miércoles, 18 de noviembre de 2015

6896. PALABRA DE HOMBRE.

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Aquellos tiempos que viví… dicen que no debe decirse “en mis tiempos” porque tiempos son los que se fueron, los que vendrán pero sobre todo los que se viven en el presente. Sin embargo para hacer referencias y comparaciones es necesario apoyarse en aquellos tiempos que viví y de los que puedo hablar con conocimiento.

Por los 50´s y 60´s seguramente ya había “Letras” y “Documentos” pero como pocos sabían “ler y escrebir” de poco servían, exageradamente ponían como firma una X o una cruz, la huella tampoco sabía firmar, por lo tanto la moneda de curso común era la PALABRA. Y se cumplía.

Cierto día llega a una institución bancaria un señor de aspecto humilde vestido con ropa de manta y un enorme morral colgando de su hombro izquierdo, cada dos o tres pasos debía acomodarlo. Pide hablar con el gerente y al verlo tan modesto le piden que espere a que se desocupe. Después de dos horas lo atiende y el señor de la manta de inmediato le expone el motivo de su visita y le pide $ 1, 500,000.00 prestados para pagárselos en seis meses; el gerente de inmediato le niega el préstamo argumentando la necesidad de garantías, el hombre del morral le pide que lo acompañe a su pueblo y es tanta su insistencia que el gerente accede y manda a un ejecutivo.

Al regresar el enviado le explica a su gerente que el cliente era propietario de huertas de aguacate, de durazno y otras propiedades y que además contaba con un atajo de unas ciento cincuenta yeguas con un valor aproximado de $ 10,000.00 cada una, los ojos brillaron y le pidieron los documentos que lo acreditaban como propietario de esos bienes, él les argumentó que era hombre de palabra y no necesitaba dejar garantías lamentando solo poseer las constancias de las yeguas, ¡Pues con eso le prestamos al módico 10% mensual! El hecho se consumó. Pasaron 6 meses, se venció el contrato y como hombre de palabra llegó y sacó de su morral un millón y medio de pesos, sobrando bastantes pacas de billetes “grandes” (como en el señor de las ligas) y le preguntan - ¿Cómo cuánto le sobra en su morral? – cómo $2´500,000.00   – oiga, si gusta aquí se los guardamos - ¿Y ontán tus doscientas cincuenta yeguas?

La palabra valía por sobre todo tipo de avales, documentos o responsivas. Entre negociantes, entre familiares, entre padres e hijos, enamorados, ante el Creador en aquellos juramentos para dejar de beber. Se dice del tocayo Rafa que le juró a su madre  no volver a tomar por La Purísima, y un día lo encuentra bien “Jarra” en El Teco – hijo tú me juraste que no volverías a tomar por La Purísima – Si Jefa pero ando por El Calvario.

Con el paso del tiempo, el avance de la corrupción, la avaricia, la ambición y lo poca madre, la palabra fue perdiendo fuerza, fue perdiendo su valor a tal grado que para este 2015 ya no vale e incluso se cuestiona lo que en otros tiempos importantes personajes hayan dicho. Claro que para fortuna de estos personajes no toda la gente lee y poca gente comprende, por lo tanto se salvan de acusaciones infundadas.

Vean si no ha perdido su valor la palabra. Quieres un préstamo y vas a una casa de empeño debes dejar una prenda que duplique el valor de lo que solicitas. Si tu crédito es muy alto tus garantías también van al 2 x 1, los préstamos sin garantía te piden comprobante de ingresos, comprobante de domicilio, la credencial de elector, la CURP, acta de nacimiento con fecha de expedición reciente para evitar que nazcas dos veces y tengas dos créditos y todo lo que sin exagerar ya conocemos. ¿Y por qué? Porque ya no pagamos, no cumplimos, nos escondemos, nos cambiamos de domicilio, de ciudad, de país, nos declaramos en quiebra, nos hacemos cínicos, amenazamos, aprovechamos el buen fin y ordeñamos la tarjeta que al fin el pago es a meses y los meses se tardan, ¡Ya Dios dirá!

Además de valor la palabra tiene poder. Para todos los que profesan alguna religión la palabra de Dios, de Alá, del Ser Supremo de cada uno tiene el mayor poder del universo, desde luego cada quien la interpreta a su conveniencia, por ejemplo la forma en que están siguiendo las indicaciones del Corán los Yihadistas del Estado Islámico, al grado de fanatismo.

Hay palabras que han sido llamadas “Perlas de sabiduría” o Refranes o Sentencias populares o dichos, son citas que definitivamente están cargadas de filosofía e incluso cuando platicamos con alguien o exponemos en algún foro o escribimos nuestra columna nos apoyamos en “como dice el refrán chino”, “como dice el dicho” “como decía mi abuelo o mi papá o hasta el Filósofo de Güemes”.

Las hermosas palabras rimadas con mensajes románticos, con bellas descripciones de la naturaleza, del mar, la luna y las estrellas, poesías  que inmortalizan sus temas y que hacen creer a sus destinatarios y a quienes los leen la existencia de un mundo sobre el nuestro, más habitable, más limpio, con más amor y menos violencia, con exquisitas metáforas de ensueño que idealizan a las personas, a los momentos vividos, a los paisajes descritos.

Poemas épicos que describen héroes, caballos, batallas, hechos más perdurables aún que en los libros de historia. Canciones y corridos con ricos contenidos de recuerdos inolvidables. Y más expresiones literarias como tantos millones de libros que entre sus páginas se encuentran las palabras mágicas que nos transportan a lugares inimaginables y nos enseñan las ciencias, las artes, la historia. Palabras que hacen crecer.

Pero también hay palabras que destruyen proyectos de vida, palabras negativas de por sí y dichas con todo el ánimo de ofender y logran acabar con sueños e ilusiones. Un “Ya no te quiero” “Eres un burro” “Eres un bueno para nada” “Que feo te quedó…” “Lo nuestro se acabó”  y otras frases  más duras con noticias necrológicas y devastadoras.

Hay palabras sugestivas, cariñosas, convencedoras, halagadoras, prometedoras y las hay destructivas, devastadoras, criminales, rencorosas y calumniadoras.

En fin, la palabra tiene valor si se lo sabemos dar y poder si la sabemos manejar.
Por hoy aquí le paramos.

Saludos para Toda mi Familia y Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro.

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