jueves, 12 de noviembre de 2015

6868. ¡QUIÉN FUERA PERRO!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Quién fuera perro!
Dicen que la niñez marca. Ha de ser. A este López eso de que le pidan su opinión (o voto), siempre le produce algo parecido a la desconfianza. Será porque en el campo de entrenamiento que le tocó (otros niños le decían “casa”), la comandante Yolanda y el jefe de proveeduría Víctor (otros niños les decían mamá y papá), para salir de vacaciones daban a escoger a su prole entre Puebla, Querétaro o Guanajuato, y cuando respondíamos: -¡Acapulco! –ahí terminaba el referéndum y nos llevaban adonde les daba la gana. Igual para decidir dónde ir a cenar: -¿Qué prefieren, tamales en la Flor de Lis o bisquets de Obregón? –y la unanimidad absoluta a favor de las flautas del café de chinos (con crema, rebanaditas de jitomate y salsa roja), era del todo ignorada: tamales o bisquets. En todo lo demás jamás pedían opinión… viva la democracia.

Crece en la opinión publicada la idea de que sobre el candente tema de autorizar o no el consumo lúdico de marihuana (“lúdico”, o sea, por el puro gusto de hornearse), se haga un referéndum, figura legal existente en México desde el 14 de marzo del año pasado (“Ley federal de consulta popular”).

La ventaja es que la mota llena el requisito del artículo 5 de la ley para poder hacer una consulta (que sea un asunto de trascendencia en el país), porque la verde vaciladora impacta en todo el territorio, no tanto por el número de macizos nacionales, como por los pésimos efectos generalizados de su manejo en manos de la delincuencia organizada (muy organizada).

Lo malo es que la misma Ley (artículo 11), dice qué cosas no pueden decidirse por consulta popular, entre otras (fracción primera), “La restricción de los derechos humanos reconocidos por la Constitución”; y en este caso, después del fallo de la Suprema Corte, estableciendo que es contra la Constitución prohibir el consumo de churros, porque quebranta “el derecho humano al libre desarrollo de la personalidad”, no se puede hacer consulta al peladaje. Así que: ¡abur consulta marihuana!

Quedan, para los tenochcas interesados en recorrer el camino verde, los recursos ya conocidos: seguirle en la Corte o que nuestros aguerridos tribunos agarren el toro por los cuernos y se tome una decisión en el Congreso federal.

Se decida lo que se decida, será grande el número de los que quedarán trompudos. Unos creyendo de buena fe que el gobierno es el custodio de las buenas costumbres del pueblo; otros pensando que ya estuvo bueno de que el gobierno se arrogue facultades de papá nuestro que está en Los Pinos (que en esta tierra es lo más parecido a los Cielos).

Conociendo a nuestros esforzados legisladores lo más probable es que se hagan tarugos, esperando que se enfríe el tema y las cosas queden como están, que es como quiere el gobierno yanqui que estén.

Lo que resulta curioso es la insistencia en calentar a la gente haciendo encuestas (que en rigor, no sirven para nada), diciéndoles que se debe decidir por referéndum; ayer mismo publicó El Universal en su portada: “Encuesta: 66%, contra despenalización del enervante”. ¡Vaya!... o sea: el político que esté a favor se anda arriesgando a ponerse una quemada peor que con una bacha ya muy cortita.

Está bien (aunque esté mal): es una estrategia de grupos e instituciones que desde sus muy respetables convicciones, intentan influir así en quienes deben tomar alguna decisión, pero si vamos a poner leyes y tomar decisiones por votación popular (democracia directa, le llaman), entonces que sea parejo, porque nomás les gusta el referéndum cuando calculan que los va a favorecer (y pasa eso en todo el espectro ideológico, no nada más entre la derecha conservadora).

Si a petición popular se debe mantener la prohibición legal de la marihuana, ¡sale!: que siga prohibida, santo y bueno, pero que -acto seguido-, se hagan consultas populares sobre el aborto, el matrimonio del mismo sexo y la adopción de hijos por ellos; también sobre si México debe tener una religión oficial; censura de libros y revistas puercos; revocación de mandato para poder echar a puntapiés al Presidente que nos salga balín; pena de muerte y que se prohíban las corridas de toros, las charreadas, peleas de gallos y carreras de animales, perros, caballos y caracoles.

Órale, vamos entrándole y ruegue al dios en que crea que no se nos infarte La Patria (la señora de toga blanca de los libros de texto gratuitos), porque una mayoría callada pero real, cree que el Estado debe tener religión oficial (y le advierto: no le aguantamos un recargón a la jerarquía romana que con sus huestes, barre con lo que le pongan enfrente); que se deben censurar cochinadas, fusilarse a ciertos delincuentes y tantas cosas más.

Aseguro a usted que veríamos oponerse airadamente a esas consultas directas a no pocos que hoy proclaman que se debe respetar que la mayoría quiere que sigan prohibidas las drogas (si es que eso quieren, que parece que sí).

Decidir por mayoría y aún por unanimidad, no asegura acierto, ni justicia, ni verdad.

En otra cosa. Ayer firmaron una declaratoria cuatro senadores priístas, un perredista, un miembro de una organización mundial de sanidad, otro de la UNAM y uno más de la organización Human Society International. La intención es impulsar una ley general (de observancia nacional haya o no leyes estatales), que asegure el bienestar de los que trabajan, producen, enseñan, entretienen y acompañan (requisitos que llena completos este menda).

Explicó el representante de la organización mundial de sanidad, que se define en buen estado de bienestar al que “se encuentra sano, cómodo, bien alimentado, resguardado de amenazas y es capaz de expresar sus formas innatas de comportamiento, sin padecer sensaciones desagradables como dolor, miedo y angustia”.

¡Bienvenida la declaratoria!, ¡que sea ley pronto!, no hay mexicano que no quiera todo eso y más que el gobierno lo asuma como su obligación y con esa claridad… (¿qué?... no puede ser… a ver… ¡chin!, sí, tiene usted razón), es para los animales… ¡quien fuera perro!

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