sábado, 24 de octubre de 2015

6794. LA GUERRA Y LOS CRISTIANOS

Reporte Z

Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

La guerra y los cristianos

El Cristianismo podría ser bueno, si alguien intentara practicarlo.
George Bernard Shaw (1856-1950). 
Escritor irlandés.


La guerra ha sido el medio de sometimiento de los pueblos, la guerra y la religión, en los tiempos de Cristo no era la excepción. El pueblo judío vivía sometido por el imperio romano por un lado, y por los sumos sacerdotes por el otro, y esperaban que Cristo fuera un mesías, un líder guerrero que los liberara de las cadenas de la esclavitud impuestas por el ejército romano y por la jerarquía sacerdotal judía. Pero Cristo no sólo no toma las armas, sino que ¡pide a sus seguidores que pongan la otra mejilla! Esto es pacifismo radical y es el medio de lograr la paz, el otro camino es la reacción violenta, la lucha a muerte, la guerra.

El escritor ruso León Tolstói, crítico de la Iglesia católica y pacifista radical, analiza en su libro El reino Dios está dentro de vosotros cómo desde el emperador Constantino al convertir al cristianismo en religión oficial, se elimina de la doctrina cristiana toda referencia a la idea de la no resistencia al mal con violencia.

Que los Papas no sólo justificaran las guerras y dieran su bendición a los ejércitos, sino que ellos mismos emprendieran guerras santas, es inadmisible para Tolstói (y debería de ser inadmisible para los cristianos y los hombres de buena voluntad de ahora y de todos los tiempos), que luego de la publicación de sus libros sobre el tema de la fe y la religión recibió cartas de los cuáqueros americanos y del hijo de William Lloyd Garrison, defensor de la libertad de los negros en Estados Unidos y promotor de una asociación para lograr la paz universal.

El hijo de Garrison envió a Tolstói copia del Manifiesto de su padre, que dedicó su vida a dar conferencias y luchar por construir un mundo de paz por medio de la no resistencia al mal por la violencia. En 1938 Willian Lloyd Garrison participó en la asociación americana para el restablecimiento de la paz entre los hombres.

Garrison y sus compañeros llegaron a la conclusión de que la paz universal no se puede erigir sino sobre el reconocimiento público del mandamiento de la no-resistencia al mal con la violencia (Mateo 5,39). En 1938 la asociación publica su manifiesto firmado por William Garrison y sus compañeros. Entre los principios del manifiesto destacan el no reconocimiento a cualquier autoridad humana, la idea de la hermandad de los seres humanos más allá de fronteras y ejércitos, además de posiciones tan radicales como la no defensa: “Reconocemos que el pueblo no tiene el derecho a defenderse de los enemigos extranjeros, ni de atacarlos.” 

El pacifismo de Garrison y la sociedad para la paz universal entre los hombres los llevó a rechazar las guerras y todo lo que se relacione con la violencia: “No reconocemos como cristianas y legales no solo las guerras - ofensivas o defensivas – sino también las organizaciones militares, cualesquiera que sean: arsenales, fortalezas, navíos de guerra, ejercicios permanentes, monumentos conmemorativos de victorias, trofeos, solemnidades de guerra, conquistas a través de la fuerza, finalmente, reprobamos igualmente como anticristiana cualquier ley que nos obligue el servicio militar. En consecuencia, consideramos imposible para nosotros no solo cualquier servicio activo en el Ejército, sino también cualquier función que nos dé la misión de mantener a los hombres en el bien por la amenaza de prisión o de condena a muerte. Nos excluimos, por lo tanto, de todas las instituciones gubernamentales, repelemos cualquier política y rechazamos todas las honrarías y todos los cargos humanos.”

La Sociedad para la Paz Universal no tenía relaciones con las religiones y su proclama no logró despertar a la adormecida sociedad norteamericana, Garrison  como otros pacifistas que recorrían el país, como Adin Ballou, fueron  ignorados y aunque a su muerte les rindieron homenaje no se habló para nada de la doctrina que proclamaron en vida: la no resistencia al mal con la violencia.

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