sábado, 3 de octubre de 2015

6687. LOS QUE MANDAN.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Los que mandan.
Con sordina, pero del lado materno-toluqueño de la familia de este menda, fue muy sabido el penoso-sabroso caso de tía Estela, monja que a buena edad (treintona) colgó los hábitos y se dedicó a servir a la humanidad, bueno, no a toda, nada más la sección masculina... la gran güila fue. Cuando niño, el del teclado notaba de parte de los mayores, que hacían comentarios indescifrable-picantes sobre la tía, pero ya grande y con buena amistad con la tía mala pécora ya vejancona, le oyó anécdotas de sus andanzas y acostanzas que hubieran sonrojado a madame Bovary, la señora Karenina y la lady Chatterley: tenía más curriculum que la cadena Marriot. Pero, llamaba mucho la atención de este junta palabras que a pesar de su evidente afición por la gimnasia lúdica en pareja, echaba pestes en contra de los hombres, y habiéndole preguntado, dijo que seguro era por haber empezado tan grande: -Deseas años y años lo mismo, que luego por más que te decepcione, no lo puedes dejar –dijo, más o menos. Pues sí.

Cualquier extranjero que lea nuestra prensa, debe pensar que el tenochca es el pueblo más politizado del mundo; sin embargo, la verdad es que a la gente promedio le importa un pito la política.

Cuando lo del “movimiento” del 68, aunque muy tiernito, este su texto servidor ya tenía  espíritu crítico-cínico y no comprendía, que la mayoría de los estudiantes que participaban en marchas y manifestaciones, apoyando esa absurda huelga estudiantil que ahora es gesta histórica por obra y gracia de los que hicieron de ella su medio de vida, realmente estaban de cachondeo.

Las marchas permitían gritar mentadas de madre y divertirse como locos, aparte de asaltar camiones de refrescos y de Gansitos; los mítines eran una distracción colectiva y a veces hasta se oía a algún buen orador (raramente); y la huelga fue un periodo extraordinario de vacaciones de lo más entretenido, acampando en los jardines de las escuelas, cantando canciones de protesta y algunos (pocos, porque eran otros tiempos), hasta consiguieron que alguna compañera en solidaridad con el Pliego Petitorio, relajara un tanto sus estándares de castidad. Luego, cuando de corretizas de la policía se pasó a  macanazos y detenciones, se enfriaron los ánimos de muchos (lo que le digan de heroísmos juveniles serán casos de excepción, la mayoría nos estábamos haciendo en los pantalones), y cuando llegaron los balazos de la tropa, ese mismo día e de octubre, se esfumó el fervor antisistema, antipri, antidíazordacista, antitodo y fuimos a las olimpiadas, que empezaron el 12 de octubre siguiente y nadie se volvió a acordar de la consigna: “¡No queremos Olimpiada, queremos revolución!” Puro cuento.

Dirá algún ingenuo que fue el comienzo que nos llevó a “quebrar” al sistema, la hegemonía del PRI… pues de efectos retardados porque no fue sino hasta 21 años después, en 1989, que el tricolor aflojó el gobierno de Baja California, que fue una negociación de Salinas de Gortari con el PAN, propiciada por el evidente fraude electoral de su elección presidencial, que ganó Cuauhtémoc Cárdenas (y qué iban a preferir los señores del PAN, que se pactara con ellos o con los de la izquierda… pues con ellos). Pero diría el clásico, “haiga sido como haiga sido”.

Otra cosa que explica en parte el inicio del fin de la hegemonía del PRI, es que el proyecto de don Salinas era la firma del Tratado de Libre Comercio con el tío Sam y eso obligaba a aparentar que había democracia y libertad, especialmente de prensa, que efectivamente empezó a haber, junto con un muy mitigado control de la intelectualida’; nada más que esa libertad de prensa era con tarifa, salvo pocas y honrosas excepciones. Pero, sí es innegable que se abrió una brecha que era impensable antes de Salinas… muy a pesar del régimen.

Y llegamos en el año 2000 a la derrota que le propinó don Fox al PRI (que no al sistema, ni a la clase propietaria, ni al capital: el régimen continuó y continúa exactamente igual). Y esto fue 32 años después del 68… le digo, de efectos retardados la cosa.

Como sea, hoy en el plano de los asuntos nacionales y que atañen al gobierno federal, se escribe y se dice lo que se quiere. Ha sido en no pocos casos, una borrachera de libertad de prensa que a veces parece campaña nacional de pesimismo, pero siempre será mejor eso a la censura total de antaño… es el precio que pagan y les sale barato (de 1929 a 1989, sesenta años de tener trabadas las mandíbulas).

Sin embargo, tenga presente que los que escriben y dicen (periodistas, analistas, intelectuales), son pocos, muy pocos, pero dan la impresión de que en México los asuntos de la política polarizan la atención del respetable, pues es lo que se publica cotidianamente. La verdad es otra: no le interesa a la mayoría.

Recuerde los resultados de la encuesta que hizo el Inegi (publicada el 23 de abril de 2012): resultó que casi el 82% de los mexicanos en edad de votar tienen “interés nulo o moderado” por la política. La cosa se pone mejor en la encuesta que encargó el Colegio de México en 2013 (publicada en agosto 19), para saber qué piensan y en qué piensan los jóvenes de entre 18 y 29 años de edad; la hicieron en 76 ciudades y entrevistaron a casi 51 mil tenochcas en esa gloriosa etapa de sus vidas; ahí van algunos datos, agárrese:

La gente joven que ve programas de análisis político en la televisión, suma el 0.44%; ve noticieros, el 23%; programas deportivos, el 16%; programas culturales (no se asombre), el 3.4%; telenovelas (ni le digo nada), el 33.9%

Por el contrario, al averiguar qué leen en los periódicos, resultó que los deportes son campeones con el 31.9%; le sigue la nota roja, con el 25.6%; política el 7.6% y cultura, el 2.8% (que no podemos saber si dijeron mentiras).

Saben esto los políticos y les preocupa mucho la prensa porque saben que los de hasta arriba, donde se confunden poder político y económico, se mantienen informados aunque les den asquito, y a eso temen porque son los que deciden y son los que mandan.

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