viernes, 20 de noviembre de 2015

6905. VERDAD DE DIOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Verdad de Dios.
Tío Marcial (tío bisabuelo), era un vaquero de Autlán, dueño de varios ranchos, rico de pueblo (de los años 30’s del siglo pasado), con una memoria legendaria, buenísimo para las cuentas y del todo analfabeto, que -según la abuela Elena-, cuando le preguntaban si no quería aprender a leer y escribir, contestaba “con las vacas me entiendo hablando”. Bueno pues, contaban que al tío Marcial una vez alguien le fue a decir que en uno de sus ranchos le robaban leche y que dijo: -Pues claro que me roban, no sea tarugo, pero por lo que a usted no le importa, así me conviene –y que el otro, molesto, le dijo: -Pues muy su leche –y el tío, reviró: -Y muy mis vacas –pues sí.

Cuando en este país alguien roba, se pone en riesgo (aunque sea remoto) de ir con sus huesos a la cárcel, con una excepción: robar mucho, porque en México está largamente probado que eso, robar mucho, garantiza impunidad.

Haga memoria, piense si está en la cárcel algún banquero pillo.

Recientemente, apenas el año pasado, estalló el escándalo de los fraudes en la  Sociedad Financiera Popular denominada Ficrea S.A. de C.V., en la que como recordará usted, el dueño, un tal Rafael Antonio Olvera Amezcua, le cepilló 2,700 millones de pesos a sus ahorristas, cosa que obligó a la autoridad a intervenir el 17 de octubre del año pasado. El tal Olvera disfruta de su libertad (y el dinero mal habido), y sus depositantes andan en la visita de las siete casas tratando de recuperar algo.

Ayer se supo que el Juez Octavo de Distrito en Materia Administrativa en el Distrito Federal, concedió cuatro amparos a quienes habían depositado sus ahorros en Ficrea, ordenando que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) restituya a los quejosos el monto íntegro y total con intereses de sus ahorros depositados en Ficrea.

Pero, atento: la sentencia aclara sin lugar a dudas que será la CNBV la que pague y de ninguna manera con dinero de la liquidación de Ficrea -así dice la sentencia: “de ninguna manera de la masa derivada del concurso o quiebra de Ficrea, a fin de no afectar los intereses de los terceros ahorradores”-, lo que significa que se pagará con dinero del erario, de usted y de todos los que pagan impuestos en el país, pues la CNBV es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda. Por los defraudados qué bueno, por el peladaje (todos nosotros), qué mal.

La razón de eso es que la CNBV, “al no haber garantizado en forma eficaz e integral el derecho a la propiedad (ahorro) de los quejosos”, violó los principios de legalidad y debido procedimiento administrativo reconocidos en el artículo 16 en la Constitución, y los 8 y 21 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. ¡Padre!

Lo interesante es que el Juez determina que la CNBV, por lo menos un año, demoró indebidamente la aplicación de las medidas correctivas, informativas y de alerta a los ahorradores, pues supo de las irregularidades de Ficrea desde el 8 de abril de 2013, y no intervino sino hasta el 7 de noviembre de 2014. ¡Vaya!

Uno pensaría que alguien de la CNBV se va a tener que presentar ante un juez a rendir cuentas. No. Nadie. Violó la ley “la Comisión Nacional Bancaria y de Valores”, pero como no existe una señora que se llame así, ya Hacienda (o sea, todos los que tributamos), pagará. Los delitos no los cometen las instituciones sino las personas. Debe haber responsables, no lo sabremos sino hasta… nunca.

Don Olvera, durante años se robó el dinero de sus ahorristas, años, y muy interesante es la versión de que la alerta a la CNBV la dio la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP, a cargo de Alberto Bazbaz Sacal… sí, ¡ése!, el que fue procurador del Estado de México y no encontró a la niña Paulette Gebara muerta en su recámara (¿se acuerda, verdad?). Bueno, pues este sabueso es el que notó lo de Ficrea y le avisó a la CNBV.

Ya con el aviso, la CNBV, rauda, intervino hasta seis meses después. Ya armado el escándalo y ya aullando de rabia los que guardaban ahí su dinero, intervino la PGR, con un detallito que aclaró Eduardo Cruz Gómez, coordinador general de la Unidad Especializada de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita de la misma PGR: la investigación a Ficrea inició desde el 17 de octubre de 2014, pero a pesar de esta vigilancia, don Olvera siguió sacando dinero, 470 millones de pesos más para una de sus empresas filiales. ¡Jesucristo-aplaca-tu-ira!... y ahora vamos a pagar todos nosotros.

Enchiladísimos los ahorristas porque la autoridad primero dijo que no iba a quebrar Ficrea porque tenía bienes sobrados para responder, que la iban a sanear y seguiría operando con normalidad, y luego les salieron con que siempre sí iba a liquidar y se iban a quedar chiflando en la loma, se organizaron y protestaron, lo que con toda decencia atendió Hacienda mandándole auditorías a los cabecillas de los ahorristas, para ver de dónde habían sacado el dinero que depositaban en Ficrea y si no debían impuestos (“El Financiero”, 15 de enero de 2015), cosa que interpretaron como un intento de amedrentarlos. Qué feo ser mal pensado.

En fin, por lo pronto ya cuatro de ellos podrán cobrar (cuando a Hacienda le dé la gana). Pero don Olvera y compañeros de fortuna, tan campantes y están así porque la reforma a la Ley de Ahorro y Crédito Popular aprobada apenas en abril de este año, dice en sus Artículos Transitorios (párrafo segundo del Capítulo Segundo, apartado X), que cuando un depositante haya sido defraudado, si quiere cobrar, primero debe acreditar “(ii)… no reservarse acción ni derecho alguno, e incluso desistirse de las acciones ya iniciadas, en contra del fondo, de la sociedad financiera popular en liquidación, del Gobierno Federal o de cualquier tercero en relación con dichos derechos de cobro”.

Primero, lo primero, usted se compromete a no cobrarle un quinto  a “la sociedad financiera en liquidación” -la que lo robó- y luego el gobierno lo indemniza, con dinero que saldrá del erario, de todo el sufrido peladaje. No tenemos remedio, verdad de Dios.

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