jueves, 29 de octubre de 2015

6818. AL GUSTO DEL CLIENTE.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Al gusto del cliente
Convenció el cura párroco a tío Emilio sobre las bondades de decidir las cosas de su casa conforme a lo que quisiera la mayoría. Asunto muy espinoso por lo bravo que era el tío, pero el cura atendió el ruego de la atribulada esposa -la tía Lupe-, sabiendo que era cosa de esperar el momento propicio, que era precisamente cuando fuera a confesarse, sacramento al que acudía por ser muy creyente y que necesitaba con cierta frecuencia por ser muy ojo alegre.   Regresó el tío a su casa -rigurosamente cierto, contado por él a este López-, y llamó a sus cinco hijas y a su esposa, para decirles que ya todo lo iba a decidir la mayoría, pero con ellas seis enfrente, malició algo y les dijo: -Desde este domingo, nos cambiamos de iglesia –y ¡abur! democracia.

Fea cosa el autoritarismo, sin duda, pero poner todo a votación popular, tampoco parece aconsejable. Por ejemplo, en 2007, en la Gran Bretaña, se aprobó una ley que prohíbe morir en el edificio del Parlamento: “La cuestión es que el Parlamento tiene el estatus de palacio de la Familia Real, por lo que una persona fallecida allí tendría que ser enterrada con todos los honores”, se explicó en el diario “The Times”… a todo dar: ¿y qué multa toca al desobediente fiambre… a cuántos años de cárcel?

No es caso aislado, en los EUA, en Kentucky, hay una ley aprobada por mayoría legislativa, que reza: “Ninguna mujer puede ir en traje de baño a ningún aeropuerto del Estado si no es escoltada por dos oficiales -de la policía-, o que vaya armada con un garrote. Las disposiciones de este decreto no son aplicables a mujeres que pesen menos de 90 libras (41 kg) o más de 200 libras (91 kg)”.

Cosa simplemente simpática, de acuerdo, igual que la ley en Finlandia que hace pagar derechos de autor al taxista que ponga música mientras lleva pasajero (si va solo es gratis); pero qué le parece que en los EUA desde 2013, por desbloquear un teléfono, le toca una multa de medio millón de dólares y un mínimo de cinco años de cárcel (mínimo), y el doble a los reincidentes, porque el dueño el teléfono no lo es del “software”, y hay que proteger los derechos de autor.

Errores legislativos, dirá usted… y sí, eso parecen, pero también hay metidas de pata en votaciones populares, ejemplo inolvidable, el ascenso de Hitler al poder, mediante elecciones, igual que la anexión de Austria, decidida mediante comicios, que hasta salieron a las calles a vitorearlo.

Por supuesto y mientras no se encuentre algún método a prueba de metidas de pata y babosadas, debemos seguir aferrados a la democracia, aún al precio de que sea mentira que la mayoría manda, que en nuestro país, la ley está hecha para exactamente lo contrario, que por eso, si un partido gana todas las 300 diputaciones en la elección, se le prohíbe acceder a ninguna curul de “representación proporcional”, para que tenga siempre enfrente 200 diputados de los que no ganaron nada, garantizando que las modificaciones constitucionales que requieren el 75% de votos, no las pueda decidir el que el pueblo eligió. Y en la Cámara de Senadores está peor, que del total de 128, sólo 64 son electos por mayoría, y despachan junto con 32 de “primera minoría” (derrotaditos en la elección) y 32 de representación proporcional, que no eligió nadie. Precio que paga el PRI por su aplanadora legislativa que duró decenios. Padre.

Todo esto viene a cuento de la pospuesta decisión de la Suprema Corte (hasta el próximo miércoles… otra vez), sobre la legalización de la mota vaciladora (uso lúdico de la marihuana).

Ya empezaron a oírse voces diciendo que no es posible que unos cuantos viejitos (?), vayan a decidir por la nación entera… bendito sea el dios en que cada quien crea, de que estas cosas se pueden definir así, porque si todo se decidiera por votación popular no muy difícilmente nos desayunaríamos con la novedad de que se independizaron la península de Yucatán, Nuevo León y Veracruz (estado que sí podría sobrevivir sin estar federado); que regresáramos a ser un Estado confesional y que se reinstalara la pena de muerte, para ni mencionar temas un poco más difíciles (el aborto, el homosexualismo… y los impuestos, a ver: que los impuestos se sometan a referéndum).

Esta requetebien eso de la democracia, sin duda, pero no puede ser absoluta y Karl Popper –respetado por los que lo respetan-,  lo llama la “paradoja de la democracia” en su obra “La sociedad abierta y sus enemigos” (1945), diciendo: “(…) es posible que un pueblo vote democráticamente la muerte de la democracia”… y sí, es posible y fue posible, nomás recuerde que el pueblo alemán otorgó facultades dictatoriales a don Fito Hitler y ya ve cómo les fue (Ley Habilitante de 1933, conseguida en el Reichstag, “dieta imperial”, como le dicen a su congreso, con el 83% de los votos, mayoría si las hay).

Comenta Pedro Schwartz en su artículo de Expansión, del 7 de enero pasado (La democracia ‘curalotodo’), que lo más sagrado en democracia son los antidemocráticos derechos fundamentales, dice: “La libertad de creencias, de expresión, de reunión y de manifestación han de protegerse en una democracia liberal, aunque la mayoría considere que esas ideas y su propaganda son nefandas. Lo sagrado del hogar, el respeto de la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos no pueden suspenderse a capricho de la mayoría”. No parece que nadie quiera oponerse. Digo.

Dejemos las cosas como están y en todo caso, presionemos con todos los medios hoy a nuestro alcance, para filtrar en lo posible la llegada de irresponsables y prostituíbles  al Congreso, con requisitos realmente exigentes para los candidatos de partido o independientes, y para legislar con seriedad la revocación de su mandato; lo mismo rifa para los ministros de la Suprema Corte: su elección no debe ser exclusiva del Senado, la sociedad debe estar representada en semejante decisión a través de  asociaciones de abogados, escuelas de derecho, rectores de universidades, en fin, de voces autorizadas, no al gusto del cliente.

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