viernes, 16 de octubre de 2015

6766. ROBANDO EL FUTURO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Robando el futuro.
Filosófico estás, le dijo don Quijote a Sancho; y contestó: es que tengo hambre. Y sí, parece que no hay muchos casos de pensadores entre lo que antes era la aristocracia, y ahora los millonarios (con las excepciones de siempre); pero, a mayor alarma: de unos años para acá, lo ligero se presenta como norma forzosa y lo frívolo, de buen gusto obligatorio.

Corresponde esta superficialidad vital, por supuesto, al sector que tiene la vida resuelta, de clase media para arriba (entendida la real clase media como la gente en estado de permanente angustia patrimonial), pues con necesidad de encontrar chamba o con agujeros en los zapatos, es muy difícil plantearse ser metrosexual, “hipster”; y ya más grandecito, cómo degustar un Châteauneuf-du-Pape, o identificar a golpe de vista un bolso Louis Vuitton pirata.

Será por eso que a esa casta de exquisitos, la gente seria o dada a reflexiones -cosa de por sí incómoda-, en el mejor caso les merece indiferencia y no raramente desprecio, pues exhiben claramente con sus conversaciones sentenciosas, su condición de muertos de hambre, ralea indudablemente capaz de pasar la vida usando ropa de poliéster, hibernando con el Johnnie Walker etiqueta roja -o el “Bacacho” blanco-, que ni sospechan lo indispensable del Chivas 25 años, el Macallan 1947, la ropa de lino y seda (de marca, pero-por-supuesto, muy visible), los relojes de colección y dominar la preparación del daiquirí “banana frozen”.  

Esto de la ligereza parece haber cundido. Por supuesto cada quién está muy en su derecho de escoger si se toma las cosas en serio (clasificación social: “de güeva”), o si vive conforme a los cánones de la “gente bonita”, esa que si no heredó, gana dinero (jamás de empleado, ¡por favor!), chueco o derecho, sin distinguir diferencia ninguna entre lo mal habido y lo ganado con el sudor de la frente (primer síntoma naco, andar sudando por dinero), y en todo caso tiene más de lo suficiente como para no reparar en la existencia de nadie cuyo su primer coche haya sido un Nissan usado o (ya inconfesable), un Volkswagen sedán.

Nada tiene que ver esto con la frivolidad culta y de fondo que antes tenían señores como Alfonso Reyes o Salvador Novo, ni con la humorística ligereza de un Jorge Ibargüengoitia, que hacían sonreír -y pensar- a cualquiera, con el ingenio de observaciones que iban de lo cínico a la crítica social y desde lo leve se zambullían en lo más trascendental. Serio no es sinónimo de aburrido ni pesado, como alegre no es semejante a insustancial ni fútil.

Tampoco tiene relación alguna con la tenue actitud ante la vida de adolescentes y jóvenes tiernos, que más cerca de la infancia que de la adultez, chacotean con todo. Que gocen, ya se les echarán encima las responsabilidades y ¡ay de ellos! si no pertenecen a la clase social planta “pent house”.

Parte esencial de la actitud ingrávida ante todo, es -para los integrantes de esta realeza de lo “trendy”-, mostrar interés por lo que esté de moda aparentar. Puede ser desde darse colectivamente por ofendidos por la policía de Moscú que mató al oso que se metió a un centro comercial, que siendo mexicanos mostrarse consternados por la inminente desaparición de las auténticas tradiciones del Tibet; o en un extremo comprensible y muy justificado, “subir” a la red comentarios iracundos contra el cineasta Steven Spilberg por la foto que alguien puso en Facebook, exhibiéndolo “junto al dinosaurio triceratops que cazó”, sin caer en cuenta que era de plástico pues esa especie desapareció hace más de 60 millones de años (y pidieron siete hogueras para él, por “asesinar” un animal en riesgo de extinción).

También les es necesario para no desentonar, abrazar las causas de actualidad, puede ser la defensa de lo indígena (fotografiado, en museo y con vino de honor), la preferencia por Frida Kahlo (en póster), el más febril ecologismo (con cuatro autos propios), el feminismo que naufraga en mujerismo, el aborto “ad libitum” (mi cuerpo es mi cuerpo), el consumo de comida orgánica (?), el antibaquismo a ultranza (fumando marihuana, que es medicinal), y la apología de cualquier práctica sexual que sea entre adultos y consensuada…. ¡ah! y sin saberlo ellos, esencial sin duda para pertenecer de pleno derecho a ese estrato, es ser arribistas, eso sí, que los de a de veras se distinguen sin darse ellos cuenta y su elegancia les es tan natural que pasan por sencillos.

Tiene un factor común esta comalada de mexicanos a la moda: es de pésimo gusto discutir asuntos nacionales. Entendámonos: hay temas locales que sí tratan, por ejemplo:   el estado que guardan las nalgas de la señora Alejandra Guzmán (inolvidable ejemplo que no nos cansaremos de repetir); que el Tuca debió de seguir; que para corrupción la de la FIFA y la Volkswagen; los “memes” contra Peña Nieto… y lo demás, no. Hablar de cosas como la crisis económica, la reforma educativa o el desempleo, es de mal gusto, es “mata fiestas”, “mala onda”… y una “güeva”, ya quedamos.

Si alguien de entre ellos se atreve a comentar la tragedia de los menores de edad migrantes, el atraso creciente de nuestros indios (sí, indios… majadero usted que cree que es insulto), el incremento del índice de suicidios entre adolescentes, o las condiciones de trabajo asimétricas de la mujer, despacharán el tema rapidito y difícilmente lo vuelven a invitar.

Por un lado los muy jóvenes (y algunos no tanto), absortos en compartir fotos de lo que se están comiendo, tomando “selfies” y tecleando insaciablemente en el Ipad; y por el otro, los que ya tienen edad (y no tanto), comiendo raro, bebiendo caro -hasta el embrutecimiento-, compitiendo en impresionar “valets parking”, pagando fortunas por ropa que no les queda, pandos de gusto y autosatisfacción, sin grandes molestias van dejando pasar el tiempo y dejando que otros construyan la realidad que tarde o temprano se les plantará enfrente (casi siempre encima).

Y así, mientras, con toda comodidad, la clase política les sigue robando el futuro.

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