martes, 13 de octubre de 2015

6740. EL PROBLEMA ES EL PROBLEMA

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México, para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

El problema es el problema.
Tía Elvia era tan joven que le decíamos prima, era desgarbada tirando a fea, aunque muy simpática y según las señoras de la familia, tenía pájaros en la cabeza. Como es costumbre en este nuestro risueño país, fue bautizada y educada católica; en la prepa se hizo protestante y después fue hare krishna, budista, de la iglesia ortodoxa rusa pero se convirtió al judaísmo, aunque una temporada practicó el mahometanismo (secta de Abu-Hanife), y desde después de su segundo divorcio se instaló en atea, para finalmente, terminado su cuarto matrimonio, quedar en rigurosa luterana… ¡ah! y empezó tres carreras (filosofía y letras, psicología e ingeniería civil), no terminó ninguna… sí, tenía pájaros en la cabeza. No tuvo hijos (Dios existe).

A veces da la impresión a este su texto servidor que La Patria (ya saben quién, la señora de toga blanca de la portada de los libros de texto gratuitos), tiene pájaros en la cabeza:

De colonia pasamos a independientes, lo que no es tan espectacular como nos dicen todos los septiembres, que poco más de 6 millones de tenochcas nos tardamos 11 años en quitarle el poder a los españoles que eran 15 mil en todo el país: 7 mil 500 militares; 6 mil funcionarios y comerciantes y mil 500 eclesiásticos; bueno, sólo mestizos, eran más de un millón 300 mil (tomado de Fernando Navarro y Noriega, 1810; Jesús Hermosa, 1857; y Antonio García Cubas, 1876 y 1885)… a empujones los hubieran echado al mar.

Ya independientes, fuimos imperio (el de Iturbide), república centralista, república federal, católicos y conservadores; liberales, otra vez imperio (con Max y Carlotita), de nuevo liberales; católicos discretos en la dictadura (la de Díaz), luego revolucionarios y ya ido el dictador nos entretuvimos más de 20 años en matarnos los unos a los otros, para pasar de fervorosos católicos a pelearnos a tiros con la iglesia; de tomistas a positivistas; hemos obedecido a la Inquisición y la masonería.

Finalmente llegó el régimen de la revolución, constitucionalista y liberal, aunque en el camino nos echamos a Carranza y Obregón, para aterrizar en el “régimen”, sistema “tutti fruti” sin ideología, que dio para ser callistas, cardenistas, socialistas y catolicones (con Ávila Camacho). Seguros con fe de conversos en que la educación nos haría el milagro, tuvimos a Vasconcelos, Torres Bodet y Agustín Yáñez, para acabar teniendo a Zedillo, la Vázquez Mota y Nuño Mayer. También nos echamos el salto mortal de pasar de enemigos de todo lo que oliera a tío Sam a sus más coquetos amiguitos –“pa’ lo que se le ofrezca a usté, mister… con confianza”-; de la rectoría económica del Estado a las privatizaciones a granel y hoy ya, capitalistas a ultranza, salinistas y zedillistas.

Hasta que por fin reventó todo y entramos en democracia, que no en razón, cosa tan lejana de doña Marta y Fox, hasta regresar -con el breve interregno de mi general Calderón-, a los brazos de un PRI que dejó de serlo casi de inmediato, cambiando sus documentos básicos para hacer posible la repropiación petrolera, viaje al pasado dejando el futuro para mejor ocasión. Esquizofrenia patria.

En lo que parece que todos coincidimos es en que los responsables del despelote  son nuestros políticos… pero, ¿de dónde salen?

Se nos explica con comedimiento que nuestros problemas son la corrupción, la desigualdad, el “modelo”, la educación, la vecindad con los yanquis, que nos colonizaron españoles… y hoy, pero-por-supuesto: el régimen de partidos. Sí, señor, el problema es el problema. Y del peor gusto es proponer que nos revisemos porque a lo mejor el problema de México venimos siendo los mexicanos.

No se me ofenda pero nuestro patriotismo este López se lo come en taco, que si fuera cierto, la independencia la hubiéramos conseguido en un par de semanas (sin andar con carreras, así, con calma); que Maximiliano no hubiera pasado del muelle en Veracruz, que en 1864 (cuando llegó), éramos más de 8 millones y él vino con 6 mil soldados y luego llegaron 30 mil más… a pedradas, pero la verdad es que lo recibieron en casi todas partes con arcos de flores y misas con Te Deum (sin Juárez y los liberales… estaríamos hablando en francés; bueno, y sin los yanquis, que ya les andaba por terminar su guerra civil para venir a poner orden en su patio de servicio).

No se me ofenda de veras, pero eso de la “bonita familia mexicana”, de la religiosidad de nuestro pueblo, ¡vaya!, hasta lo guadalupanos, es autopropaganda para nuestro propio consumo, primer país mitomaníaco en la historia universal, porque, eso sí, nos creemos nuestras mentiras, pues si de verdad respetáramos tanto a la Morenita del Tepeyac no tendríamos ahora mismo, más muertos en un sexenio que los yanquis en nueve años en Vietnam (58,220 fiambres de 1964 a 1973, frente a nuestros más de 121 mil del período de Calderón, de ese tamaño es la barbajanada que nos estamos haciendo).

Más todavía y sin entrar en debate: ahora un amplio sector está orgullosísimo por el enorme avance que ha sido que se despenalizara el aborto en la Ciudad de México y pugnan porque se extienda al resto del país esa legislación… bueno, sólo que ya prendieron los focos de alerta desde los EUA (el Instituto TAD, Think-Action-Development que es aconfesional y apartidista), pues el número de abortos se acerca al número de nacimientos (en 2009, según el Colegio de México y el Guttmacher Institute, 122,455 abortos, frente a los 153,237 nacimientos reportados por el INEGI). ¡Qué logro!

Ya no le pregunte a los políticos en qué creen: usted y su texto servidor, preguntémonos: ¿en qué creemos nosotros?... porque ya jubilamos a Dios, a la religión, a la moral (que ahora resulta que es según ande cada quién de humor); y el honor y la palabra empeñada son malos chistes, tanto como patriotismo y soberanía… sí, en qué creemos, porque a fuerza de desterrar mitos y leyendas, mentiras y creencias de abuelas y curitas de mal aliento, nos hemos quedado así, como estamos… le digo, el problema es el problema.

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