jueves, 12 de noviembre de 2015

6876. PUES… NOMÁS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Pues… nomás.
Siendo niño el del teclado, cuando lo mandaban a comprar algo al abarrote de don Gaspar (que a todos los niños les regalaba un dulce), veía sobre el mostrador la enorme jarra de vidrio en que estaban los chiles encurtidos y era divertido imaginar que así estaba el cerebro de la exageradamente guapa prima Olga (en vinagre, con rebanadas de zanahoria, dientes de ajo, granos de pimienta y su hojita de laurel); esa que usted sabe, la que se casó con Óscar (no se le habrá olvidado que eran primos hermanos... y el despelote que fue eso, que hasta el obispo de Toluca intervino), nomás que Óscar tenía el cerebro a la veracruzana (muy alegre, con aceitunas, sus chiles güeros y alcaparras). Sus hijos, que tuvieron tres hombres y una Olguita, todos guapos como sus papás y siempre de buen talante, como sus papás, en vez de cerebro tenían chongos zamoranos. Era una casa divertida, pero era una casa de locos. La genética es más necia que un cobrador de Telcel.

En México pasan cosas que cuando se enteran en el resto del planeta (que no se enteran mucho, tampoco se crea que somos el ombligo del mundo), alzan una ceja y a veces dos. Y no los sorprendemos sólo por cosas malas que fue de dos cejas la reacción mundial al ver lo requetebien que nos salieron unas olimpiadas y dos campeonatos mundiales; igual que ponen cara de “¡órale!”, cuando se enteran que Octavio Paz es mexicano, que el rifle automático es invento mexicano, igual que la tele a colores, el motor de propulsión a chorro y la píldora anticonceptiva, entre otros. Sí señor, pero se sorprenden porque (no se me enoje), fama de industriosos, ordenados y así como que muy serios para nuestras cosas, no, no tenemos esa fama (cuando ganó don Peña Nieto las elecciones del 2012, alzaron una ceja… ¿no odiaban al PRI en México?, ¿con la caída del PRI no estaban más contentos que caníbales con Sofía Loren en el perol?... pues sí, pero… así son los mexicanos).

Nuestra psicología colectiva (si es que eso existe), nuestro modo, tal vez no sea sino el resultado del mestizaje, porque no se puede negar que el revoltijo de indígena con español no auguraba una raza cósmica (disculpe, don Vasconcelos, pero salió cómica).

En nuestra serpentina de ADN, se mezcla la milenaria desconfianza del indio hacia los jefes de sus tribus -reyes les dicen los que saben-, que les sacaban el corazón, se los cenaban, los aventaban amarrados al cenote del barrio, los explotaban y los mandaban a guerrear para que se hiciera más rico el rey; se mezcla, repito, con la milenaria desconfianza de los españoles por sus reyes que los estiraban en el potro, los marcaban con hierro y no los hacían paella, pero los asaban vivos para salvar sus almas, los explotaban… y los mandaban a guerrear para que se hiciera más rico el rey.

Sí, esto es un molazo en que están revueltos, la alegría y el ánimo festivo de peninsulares y nativos americanos, con la melancolía genética de ambos pueblos, condenados a vivir en la planta sótano de la sociedad, unos por “voluntad de Dios que es quien da el poder” y otros a macanazos, que esa sí es fuente de poder.

Amalgama de pueblos convencidos de que romperse el lomo trabajando servía sólo para evitar que se lo rompieran los capataces a patadas, pero no para mejorar, para salir de la pobreza. Ibéricos y aborígenes hechos a trabajar lo mínimo posible porque se trabajaba para beneficio de otros, nobleza y sacerdotes, guerreros y caciques. Por eso, en el fondo pensamos del industrioso sajón que es un baboso; y estamos tan orgullos de nuestro ingenio que ahorra esfuerzos y resuelve problemas aunque nomás sea salir del paso. Por eso no leemos el instructivo antes de armar una silla: lo que quede suelto con un alambrito se arregla y lo que sobre, se tira con todo y caja.

Somos una torta compuesta que lleva rebanadas de virtudes y defectos de gente que se acostumbró a aparentar, unos, para esquivar inquisidores, y otros, para no acabar con el cráneo decorando la plaza del pueblo; y ambas, razas fatalistas y expertas en simular  respeto a la ley y la autoridad.

De esa masa bien revuelta, después de estar en el horno de los siglos salimos como somos, pastelazo decorado, que en los tiempos que corren, transformado el miedo a la autoridad en insolencia, no atinamos ni los que gobiernan, ni los gobernados, a sujetarnos todos a las mismas leyes siempre, como única fórmula de la vida en sociedad.

Si le parece que carga las tintas su texto servidor, nomás recapacite en la barbaridad que significa que el gobierno del D.F., con toda seriedad, diga que revisará si las construcciones y antenas que están junto al talud que se está desgajando en la Ciudad de México, tienen permiso de construcción… o sea, ¿se pueden construir una casa, tres torres de departamentos e instalar dos antenas de telefonía… sin permisos? Es de risa loca que sin darse cuenta acepten que sí, que todo se puede hacer chueco. Y la cándida declaración del secretario de Gobernación, de que le advirtieron a dos exgobernadores de Guerrero, que sus cuerpos policiacos estaban de dar grima… o sea: se los advertimos y bueno, ni modo, no es nuestra responsabilidad el reguero de sangre (y sí que lo es don Osorio, porque somos república y el gobierno federal debe imponer el respeto a la ley en toda la federación ¡carajo!)

Y de qué nos extrañamos, nomás para que vea que nadie niega la cruz de su parroquia, ahora en España, el congreso de Cataluña, bailándose una sardana sobre la Constitución aprobada en 1978 (entre otros, por el 90% de los catalanes), pretende declarar su  independencia, siendo que formaron parte de la “Hispania” desde la noche de los tiempos y durante el Imperio Romano y el Carolingio; siendo que irían al quiebra, fuera de la Unión Europea (que tendría que votar unánimemente su incorporación… ¿y sabe cuándo lo va a aprobar España?)… bueno, pues igual están dando la lata ¿y sabe por qué?... ellos tampoco y a fin de cuentas por una razón esgrimida muchas veces en México: -No, pues… nomás.

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