martes, 27 de octubre de 2015

6810. ¡GRACIAS DIOSITO!

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Gracias Diosito!
Probablemente a usted no, pero en su infancia al del teclado, las raras veces que íbamos a alguna alberca o a la playa, después de comer le tocaban dos horas de aburrimiento, pues era una verdad científica indiscutible, que corría uno un riesgo mortal si se metía al agua en plena digestión. Cosas de las mamás.

A este López muchas verdades de esas le enseñaron: si había Luna roja, iba a temblar; si cantaban los gallos en la noche, el clima cambiaría. Clavar un cuchillo en una maceta impedía que lloviera; los perros comían pasto para curar sus males estomacales. La leche necesitaba tres hervores; niño gordo era niño sano. Y, muy desagradablemente, la aplicación rutinaria de lavativas para curar empachos

Su texto servidor a esa edad, decidió mejor no discutir esas cosas -y otras-, en nombre de su bienestar glúteo (otro día le cuento cómo le respondían a preguntas de buena fe como con quién se casaron los hijos de Adán y Eva o porqué Dios mató también a los bebés de Sodoma y Gomorra, cosa que aparte de asustarlo mucho, abrumaba su infantil lógica).

Superada con relativo éxito la niñez, se topó en su primera juventud con que en la escuela superior también había verdades absolutas y que los maestros también podían ser vengativos, pero que algo fuera cierto nomás porque lo había dicho San Alberto Einstein, no le bastaba (por ejemplo, “nada es más rápido que la velocidad de la luz”, que recientemente se ha probado falso… muy tarde para arreglar el cero en física, por haber puesto en el examen: “Eso dicen”), aparte de cosas que empezando con la palabra “teoría”, acto seguido se enseñaban como irrefutables, como la teoría de la evolución, que este junta palabras nomás quería que le explicaran cuándo se detuvo el proceso o si seguíamos evolucionando, para no mencionar la evidente tontería del importantísimo papel que don Darwin concede a la mujer en la selección natural de la especie al escoger ella a sus compañeros de apareamiento, pues al menos en la familia de este menda, sobraba prueba en contrario.

Se hace uno adulto y poco más, y es cada vez más clara la dificultad inmensa de no estar de acuerdo en algo nada más por la autoridad del que lo dijo o porque mucha gente lo cree. Ni modo.

Ayer hubo un ejemplo de esto. En los sitios de internet de noticias de los medios más seriecitos, apareció que la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró que el consumo de “carnes procesadas” (salchichas, jamón, tocino, etc.), “pueden” causar cáncer, y la carne roja también “puede”. Si no leyó usted completa la nota ya le fregaron el inocuo placer que proporciona un taco de maciza.  Los que se hayan tomado el trabajo de leer completa la nota, se enteraron que el doctor Kurt Straif, jefe del Programa de Monografías de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), aclaró: “Para un individuo, el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal por consumir carnes procesadas sigue siendo bajo, pero el riesgo se incrementa con la cantidad de carne que se consume”, lo que significa… nada, eso exactamente significa, nada, pues más adelante reconoce la OMS que “cerca de 34 mil  muertes por cáncer al año “pueden” atribuirse a dietas que son altas en carnes procesadas”, sí, “puede”, pero la misma OMS acepta que en 2012 de 8 millones 200 mil muertes por cáncer, 34 mil corresponden a personas que comían mucha carne procesada… o sea: 4.1 décimas de punto porcentual (y tomaban agua, todos, y la mayoría usaban calzones… si vamos a buscar factores comunes de posibles cancerígenos entre los fiambres). Pero no faltará el que le diga a usted, sentenciosamente, pastando a la mesa y mirando con reprobación su bistec con papas: “eso da cáncer”. ‘Tá bueno.

Hay otra fuente de errores y falsedades (aparte de las encuestas), que aparentemente mucha gente se traga y acepta: las cifras gratuitas dichas por quien aparente saber. Vea lo que publicó ayer La Jornada: “Corrupción cuesta 4 puntos del PIB a México: empresarios”… es una afirmación como para declarar emergencia nacional: ¡4% del PIB se va al caño! Lo afirmó por sus puros calzones Julio A. Millán Bojalil, presidente del Grupo Corporación Azteca (Coraza), en el segundo día de trabajos del foro México Cumbre de Negocios, organizado por Miguel Alemán Velasco (el señor que trabajó toda su vida de hijo de su papá).

Don Millán Bojalil dijo: “(…) cada año, la corrupción cuesta al país el equivalente a cuatro puntos porcentuales del producto interno bruto, unos 740 mil millones de pesos”. Lástima que este junta palabras no estaba ahí para tupirlo a preguntas: ¿de dónde obtuvo ese dato?, ¿quién hizo el estudio?, ¿los corruptos contestaron a una encuesta?... o ¿es nada más una “latida”? Es imposible determinar semejante cosa y ni el Banco de México podría decir de la masa monetaria qué cantidad corresponde a mordidas, transas y moches.

Curiosamente en estos tiempos de supuesta fe ciega en la ciencia y la tecnología, no es raro encontrar personas que creen a pie juntillas en las Flores de Bach, el Feng Shui, y un rico surtido de creencias que no admiten discusión, como el poder de la “energía positiva” o que el psicoanálisis y su hijastra, la logoterapia, son ciencias. Padre.

Por eso no nos debería extrañar que ayer don Peña Nieto, en esa Cumbre de Negocios, haya dicho que el suertazo de que se desvió Patricia, el súper huracán, más las medidas preventivas que ayudaron en mucho, se debió a que:

“Cerramos filas, generando una gran energía positiva, hubo, para quienes son creyentes, cadenas de oración, rezos, llamados. Yo creo que en buena medida, el tener un saldo blanco ante el impacto de este huracán se debe en mucho a la fe del pueblo de México, a tener fe en sí mismo y al haberse unido todos para convocar esta fuerza que en mucho evito este desastre”.


Si quería echarle una flor al pueblo, se enredó mucho. O no, y tal vez nomás quería dar gracias a Dios (“esta fuerza”)… sin pudor Presidente, sí se vale y en este caso, a grito pelado: ¡Gracias Diosito!

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