miércoles, 4 de noviembre de 2015

6839. EN MANOS DE LA DELINCUENCIA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

En manos de la delincuencia.
Tía Leo (Leonor) era una simpática señora alta y flaca con cabeza de chorlito que queríamos todos por lo buena gente y sin que molestara a nadie lo tonta que era, cosa que puede parecer rara, pero es que soltaba sus simpáticas barbaridades sin jamás ofenderse por las risas ni por los “¡nooo, tía, nooo!”  Igual decía que era cuento eso de la raíz cuadrada, que le enseñaran una, o que los Dardanelos eran unos muchachos muy simpáticos (“¡nooo, tía, nooo!”).

Las babosadas anodinas que no lastiman a nadie, hasta son simpáticas; por ejemplo, la nota de ayer del New York Times de que el PRI contrata empresas de “neuromarketing” para saber qué tanto nos penetra la propaganda política y el ánimo con que la recibimos, midiendo las ondas cerebrales, la frecuencia cardíaca y las expresiones faciales de los ciudadanos en edad de votar. Es de risa, no pasa nada (por cierto, la empresa Neuropolitika de un tal Dr. Romano Micha, advirtió al PRI que el electorado anda muy trompudo, que estamos que trinamos… mmm, ¡ah qué los jefazos del PRI! eso se los hubiera dicho gratis la tamalera de la esquina o tía Leo).

Otra babosada simpática es el proyecto alternativo del aeropuerto de la Ciudad de México, que el Pejehová hizo con dos de sus cuates (ya los veo haciendo planos), para que cancelen el proyecto que está en marcha, porque le va a ahorrar a la nación cien mil millones… ‘tá bueno; igual es otra tontería chistosa que  el presidente del PAN,  Ricardito Anaya, haya asegurado ayer que “el país vive un deterioro de sus instituciones producto de los niveles de corrupción e impunidad”, cosa de la que están al tanto los niños de Primaria en Alaska (y desde ayer, él); en cambio, sí molesta su anuncio de que va a proponer la creación del Instituto Nacional de Seguridad Pública y del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (¡más mezcla maistro!).

Otra vez a cambiarle el nombre a las cosas para que se modifiquen. México no necesita ni más leyes ni darle nuevos nombres a las instituciones, necesita sólo que quienes asumen la responsabilidad de gobernar, gobiernen, cumplan y hagan cumplir la ley. Porque espera uno que usted recuerde la danza de nombres para quedar donde mismo: de Policía Judicial a Policía Judicial Federal y luego a Policía Federal Investigadora; también, de Fiscalía Especializada para la Atención a Delitos Contra la Salud (FEADS), a Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO); y ahora, Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO). ¡Fíjate qué suave!, diría Manolín (el de Shilinsky).

Otra tontera que queda en chistosa es que el Jefe de Gobierno del D.F., haya entregado ayer al 007, bueno, al actor Daniel Craig, su papelote de “Visitante Distinguido”, con una sonrisa revienta carrillos del gusto que le dio codearse con la estrella de la película que filmó unas escenas en el Zócalo; pero escupe uno baba amarga al enterarse que don Mancera pagó, con dinero del erario, 20 millones de dólares a los productores del filme para que saliera chulo el D.F. y -ojo-,  para que apareciera una actriz mexicana… ¡y para eso no son los impuestos, carajo!

Babosadita intrascendente es que muchas buenas conciencias, con la mejor intención, se estén persignando ante la posibilidad de que la Suprema Corte resuelva que fumar marihuana no es delito (¡cruz, cruz, que se vaya el diablo y que vuelva Jesús!). Pero dan ganas de echar mano a los fierros como queriendo pelear, cuando (otra vez don Anaya, el presidentito nacional del PAN), declara que él quiere una consulta ciudadana, porque “estamos convencidos de que una decisión de esta naturaleza no debe ser tomada por un grupo reducido de ministros de la Suprema Corte”. ¿Estamos, Kimosabi?

Que el presidente nacional de un partido político crea que “un grupo reducido de ministros de la Suprema Corte”, no puede tomar esa decisión es una gran barbaridad: no le resta un ápice de legitimidad que los cuantos ministros decidan, es la Corte, es la ley.

Mota o no mota, he ahí el falso debate.

No tiene derecho el gobierno de  prohibirle a nadie lo que fuma, bebe, come, se unta o mete. El gobierno tiene obligación de regular el consumo de todo aquello que puede poner en riesgo a terceros y también el derecho de no atender gratis a los que voluntariamente se enfermen por sus vicios.

Falso debate porque el problema de México no son los macizos que fuman de la verde tronadora, no, el problema (muy serio) es el alcohol. El 20 de diciembre de 2013 se publicó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que en América, la nación con los niveles más altos y peligrosos de  consumo de alcohol por persona, es México.

Asegura la OMS que en el mundo al año, hay 3.3 millones de muertes por consumo nocivo de alcohol, 5.9% de todas las defunciones.

Alcohólicos Anónimos (que algo sabe del tema), afirma que en México hay más de 35 millones personas que beben en exceso, 9 millones en la etapa crónica de alcoholismo y 1.7 millones más de alcohólicos mexicanos, cada año.

¿Y sabe usted don Anaya cuántas muertes reporta la OMS por fumar marihuana?... cero. Cero, don Anaya, cero en todo el mundo (hace pocos años Alemania reportó dos posibles casos que posteriores estudios negaron).

¿Sabe don Anaya cuál es la droga que representa el inicio y trampolín para el consumo de otras drogas?... no, no la mota, el alcohol.

Si de verdad le apura tanto la salud de los marihuanos nacionales, mejor preocúpese por los bolos, que según el Inegi del total de decesos anuales por enfermedades del hígado, son directamente imputables al consumo del alcohol, 12 mil 540… y mueren al año cerca de 24 mil personas en accidentes automovilísticos causados por ebrios. Ya ve, por ebrios.

Decida lo que decida la Corte, México y casi todo el mundo estamos entrampados en algo que empezó el tío Sam y que así como está muchos quieren que siga -pero muchos, muchísimos-, porque, sabe… es un gran negocio, así, en manos de la delincuencia.

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