miércoles, 23 de septiembre de 2015

6639. LOS BÁRBAROS

Reporte Z

Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Los bárbaros

Aquello que afecta directamente  a una persona afecta indirectamente a todas las personas. Nunca podré llegar a ser lo que debo ser, hasta que tú puedas llegar a ser lo que debes ser. Esto es la estructura  interrelacionada de la realidad.
Martin Luther King


La fotografía corresponde al joven Ali Mohammed al-Nimr, que en 2012, cuando sólo tenía 17 años fue detenido por protestar contra el gobierno de Arabia Saudita. Ahora tiene 20 años pero no llegará a cumplir 21 porque fue condenado a morir decapitado y crucificado, ¡crucificado!, como en los tiempos del imperio romano que crucificaban a los rebeldes, a los asesinos y delincuentes, entre ellos al Maestro Jesucristo. Han pasado más de 2 mil años y parece una locura que se castigue con la crucifixión, una de las muertes más despreciables, aún más que el destierro y sólo aplicada a los asesinos más crueles.

El proceso que se siguió al joven Ali fue irregular y como la policía de México y la CIA norteamericana, también los polizontes árabes recurren a la tortura para hacer que los detenidos hablen y se declaren culpables de cualquier delito que se les ocurra a los policías.

Desde que fue condenado a tan horrible muerte en mayo de 2014, Ali vive la pesadilla de los reos que esperan la pena de muerte, con el agravante de que Ali no sabe cuándo se cumplirá la atroz sentencia.

Al parecer, se trata de una venganza contra los que piensa diferente en aquél país porque el joven Ali es sobrino de un líder religioso y activista de los derechos humanos Sheikh Nimr al-Nimr, de 53 años, condenado a muerte en 2014.

El caso de Ali nos recuerda que la humanidad se encuentra en retroceso y que la libertad de pensar y de creer y de protestar contra el gobierno o los gobiernos está amenazada. Aplicar la decapitación y la crucifixión es inmoral e inhumano, aún cuando el joven Ali fuera culpable, tales castigos pertenecen a épocas oscuras, cuando la fuerza bruta se imponía a la razón.

En nuestro país, tristemente, también los derechos humanos se encuentran en crisis. El nivel de violencia y de saña a que se ha llegado no tiene registro antes, por una parte los criminales que han perdido todo rasgo de humanidad y por la otra la policía que debería proteger a los ciudadanos utiliza la tortura y se pone del lado de los delincuentes.

La involución de la humanidad es evidente, pero cuando los que se supone que están del lado de la ley la traicionan entonces casi todo está perdido.

Todo lo que ocurre a otro ser humanos nos afecta, el dolor de tantos seres humanos que mueren injustamente, el hambre de millones de personas, muchos de ellos niños, la violencia desatada contra los pueblos, la mentira de los gobernantes, su cinismo, es como un tsunami que agita el alma de nuestra Tierra y del universo entero.

Hace falta mucho para llegar a ser un mundo civilizado, la humanidad perdió el sentido de la compasión y se solaza en el dolor de los demás.

Recuperar la compasión, la capacidad de empatizar con otras personas, de sentir el dolor, la angustia, la incertidumbre  de otros seres, parece hoy algo imposible, insensibilizados como estamos, nada nos estremece ya.

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