domingo, 25 de octubre de 2015

6797. ROSARIO SIN CRUZ.





De Arturo Ceja Arellano.
Tomado de Uandari  N° 134. Pág. 2
Jacona, Michoacán. México.
Tenepal de CACCINI

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Rosario sin Cruz…

Provocas rezos que retumban como ecos repetidos, como olas que se estrellan entre mortecinos cirios, que hacen guardia sin apuesta gallardía a los restos mortuorios encerrados en el féretro; mientras susurrantes llantos se pierden entre rebozos que cubren bocas y secan lágrimas al mismo tiempo.

Tus cuentas pasean penosamente entre temblorosos dedos que saltan suavemente de una en una, con vuelo desesperante, mientras las voces rezan el Dios te salve ¡oh! María, que llora la ausencia de su hijo, lo que pesa sobre la humanidad porque hay quienes a tu nombre matan y enlutan, ¡Oh mi Dios! que has permitido la adoración a la “Santa Muerte”, o al mítico Valverde, ante la injusticia creada y sostenida por la sotana que cubre al falso representante que sostienes bajo la sombra de tu templo, donde éste consume la Hostia-Pan y al Vino-Sangre con gesto de desafiante indiferencia.

Y hay quienes sobre los rezos, esperan la llegada de la muerte para saltar sobre todo y hacerlo suyo sin otro más derecho que la ambición y la envidia, dañando ¿con el perdón de Dios?

Santa María, ¡oh! Madre de Dios, decidle a tu hijo que regrese a nosotros los pecadores para darnos la paz que no hemos sabido encontrar en ésta tierra, que muere entre rezos y llantos; entre sollozantes e inútiles golpeteos de pechos.

Rosario que muestras tus cinco misterios, entre los que desfilen las míticas Aves Marías que se entrelazan caprichosamente a los Padres Nuestros, al Yo pecador que ya no confiesa a Dios sus males, porque éstos son acciones cotidianas vistas ya con normalidad.

Rosario que portas “misterios gozosos” que saltan entre “los dolorosos” como un castigo divino surgido de un mar embravecido y de una tierra llena de maldad mani-fiesta, e infestada de humanidad ingrata, la que te arrojó piedras y te colgó en la cruz.

Esa cruz que yace en ti, y que sin ti jamás será igual. Eres un rosario sin final, porque no estás en él, ni en la” mano empuñada de quien recorrió las cuentas palafraseando de manera tartamudeante el “Ten piedad y misericordia de nosotros”. Benditos sean quienes participan en novenarios con religiosa creencia, con respeto y con amor; con la inocencia clava en su corazón.

Rosario, sin tu cruz, los que creemos en ti jamás encontraremos respuestas, ni alabanzas.

¿Dónde está tu cruz, Rosario? ¿Acaso ya no puedes ser sostenido por esas manos temblorosas ante el peso que representas por la incapacidad humana de amar?

Rosario sin cruz, que cuelgas de la sotana del hombre que predica entre vacíos pasillos del Seminario, que ya no cuenta con las largas filas de seminaristas; por donde ya no se arrastra el huarache de aquél Seminarista de los Ojos Negros, que despertó el amor de la mujer que lo veía entre los empañados vidrios del ventanal de la vieja casa, mientras tejía sus sueños entre alabanzas de voces perdidas que retumbaban entre las frías bardas del edificio.

Rosario sin cruz, ¡ten piedad de nosotros! Y ten piedad de quienes te mancillan, de adultos y viejos que en el nombre de Dios, toman la fresca carne del Seminarista y del inocente niño, atrapados en buitrescas garras donde pierden su inocencia.

Rosario sin cruz, ¡ten piedad de nosotros los pecadores! que pecamos por la ignorancia en la que estamos sumidos por ordenanzas de quienes no quieren perder su poder, el que les da la sotana embravecida y lacerante, como un látigo que silva al romper al viento enrarecido y frío que escapa entre añejas columnas que sostienen al templo humillante, donde se impacta la ignorancia servil de quienes acuden en busca del perdón de Dios y su alivio inalcanzable.

Ten piedad de nosotros, Señor y permíteme rezarte mis dolencias, mis querencias y mis plegarias, aunque ya no cuelgues del Rosario.

17 de Octubre de 2015.

Martes 3, 20 de Octubre del 2015. ZAMORA.

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