sábado, 21 de noviembre de 2015

6912. FILÁNTROPO REGALA ABRAZOS A DESPOSEÍDOS.




Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI


David Cervantes y sus muchachos realizan cada sábado obra de amor, encienden una chispa  de luz en épocas de oscuridad

---David Cervantes Cervantes  y sus muchachos y muchachas comparten cada sábado con los más desposeídos.

---Casi 250 personas acuden a recibir un bocadillo, golosinas, fruta y un abrazo de David
---El sábado próximo, 23 aniversario de Dulcerías Gaby, habrá comida y regalos

Los Olvidados

Desde hace algunos meses cada sábado desde muy temprano se reúnen decenas de personas en la banqueta de la Dulcería Gaby ubicada en la calle Leonardo Castellanos, en el corazón del Mercado Hidalgo de esta ciudad. Cada vez son más. En el rostro de algunos automovilistas que pasan por el lugar se dibuja una mueca de repugnancia al ver el aspecto de los que esperan, son los enfermos, los inválidos, los alcohólicos, los pordioseros, los abandonados, los desheredados, los pobres entre los pobres.

Una anciana con el cuerpo encorvado por los años se ayuda a caminar con una carreola de juguete en donde lleva todas sus pertenencias, le hago preguntas y la anciana me mira sin contestar, tal vez no me escucha, se limita a sonreír; un niño en silla de ruedas  se acerca, lo empuja una mujer, el niño lleva dulces que vende para sobrevivir. Algunos teporochos se suman al grupo y esperan su turno pacientemente, ¿Dónde dan los boletos? me preguntan.

El novelista francés Víctor Hugo los llamó Los miserables, y el cineasta Luis Buñuel, Los Olvidados, ahora los llaman los excluidos, pero para el filántropo zamorano David Cervantes Cervantes, cada una de esas son personas que requieren ayuda, personas que necesitan un poco de pan y sobre todo, son seres humanos hambrientos de amor. Tienen hambre de pan, pero también hambre de amor, me dijo David con su rostro moreno y luminoso hace algunos días cuando platiqué con él.

La crisis y el fruto de la oración.

En esa breve entrevista David me dijo que fue hace algunos meses cuando que agobiado por la carga de trabajo, su cuerpo y su corazón resintieron el esfuerzo de años, David se sintió tan mal como puede sentirse una persona que está a punto de sufrir un infarto, a punto de explotar, los médicos confirmaron la crítica situación y le ordenaron reposo absoluto.

Durante más de dos semanas David se recluyó en el monasterio de los monjes Trapenses, en donde buscó la serenidad para su espíritu y su corazón a través de la oración; fue ahí  (David lo llama un lugar sagrado), en donde David pensó que sería bueno dedicar un día a la semana a compartir un poco de lo mucho que recibió, y no sólo daría un bocado y unas monedas, daría un poco de amor, le daría un abrazo a cada persona, sería un gesto de amor, una obra de amor, una pequeña luz en un mundo cada vez más egoísta y sombrío.

David es conocido en el mercado por su don de gentes, así que durante la semana  cada día llegaban a su tienda de dulces ancianos y personas pidiendo algunas monedas y David los ayudaba con gusto siempre acompañando su obsequio con algunas palabras de aliento, de cariño, pero a veces, cuando David no estaba en la tienda, los ancianos se iban con las manos vacías así que David pensó que sería bueno dedicar las primeras horas del sábado a compartir con los ancianos.

El pasado sábado David abrazó durante media hora a 241 personas, así ha sido en las últimas semanas.

Ayer, poco después de las 9 de la mañana David salió de la tienda con un efusivo ¡Hola! ¡Hola! ¡Me da mucho gusto que estén aquí! ¡Vamos a dar gracias a nuestro Dios! ¡Un aplauso a nuestro Dios! Y la gente responde con palabras de afecto para David que pasa entre la gente repartiendo sonrisas y apretones de manos.

David padeció hambre cuando era niño, y ahora agradece al Creador por la abundancia compartiendo un poco con los que no tienen nada.

La tienda de David, Dulcerías Gaby, cumplirá 23 años el próximo sábado, han sido muchos años de esfuerzo, de dedicación y desde esta semana que está por terminar David y sus compañeros trabajadores reparten dulces, y regalos en las colonias populares de la ciudad. Pero el sábado habrá comida y regalos en un evento especial que comenzará muy temprano.

Sin familia, sin hogar.

Algunos esperan la llegada de David desde las 6 de la mañana, viven en las colonias marginadas de la ciudad, se vienen sin desayunar, algunos caminan desde sus colonias porque no tienen para pagar el camión.

Mientras esperan platican: ¡Ayer te estuve buscando¡, ¿pos dónde dormiste? Y es que algunos de ellos no tienen hogar, así que duermen en las calles, o en algún albergue, en donde los sorprende la noche.

¿Y usté, amigo, tiene familia?, le pregunto a un hombre que se traslada en silla de ruedas, no tiene piernas. Me mira con sus ojos en donde descubro una profunda tristeza: ¿Familia? Sí tengo familia, todos tenemos una familia, pero hay familias buenas y familias malas, tengo familia pero no se acuerdan de mí, ahí tiene a este, dice señalando a un anciano que duerme en su silla de ruedas, de donde cuelgan bolsas de plástico, con diferentes objetos, única posesión del anciano, éste tiene familia pero lo tiraron a la calle, algo ha de haber hecho, afirma. ¿Y qué piensa del señor David? Qué bueno que nos ayude, es la única persona rica que veo que ayuda a los pobres.

Quique Degollado pasa en su automóvil y me dice ¡Cómo nos perdemos en este mundo! Lo que hace este hombre es admirable!

“Es un hombre bueno”, dice una mujer con vestimenta indígena, “es buena gente”, dice otro cargando un costal con botellas de pet, “Yo he estado con él”, dice orgulloso Ismael Muñoz Casillas, un hombre que atrae la atención de sus vecinos “por yo sí sé hablar”, afirma orgulloso, y agrega:  Yo he estado con él y lo conozco, es una fina persona, a veces me pide favores y me pregunta ¿cuánto es? Pos no es nada, ¿cómo le voy a cobrar el favor si siempre nos ayuda bien harto? Por eso hay que agradecerle ¿Quién hace eso? ¿Cuál rico viene y te abraza? Pregunta Ismael.

Palabras de afecto.

Los abrazos de David son sinceros, a cada uno y a cada una de las personas en la fila les dice palabras de aliento, “Pásele mi niña bonita ¿Cómo ha estado?”, le dice a una anciana mientras la abraza, “!Véngase mi´hijo ya sabe cómo lo quiero!”, le expresa a un anciano,  “!Cuídese mucho y que Dios lo bendiga!”, agrega; ¡Adiós bonita, que le vaya bien chula y que Dios me la cuide!”, les dice David a una viejitas que sonríen abiertamente al recibir el abrazo de David.

Yo también estoy en la fila, soy de últimos, David me saluda efusivamente y me abraza, también recibo un sándwich, unos plátanos, golosinas y 20 pesos que guardaré como recuerdo de este día, un día especial porque un hombre sencillo y sus compañeros trabajadores hacen algo por los desposeídos, regalan un poco de amor en un mundo de odio, una chispa de luz en un mundo de oscuridad.

¿Cómo sería el mundo si más hombres afortunados compartieran un poco con los que nada tienen?

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