 23
[2] José Ma. González Chávez, Sin piedad: Sólo hay suspiros antes de morir, ISBN: 03-2014-082513054600-01, México 2014, p. 16
[3] Ibíd., p 23
[4] Ibíd., p. 49
[5] Ibíd., p. 50
[6] Ibíd., p. 138

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