viernes, 6 de noviembre de 2015

6844. TENGAN PIEDAD.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Tengan piedad.
Algo le he comentado del primo Danielito, buena persona él, caballeroso desde niñito, impecablemente arreglado siempre y más decente que Carreño (el del Manual), pero el hombre de menos luces en la historia de la especie, con cerebro de caracol (hervido), tonto como piedra. Estudió siempre en escuelas de paga; hizo Primaria en 10 años, Secundaria en cinco, y terminó la Prepa de 26 cumplidos. Luego, cuando se supo que ya había intentado tres veces pasar el examen de admisión a la Escuela de Ingeniería de una universidad de las muy caras, tía Victoria puso el grito en el cielo y dijo a sus papás: -¡Tengan piedad de su muchacho!, si da lo mismo que sea tonto con que sin título… y ahórrense el dineral que van a gastar –se lo ahorraron.

Ahora que está de moda (pasajera, como toda noticia en México), lo del fallo de la Suprema Corte que declaró inconstitucionales varios artículos de la Ley General de Salud, concediendo amparo a cuatro tenochcas que podrán atizar macizo sus churros de hierbita vaciladora, sin miedo a irse de compañeros de celda del Tuercas, el Chabelo y el Mochaorejas, ya se treparon algunos de nuestros políticos en el asunto para pepenar algo de popularidad (supone uno que padecen “síndrome de vedette”, porque siguen la corriente, quieren estar a la moda -les cueste los que les cueste-, y la popularidad es el motor de sus afanes).

Por lo pronto, amaga el PRD con interponer ya otros 32 amparos (uno por entidad de la república), y subir a la tribuna del Congreso con la propuesta de reestudiar la ley y modificarla para que los motorolos nacionales vivan sosiegos.

Está bien, pero está mal, porque legalizar sólo la marihuana no resuelve el inmenso problema en que estamos como país: mientras no se legalicen todas las drogas, regulándolas con el rigor que haga falta, seguirán siendo el enorme negocio que son, razón suficiente para que malos funcionarios y empresarios falsos, se presten a todos los negocios que les propongan las bandas de malandrines que cuentan con una inagotable fuente de dinero para corromperlos, comprar equipos de comunicación, flotillas de transporte, equipos para sus laboratorios, armamento (a veces mejor que la policía), y contratar la multitud de empleados que tienen, desde niños que dan pitazos, pasando por matones, hasta pozoleros que desaparecen cadáveres, sin olvidar campesinos y vendedores.

No es importante que ya otros países lo hayan hecho. No: lo importante no es andar de imita monos sino que el Estado actúe movido por la legalidad y la ética: violan el derecho de los ciudadanos al imponer sin ninguna autoridad prohibiciones para que cada quien consuma lo que apetezca. El gobierno sí tiene la obligación para con el resto de la sociedad, de implantar las reglas a que debe sujetarse el señor que cena chilaquiles de mota, brinda con aguarrás, o se pone supositorios de estopa con thinner… allá él, nada más con que se quede en su casa y no perjudique a otros.

Si alguien piensa que el camino es este prohibicionismo, los pésimos resultados obtenidos debieran hacerlo reflexionar en cancelar semejante estrategia que inició en los EUA en la primera década del siglo pasado, por la necedad de un mormón y un alcohólico, que con el apoyo de señoras nada agraciadas y los fanáticos que siempre hay para lo que se ofrezca, consiguieron la famosa “prohibición” del alcohol y las drogas en los EUA, con un agravante que es de muy mal gusto recordar: este modo de pensar estaba teñido de un racismo infame, pues atribuían a “ciertas razas” (como la nuestra) características que las hacían especialmente peligrosas si consumían alcohol o drogas… entonces, para proteger a la sagrada raza blanca: prohibido para todos. Muy brillantes (nomás acuérdese del despelote que se armó de 1919 a 1933 en la tierra del tío Sam, nomás acuérdese).

Luego, Richard Nixon, declaró el 17 de junio de 1971, “el abuso de las drogas es el enemigo número uno de Estados Unidos”, habló por primera vez de “la guerra contra las drogas” y luego dijo: “este gobierno le ha declarado la guerra global a la amenaza de las drogas” (global, fíjese: dijo global, como amo del mundo entero), y creó en julio de 1973, la DEA, (“Drug Enforcement Administration”, algo así como Administración para el Control de Drogas), encubriendo con esa excusa el ansia imperialista del tío Sam y si le duda, entérese: la DEA cuenta con 86 sedes en el extranjero y opera en 62 países, sin pudores de novicia… ¿así o más claro?

Nuestro gobierno capoteó esa política yanqui haciendo lo que mejor sabe: haciéndose tontos. Durante 33 años, hicimos como que nos los tomábamos muy en serio, hasta que llegó el inmenso necio de Calderón a la presidencia. Ahí torció la puerca el rabo.

Vea estos datos obtenidos del “Atlas de la seguridad y la defensa de México 2012”, y de la Cámara de Diputados, Subdirección de Análisis Económico de la Dirección de Servicios de Investigación y Análisis:

Calderón en la guerra que declaró porque ya le andaba por vestirse de general -o por quedar bien con los yanquis, que es lo más seguro-, se gastó 610 mil 508 millones de pesos, más del doble que su antecesor, don Fox. Don Peña Nieto, sumando sus primeros tres años y el presupuesto autorizado para 2016, llega a 558 mil 198 millones de pesos. Nada más estos dos han tirado al caño 1 billón 168 mil 706 millones de pesos. Sí, al caño, a la vista de los vergonzosos resultados.

Mientras, en México sólo el 7% de los delitos tienen relación con el narco y la delincuencia organizada, el resto, el 93% son del fuero común.

Mientras, el gobierno ejerce el 77% de todo ese brutal presupuesto, en “combatir el 7% de delitos y a los estados manda el 23% para que atiendan el 93% de los del fuero común.

Mientras, rubros como la salud, la ciencia y tecnología, reciben menos recursos que esa guerra idiota.

Mientras, en los EUA no existe un solo capo de narcos, ni bandas de delincuencia organizada… va usted a creer.

Nuestro país tiene muchas otras necesidades, ya… tengan piedad.

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