miércoles, 7 de octubre de 2015

6714. SABER, CONOCER Y APRENDER.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
PARTE 22

A la muerte del Señor Fulcheri, el Cabildo zamorano se reunió, el 4 de julio de 1946, para elegir un Vicario Capitular, como lo ordenaba el canon 432, y pudiera gobernar la Diócesis, mientras se nombraba un nuevo Obispo. El pueblo, los Sacerdotes, el Seminario, casi todos tenían la seguridad de que el Vicario Capitular nombrado sería el Señor Martínez Silva, preparándole así el camino para que fuera el sucesor del Señor Fulcheri en el Gobierno de la Diócesis de Zamora.

A aquella Sesión, presidida por el mismo Señor Martínez, como Deán del Cabildo, asistieron los Canónigos  Francisco  Luna, Ramiro Vargas Cacho,  Luis G. Gómez, Celestino Fernández, Bernabé Vargas Maciel, Pascual Orozco, Conrado García, Antonio Guízar Carranza y, el Secretario, Enrique Amezcua. El voto, para la elección, era secreto y al contabilizarse, resultaron 5 a favor Fernández, uno nulo y 4 para el Señor Martínez Silva y, aunque aquella elección al principio fue impugnada, sin embargo, finalmente fue aceptada. A ese capítulo de la historia de la Diócesis de Zamora se le conoció a nivel nacional como el “Cabildazo”.

Desde luego se debe afirmar que los Canónigos zamoranos no tuvieron la intención de obrar mal en aquella elección. Al contrario: nadie podía dudar de la rectitud y la  prudencia, por ejemplo del Señor Luna o del Señor Fernández --futuro Obispo de Huajuapan --. Si votaron en aquel sentido fue simple y sencillamente porque así se los dictó su conciencia, pues creyeron que no era conveniente elegir al Señor Martínez Silva como Vicario Capitular porque con ello casi se confirmaba su nombramiento como Obispo de Zamora y preveían un sin número de dificultades y problemas, pues la aceptación del Señor Martínez Silva entre los Sacerdotes no era muy buena...

Según la opinión de muchos de ellos, que lo trataron, como amigo y como Superior, era un tanto duro en sus órdenes y en sus reconvenciones y, a veces gastaba bromas molestas a sus inferiores y, finalmente, se comentaba que, en ocasiones, no era “parejo” con todos, sino que tenía ciertas preferencias. Estas razones fueron las que movieron a la mayoría de los Canónigos zamoranos ,a pesar de que presentían iban a ser criticados duramente por ello,  a no votar por el Señor  Martínez.

Todavía permaneció algún tiempo el Señor Martínez en Zamora, cumpliendo religiosamente con sus obligaciones y asistiendo a las reuniones del Cabildo, con humildad y sin resentimientos, hasta que en 1947 fue nombrado Obispo Auxiliar del Señor Luis Altamirano y Bulnes, Arzobispo de Morelia. Desgraciadamente allá tampoco fue del todo aceptado por el Clero. El vacío, cierto aislamiento y la enfermedad fueron las cruces que sufrió y llevó con cristiana resignación el Señor Martínez Silva, ya en Morelia, hasta su muerte acaecida el 20 de febrero de 1969.

Continuará.

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