miércoles, 14 de octubre de 2015

6755. SABER, CONOCER Y APRENDER.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
Parte 25

El señor obispo José Anaya y Diez de Bonilla, con la intención de convivir más con los Formadores y seminaristas, así como participar más en la vida del Seminario, a iniciativa suya se construyó un departamento exclusivo para que él lo utilizara, junto al cuarto del rector.

Fueron muchos los alumnos del Seminario, enviados tanto a Montezuma como a Roma para especializarse en las ciencias eclesiásticas y no eclesiásticas, no sólo para lucir o presumir de un título, sino para venir luego a trabajar en el Seminario y en la Diócesis.

Tuvo especial cuidado que las vocaciones sacerdotales no menguaran, de tal manera que de todas las gestiones de los Obispos que han gobernado Zamora, la suya ha sido la más fecunda en cuanto a Sacerdotes ordenados para la Diócesis, para otras Diócesis y para varias Congregaciones Religiosas, tomando en cuenta la duración de su gobierno.

En cuanto a los Religiosos y Religiosas, tuvo especial preocupación y cuidado:

A las Congregaciones ya existentes en la Diócesis las ayudó siempre y se preocupó por ellas.

Aprobó a los Oblatos Diocesanos del P. Enrique Méndez, Párroco de Sahuayo.

Aprobó, también, la Pía Unión de Religiosas del Trono de la Sabiduría y las de Nuestra Señora de la Esperanza.

En 1954 aceptó en su Diócesis a  los Padres Combonianos, que llegaron a Sahuayo para instalar su Seminario.

Las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran y, si algo hay que destacar en el Señor Anaya, es su devoción profunda y sincera hacia la Madre de Dios, que trató siempre de infundir a sus diocesanos de todos los niveles y que lo llevó a realizar y lograr varias cosas, como fruto de esa devoción personal:

Su primera Carta Pastoral fue sobre el Patronato de la Virgen de la Esperanza sobre la Diócesis de Zamora, lo que logró el 14 de febrero de 1952.

Consiguió también de Pío XII, el reconocimiento del Patronato de la Inmaculada sobre Zamora, coronando solemnemente y en medio de grandes festejos y regocijos, su imagen, al celebrarse el Primer Centenario del Voto Zamorano a María, en 1950.

Declaró Santuarios Marianos a Apo y a Tingüindín.

Todos los Movimientos Apostólicos existentes en la Diócesis a su llegada y los demás que durante su gobierno se fundaron, recibieron siempre su apoyo decidido y estimulante: Movimiento Familiar Cristiano, Acción Católica, Caballeros de Colón, Cursillistas, etc., tuvieron realmente un repunte durante su gestión.

La educación y los educadores ocuparon un lugar especial en la agenda del Señor Anaya, pues trabajó muy en serio, tanto en pro de las Escuelas Particulares --Federación,  Unión de Padres de Familia, etc-- como de las Oficiales pues, de manera especial, promovió el contacto y la unión con los maestros cristianos de toda la Diócesis, promoviendo eventos -´-ejercicios espirituales, retiros, cursos, etc.-- para su crecimiento cultural, moral y espiritual.

Los Colegios Episcopales fueron fundados por el Señor Anaya, a sugerencia de la Sagrada Congregación de Seminarios. Tales Colegios deberían contar con un Sacerdote Director; no eran ni escuelas apostólicas ni preseminarios, sino semilleros de verdadera cultura científica y cristiana, sobre todo de vocaciones sacerdotales. El 26 de abril de 1961, el Señor Anaya aprobó las Normas para esos Colegios Episcopales que, al final fueron suprimidos, principalmente por apatía, cierta pereza y poca voluntad para solucionar los problemas que naturalmente tenían que surgir, suprimiendo con ellos valiosas fuentes de cristianismo y de vocaciones.

La Liga Pro Tarascos, nacida en 1948, cuando un grupo de once Sacerdotes que trabajaban en la Meseta Purépecha se unieron, en un afán apostólico de ayudarse mutuamente en un medio y ambiente comunes y según el sentido comunitario indígena de la región. Desde un principio, el Señor Anaya vio con simpatía este movimiento, asistió a varias de sus reuniones y el 5 de marzo de 1955, al celebrarse el IV Centenario de la muerte de Fray Juan de San Miguel, apóstol de los purépechas, lo aprobó oficialmente, alabando su espíritu de unión, solidaridad, caridad e ímpetu apostólico y desinteresado y poniéndolo bajo la protección de María de Guadalupe y de San Pío X.

Pero no solamente autorizó y bendijo aquella Liga, sino que, de manera personal y directa, la ayudó en algunas de sus realizaciones concretas y efectivas:

La celebración de Ejercicios de encierro en lengua puré para indígenas, como los que tuvieron lugar en Chilchota y en Jacona, con gran asistencia de toda la Sierra.

La fundación de Colegios en la Meseta, como el de Angahuan, Tanaco y  Pichátaro.

La celebración de la Primera Semana Católica de la Sierra Tarasca, en Paracho, del 13 al 18 de noviembre de 1955, a la que asistió, además de los Señores Obispos Don  Celestino Fernández, de Huajuapan de León, y Don Abraham Martínez, de Tacámbaro, 24 Sacerdotes de la Diócesis y algunos de Morelia, que se desarrolló, entusiasta y fructífera, entre solemnes actos de culto, alegres y tradicionales fiestas populares y productivas mesas de estudio.

Continuará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: