jueves, 29 de octubre de 2015

6815. ¡NI LE BUSQUEN!

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Ni le busquen!
Contaba sonriendo la abuela Elena que a principios del siglo XX, en Autlán de la Grana, Jalisco, unos tíos suyos tenían tres hijas muy guapas y algo más que pizpiretas, coquetas en el límite previo a güilas, que a fuerza de dar picones a los muchachos del pueblo y dejarse cortejar por más de uno a la vez, provocaban que las fiestas acabaran en pleito y a veces a balazos, hasta que el Alcalde muy ceremonioso y con cara de susto, fue a visitar al papá de las chamacas para informarle que era decisión del Cabildo pedirle de la manera más atenta que ya no permitiera a sus hijas ir a ninguna fiesta, que eso iba a acabar en tragedia. Qué pena.

Tal vez le parezca una exageración pero a veces dan ganas de tener una ley que prohibiera a los funcionarios optar a ningún cargo de elección porque en lugar de cumplir con sus obligaciones, se dedican a conseguir la candidatura de su antojo, haciendo desfiguros y metiendo la pata más de lo que es tradicional y generalmente aceptado por la ciudadanía de este nuestro risueño país. Sería un artículo breve en el código de instituciones y procedimientos electorales: No puede ser candidato a nada el que haya estado en gobierno en los tres años previos al día de la elección, ni de conserje (esto se puede omitir, pero, no, más vale).

Los que componemos el peladaje nacional en edad de votar, siempre hemos observado muy divertidos (o muy enchilados), las extravagancias y ridiculeces de funcionarios que sin decirlo y hasta negándolo enfáticamente (el usual y cínico, “a mí denme por muerto”), ansían ser candidatos a cargos públicos de elección, estelarmente a la presidencia de la república.

Van a todas: hacen todo lo que suponen les puede redituar popularidad, inauguran obras, congresos y eventos; luciendo una sonrisa de comer tostadas, abrazan viejitas, saludan desconocidos, cargan niños, chutan balones, pichan bolas, tiran canastas, bailan con desconocidas; siempre en traje de carácter, se disfrazan de obrero, charro, deportista, china poblana, la flor más bella del ejido y van de pañal a las guarderías.

Para mejor ocasión queden las andanzas del agradabilísimo Gobernador de Puebla (y sus fotos maquillado, con brillo en los labios), y las del Secretario de Educación, valentón del gabinete, afamado por entrón (desde su oficina). Toca turno al Jefe de Gobierno del D.F.,  capital del país, Miguel Ángel Mancera.

A don Mancera no se sabe qué enemigo suyo le metió en la cabeza que puede ser Presidente de México, pudiendo irse a trabajar al negocio familiar (los Bisquets de Obregón, sin más bronca que atinarle con el chorro de leche al vaso).

Antes, como Procurador de Justicia del D.F., en el gobierno de Marcelotzin Ebrard, fue muy maldoso y en los asuntos más escandalosos, se dedicó a meter inocentes a la cárcel para reportarlos resueltos (unos ejemplos: por el secuestro del hijo de Alejandro Martí, metió casi 8 años a la cárcel a la señora Lorena González, cuando los mismos secuestradores decían no conocerla; por el asesinato del  científico francés Christopher Augur, se quitó la presión de la embajada francesa enchiquerando más de 5 años a cuatro inocentes; y a la estudiante universitaria Mariel Solís Martínez, la detuvo por el asesinato del catedrático Salvador Rodríguez, sucedido mientras ella estaba en clases y la soltó a la semana gracias al escandalazo nacional e internacional que armó el movimiento #MarielSolísEsInocente).

Sí, don Miguelito-no-doy-una, el que nunca consiguió que se pusieran de acuerdo los técnicos  sobre si era necesario clausurar la Línea 12 del Metro (enfureciendo diario a medio millón de usuarios), aunque claro, era indispensable para eliminar políticamente a su antes jefecito chulo, don Marcelotzin.

Pero él quiere ser Presidente de México, boxea, baila, anda en bici, come tacos de mercado, y declara y declara, siguiendo la corriente que él olfatea le dará mayor popularidad. Por eso está muy atento al trepidante asunto del asesino serial de La Condesa:

El mero secretario de Seguridad del D.F., atiende personalmente el caso; hay rondines de policía las 24 horas; revisan los videos de las 9 cámaras de la zona; se instaló una Unidad de Ministerio Público Móvil; va diario un grupo de veterinarios de la policía capitalina y la Brigada de Vigilancia Animal… y -ternurita-, se hizo autopsia a los animales fallecidos. Sí, estamos hablando del asesino serial de perros (van once).

Ahora dicen es una mujer de 63 años, denunciada (?) por decir que le molesta que los dueños de los chuchos no recojan su caca, y como ya es sospechosa, montaron un operativo para evitar su fuga (pa’ que vean los federales que no hicieron eso con el Chapo). Y el Procurador capitalino, declaró que de ser culpable, “tendrá todo el castigo jurídico y legal que se pueda establecer”, hasta seis años de cárcel porque hay agravantes…y ni es cierto, no es delito grave, sale con fianza, faltaba más. (El Chapo estuvo un año con 139 días en la cárcel del Altiplano, por cierto).

Mientras, según el Inegi, en 2010 -ya con Mancera de Jefazo del D.F.-, hubo 2.9 millones de delitos y 4 millones en 2014: 40% más. Por su lado, la Segob informa que en 2014 en el D.F., fueron 1,531 homicidios y hasta septiembre de este año, 1,276. Si el esfuerzo para investigar lo del mataperros se aplicara en aclarar un solo homicidio, eso valdría más que los once chuchitos, digo, con respeto por sus deudos.

Ya de despedida: antier en presencia del Presidente de la república, el hijo del expresidente Alemán, Miguel Alemán, dijo: “México ha perdido mucho tiempo buscando culpables”… sí, puro perder el tiempo.

Quede en letras de bronce en el Congreso esta oda a la corrupción que podría cantarse con la música de “Si nos dejan”:

“Ni le busquen…. Que vamos a robar toda la vida… ni le busquen… no sueñen en tener un país nuevo… Ni le busquen… haremos del gobierno terciopelo… y ahí junto con el PRI, el PAN y el Perredé, será lo que soñamos… Ni le busquen… de todo mejor hay que olvidarse… ¡Ni le busquen!”

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