viernes, 13 de noviembre de 2015

6881. APESTAN.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Apestan.
Pues si un extranjero se entera de lo contentos que están nuestros gobernantes por la ya confirmada visita del papa Francisco a México, en febrero del año próximo, pensaría que son católicos fervorosos y no, de eso tienen poco si es que algo tienen. Seguramente casi todos son bautizados y nominalmente pertenecen a la iglesia romana, pero así como que se caractericen por su piedad y práctica de las virtudes evangélicas… pues no, no mucho.

Lo que sucede es que codearse con alguien que siempre atrae la atención de la prensa mundial, los pone de muy buen humor porque se imaginan lo bien que van a lucir en las fotos y en los noticieros de la televisión, obteniendo un renombre global que pagado es impagable. ‘Tá bueno.

Por cierto, no coma ansias nadie: hasta ayer, a las 16:43 horas, según la agencia EFE, no estaba confirmado que el Papa -aparte de la Ciudad de México-, vaya a visitar Ciudad Juárez, Morelia y San Cristóbal de Las Casas, según declaró el obispo auxiliar de Puebla, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Eugenio Lira… bueno, pero sí hay la intención, quién sabe de parte de quién, pero es la idea y en Chihuahua, Michoacán y Chiapas, están que dan brincos de gusto no sólo los feligreses sino los políticos locales. Qué bueno.

Es muy probable que sean los obispos de México los que sugieren o proponen que el Sumo Pontífice vaya a esos tres lugares en los que hay problemas marca Satanás. Es muy probable. La intención es lo que está por verse. Y nuestros políticos de alto octano deberían ponerse atentos:

Ayer también, la CEM en su Centésima Asamblea Plenaria, dio una conferencia de prensa y declararon que el papa Francisco llegará a México en momentos en que el pueblo las pasa canutas (ellos lo dijeron bonito), y que están muy preocupados “por el aumento de la violencia y la desigualdad social en el país” (no se les nota mucho, la verdad, salvo excepciones, pocas). De cualquier modo, la CEM dejó clavada la pica en Flandes.

En México uno considera que a un señor con 40 años de experiencia en política de alto nivel ya no hay quien le enseñe nada; y nos parece lo más natural que el PRI domine el tratado completo de mañas y artificios políticos dados sus 86 años de experiencia; bueno… ahora piense qué son esos 86 ante más de 2,000 años de experiencia política de la iglesia de Roma. Ellos sí han pasado todas y con una ventaja: nunca perdieron la línea de continuidad ni han dado un paso atrás en sus convicciones. Saben en Roma lo que es ser el poder imperial efectivo de todo occidente y también, capotear persecuciones y necedades de toda laya.

Sobre la faz de la Tierra nadie iguala la experiencia diplomática de Roma (de hecho, el Vaticano fundó la primera escuela de diplomacia en el mundo… en 1701, hace nomás 314 años). Tampoco es fácil igualar el colmillo político de sus jerarcas. No serán súper hombres, pero sí “eximus ophiomachus” (súper grillos, pero en su lengua oficial, que sigue siendo el latín, no se oye tan feo), y con varias ventajas sobre el político simplex:

La primera (y no es poco), es que su agenda es la misma siempre, cada Papa con su estilo, pero siempre con y tras lo mismo; nada de planecito sexenal ni de programar un siglo de desarrollo al estilo yanqui: en Roma todo es para siempre (hasta que regrese Jesucristo, pues); han visto pasar a mejor vida al imperio romano, a Carlomagno, Napoleón, al imperio británico, a la URSS y se abanicaban con el plan del “Reich de Mil Años” de Hitler. La otra ventaja es que su red de información es la mejor y más extensa del mundo: se enteran de todo. Y de la asistencia del Espíritu Santo no le digo nada porque a lo mejor ni es cierto.

Ahora imagínese cómo ve el representante de todo eso a un señor como Peña Nieto, a quien restan tres años de un poder que junto al de Roma es como ser jefe de grupo del 1º “A” (primero de Primaria); o a los gobernadores (de segundo de párvulos).

Bueno, pues el papa Francisco seguro recibe informes detallados de qué está pasando en México, no dude: en febrero de este año escribió en una carta a un amigo suyo, el  legislador argentino Gustavo Vera (está en internet; portal de la ONG “La Alameda”, que dirige Vera): “Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”. De terror.

Luego, el 13 de marzo de este año, en entrevista con Valentina Alazraki, sobre los 43 normalistas desaparecidos, declaró que  “culpar al gobierno -federal- es la solución más superficial e infantil”. ¡Chispas!

Sume a esos informes de los jerarcas (que no tendrán maquillaje ni mentiritas blancas, los obispos no tienen por qué apuntalar a ningún político de acá), la postura conocida del Papa respecto de asuntos que acá están de moda y parecen dogmas de la política al uso desde hace 30 años, como nuestro modelo económico:

Sin fiarnos de lo que sale en la prensa mundial, vea lo que escribió personalmente este Papa en su “Exhortación Apostólica ‘Evangelii Gaudium’” (algo así como “la alegría del Evangelio”),  publicada el 26 de noviembre de 2013 en la que llama “economía que mata”  a la que entroniza por encima de las personas “el mercado libre, la globalización, el crecimiento económico y el consumo”; en el capítulo II, primera parte, dice el Papa: “no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente”. Para abrir boca.

Y no tiene pelos en la lengua este Papa, a lo mejor por eso ya se encariñó el mundo entero con él. Mire lo que opina sobre la corrupción (declaración pública del 21 de marzo pasado en el barrio Scampia, Nápoles): “La corrupción apesta, la sociedad corrupta apesta y un cristiano que deja entrar dentro de sí la corrupción no es un cristiano: apesta”.

No habían de estar tan contentos nuestros políticos (aplican restricciones), porque ya lo dijo el Santo Papa: apestan.

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