viernes, 9 de octubre de 2015

6723. LA CUARTA DIMENSIÓN: EL TIEMPO.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

La cuarta dimensión: el tiempo.

Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.
Ingmar Bergman (1918-2007)
Cineasta sueco.


El hombre es prisionero del tiempo, desde que nace hasta el momento de su ascensión al cielo o descenso a los infiernos por él creados, el hombre es esclavo del tiempo, aunque en la infancia el tiempo no existía, como sea, el tiempo escapa siempre a los intentos de aprehenderlo porque es inasible e incompresible para los seres sometidos a los estrechos límites de las tres dimensiones conocidas.

El tiempo es implacable, pero llegará el día en que el tiempo también pasará. Después del Big Crunch (el sentido contrario del Big Bang) que podríamos traducir como la Gran Contracción, sólo quedará el átomo primigenio en medio del Ser.

El tiempo es un problema existencial para el ser humano que se plantea el sentido de la, de su existencia, es un problema filosófico y hasta psicológico porque influye en el ser humano tanto como el ser humano influye en él. Psicólogos underground han propuesto teorías que van más allá de la idea de la relatividad del tiempo del científico Albert Einstein, teoría que simplificada en el tema que nos toca afirma que el tiempo es relativo al estado anímico del hombre: un hombre enamorado sentirá que el tiempo corre al lado de su amada y que es lento lejos de ella.

Las limitaciones de nuestra percepción que apenas registra un reducido porcentaje del mundo o de la realidad que lo rodea,  enfrenta un enigma indescifrable en el tiempo al que ilusamente pretendemos encerrar en una máquina que usamos en la muñeca. Tampoco ayuda el pobre desarrollo cerebral del ser humano, o mejor dicho, el pobre uso que se le da al cerebro en los tiempos que corren y que amenazan con reducir el potencial cerebral a su mínima potencia. Piotr Ouspensky fue un psicólogo que abordó el tema con la osadía de la juventud y con ayuda de la corriente filosófica conocida como fenomenología; a través de la suspensión del pensar con ayuda de la meditación, el yoga, la hipnosis, Piotr llega a la conclusión de que la cuarta dimensión está dentro del ser humano, no afuera y que es el tiempo. Pero otra pregunta acicateaba la mente de Osupensky: ¿A dónde van los muertos? O mejor dicho, ¿A dónde van los espíritus de las personas que mueren? La respuesta es, se dijo a sí mismo: van más allá del tiempo.

El tiempo es al hombre como el líquido amniótico en el que flotó en su etapa prenatal, una vez abandonado este cuerpo, no hay más tiempo, o si se prefiere ha sido tragado por el tiempo que,  como un agujero negro devora todo lo que se aproxima a su núcleo.

Por eso es de sabios aprovechar el tiempo, porque el tiempo es vida.

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