martes, 10 de noviembre de 2015

6862. ¡NO TE RAJES TRUMP!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡No te rajes Trump!
El abuelo Armando, ese que ya sabe usted que nunca abrió la boca nomás por ventilarla y al que todo mundo oía con atención porque no se sabía que hubiera dicho nunca una tontería, tenía una discreta predilección por este menda y ya muy viejo solía ser el compañero que escogía para salir a la calle a sus “asuntos” (ir a sentarnos al parque). Ya calculando que su texto servidor tenía edad de empezar a saber de qué va esto de haber nacido, allá de vez en cuando soltaba algo parecido a un consejo, pero casi como hablando para él mismo. Por ejemplo, respecto del trato con el sexo opuesto, decía: “Nadie es superior a nadie, nadie, pero en este mundo hay moscas y mariposas, y uno escoge que mete a su casa”; “mujer se busca flaca y sonriente, que gordas y jetonas se vuelven después”; “nunca se deja a la mujer por encontrar mejor, a Dios siendo Dios le salió Eva como le salió y por tratar de hacer una perfecta, hizo otra y otra y más, y a qué hemos llegado”. Sí, decía cosas y una que recuerdo bien fue: “Se vive la vida con lo que toca, sin esperar completo, nunca hay completo”.

Y sí, nunca hay completo. Entre tanta noticia tremenda, este junta palabras esperaba con verdadera ilusión desayunarse un día con que Donald Trump ya era candidato republicano a la presidencia de los EUA y casi como sueño húmedo,  imaginaba que llegaba a Presidente y a diferencia de lo que usualmente pasa, cumpliera todas su promesas de campaña, especialmente contra México. No era mucho pedir.

Soñando despierto, sentía López como palpitaciones de un gusto cercano a la fruición imaginando que don Trump llenaba su discurso de toma de posesión en Washington, con frases insultantes, despectivas, ofensivas, racistas, peyorativas, sarcásticas, amenazantes contra México, los mexicanos, migrantes, no migrantes, vivos y muertos.

¡Por fin!, soñaba el aplasta teclas: ¡fuera máscaras!, sonreía a solas nomás de imaginarlo, porque los políticos yanquis hacen como que les caemos bien, pero le aplauden a los voladores de Papantla pensando en la NASA; se ponen el sombrero de charro, aguantándose la risa; oyen mariachi en Garibaldi comparando con los “shows” de Las Vegas; se comen su taco de carnitas y se beben su tarro de tepache, diciendo “delicious”, pero van al médico a primera hora del día siguiente: no les caemos bien, punto. Ni tenían obligación.

Métaselo en la cabeza: no son nuestros amigos, ni nuestros primos, ni nuestros buenos vecinos, ni nada de eso que inventaron cuando los aplastó la realidad de que México no se podía reubicar junto a Argentina y que los mexicanos, a pesar de epidemias, matazones y migraciones masivas, seguimos creciendo y ya somos tantos que más les vale no picarnos la cresta, porque una fila de 10 mil en fondo cruzando la frontera para irnos a vivir allá, no la paran ni con tropas selectas del Ku Klux Klan.

Pero… Dios no concede caprichos ni endereza jorobados (ha resucitado muertos pero jorobados, nomás no endereza), y don Trump anda de bajada en las encuestas.

Piense nomás qué maravilla sería que su primera orden ejecutiva fuera construir una barda fronteriza a prueba de mexicanos (digo, si llegaron a la Luna), que expulsara a todos los trabajadores migrantes que no tienen en regla sus papeles y también a los que los tengan; que le quitara la nacionalidad yanqui al tenochca parido del otro lado. ¡Sí se puede!

¡Pero, nunca hay completo!, si pasa tanta cosa mala ¿porque no nos concede Diosito esta otra?, nomás esta; porque lo excitante de esta ilusión que ya se desvanece, es que en cuanto quedara perfectamente pasteurizado de gérmenes mexicanos el sacro suelo de los EUA, los políticos de allá le tendrían que explicar a su población por qué se fue al carajo su economía, se paralizó su construcción, su industria agropecuaria y toda su industria, para acabar pronto; y por qué cerraron todos los restaurantes de comida rápida de todo EUA. ¡Ajúa!

Revienta el poderoso imperio militar yanqui si se enemista de veras con México. Con bombas atómicas no van a levantar cosechas, cuidar viejitos, despachar hamburguesas, movilizar su carga, ni mantener el consumo; y si aguantaran todo eso, como el precio de las drogas se les va a ir a la estratósfera, tendrían un levantamiento nacional, masas enfurecidas quemando ciudades y un síndrome de abstinencia que paralizaría Wall Strett, el Pentágono y la Casa Blanca, que se meten droga en todos los pisos de la pirámide social yanqui. ¡Sí! ¡Donald Trump para Presidente! ¡No nos falles Donaldito!… “¡Don’t let us down, little Donald!” (por si lee La Feria).

La otra parte ya delirando: imagínese qué pasaría con la clase política mexicana que hoy está al poder ya sin padrote (no todos, hay excepciones, como en todo). Porque el tío Sam nos ha impuesto modelo económico, le pase lo que le pase al peladaje; y dejaríamos de estar en guerra (que estamos y nos la impusieron nuestros bajunos políticos al servicio de la Casa Blanca). El gobierno acá tendría que recuperar las industrias nacionales desmontadas por órdenes (y para beneficio de los intereses económicos del gran capital); resultaría que la industria mexicana con atender al mercado interno sería próspera… y no nos encerraríamos como de regreso a los 40’s del siglo pasado, no señor, seguiríamos exportando nada más que a otras partes, para abrir boca, China, luego Rusia, los países árabes, África y media Europa, empezando por Alemania.

Los partidos políticos tendrían que competir por el poder y recuperar mágicamente el sentido de lo que deben ser, porque hoy les basta con ser sumisos a los dictados de un supra poder que ni entienden, confundidos en un pozole ideológico en que vienen todos a ser lo mismo, con nuestra izquierda ya sólo a la espera de que le den cristiana sepultura…

Y no sucederá porque se está desinflando el buen Donald y cuando gane cualquier otro candidato “amigo” de México, seguiremos como estamos, sometidos y cada vez peor.

La esperanza muere al último, no es mucho pedir… ¡no te rajes Trump!

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