miércoles, 14 de octubre de 2015

6754. ¡DESHUMANIZACIÓN!

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Jacona, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di´arina y de Maíz
¡Deshumanización!

La educación es uno de los factores más importantes para el desarrollo de una sociedad más respetuosa, más amable, más entendible, más productiva. “En el pedir está el dar”, que ni quepa duda alguna de ello. El conducirnos con humildad y sencillez, no con sumisión, ni humillándonos, nos hace ver como seres humanos comprometidos con la sociedad y en ella se incluye a nuestros familiares, amigos, empleados, compañeros de trabajo y a nuestros jefes inmediatos.
           
Es muy común que las condiciones en que vivimos, principalmente cuando la economía está por los suelos, cuando la educación ha mermado, donde la cultura casi no existe, la inseguridad es abrumadora, casi devastadora y cuando el desempleo nos frena y cuando la falta de valores, conjugada con la falta al respeto a la vida, hacen que cada día sea más fácil morir que vivir, que los seres humanos nos hayamos transformado en seres insensibles, muy insensibles.
           
También es común que haya gente que, por esa indiferencia social, jamás se despoje de nada, por nadie; que jamás haya sentido en sus tripas la angustia de ver llorar a sus hijos por hambre; porque son seres que están acostumbrados a mandar, a pedir y que les den, pero no dan a nada a quien les pide, mucho menos por su propia iniciativa.
           
Cuando un individuo que en el trayecto de su existencia ha pasado con marcada indiferencia y de pronto la vida le sonríe con un buen empleo, con una buena remuneración económica, de pronto se eleva hacia las nubes como Alicia en el país de las maravillas. Y una vez allá, no sabe cómo bajarse. Su actitud es inadecuada, se torna mandón, altanero y grosero; irrespetuoso.
           
Tal actitud llega principalmente en algunos políticos denominados Regidores, que de pronto se sienten con el poder en sus manos, o con un derecho de mando, cuando debería ser más analíticos y precavidos, vigilantes y actuantes pero todo encaminado al bien común, al bienestar.
           
Y bueno, la maldad manifiesta en la humanidad va más allá, principalmente cuando ésta sale del oscuro rincón de la cobardía, del anonimato, del mal uso de las redes sociales (léase Facebook), desde donde arrojan piedras sin que se les vea su mano. A éstos individuos de pronto se les olvida que ya existe la Policía Cibernética del orden federal y que ésta, tras previa denuncia, puede detectarlos y hasta encarcelarlos.
           
Por esa vía, ahora es muy fácil criticar, señalar en mala onda y lo que es peor: ¡difamar!, lo que definitivamente destruye, porque habrá que recordar que “palo dado ni Dios lo quita”.
           
La mera neta que, no veo cómo es que la sociedad pueda recuperar un poco de esa armonía, del buen vivir. No veo cómo recuperar aquél saludo que nos dábamos al encontrarnos en la calle, no obstante a no conocernos. No veo cómo volvamos a bajar de la banqueta para ceder el espacio de los ancianos, a las damas, a los niños.
           
No veo cómo puedan dejar de vomitar fuego las armas. Y no veo cómo se elimine la violencia de las canchas de futbol y de basquetbol, puesto que los ¿deportistas? alentados por la tuba mezclada entre las porras, transforman las canchas deportivas en un espacio de batalla campal, aprovechándose que se trata de un “deporte de contacto”, para expulsar de su interior toda la frustración y odio acumulados en el transcurso de la semana en su hogar y en su trabajo.
           
Total, que la sociedad en su conjunto está repleta de una maldad manifiesta muy, pero muy difícil de resolver y más aún cuando los responsables de impartir educación están en las calles agrediendo a la sociedad; y más aún cuando los responsables de impartir justicia la siguen degenerando en corrupción y ésta inicia desde abajo, constituyéndose en una larga e interminable fila de protagonistas, hasta llegar a las cúspides.
           
En fin, tal parece que vamos rumbo a la destrucción del hombre por el hombre mismo.

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