domingo, 8 de noviembre de 2015

6846. RELIGIÓN Y PLANTAS DE PODER.

Reporte Z

Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Religión y plantas de poder.    

Cuando los hombres son puros, las leyes son inútiles; cuando son corruptos, las
leyes se rompen.
Benjamin Disraeli (1766-1848).
Estadista inglés.
                             

La suprema corte de in-justicia de la nación validó el miércoles pasado el uso lúdico de la mariguana, su siembra y su consumo para uso personal, una decisión que fue calificada por los medios como “inédita e histórica”. Así nuestro país se une a otros países como Uruguay  (en Estados Unidos en varios Estados se legalizó el uso “recreativo” de la mota).

La sentencia es exclusiva para el uso recreativo: “en ningún caso supone la autorización para realizar actos de comercio, suministro o cualquier otro que se refiere a la enajenación y/o distribución de las sustancias aludidas”.

Desde la semana pasada políticos e intelectuales se pronunciaron a favor y en contra de la legalización realizada ayer. Algunos proponían la realización de foros para que los ciudadanos y organizaciones se pronunciaran al respecto. Pero a tales políticos, investigadores y ciudadanos, así como organizaciones estilo Pro Vida, se les olvida que el punto crítico del consumo recreativo de las drogas está en la libertad personal de consumir o no.

Es el mismo punto en el caso de drogas socialmente toleradas como el alcohol y el tabaco que se venden en cualquier tienda, cada persona es libre de utilizar tales drogas con fines recreativos o para suicidarse lentamente. Al cuarto para las doce llovieron los pronunciamientos para que se lleve a cabo una consulta ciudadana, es el caso del dirigente nacional del PAN, Ricardo Anaya, quien afirmó que su partido está abierto a un amplio debate; perredistas y priistas estaban igual, muy interesados en promover un amplio debate. La pregunta es porqué hasta ahora se pronuncian sobre el tema.

En cuestión de libertades no hay lugar para debatir, este es el punto de mayor relevancia. Si no es así, que se organicen consultas ciudadanas para debatir sobre el consumo legal del alcohol y el tabaco, dos drogas que son causa directa o indirecta de miles de muertes de personas cada año.

Es como la religión, cada quien es libre de enajenarse con la religión que elija. Algunos dirán que la religión los libera, lo mismo podrían afirmar los consumidores de mota o peyote. Sobre este punto las notas de prensa nada dicen, y es que la Iglesia Nativa Americana de México solicitó a la corte incluir en el tema de la legalización al peyote que ellos ingieren en sus rituales religiosos. El artículo 245 de la Ley General de Salud prohíbe la producción, transporte y el consumo del peyote. La ley considera al peyote como una sustancia sin valor terapéutico, susceptible al abuso y por tanto un grave problema de salud. Seguramente ninguna de las afirmaciones de la ley está sustentada, ¿cómo pueden afirmar que el peyote no tiene valor terapéutico? ¿Por qué aseguran que es susceptible al abuso? ¿De dónde concluyen que es o podría ser un grave problema de salud? Las comunidades indígenas que consumen peyote desde hace cientos, miles de años contradicen las afirmaciones de la ley.

La secretaría de gobernación negó a la Iglesia Nativa Americana de México el registro como asociación religiosa porque en sus rituales se consume peyote, y esto generó una solicitud de amparo ante la suprema corte.

Sobre el tema de la legalización de la mariguana se pronunció el ex gobernador interino de Michoacán, Salvador Jara, un académico metido a político que mostró su mentalidad retrógrada al afirmar, sin ofrecer argumentos que legalizar el uso recreativo de la mariguana sería “muy negativo”, porque afectaría el tejido social, ¡afectaría el tejido social! Como si la prohibición con su carga represiva, la guerra contra las drogas, no hubiera dañado al tejido social; la ignorancia de Jarita es monumental, el sujeto se atrevió a afirmar: “Yo creo que puede tener un efecto muy, muy negativo, porque puede romper mucho con culturas tradicionales muy importantes en México; puede desmembrar mucho el tejido social. Todo depende mucho de las características de la población mexicana que, además, es muy diversa. No me gustaría hacer la prueba sólo para ver qué pasa”.

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