miércoles, 14 de octubre de 2015

6750. SABER, CONOCER Y APRENDER.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde  Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
Parte 23

Habían pasado  ya 9 meses los que la Diócesis de Zamora había estado sin Obispo, por lo que el 7 de marzo de 1947 se dio a conocer el término de aquella situación: la Santa Sede había nombrado al quinto Obispo de Zamora e inmediatamente se organizó su recepción y bienvenida para fines del mes de mayo. La Diócesis y, sobre todo, la ciudad de Zamora vivieron entonces tres días muy intensos. La decisión había sido para el Exmo. Y Revmo. Dr. José Gabriel Anaya y Diez de Bonilla.

El 23 de mayo, una camioneta de La Cigarrera La Libertad anduvo por todas las calles anunciando el programa de aquella recepción e invitando a todo mundo a participar en ella. El día 24, gran número de calles zamoranas amanecieron adornadas el comercio cerrado; se inició el desfile de vehículos hacia Chupícuaro donde sería recibido el nuevo Obispo, e innumerables grupos de personas se acomodaron, desde las primeras horas de la tarde, a la orilla y largo de la carretera de Zamora a Chaparaco..

Después de las 3 de la tarde de aquel día, apareció ante el Comité de Recepción en Chupícuaro, la figura menuda, serena y risueña de José Gabriel Anaya Díez de Bonilla; después de los saludos, a las 4 de la tarde, partió la comitiva hacia Zamora: más de 200 automóviles precedían al que llevaba al Señor Anaya que, en cada pueblo por el que pasaba, era saludado con júbilo y cariño, con ¡vivas!, aplausos,  cohetes y repique de campanas, hasta llegar a la ciudad las 6 de la tarde, hora en que también el cielo participó en el festejo con alegría, derramando un mayúsculo chubasco. Al llegar a Catedral, el Señor Anaya tomó posesión de la Diócesis, después de la lectura de las Bulas, y se cantó un Te Deum en acción de gracias.

El día 25, a las 8:30 de la mañana, el Señor Obispo de San Luis Potosí, Don Gerardo, hermano del Señor Anaya, juntamente con el Arzobispo de Monterrey, Mons. Trischler, y el Obispo de Tacámbaro, Don Abraham Martínez, consagraban al nuevo Obispo. Estuvieron también presentes los Arzobispos de Morelia quien predicó y de Durango, el Obispo de Colima, el Auxiliar de Saltillo y el ex Auxiliar del Sr. Fulcheri, el Señor Martínez Silva, así como todo el Cabildo, gran número de Sacerdotes y Religiosos, el Seminario entero y una representación de cada una de las clases sociales, juntamente con una multitud de personas que abarrotaron la Catedral, su atrio y buena parte de la Plaza.

Zamora de nuevo tenía Obispo.

El Obispo José Gabriel nació en la Hacienda de Tepexpan, en el Estado de México, el 16 de  marzo de 1895, siendo sus padres Don Eduardo Anaya y Doña Concepción Díez de Bonilla, tocándole a José ser el décimo de sus 12 hijos. Estudió la Primaria en México, en la escuela anexa  al Seminario Conciliar y en los Colegios de San Joaquín e Infantes, así como un año de Comercio con los Padres Josefinos.

En 1910 ingresó  al Seminario Conciliar de México, siendo Rector del mismo el Sr. Fulcheri,  futuro Obispo de Cuernavaca y de Zamora. El 27 de septiembre de 1912 partió José a Roma, al Pío Latino, enviado por el Sr. Mora y del Río --Arzobispo de México, nacido en Pajacuarán--, y allá fue ordenado el 3 de abril de 1920, regresando a México, ya Doctor en Filosofía, en Teología y Derecho Canónico, el año de 1923.

De noviembre de 1923 hasta fines de 1928 fue profesor de Latín en el Seminario de México; en 1929 enseñó Teología y desde 1931, Liturgia. En enero de 1930 fue nombrado Secretario de la Delegación Apostólica, siendo su titular el Sr. Leopoldo Ruiz y Flores y siguió luego, en el mismo cargo, con el michoacano Monseñor Luis Ma.  Martínez. En ese tiempo, la Santa Sede nombró al Padre José Gabriel, Monseñor y Protonotario Apostólico.

Desde 1938 fue también Padre Espiritual en el Seminario de México y de varias casas religiosas.

Colaboró en “Christus”, revista sacerdotal muy  prestigiada, escribiendo sobre Liturgia, así como también para la Editorial  Buena Prensa. Es el autor de un pequeño y entonces valioso y práctico libro, titulado El Seminarista en el Altar.


Continuará.

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