miércoles, 7 de octubre de 2015

6712. SABER, CONOCER Y APRENDER.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
PARTE 21

Mención especial merece la participación directa y decidida del Señor Salvador Martínez Silva, antes de ser el Obispo Auxiliar de Zamora, en la Devolución que el Gobierno hizo de la Catedral Nueva a la Iglesia para su terminación y uso, se trataba del ahora Santuario Diocesano a Nuestra Señora de Guadalupe.

Se iniciaron las peticiones al Gobierno para esa devolución en diciembre de 1930. El Señor Fulcheri encargó de una manera especial al Canónigo Martínez Silva para que moviera amistades, abogados y demás  relaciones personales a intentar la devolución de aquel inmueble inconcluso y que día a día estaba siendo destruido.

Como era de esperarse, los problemas para conseguir aquella empresa fueron saliendo y complicándose: la intención de algunos políticos y su intervención para que la Catedral no se devolviese; el hecho de que varios de los lotes que conformaban el terreno  estaban a nombre del Señor Obispo Don Francisco González y de la necesidad de un juicio y de cartas poder; la propuesta de entregar el inmueble con un pequeño y ridículo espacio para atrio, etc. Todas aquellas circunstancias fueron haciendo que la devolución se retrasase.

Pero la voluntad, la diplomacia, la terquedad y el empeño del Canónigo Martínez Silva se impusieron y “El día 25 de octubre de 1939 fue entregada la Catedral Nueva por el Lic. D. Ricardo Gudiño, Jefe de Hacienda, en acatamiento a órdenes de la Secretaría de Hacienda, al Sr. Canónigo D. Salvador Martínez Silva ... Se nombró encargado de las obras de construcción al    Sr. Cura J. Jesús Rojas y, apoyados por colectas y donativos de Zamora y de las Parroquias de la Diócesis, se iniciaron los trabajos con entusiasmo y en grande Ejemplo de ello fueron los carros de tren, llenos de Plastocemento, que de la Compañía Atoyac llegaban a la estación de Zamora y la lista de los sueldos a los trabajadores empleados en la obra.

Pero el 4 de enero de 1940 empezaron de nuevo los problemas: el Sindicato de Obreros, Albañiles y similares  de Zamora demandaron ser ellos, los pertenecientes al Sindicato, los encargados de realizar aquella obra y no los obreros que lo hacían. El Señor Martínez Silva, tratando de conciliar los ánimos y seguir con la construcción, prometió ocupar en los trabajos a algunos miembros del Sindicato.

Pero aquello sólo había sido un pretexto. El 29 de noviembre de 1940 llegó la orden presidencial  para tomarla de nuevo el inmueble e impedir su construcción. Se formuló un Acto de Amparo contra el Presidente de la República, pero ya fue tarde... Todavía en 1942 y siendo ya Obispo Auxiliar el Señor Martínez  Silva se intentó negociar, ante el nuevo Presidente, Don Manuel Avila Camacho, conciliador y con buenas relaciones en Zamora por su estancia en ella. Pero fue inútil, “... por ser un Decreto Presidencial y por no ver prudente el derogarlo siendo tan reciente...”

Fue ciertamente el Señor Martínez Silva un verdadero Auxiliar para el Señor Fulcheri, tanto porque este lo necesitaba --eran ya 18 años de trabajo en la Diócesis de Zamora y 10 más en Cuernavaca)--, como porque aquel se entregó de lleno a cumplir su papel como tal.

Las Misas Pontificales y las Confirmaciones, en la sede episcopal y en las diversas festividades de las Parroquias, eran continuas y largas y el Señor Martínez Silva suplía en muchas ocasiones al Señor Fulcheri en ellas. Lo mismo sucedía en algunas de las Ceremonias de Catedral, como la  Seña, en la que se requería bastante fuerza para sostener y ondear la enorme bandera negra, fuerza y energía que al Obispo Auxiliar le sobraban.

Las Visitas Pastorales no dejaban de ser agotadoras y numerosas y el Señor Martínez Silva ayudó mucho al Señor Fulcheri, realizando muchas de esas Visitas.

La redacción de muchas Circulares, edictos, etc. para la Diócesis y los Sacerdotes le fue encomendada, casi en su mayoría, al Señor Martínez Silva, quien tenía facilidad para ello.        
Realmente fueron pocos los años que el Señor Martínez Silva auxilió al Señor Fulcheri, pero ciertamente fue mucho, sobre todo porque ya en esos últimos años este acusaba el cansancio y empezaba a resentir las enfermedades.


Continuará.

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