jueves, 1 de octubre de 2015

6678. SABER, CONOCER Y APRENDER: LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

DIECINUEVEAVA PARTE

El 11 de noviembre de 1940 fue un día muy especial para Zamora: se cumplía el IV Centenario de su Fundación, era la fiesta de San Martín de Tours, del Patrono de la ciudad, y la sociedad entera  se regocijaba porque un zamorano, el Canónigo Salvador Martínez Silva, era consagrado Obispo en la Catedral.

El recinto sagrado estaba lleno a reventar. Los fieles seguían con interés y devoción los ritos que en el Presbiterio de desarrollaban: el Señor Obispo de Zamora, Monseñor Fulcheri, auxiliado por su antecesor en el Gobierno de la Diócesis, el Señor Othón Núñez (entonces ya Arzobispo de Oaxaca y que había sido el que enviara a Roma a estudiar al Padre Salvador Martínez Silva) y por el Arzobispo de Guadalajara, Señor Garibi Rivera (que sería luego el primer Cardenal mexicano), presidía la solemne ceremonia. Estaban además el Obispo Coadjutor de Morelia y el de San Luis Potosí., 119 sacerdotes de la Diócesis y algunos otros, venidos de varias Diócesis y los 126 alumnos, chicos y grandes, que entonces formaban el  Seminario.

Con gran emoción, el Padre Don Ramón Martínez Silva, Sacerdote Jesuita, leyó el documento del nombramiento de su hermano Salvador como Obispo de Jasso y Auxiliar de Zamora  y dirigió un sentido sermón a los asistentes. La Schola Cantorum del Seminario se lució en su actuación y el actor principal de aquella ceremonia, Don Salvador Martínez Silva, lleno de emociones diversas y recordando a su madre ya muerta,  (a la que tanto había querido), se convertía en Príncipe de la Iglesia.

Después de la ceremonia religiosa, la sociedad zamorana le ofreció un banquete en el que el discurso principal estuvo a  cargo del Lic. Vargas del Río y fue amenizado por  la Banda de Música de San José de Gracia. Momento emocionante fue cuando el Señor Garibi le regaló la cruz pectoral que había pertenecido a su antecesor Señor Arzobispo Don Francisco Orozco y Jiménez, zamorano de pura cepa.

Por la noche tuvo verificativo una Velada literario-musical en honor del nuevo Obispo y (cosa curiosa) el cronista de aquella inolvidable jornada escribía, con relación al pesado cargo de Obispo (y proféticamente), estas palabras: “Estas gozosas realidades traen pronto consigo grandes y punzadoras espinas, duras y ensangrentadas cruces...”

Salvador Martínez Silva nació en Zamora el día 30 de marzo de 1889. Fueron sus padres
Don Ramón Martínez y Doña María Silva. Después de hacer sus estudios de primaria, ingresó al Seminario en donde se mostró siempre piadoso, trabajador y estudioso, destacando en las matemáticas. El 16 de febrero de 1910 recibía la primera tonsura y las órdenes menores de manos del recién llegado Señor Obispo Núñez en la capilla del Seminario. Ese mismo año fue enviado a estudiar Teología a Roma, donde se doctoró, habiendo recibido el subdiaconado el 11 de octubre de 1911, el diaconado  el 6 de abril de 1912 y el presbiterado el 30 de octubre de ese mismo año.

Una vez vuelto a Zamora, el 31 de julio de 1913, ocupa varios puestos, tanto durante el gobierno del Sr. Núñez, como del Señor Fulcheri: Profesor en el  Seminario (Filosofía, Física, Español, Literatura, etc.), Padre Espiritual del mismo, Juez Prosinodal (Examinaba a Sacerdotes en diversas materias), Secretario de la Junta Diocesana de Catecismo, Director Diocesano de la Unión Misional del Clero, Oficial y Secretario de la Mitra, Canónigo Magistral (encargado de los sermones en Catedral), Provicario y Vicario General de la Diócesis, etc.

Durante la persecución religiosa de Calles, en 1927, estuvo desterrado en  California , primero en Guasti, y luego en  San Gabriel y otras ciudades, ayudando en varias parroquias. Desde ahí mantenía comunicación constante con superiores y compañeros que permanecieron en la Diócesis, utilizando claves para evitarles complicaciones con el Gobierno. Por ejemplo, pide en sus cartas: ”Salúdeme al Gerente de la negociación” (Sr. Obispo), “... manifiéstale mi voluntad de servirle a él y a la negociación (a la Diócesis) cuando pueda regresar”, “Saludos a los demás socios (Sacerdotes)” y “... ojalá pueda mandarme algo de las utilidades (su sueldo), si ya se pudo repartir algo a los socios”.

En 1928, de regreso del destierro, establecido en Zamora y como Secretario “de facto” de la Curia, informaba casi a diario al Señor Fulcheri, desterrado en México, de la situación en general de la Diócesis y, en particular,  de los Sacerdotes.

CONTINUARÁ

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: