martes, 29 de septiembre de 2015

6666. DEL SABER, CONOCER Y APRENDER.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
Dieciochoava parte

Al Señor Obispo Manuel Fulcheri Pietrasanta, además de todos los problemas inherentes a ministerio episcopal, le tocaron vivir circunstancias realmente delicadas y serias.

Estando como Obispo en Cuernavaca, lo sorprendió la Revolución zapatista y, perseguido y amenazado, se vio obligado a abandonar su Diócesis, a la que regresó en 1919 para restaurar su administración y gobierno.

Estando en Zamora, ya en tiempos de la guerra cristera, de la que fue actor y víctima ya que tuvo que intervenir directamente en ella, a nivel nacional y diocesano, como pacificador y conciliador de diferencias y de conciencias.

Más tarde, durante el Gobierno del General Cárdenas, tuvo que sufrir y aceptar el registro de sus  Sacerdotes y soportar las acciones que realizaban integrantes del Agrarismo y que creaban, en muchas de las parroquias de la Diócesis, serios conflictos en el orden civil, religioso .

Algunos en ese tiempo lo acusaron de ser dócil al gobierno y haberle faltado energía para oponerse a él. Pero creo que esa acusación provino de la falta de conocimiento de los esfuerzos hechos por el Señor Fulcheri, en el terreno diplomático y epistolar, para evitar los odios, rencores y derramamiento de sangre. Desde luego, se debe señalar que el Señor Fulcheri fue uno de los pocos Obispos que no se fue al extranjero. Desde la ciudad de México, estuvo siempre al pendiente de su grey por medio de cartas y emisarios ---ya que su presencia en la Diócesis estaba prohibida---y, tan pronto como le fue posible, regresó con sus fieles.

El 30 de junio de 1946, a las 3:30 de la madrugada, en San Angel, D.F. moría Manuel Fulcheri y Pietrasanta, cuarto Obispo de Zamora, después de una enfermedad dolorosa. Aquella muerte fue el reflejo de su vida, fue el Manuel Fulcheri de siempre:

Durante su gravedad, hacía que le leyeran los  hermosos himnos Eucarísticos del Corpus, que le rezaran el Rosario o que le leyeran algunas páginas del Quijote. La paz, la dignidad, la bonohomía y aun la broma estuvieron en su partida de este mundo: pedía, bromeando, de comer en inglés, preguntaba la hora en alemán y decía estar contento en su Seminario, refiriéndose al grupo de Sacerdotes que lo acompañaban.

Estoy tranquilo y sereno, sólo esperando la llegada del Señor, respondía a quienes le preguntaban cómo se sentía. Y el Señor llegó y se lo llevó... En sus yertas manos, el crucifijo y el rosario; en su quieto pecho, un escapulario de la Virgen del Carmen.

 El recibimiento de sus restos en la Diócesis fue apoteótico, como había sido su llegada en 1922. Todos los pueblos de la Cañada y de otras partes de su amada Sierra salieron a la carretera y la comitiva de coches, desde Carapan hasta Zamora, fue larga y lenta, enmarcada durante todo el trayecto en el dolor y las lágrimas de los fieles que lloraban a su Pastor.

Los restos del Señor Fulcheri fueron sepultados en el Panteón de Zamora, acompañados por casi toda la ciudad. Pero el 6 de agosto de 1946, varios Sacerdotes, el Lic. Zetina, Don Pedro Rocha y los Doctores Hernández y Gutiérrez Mejía, gestionaron ante el General Avila Camacho --quien siempre habló muy bien del Señor Fulcheri-- fueran trasladados a la Catedral, donde reposan en la Capilla del Perpetuo Socorro, bajo la torre del lado sur.

Continuará.

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